AWE – Capítulo 1029 – EDITADO
Capítulo 1029: El Académico Bai.
Libro 7: Los Dominios Inmortales Eternos
El tiempo pasó.
Ya habían transcurrido seis meses desde la destrucción del Reino Alcance Celestial.
Unos cielos extraños, una tierra extraña. Ciudades extrañas, personas extrañas…
Estas tierras en realidad estaban formadas por cinco gigantescas masas de territorio… y a estos los llamaban los dominios inmortales.
Cualquiera de esos dominios inmortales tenía más de diez veces el tamaño del Reino Alcance Celestial. En uno de ellos, en la parte oriental de ese dominio, existía una vasta cadena montañosa que parecía un dragón durmiente. Entre esas montañas se podían ver muchas ciudades, y alrededores de estas había numerosos pueblos.
En uno de esos pueblos, se encontraba un joven con unas ropas blancas arrugadas y un rostro sucio y manchado. Parecía estar riendo y murmurando consigo mismo mientras se tambaleaba caminando ebrio por la calle, en su mano sostenía una botella de alcohol, desde la que ocasionalmente tomaba largos tragos.
—¿Los dominios inmortales eh…? —murmuró. Por la manera en la que se movía, se veía completamente abatido.
Ya era el otoño, y un viento punzante recorría estas montañas, el cual levantaba las hojas amarillas a lo largo del sendero. Este pueblo en particular no estaba muy poblado. Se ubicaba en un área relativamente remota, y en su mayor parte, las personas solo estaban pendientes de sus propios asuntos. Debido al frío punzante del viento, las pocas personas que caminaban por ese sendero llevaban ropas gruesas y cálidas, y se movían rápidamente a sus destinos tan rápido como pudieran.
Estaba claro que nadie quería estar en las calles durante un atardecer tan frío. Y quienquiera que estuviera por allí claramente quería volver a casa rápido, a dónde era cálido, con sus amigos y familias que los esperaban.
Sin embargo, este joven ebrio no parecía tener ningún concepto del hogar. Solo vagaba de manera aparentemente sin rumbo, con una mirada vacía en sus ojos e ignorando completamente ese viento punzante. No parecía que el viento le molestara para nada, de hecho, parecía concordar con la soledad en su corazón. A medida que caminaba en ese sendero nocturno, se lo veía increíblemente melancólico…
Las frágiles hojas amarillas flotaban en el aire a su alrededor, como si hubieran encontrado a un espíritu afín al que no querían abandonar.
—¿Dominios inmortales…? ¿A quién coño le importa…? —Al joven lo rodeaba el aroma del alcohol mientras avanzaba a pasos tambaleantes, levantando la botella constantemente por otro trago. Aunque justo en este momento, se dio cuenta de que la botella estaba vacía. Así que maldijo un poco, la levantó y la sacudió un poco para conseguir las últimas gotas restantes. Después de tragarlas, se dio un golpe en los labios.
Mientras la luz color ámbar del atardecer resplandecía en sus ojos desanimados, revelaba la amargura y la perdida contenida en lo profundo de estos.
—Otra vez sin nada que beber… Al menos el alcohol de este mundo es bastante bueno. —Agachó la cabeza y empezó a murmurar incoherentemente mientras caminaba a pasos tambaleantes hacia la taberna que frecuentaba, su único compañero era el viento frío del otoño.
La taberna no estaba muy lejos, pero el joven caminaba como si tuviera las piernas sumergidas en agua. Le tomó el tiempo que tarda en quemarse un palillo de incienso llegar a su destino. Para ese entonces, ya no quedaba mucho de ese atardecer ámbar. Empujó la puerta y entró, al mismo tiempo que dejaba que una ráfaga de viento frío entrara con él.
En la taberna solo había unas siete u ocho mesas, pero todas estaban repletas. Hasta las sillas dispersas aleatorias tenían gente. Entre ellos había bastantes jóvenes que caminaban de un lado a otro entre las mesas, jugaban mientras sus padres charlaban y bebían. No había mucho que hacer en este pueblo remoto, por lo que esta taberna, la cual vendía Licor de Inmortal Ebrio, se había convertido hace mucho en un centro de actividad.
Aquí era dónde las personas hablaban de los rumores locales, aquellos sobre los ricos del pueblo e incluso contaban historias sobre inmortales. algunas veces, las personas se emborrachaban y decían sus secretos en voz alta, cosa que siempre traía las risas de sus compañeros.
Para la mayoría de la gente del pueblo, su fuente de entretenimiento principal era venir a esta taberna a disfrutar la compañía de los demás.
En cuanto el joven entró, algunos de los que frecuentaban el lugar apuntaron hacia él y dijeron riendo, —Ah miren, ¡es el Académico Bai! Hey, vendedor, ¡parece que tienes a uno enganchado con tu Licor de Inmortal Ebrio!
Tomando en cuenta lo ebrios que estaban todos, era difícil saber si estaban siendo amigables o no.
Nadie en el pueblo conocía a este joven, pero los que frecuentaban la taberna lo reconocían. Había aparecido de la nada hacía unos meses. Nunca habló con nadie y nadie sabía siquiera su nombre. Pero estaba claro que era distinto de aquellos pueblerinos un poco más toscos y poco educados. Llevaba una túnica blanca y larga, y se lo veía lleno de dolor y melancolía. Claro, nada de esto pudo evitar que las personas empezaran a intentar especular quien era exactamente esta persona.
Se veía cómo un académico, una persona educada, específicamente de aquellos que solo habían pasado los exámenes académicos a nivel de pueblo.
Y debido a la túnica blanca que siempre llevaba… las personas empezaron a llamarlo Académico Bai.[1]
—El Académico Bai debe haber fallado en los exámenes imperiales, y ya no encuentra la dignidad para volver a casa. Por eso está ebrio todo el tiempo…
—No, no. Escúchenme. Toda la familia del Académico Bai murió, y luego lo robaron los bandidos. Por eso es que se ve tan deprimido, por el dolor de todo lo que ha pasado. —Las personas de la taberna se habían dado cuenta de la frecuencia con la que venía a la taberna a comprar alcohol, y por la mirada desesperanzada que tenía, no podían evitar suspirar e intentar especular sobre su pasado.
El joven podía escuchar lo que decían sobre él, pero no parecía importarle. Se tambaleó hasta el mostrador, colocó su botella de alcohol y luego dijo con una voz algo incoherente.
—Vendedor, otra botella… de Inmortal Ebrio. Este Inmortal Ebrio tuyo… es bastante bueno.
El vendedor era un tipo mayor con ropas verdes, observó al joven y suspiró.
—Académico Bai, ya casi termina el año. ¿Por qué no guardas tu plata y vuelves a casa?
—¿A casa…? —respondió riendo el joven con una mirada vacía en los ojos que parecía llena de dolor. Metió las manos en su túnica sacó un montón de plata y la colocó sobre el mostrador. —¿¡Qué, crees que soy pobre o algo así!?
El viejo vendedor frunció el ceño frente a la aparente incapacidad del joven de aceptar su amabilidad. Recibió la plata con una mirada un poco molesta, y colocó otra botella de alcohol en la mesa, entonces procedió a ignorar al joven.
El joven sujetó la botella de alcohol con una mirada algo vacía y luego le dio un buen trago. El alcohol le sonrojó el rostro, puso una sonrisa tonta y entonces se fue caminando tambaleante hacia la puerta.
A estas alturas, los niños que jugaban por la taberna se habían percatado del joven, y por la manera en la que caminaba tambaleándose, empezaron a bromear y a llamarlo borracho.
Al joven no le importaba. Para cuando salió de la taberna, ya estaba oscuro, y el viento estaba aún más frío. Miró sus alrededores, a la luz de las lámparas que se veían en las ventanas de las casas, y su corazón se sintió aún más abatido.
Mientras la oscuridad de su corazón parecía extenderse hasta sus ojos, siguió caminando hasta un templo en el que usualmente pasaba la noche. Después de llegar, se tumbó contra la pared y siguió bebiendo…
El único sonido que podía escuchar era el del pasar del viento, y el sonido que hacían las hojas que ocasionalmente caían sobre él.
A cierto punto, una hoja cayó sobre su mano… e hizo énfasis en una cicatriz que tenía allí que se veía cómo una chispa.
—Hao’er… —murmuró con una voz claramente llena de dolor. En este momento, lo único en lo que podía pensar era beber, usar el Inmortal Ebrio para descender en un entumecimiento. Solo estando ebrio… era que podía olvidar todo su dolor y confusión.
¡Este joven era Bai Xiaochun!
Alguna vez había sido una persona feliz, alegre y llena de risas. Pero del mismo modo en el que el verano se iba para dar paso al otoño… estas cosas habían desaparecido y había cambiado.
Su hogar también se había ido. Justo antes de caer inconsciente, había escuchado un estallido ensordecedor, y pudo ver como el Reino Alcance Celestial era destruido.
Después de eso… despertó en una tierra extraña, para encontrar que todas las personas de su pasado habían desaparecido…
Su hogar ya no existía.
La Secta Desafiadora del Río. Li Qinghou… La Dama Polvo Rojo. Song Junwan… Todos habían desaparecido.
Afortunadamente, el Daoísta Alcance Celestial también había desaparecido. Pero esto no le alegraba para nada, todo solo le daba tristeza. Era un océano de tristeza y en el fondo se encontraba él.
Quería entusiasmarse. De hecho, después de haberse teletransportado a este dominio inmortal, había pasado meses buscando. Había hecho todo en su poder, incluyendo el uso de su base de cultivo y su sentido divino.
Pero lo único que encontró… fueron cadáveres. Uno tras otro… rastreó a las personas de las tierras de Alcance Celestial que habían sido teletransportadas a este mundo extraño. Ninguno había podido sobrevivir el proceso y solo sus cuerpos llegaron a su destino. Había sido como una pesadilla, y lo llevó a un momento de llanto en el que no pudo más.
Durante los meses de búsqueda, encontró muchos cadáveres que incluían a cultivadores en el Alma Naciente e incluso devas. Eventualmente no se atrevió a buscar más. Temía encontrar un día a Li Qinghou, a la Dama Polvo Rojo, a Song Junwan o a otros rostros familiares… como simples cadáveres.
La muerte de Bai Hao. El plan del cuidador de tumbas. Las lágrimas de Du Lingfei. La destrucción del mundo. Encontrar un cuerpo sin vida tras otro. Bai Xiaochun eventualmente no pudo más.
Estaba completa y absolutamente exhausto, llegó a este pueblo y allí terminó en un estupor ebrio…
No era una persona despiadada y ambiciosa como el Daoísta Alcance Celestial. Era Bai Xiaochun… una persona simple que solo quería vivir por siempre y felizmente.
—Si aún están vivos… ¿entonces dónde están todos…? —dijo con una voz entrecortada mientras cerraba sus ojos y caía inconsciente.
[1] Recordad que el carácter Bai significa blanco. Que en este caso podría ser traducido como el Académico Blanco. Pero ya que lo usan como su nombre, se decidió ir con Académico Bai.
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