AWE – Capítulo 1007 – EDITADO
Capítulo 1007: Una Lágrima.
El cuerpo humano aún era capaz de reaccionar, incluso bajo el control de un sello de esclavitud. Estaba claro que la tenaz determinación en el corazón de Du Lingfei le impedía herir a Bai Xiaochun.
Cuando Bai Xiaochun sintió que la mano sobre su cabeza se sacudía, abrió sus ojos y pudo ver el rostro de Du Lingfei temblando. Además, los sellos mágicos de esclavitud que tenía en sus ojos estaban titilando dramáticamente… Y después de un momento… ¡apartó su mano!
—Buu… —murmuró. A un lado de ellos, se podía ver que había emociones encontradas en los ojos de El Celestial. Pero rápidamente las apartó con su locura. Extendió su mano y apuntó a su hija.
Esta se estremeció, y los sellos de esclavitud abrumaron la sensación de dolor que tenía. Se paralizó… y entonces colocó su mano lentamente sobre la cabeza de Bai Xiaochun.
Esta lo veía con ojos que no contenían la más mínima emoción… pero Bai Xiaochun aún podía sentir el dolor dentro de ella.
Sus labios se abrieron como si estuviera por decir algo, pero permaneció en silencio. Esta vez, no cerró sus ojos. Entendía que su vida llegaba a su fin, por lo que en los últimos momentos antes de su muerte, crearía una memoria eterna de lo que veía.
La necrópolis estaba llena de estruendos, los huesos se fundían en la formación de hechizos. Entonces una fuerza explosiva salió de la mano de Du Lingfei y entró por la cabeza de Bai Xiaochun.
Su cuerpo empezó a llenarse de dolor, su fuerza vital, su base de cultivo, su carne, su sangre, su alma, ¡todo su ser empezó a moverse hacia Du Lingfei!
Era como si su cuerpo estuviera siendo destruido por partes. Sus huesos, sangre, canales de energía, todo lo que formaba su ser estaba siendo transformado en un tipo supremo de fuerza vital…
Esa fuerza vital era lo que El Celestial necesitaba, y era lo que en este momento estaba siendo absorbido por Du Lingfei…
Bai Xiaochun era la medicina imperecedera, y Du Lingfei… era el horno para píldoras que podía vivir por siempre…
Después de que el horno absorbiera la medicina, sería sacrificado, descomponiéndose hasta su muerte para producir… ¡una Píldora Imperecedera de Vivir por Siempre!
—Falta poco… —murmuró El Celestial—. Ya falta muy poco… he estado esperando toda mi vida para conseguir esta Píldora Imperecedera de Vivir por Siempre… —Empezó a reír fuertemente, y su expresión se retorcía de manera extraña mientras veía a su hija absorber a Bai Xiaochun.
Bai Xiaochun estaba temblando violentamente, y lo abrumaba un nivel de dolor sin precedentes. Había tenido que soportar mucho dolor para poder cultivar el Códice Imperecedero, pero nada de eso se podía comparar a lo que sentía ahora.
Su cuerpo estaba empezando a marchitarse. Su cabello se secaba y resquebrajaba. Su Sangre Imperecedera empezó a esfumarse, sus Huesos Imperecederos se oscurecían. Sus Tendones Imperecederos, Carne Imperecedera y Piel Imperecedera… se fundían…
No podía resistirse o pelear. Mientras era drenado y su fuerza vital era absorbida, empezó a perder lentamente la consciencia.
Repentinamente recordó todo lo que había hecho en las Tierras Desoladas. Pensó en Bai Hao, el Rey Fantasma Gigante, la Dama Polvo Rojo y Zhou Yixing… Luego pensó en la Secta Desafiadora del Río…
Por su mente pasaban muchos rostros… Li Qinghou, Song Junwan, el Maestro Deidad Adivina. Se veían muy vívidos, casi estaba seguro de que podía extender su mano y tocarlos.
—La Secta Desafiadora del Río… —murmuró con una voz que solo él y los muertos podían oír. A medida que se debilitaba, su cabello empezó a caer, y se hacía polvo antes de siquiera tocar la superficie de la sangre negra en la que estaba.
A estas alturas, estaba tan marchito que era básicamente una vela al viento, a punto de apagarse…
Ya no estaba pensando en la Secta Desafiadora del Río… Estaba pensando en las Partes Bajas… y en la Secta Corriente Espiritual. Era como si todas las memorias de su pasado estuvieran pasando frente a él. Se vio a sí mismo frente a las lápidas de piedra de plantas y vegetación. Se vio a sí mismo lamiéndose los labios mientras miraba algunos pollos de cola espiritual…
Se vio a sí mismo con el Gran Gordito Zhang. Vio a su Maestro, quién había perecido incluso antes de tomarlo como aprendiz. Vio a Hou Xiaomei. Vio tantas cosas…
Llegado a este punto, no podía ni respirar. Parecía ser simplemente un montón de piel débil cubriendo unos huesos secos. Trozos de carne muerta y podrida cubrían su cuerpo… sus dientes empezaron a caer. En este momento, parecía un simple cadáver disecado que había pasado años y años en una tumba…
La mano que tenía sobre su cabeza era un agujero negro que estaba absorbiendo todo su ser, y lo llenaba de mucho más dolor de lo que se había habituado en su vida.
Ya se había extraído el ochenta por ciento del Códice Imperecedero de su ser, y lo mismo iba para su fuerza vital. En medio de la poca consciencia que tenía, ya no veía la Secta Corriente Espiritual, sino… el Monte Capucha.
Sobre la cumbre de esa montaña había un chico que de algún modo estaba sosteniendo siete u ocho hachas y machetes al mismo tiempo. Arrojó sus armas a un lado en la cima de la montaña… y encendió un palillo de incienso mientras truenos retumbaban en el cielo.
Era un escenario hasta cómico que lo hizo querer sonreír. Pero no podía controlar su cuerpo, por lo que era incapaz. Quizás esto fuera algo bueno, dada su apariencia actual. Una sonrisa lo hubiera hecho verse aún más espantoso.
Mientras su consciencia se disipaba, empezó a tener la certeza de que su alma estaba empezando a salir de su cuerpo, hacia ese vórtice que lo consumía todo…
Solo le quedaba un diez por ciento de su fuerza vital… Su piel seca empezó a llenarse de grietas, parecía que el más mínimo roce de una mano lo haría cenizas. Lo mismo iba para sus cinco órganos yin y seis órganos yang.
El poder del Códice Imperecedero ya se había esfumado casi por completo. Solo quedaba una pizca en sus huesos, por lo que había un muy tenue resplandor dorado que se veía a través de las aberturas de su piel…
En ese momento… vio lo que probablemente sería la última imagen de su vida… Un chico agachado junto a una cama, con lágrimas corriendo por su rostro. Mientras sus padres dejaban salir sus últimos alientos, empezó a llorar y sollozar sin parar…
—Xiaochun, —murmuró una voz muy débil—, no temas… —Una mano fría se posó sobre su frente. —Toma este palillo de incienso… ¿no has soñado siempre con convertirte en un inmortal…? Toma, ten esto…
El chico alzó la mirada entre sus lágrimas para recibir el incienso. Entonces la mano que sostenía ese incienso hacía unos momentos cayó lentamente. Y el chico derramó aún más lágrimas.
El chico permaneció atontado junto a la cama. Eventualmente, los vecinos entraron a la habitación y se lo llevaron. Vio muchas miradas compasivas mientras se llevaban los cuerpos de sus padres… El chico se quedó sentado en una esquina con sus brazos envueltos firmemente alrededor de sus rodillas, y se quedó viendo el incienso…
—¿Por qué muere la gente…? Yo… ¡yo quiero vivir! Quiero que todos a mi alrededor vivan… ¡Quiero que todos estén felices! Quiero… ¡vivir por siempre!
La voz del chico resonó en medio de un gran silencio dentro de la mente de Bai Xiaochun, una fantasía de eternidad…
Se sentía más cansado de lo que había estado jamás en su vida…
Sin embargo, en ese momento justo antes de que su consciencia desapareciera… una lágrima cayó sobre la agrietada piel de su brazo. Cuando su piel la absorbió, fue como si se uniera con su consciencia que estaba esfumándose tan rápidamente.
—Una lágrima… —murmuró. Pudo sentir la amargura que contenía. Usó la última pizca de energía que le quedaba para abrir sus ojos, y apenas pudo distinguir… a Du Lingfei, esta parecía estarse esforzando contra el sello de esclavitud. Aunque esto la destruyera, ¡estaba determinada a levantar su mano! Y lentamente… ¡su mano empezó a alzarse!
Entonces habló con una voz repleta de la más profunda desesperación. —Papá… te lo ruego…
Aunque pronunció sus palabras suavemente, impactaron a El Celestial como un rayo. Y empezó a temblar.
Capítulo regular, Jueves 29-11-2018
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