AWE – Capítulo 1171 – EDITADO

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Capítulo 1171: Un Perro Libre

—¿El Emperador-Vil lo aprueba…? —pensó Bai Xiaochun, parpadeó varias veces, y su corazón empezó a acelerarse, —Pobre chico. Ni siquiera sabe que la persona que piensa que es su padre, en realidad es un impostor… Su verdadero padre no estaba de acuerdo, pero en cuanto el impostor tomó su posición, era natural que aprobara de una inclinación tan dañina…

Aunque se sentía mal por el Príncipe-Vil, ahora no estaba de humor para participar en ningún tipo de banquete.

Además, estaba convencido de que todos en la Ciudad del Emperador-Vil tenían que estar locos. Ni uno solo parecía normal. Sumado a eso, decidió que nada del discurso del Príncipe-Vil tenía sentido. Al fin y al cabo, no quería que ideas como esas se sembraran en su mente y ocasionaran cambios indeseables en su psique…

—¡Estos son un montón de psicópatas! —Bai Xiaochun volvió a negarse firmemente a la oferta del Príncipe-Vil, después de eso, y a pesar de que sabía que no le gustaría, se elevó por el aire para irse junto a sus dos subordinados semidioses.

Justo cuando se preparaba para partir, ¡se detuvo un momento y miró hacia el portón principal!

En ese momento, un aura en el Reino Celestial intermedio surgió justo en ese lugar, y se movía hacia él como para evitar su partida.

Una expresión espantosa apareció en su cara, y su corazón se heló mientras miraba a la figura que venía caminando desde la oscuridad del portón. Allí, vestido en túnicas negras… ¡estaba el Daoísta Alcance Celestial!

Observaba a Bai Xiaochun con un rostro frío y severo, y casi se podían escuchar los truenos en el momento en el que sus miradas se encontraron.

—Hay algo raro con el Daoísta Alcance Celestial. ¡Está mucho más fuerte que la última vez que nos vimos en el segundo dominio inmortal!

Bai Xiaochun había progresado velozmente gracias a los enormes golpes de buena fortuna que había encontrado. Pero estaba claro que el Daoísta Alcance Celestial también tenía que haber encontrado su propia buena fortuna inimaginable. Su base de cultivo se había alzado rápidamente, tanto que estaba alcanzando a Bai Xiaochun.

De no estar en la Ciudad del Emperador-Vil, Bai Xiaochun seguramente habría atacado al Daoísta Alcance Celestial sin siquiera pensarlo. Pero ahora debía contenerse y no hacer nada que no fuera absolutamente necesario.

Ahora que el Daoísta Alcance Celestial había llegado, el Príncipe-Vil se elevó riendo por el aire.

—Embajador Bai, no hay por qué tener tanta prisa. Está bien si no quiere intercambiar, no intercambiaremos nada. Pero ahora que ha venido hasta acá, tiene que disfrutar de mi buen alcohol. También invité específicamente al Daoísta Alcance Celestial para hacer de mediador entre ustedes dos.

—Sin importar que, los dos sois del Reino Alcance Celestial. No hay rencores que no puedan resolverse si lo intentamos. Venga, venga. Bebamos juntos y dejemos el pasado atrás. Nosotros los cultivadores buscamos aquello que es eterno, ¡ese es el verdadero gran Dao!

Frente a estas palabras, el Daoísta Alcance Celestial juntó sus manos y se inclinó.

—Estoy a sus servicios Príncipe-Vil.

Bai Xiaochun frunció el ceño al ver al Daoísta Alcance Celestial actuando y hablando de este modo. Después de todo, el Daoísta Alcance Celestial era un celestial, por lo que no tenía por qué actuar de manera tan servil.

Aunque el Daoísta Alcance Celestial fuera un foráneo, seguía sin tener sentido.

Además, no parecía la manera normal de actuar del Daoísta Alcance Celestial. Había sido el noble y poderoso Celestial alguna vez, pero ahora actuaba de manera completamente distinta. Como si hubiera cambiado totalmente.

Bai Xiaochun le dirigió su mirada y dijo lentamente, —Lo abandonaste todo, e incluso trataste a tu propia carne y sangre con la máxima crueldad, abandonaste a tu propia gente, todo por salir del mundo en el que vivías… Y ahora… ahora no eres más que un perro y un lacayo Daoísta Alcance Celestial. ¿Estás contento?

La expresión del Daoísta Alcance Celestial se mantuvo igual y solo le regresó la mirada con unos ojos gélidos.

—Prefiero ser un perro libre, —dijo—, ¡que pudrirme en esa tumba a la que llaman mundo! —Pronunció sus palabras de manera perfectamente calmada, como si ya hubiera meditado mucho al respecto.

La respuesta del Daoísta Alcance Celestial solo enfureció aún más a Bai Xiaochun.

—Quizás seas un perro libre, —le respondió—, ¡pero presenciaste con tus propios ojos el tormento y sufrimiento de tu gente!

—Era la supervivencia del más apto, —respondió el Daoísta Alcance Celestial, como si todas las palabras hasta ahora no pudieran afectarlo en lo absoluto—. Quizás fuera solo el primer paso para ellos. Aquellos que han sobrevivido merecerán seguir viviendo. Los que murieron simplemente han caído ante la tribulación de su cultivo. Para aquellos enterrados en el proceso… ¡quizás fuera su buena fortuna morir junto al mundo que los vio crecer!

—¡Bien dicho! —declaró el Príncipe-Vil con una mirada de elogio en su rostro y una fuerte risa—. No pudiste haberlo dicho mejor, Celestial Alcance Celestial. La supervivencia del más apto es lo más importante en el mundo del cultivo. Embajador Bai, ¿cuál es el punto de llorar por el débil? Las personas nacen y mueren. Es tan simple como eso. —Mientras el Príncipe-Vil reía, el Daoísta Alcance Celestial asintió de acuerdo, observó a Bai Xiaochun y sonrió.

—Bai Xiaochun, solías ser tan tímido como un ratón, y totalmente aterrado de morir. ¿Cómo es que ahora estás tan sentimental?

Bai Xiaochun se le quedó viendo un buen rato al Daoísta Alcance Celestial, como esforzándose por mantener el control. Hasta que se rio repentinamente, sus ojos se llenaron de determinación y le respondió, —¿Es que quieres pelear? ¡¡Entonces vamos a pelear!!

Dio un paso adelante, y se convirtió en una serie de imágenes residuales que iban disparadas hacia el Daoísta Alcance Celestial.

Mientras se acercaba, el Daoísta Alcance Celestial estrechó los ojos y realizó un gesto de conjuro de dos manos. Las diez Puertas Dao aparecieron al instante tras él, y dieron vueltas para formar una tormenta que arremetía contra Bai Xiaochun.

Se movían con una velocidad deslumbrante, y ambos lados chocaron en medio de una explosión masiva que envió ondas de choque por todos lados.

Los devas y semidioses cercanos estaban conmocionados y tuvieron que retroceder. Hasta el Príncipe-Vil se retiró de inmediato. Al fin y al cabo, una batalla entre dos celestiales podía acabar con toda el área. Realmente sería algo sorprendente.

—¿¡Qué estás haciendo Bai Xiaochun!? —gritó el Príncipe-Vil, y claramente colocaba toda la responsabilidad sobre Bai Xiaochun. Pero una vez que Bai Xiaochun se decidía a atacar, no le importaban las palabras o acciones de más nadie. Siguió adelante como un relámpago, e intercambió decenas de ataques contra el Daoísta Alcance Celestial en apenas un parpadeo.

El Daoísta Alcance Celestial terminó tosiendo sangre rápidamente y fue forzado hacia atrás, tenía el rostro tan pálido como un papel, pero la mirada de sus ojos era desafiante. Había estado incitando a Bai Xiaochun a atacarlo para hacerse una idea de cuanto poder tenía actualmente.

Y la respuesta no lo dejó nada contento.

Mientras retrocedía, Bai Xiaochun simplemente aceleró y volvió a atacarlo. El Daoísta Alcance Celestial terminó tosiendo más sangre y fue arrojado otros 300 metros a lo lejos.

Justo cuando el ansia de sangre de Bai Xiaochun empezó a arder, varias hebras de sentido divino se reunieron en el lugar. Eran los demás celestiales de la Ciudad del Emperador-Vil que se preparaban para interferir.

Quizás no sería gran cosa si hubieran sido solo ellos. Pero entonces apareció un sentido divino muy por encima de cualquier celestial, algo vil y tiránico, algo que podía desgarrar los Cielos. Esa voluntad divina atrapó a Bai Xiaochun al instante y lo arrojó lejos bruscamente.

Bai Xiaochun se estremeció y salió volando varias decenas de metros. En ese momento, la voz del Emperador-Vil se escuchó fríamente en sus oídos.

—¡Suficiente!

El Daoísta Alcance Celestial bajó la cabeza de inmediato y respondió, —Si señor.

Bai Xiaochun permaneció de pie por un momento, apretó los dientes y asintió. Luego sacudió la manga y se volteó para irse.

Sin embargo, después de unos pocos pasos, se detuvo súbitamente, volteó por encima del hombro y dijo, —¿Cómo está Du Lingfei?

Bai Xiaochun llevaba mucho tiempo guardándose esas palabras en su corazón. No se había atrevido a preguntar antes, más que nada por temor a la respuesta. Pero ahora preguntó sin dudar.

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