AWE – Capítulo 1239 – EDITADO
Capítulo 1239: Aquel Año
Bai Xiaochun sentía como si lo estuvieran despertando de un sueño profundo. Abrió sus ojos lentamente, y fue como si su alma hubiera perdido el acceso a todas sus memorias previas. No tenía idea de quién era, y solo sabía que tenía mucho frío…
Copos de nieve blancos y suaves caían de arriba, y oscurecían completamente el cielo, también cubrían el suelo y hacía que hasta las distantes montañas se vieran de un color blanco pálido.
Bai Xiaochun se encontró a sí mismo en medio de un bosque de árboles marchitos. De hecho, los árboles estaban cubiertos de tanta nieve que muchas de las ramas ya se habían quebrado bajo su peso. Aquellas pocas que quedaban se veían como pequeñas manchas de negro en un gran mundo de blanco.
—No te duermas Pequeño Chen, —dijo alguien—. Quédate despierto…
Bai Xiaochun sentía cómo si hubiera estado soñando, pero no podía recordar de que se trataba el sueño. Ahora que estaba despierto, todo en su mente estaba borroso.
Solo sabía que hacía frío, tanto frío que parecía que estuviera por congelarse. Quizás ese frío había sellado sus memorias.
Pero luego… sintió que lo zarandeaban un poco más, y un rostro cubierto de escarcha blanca apareció frente a él.
Era un joven, de quizás unos trece o catorce años. Se lo veía demacrado, y hasta herido al parecer, sus ropas estaban rotas y manchadas de sangre. Se lo veía muy débil, pero había algo inolvidable en sus ojos. Resplandecían como estrellas, pero a la vez contenían una ferocidad y crueldad que no parecían concordar con su corta edad. Sin embargo, al observar a Bai Xiaochun, esa crueldad se desvaneció y se vio reemplazada por calidez y amor.
—Hermano… —murmuró Bai Xiaochun con labios temblantes. Si… sus memorias le decían que en efecto… este era su hermano mayor, ¡su hermano de sangre con quien compartía madre y padre!
Pero tan solo decir esa palabra… hermano, hizo que una ola de cansancio lo abrumara. No estaba seguro de poder manejar el viento tan punzante, el viento salvaje repleto de desolación.
Obviamente era un duro invierno, lleno de copos de nieve que caían del cielo. Pero cuando miró hacia arriba, también se dio cuenta de que había insectos volando en lo alto del cielo… ¡unas langostas de color blanco pálido!
Al parecer, su presencia en esta tormenta de nieve era lo que había llevado a una hambruna que se apoderó de la tierra. Había personas en otras áreas, refugiados acurrucados contra el viento, sus figuras demacradas y expresiones desesperanzadas hacía que hasta fuera difícil saber si aún estaban vivos…
Todos temían al frío, pero ninguno parecía dispuesto a encender un fuego. No porque no quisieran, era porque no se atrevían… Cuando Bai Xiaochun miró esas langostas en medio de la tormenta de nieve, pudo ver al instante que eran únicas, en más de un sentido. No solo podían sobrevivir este frío gélido, también era evidente que el fuego llamaría su atención. Y en medio de este invierno, con tan escasa comida, se comerían lo que fuera que encontraran.
El peso de tales ideas parecía debilitarlo, tanto que apenas podía levantar su mano. Sin embargo, de alguna manera logró hacerlo, y en cuanto lo hizo, pudo ver que era la mano de un chico de siete u ocho años. Luego la volvió a bajar y se esforzó por mantener abiertos sus ojos…
El joven que le acababa de hablar hacía un momento parecía aliviado de ver a Bai Xiaochun despierto. Pero también podía ver lo débil que estaba, y que le costaba tan solo mantener abiertos sus ojos. Lo zarandeó varias veces más con angustia, y claramente le dolía el hecho de que su hermano menor tuviera tantos problemas para apenas aferrarse a la vida. El problema era el hambre; solo con una comida podría su hermano tener la fuerza para seguir viviendo.
—Aguanta un poco más Pequeño Chen. Te conseguiré algo de comida. Solo espera, ¡ya vuelvo! —Un rayo de determinación pasó por los ojos del joven, y en cuanto apartó la mirada de su hermano menor, esa crueldad y ferocidad regresó a su rostro. Se veía como un lobo solitario acechando al bosque.
Claramente estaba muy débil, pero al parecer, la crisis de Bai Xiaochun había desatado alguna impresionante dureza dentro de él. Ignoró sus heridas y su debilidad, y se desvaneció entre los árboles.
—Hermano… —murmuró Bai Xiaochun, pero su voz era tan baja que nadie podría escucharla. Sabía que su hermano mayor iba a buscarle comida, y apenas recordaba que la hambruna y la enfermedad se habían diseminado justo después de la llegada de las langostas blancas. Todos en su aldea se habían muerto de hambre o de enfermedad, incluyendo a sus padres.
Bai Xiaochun sabía que la única razón por la que seguía vivo, era la fortaleza de su hermano. Después de haber caído enfermo, él había sido quien lo había cuidado y hasta lo había llevado en su espalda durante su travesía. Cuando los adultos empezaron a pelearse entre ellos por comida, su hermano había desarrollado una crueldad que hasta ellos temían.
Su hermano le daba a él la mayor parte de la comida. Aun cuando su propio estómago rugía por el hambre, pretendía estar lleno y le decía, —Soy tu hermano mayor ¿no? Toma, come.
Así fue como Bai Xiaochun permaneció vivo. Recordaba que su nombre era Zhou Chen, y que su hermano mayor era Zhou Fan. También estaba seguro de que de no ser porque él era una carga, su fuerte hermano seguro habría estado mucho mejor en este mundo tan caótico…
Lamentablemente, a pesar de lo mucho que lo cuidaba su hermano, la enfermedad lo había debilitado tanto que no podría aguantar mucho más.
—Mi hermano tendría una vida mucho mejor sin mi… —pensó. Hasta que finalmente cerró sus ojos y dejó que la nieve empezara a cubrirlo, la llama de su fuerza vital estaba empezando a apagarse. Sin embargo, justo cuando esto estaba por ocurrir, una fuerza poderosa apartó toda la nieve, y hasta dispersó a las langostas blancas en el área. Entonces descendió un viejo desde arriba, llevaba una túnica Daoísta, y su expresión se mostraba espantosa.
En cuanto los refugiados del área vieron al viejo, le ofrecieron kowtow temblando. Abrieron la boca como para rogar por su ayuda, pero en ese momento, empezaron a salir langostas del interior de todas esas personas…
Ninguno de ellos pudo siquiera gritar, simplemente murieron.
El viejo observó a los refugiados que ya habían sido infectados por esas langostas parásitos, y solo pasó un resplandor de lástima por sus ojos. Lamentablemente, no podía hacer nada con la situación. Solo ondeó sus manos y sacó de su miseria a los torturados refugiados.
Claramente estaba de muy mal humor, y el viejo estaba por irse, pero fue entonces que se percató de la presencia de Bai Xiaochun.
—¿Eeh? —murmuró mientras se detenía y lo miraba más de cerca. Entonces sus ojos se iluminaron con incredulidad. —¿Un Cuerpo Dao?
Se acercó a Bai Xiaochun, ondeó su mano y generó una ola de calidez que entró a su cuerpo y estabilizó la llama de su fuerza vital.
Mientras más detallaba a Bai Xiaochun, más se le iluminaban sus ojos. Entonces levantó la cabeza y se rio con fuerza antes de levantar al ya inconsciente Bai Xiaochun, y elevarse por el aire con él en brazos…
Después del tiempo que tarda en quemarse un palillo de incienso, la demacrada figura de Zhou Fan regresó tambaleante. Su cabeza y hombros estaban repletos de nieve amontonada, y cada paso que daba dejaba caer gotas de su sangre sobre la nieve del suelo.
Había algunas heridas nuevas en su rostro, y también sangraba por su abdomen. Se encontraba en muy mal estado, pero sus ojos resplandecían con emoción. En un bolsillo de sus ropas tenía un panecillo al vapor empapado de sangre, que había robado a alguien arriesgando su vida.
—¡Pequeño Chen! Conseguí un poco de comida para… —pero antes de poder terminar de hablar, su rostro cambió dramáticamente al darse cuenta de todos los cadáveres en el área. Miró nervioso por los alrededores y se fue rápidamente al sitio en el que había dejado a Bai Xiaochun, pero no encontró a nadie allí. Ver eso y a todas las langostas devorando los cadáveres cercanos casi le para el corazón.
—¡Pequeño Chen! —sollozó—. ¡¡Pequeño Chen!!
Había perdido a la última familia que le quedaba. Lo había perdido todo. Siguió temblando y buscando… pero en vano. Al final cayó al suelo justo en el mismo lugar que había estado su hermano, y empezó a llorar con el panecillo cubierto de sangre en sus manos.
—Pequeño Chen… —entre su desesperanza, no se dio cuenta de que el aroma de la sangre había atraído a una horda de langostas blancas que venían descendiendo del cielo a envolverlo.
Aquí hay una pista que en chino se ve bastante obvia, pero deja bastante espacio a especulación. ¿Recuerdan que hace unos capítulos Bai Xiaochun experimentó una visión en el mundo del reloj de arena, y escuchó a un Maestro hablando con dos aprendices? Los títulos Daoístas traducidos de esos dos aprendices son el Daoísta Terrenal y el Renegado Mortal. En chino, esos títulos serían Dao Chen y Ni Fan. Los hermanos en este capítulo son Zhou Chen y Zhou Fan. Como ven, el segundo carácter en los dos es el mismo, lo que sugiere que los hermanos de este capítulo podrían tener algo que ver con el Renegado Mortal y el Daoísta Terrenal.
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