AWE – Capítulo 1123 – EDITADO
Capítulo 1123: ¿Qué Pecado Hemos Cometido?
Bai Xiaochun solo observó la escena por un momento antes de apartar su mirada. Y prácticamente no hacía falta mencionar al espíritu autómata en lo alto del cielo. Al principio había estado esperando orgullosamente para ver en ridículo a Bai Xiaochun.
Pero ahora… estaba completa y absolutamente impactado, tanto que casi no se atrevía a creer que lo que veía fuera cierto. Los Confeccionadores Oscuros se habían vuelto totalmente locos. Los gritos, aullidos y hasta los suspiros contentos ocasionales se mezclaban entre sí, hasta que el espíritu autómata se estremeció y se frotó los ojos.
—Esto es imposible… —murmuró consigo mismo—. Tengo que estar viendo cosas… ¡Jajaja! Sí, eso es. Es una ilusión. Solo una ilusión…
A estas alturas, su comprensión de la vida estaba cambiando por completo.
Lamentablemente para él, después de revisar dos y tres veces, y hasta después de revisarse los oídos para estar seguro de que funcionaban bien… se dio cuenta de que la escena frente a él era totalmente real. Entonces quedó boquiabierto y su mente empezó a dar vueltas.
—Ellos… ¡son los Confeccionadores Oscuros! ¡Hasta el soberano les temía! ¡Maldita sea! No… ¡no pueden ser los verdaderos Confeccionadores Oscuros! —Ya tenía ganas de llorar. Jamás se hubiera imaginado que un tramposo descarado como Bai Xiaochun pudiera confeccionar píldoras aún más aterradoras que los Confeccionadores Oscuros.
—Está bien. Al final seré el ganador. La verdadera fuerza de los Confeccionadores Oscuros no está solo en su habilidad para confeccionar píldoras extrañas, también en naturaleza terca y su tenacidad. ¡Eso es lo que los vuelve verdaderamente aterradores!
—Ya sé con total confianza, que una vez que los Confeccionadores Oscuros vuelvan en sí, se esforzarán por alzarse de nuevo a la cima. ¡No dejarán que nadie sobrepase su nivel! —El espíritu autómata casi se ponía histérico para reconfortarse a sí mismo. Después de todo, aunque no estaba listo para admitirlo, Bai Xiaochun era prácticamente demasiado aterrador para él.
Por su parte, Bai Xiaochun flotaba en el aire y reflexionaba si debía arrojar más píldoras o no. Pero después de darle una palmada a su bolso de almacenamiento, se dio cuenta de que sus reservas estaban demasiado bajas.
—No. Como boticario que soy, comprendo cómo pensamos. Los boticarios exitosos deben ser tenaces y firmes. Rendirse no es una opción. ¡Se debe tener una concentración obsesiva! —Observó con preocupación a los Confeccionadores Oscuros, muy al tanto de que a pesar de que podía ponerlos en desventaja temporalmente, eventualmente recobrarían el sentido. Y cuando eso ocurriera, el hecho de que le quedaran pocas píldoras sería muy problemático. Se le acabarían tarde o temprano, y entonces probablemente sufriría a manos de estos duendecillos. Apenas y podía imaginarse las implicaciones.
Pero después de pensarlo un poco, sus ojos se iluminaron y le dio otra palmada a su bolso de almacenamiento.
—¿Cómo pude haber olvidado que tengo otro recurso sorprendente además de mis píldoras? La confección en sí misma… siempre pasan cosas extrañas cuando estoy creando las píldoras. Siempre he tenido que esforzarme mucho para evitar estas cosas o contener los efectos. Pero aquí… ¡esos efectos extraños son justo lo que necesito!
—En cuanto a los ingredientes… No tengo tantos, pero seguro que los Confeccionadores Oscuros sí tienen… —Se puso en movimiento una vez llegó a este punto en sus ideas. Aprovechó que los Confeccionadores Oscuros estaban bajo las garras de la locura y se dirigió a la base de la tribu más cercana.
Tal y como imaginaba, los hogares montañosos de los Confeccionadores Oscuros estaban repletos de ingredientes medicinales. Había huesos de bestias, plantas medicinales, rocas y piedras extrañas, y todo tipo de cosas que jamás había visto antes. Un vistazo rápido bastaba para entender que, aunque estas cosas se veían reales, tal y como el mundo entero que lo rodeaba, en realidad eran parcialmente reales y parcialmente ilusorias.
Sin embargo, serían suficiente para confeccionar algunas píldoras. De momento no tenía muy claro qué tipo de píldoras terminaría haciendo. Pero Bai Xiaochun no tenía por qué pensar en el tema. ¡Solo tenía que hacer que los Confeccionadores Oscuros se rindieran!
—Si quiero pasar este nivel, ¡tengo que hacer que los Confeccionadores Oscuros se sometan! —Respiró hondo, y empezó a pasar de una base tribal a otra, y usaba a la perfección sus habilidades aprendidas en las Tierras Desoladas. Era como si fuera un enjambre de langostas que arrasaba con las montañas y se llevaba todo a su paso, hasta la hierba y las raíces.
Lamentablemente, había muchas bases tribales, algunas más grande que otras. A pesar de lo habilidoso que era para estas cosas, no tenía tiempo de visitarlas todas. Después de unas dos horas, terminó de pasar por el setenta por ciento de ellas, y entonces los duendecillos empezaron a recobrar el sentido.
A medida que recobraban su claridad mental, recordaban todas las cosas aterradoras que habían hecho durante las últimas dos horas, y entonces empezaban a gritar de ira.
—¡¡Te voy a matar!!
—¡Conejillo de Indias! ¡¡Nosotros los Confeccionadores Oscuros te destruiremos, o moriremos en el intento!!
—¡Estás muerto! Aaaaaaaaaarghhhhh. Juro que al final de esto, o existirás tú, o nosotros los Confeccionadores Oscuros, ¡¡pero no ambos!!
Los incontables duendecillos experimentaban la furia más grande de sus vidas. Era un nivel que alcanzaba los Cielos, una furia nacida de una humillación de la que jamás podrían deshacerse.
A estas alturas, ya no querían que Bai Xiaochun fuera su conejillo de Indias. ¡Solo querían atormentarlo por 10.000 años!
Todos empezaron a sacar píldoras misteriosas que habían pasado de generación en generación en sus clanes, o que habían confeccionado personalmente. Por el aura asesina que emanaban hasta los Cielos, parecían estar dispuestos a destruir el mundo entero si lograban poner sus manos sobre Bai Xiaochun.
¡Apenas era posible imaginar la escala de la batalla de píldoras que estallaría cuando lo encontraran!
Sin embargo, para cuando los Confeccionadores Oscuros cayeron en esa tormenta de ira, ya Bai Xiaochun había tomado previsiones para que no lo encontraran. Ya había aprendido su error previo al quedarse en un sitio, y ahora se movía de un lado a otro teletransportándose. Por un lado, realmente le impresionaba lo rápido que se habían recuperado los duendecillos, por otro lado, no estaba para nada dispuesto a rendirse.
—¡Hmph! Solo esperen. ¡Las cosas aún no acaban! —Sacó rápidamente una colección de hornos para píldoras pequeños, algunos grandes y empezó a confeccionar.
—¿Piensan que le temo a una pequeña guerra de desgaste? —Apretó los dientes, realizó un gesto de conjuro de dos manos, y empezó a dividir las plantas medicinales y a arrojarlas en el horno para píldoras, el cual empezó a vibrar de inmediato.
Una vez que Bai Xiaochun empezaba a confeccionar medicina, caía rápidamente en un estado de concentración enloquecida. Sus ojos estaban inyectados de sangre, pero esta vez no estaba centrado en las píldoras en sí, sino en los efectos secundarios inusuales que siempre ocurrían.
Poco después, los Confeccionadores Oscuros encontraron su escondite actual, y los hornos de allí ya estaban al rojo vivo, y mostraban señales de estar por estallar. A Bai Xiaochun esta escena lo hubiera asombrado y aterrado antes, pero ahora estaba lleno de alegría. Sacudió la manga y mandó los hornos a volar.
Ni siquiera se molestó en apuntar. Simplemente los mandó aleatoriamente por todos lados. Y poco después, empezaron a escucharse estallidos por doquier, seguidos claro de los enfurecidos rugidos de los duendecillos. Entonces se desvaneció y reapareció en otro escondite, allí siguió con su confección.
De este modo pasaron tres días, y los Confeccionadores Oscuros ya estaban aún más furiosos. Estos tres días habían sido todo un tormento para ellos. No solo por la fuerza general de las explosiones, sino que, además, los hornos particularmente grandes de Bai Xiaochun era algo impresionante para los Confeccionadores Oscuros quienes eran tan pequeños.
Pero había más… Al tercer día, empezaron a formarse nubes negras en el cielo, y empezó a caer lluvia ácida.
Cuando la lluvia ácida caía sobre los duendecillos, les disolvía la ropa y los llenaba de un dolor increíblemente intenso. Hasta el suelo parecía corroerse, así como las cimas de las montañas.
—¡No puede ser! Esto no es una lluvia ácida ordinaria. ¡Esto es súper tóxico!
—Maldita sea, maldita sea, ¡¡MALDITA SEA!!
Los duendecillos estaban siendo totalmente abrumados por la ira. Pero entonces empezaron a caer relámpagos violetas de los Cielos, y caían al suelo una y otra vez de manera completamente despiadada…
Después de poco, ya los Confeccionadores Oscuros no se atrevían a salir y exponerse. Solo podían esconderse en sus cuevas montañosas. Aun así… la más grande tribulación aún estaba por llegar.
Una niebla extraña empezó a filtrarse dentro de sus cuevas…
Tenía un hedor extremadamente acre, y para el horror de los confeccionadores oscuros, contenía los efectos de las Píldoras de Fantasía y las Píldoras Afrodisíacas. Ya habían experimentado el horror que estas podían causar durante dos horas, pero ahora… ¡¡estaba ocurriendo una y otra vez!!
—No puede ser, ¿¡cómo puede estar pasando esto!?
—No, solo déjenme morir…
—¡Esto es imposible! ¿¡Qué pecado hemos cometido los Confeccionadores Oscuros!? ¿¡Por qué los Cielos nos castigan de este modo!?
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