AWE – Capítulo 492 – EDITADO
Capítulo 492: Batalla de Cien Tribus
Antes de que Bai Xiaochun y su batallón pudieran siquiera llegar a la Gran Muralla, una nube del color de la sangre apareció repentinamente sobre el horizonte, y se extendía con una velocidad increíble.
Dentro de esa nube color sangre se encontraban incontables almas vengativas, tenían una apariencia bastante distinta de lo normal. Estas almas eran de color carmesí, y parecían contener algo inconmensurablemente maligno.
A medida que se acercaban, las almas empezaron a juntarse y a tomar la forma de una cabeza, tenía 9.000 metros de altura. Y mostraba el rostro de una mujer joven, con todo y su largo cabello y unos ojos que resplandecían con una frialdad siniestra. Sorprendentemente, ¡esa cabeza irradiaba una energía que parecía capaz de sacudir tanto los Cielos como la tierra!
Justo sobre la cabeza, se encontraba de pie una joven en ropas carmesí, apenas se podía divisar dentro de esa nube. Aunque era imposible distinguir sus facciones con claridad, ¡irradiaba un aura que parecía estar fusionada con los Cielos y la tierra!
¡La escena que transcurría era completa y absolutamente impresionante!
—¡¡Chen Hetian!! —dijo la joven con una voz que, aunque no era fuerte, resonó de una manera muy extraña, y parecía ignorar por completo la formación de hechizos de la Ciudad de la Gran Muralla, pues se escuchó en la ciudad entera. Quienquiera que oyera la voz sentía la mente dándole vueltas, y luego sentía como si se estuviera ahogando en un mar de sangre. Prácticamente todos los miembros de las cinco legiones, hasta los que estaban adentro de la ciudad, no pudieron sino gritar en respuesta a la voz.
Bai Xiaochun estaba encabezando su batallón de 100 hombres hacia el muro cuando la voz les impactó. A sus subordinados les empezó a salir sangre de los ojos, oídos nariz y boca, y empezaron a chillar aterrados. Bai Xiaochun también empezó a temblar; sentía como si dos dagas estuvieran apuñalando sus oídos, y fue solo gracias al aura del Dao de los Cielos dentro de su Núcleo Dorado, que pudo salir mayormente ileso del sonido.
—¡Una deva! —dijo Bai Xiaochun boquiabierto. En ese momento, el ojo sobre la enorme pagoda en medio de la ciudad empezó a emanar una luz brillante.
Aunque en este momento aún no era la medianoche, el cielo sí que estaba oscuro, y la tierra estaba ensombrecida. Por lo que cuando el ojo se iluminó brillantemente, hizo que se viera como un increíble sol capaz de sacudir los Cielos y destruir la tierra.
Conforme la luz se extendía, los cultivadores en la Ciudad de la Gran Muralla y sobre el muro se recuperaban rápidamente de los efectos del ensordecedor sonido de la voz, la cual rápidamente fue alejada fuera del escudo.
Luego apareció repentinamente un viejo sobre el enorme ojo, y pasó como un destello por el aire para aparecer sobre la Ciudad de la Gran Muralla. En el instante en el que apareció, una imagen fantasmal que se parecía a una ciudad entera surgió, la cual se desvaneció poco después cuando dio un paso fuera de muro. — ¡Retrocede diablesa Polvo-Rojo![i]
Ese viejo era justamente el padre de Chen Yueshan, y el Maestro de Zhao Tianjiao, ¡Chen Hetian!
Llevaba una túnica blanca larga, y tenía un tercer ojo en su frente, y tal como la mujer de rojo, parecía estar conectado con los Cielos y la tierra.
Cuando las dos fuerzas opuestas aparecieron, unos estruendos intensos resonaron por todos lados. Y en un abrir y cerrar de ojos, Chen Hetian llegó a la nube roja y desapareció adentro. Poco después, se empezaron a escuchar impactos y truenos apagados desde adentro, y la nube empezó a agitarse salvajemente.
Bai Xiaochun no pudo evitar suspirar de asombro al ver todo eso. Estaba claro que la joven mujer era una deva de las Tierras Desoladas, y en este momento estaba en un combate contra Chen Hetian, uno en el cual ningún otro cultivador ordinario podía participar.
Bai Xiaochun y el resto de su batallón se recuperaron poco después, y siguieron adelante hacia la Gran Muralla. Lo primero que escucharon al llegar, fueron los estallidos y los gritos que venían del combate al otro lado del muro.
Allí había más de 700.000 salvajes de más de cien tribus, una poderosa fuerza que era tan inspiradora que los ojos de Bai Xiaochun se abrieron de par en par al verla.
Había tantas almas vengativas reunidas que era imposible ver a donde terminaban; y entre ellas estaban los gigantes que se veían casi igual de innumerables.
Por las diferencias entre ellos, se podía percibir que esos gigantes claramente venían de más de cien tribus distintas, y estaban repartidos por todos lados mientras acometían hacia el muro junto a un gran número de bestias feroces.
La tierra se sacudía cuando pasaban, y hasta la misma Gran Muralla parecía estarse sacudiendo de un lado a otro.
Y eso era solo en tierra. En el cielo había aún más gigantes y almas vengativas, ¡arrasando por el aire junto a miles de cultivadores de almas!
Entre esos cultivadores de almas se podían ver tanto hombres como mujeres, todos muy apuestos, pero con expresiones gélidas. Estas personas podían atacar con un poder despiadado, y a la vez, ¡podían controlar a los salvajes entre los cuales estaban dispersos!
A lo lejos, había figuras aún más poderosas, figuras que estaban siendo protegidas de cerca por aún más cultivadores de almas. ¡Los Nigromantes! La mayoría de ellos llevaban túnicas oscuras, y con tan solo mover su mano podían enviar un sinfín de almas vengativas hacia adelante formando ataques devastadores.
Y más lejos todavía, había cinco altares negros que flotaban en el aire. Desde los cinco altares salían rayos de luz negros que los conectaban mutuamente formando una especia de patrón de sellado parecido a un pentagrama. En lo alto del cielo, el pentagrama parecía abrir una fisura en el aire, la cual permitía que un gran número de manos fantasmagóricas se extendieran desde el otro lado, acompañadas por gritos espeluznantes.
Sobre cada altar había viejos arrugados de túnicas negras, todos ellos parecían estar recitando unas escrituras que hacían que las fisuras sobre ellos se ampliaran.
Y esas eran solo las cosas que Bai Xiaochun podía ver con sus propios ojos. El ejército era tan enorme que era imposible ver a donde acababa.
Tan solo el vasto tamaño del ejército hizo que Bai Xiaochun se preguntara si las fuerzas de la Gran Muralla podrían siquiera contenerlas. Cuando vio a su alrededor, pudo ver todo tipo de expresiones entre los rostros de los miembros de las cinco legiones. Pero ninguna de ellas era miedo, como si ese gigantesco ejército no fuera más que algo normal.
Poco después, el escudo de la Gran Muralla empezó a ondular y distorsionarse, y luego empezó a avanzar lentamente sobre el campo de batalla. Al mismo tiempo, los cultivadores de las cinco legiones empezaron a separarse en grupos y a avanzar al combate.
Fue en este punto que Bai Xiaochun recibió las órdenes de su coronel superior, instruyéndole que llevara sus tropas al combate.
A medida que el escudo avanzaba sobre el campo de batalla, las fuerzas de la Gran Muralla empezaban a salir para enfrentarse de cerca a los Desolados.
Los gigantes salvajes eran los enemigos menos difíciles de manejar ya que no eran tantos. Las almas vengativas que los rodeaban no temían ser destruidas, así que siempre eran más problemáticas. Pero eso había sido antes de que Bai Xiaochun viniera a la Gran Muralla.
En este momento, Bai Xiaochun quedó sorprendido cuando vio que los miembros de las cinco legiones ya estaban empezando a arrojar Píldoras de Convergencia de Almas al combate.
En poco tiempo, los estallidos de las Píldoras de Convergencia de Almas explotando inundaron el aire, al igual que los chillidos de las almas vengativas que eran absorbidas en un punto, y también de aquellas destruidas en la ráfaga secundaria.
Las almas vengativas no eran las únicas afectadas de manera devastadora, hasta los gigantes salvajes salían heridos por las explosiones, y terminaban tambaleándose y tosiendo sangre.
Tan solo una Píldoras de Convergencia de Almas era poderosa por sí sola, pero que hubieran más de mil explotando al mismo tiempo llenó de terror los corazones de las fuerzas de las Tierras Desoladas.
De este modo, ¡las cinco legiones eran de hecho capaces de avanzar lentamente por el campo de batalla!
Y no solo eso, pero había varios miles de cultivadores de élite entre las cinco legiones que tenían la tarea específica de atacar a los cultivadores de almas enfrentándose a ellos en duelos mortales.
Los sonidos del feroz combate inundaban el campo de batalla, y aunque todo se veía superficialmente caótico, la verdad era que las fuerzas de la Gran Muralla tenían la ventaja, en parte por el escudo, y en parte por las Píldoras de Convergencia de Almas.
Conforme el escudo avanzaba lentamente por el campo de batalla, las cinco legiones seguían detrás, forzando a las Tierras Desoladas a retirarse, o a ser absorbidas por el escudo para luchar con los cultivadores y ser eventualmente asesinados.
Además de eso, ya que los cultivadores de las cinco legiones estaban muy bien disciplinados y rotaban sus fuerzas frecuentemente entre el frente y la retaguardia, sufrían relativamente pocas bajas. De verdad que era una situación aterradora para sus enemigos.
Lo mismo que ocurría en el suelo, también ocurría en el aire.
En cuanto al enorme ojo sobre la pagoda, cuando su mirada pasaba por el campo de batalla, asesinaba gigantes y diezmaba las almas vengativas, abriendo surcos en el suelo y enviando ondulaciones poderosas por el cielo.
[i] El «Polvo Rojo» es un eufemismo budista para referirse al mundo mortal, a lo mundano, al sufrimiento, las emociones y a las tentaciones de la carne, etc…