AWE – Capítulo 631 – EDITADO
Capítulo 631: Demasiado Tiránico.
—También debería tomarme un tiempo para explorar un poco la Ciudad del Fantasma Gigante… —Ahora que poseía el medallón de comando de un guardia de la prisión, era fácil salir del Penitenciario Diabólico. Salió del ojo izquierdo de la tortuga de piedra, y entonces el medallón se iluminó con una tenue luz que lo protegió de las aguas negras de la fosa.
Salió de la fosa en poco tiempo, y finalmente se bañó en la luz del atardecer. La Ciudad del Fantasma Gigante estaba ajetreada como siempre, y muchas personas se movían de un lugar a otro en las calles cercanas a la fosa.
La salpicadura del agua cuando salió atrajo la atención de bastantes cultivadores de almas cercanos, y en cuanto posaron sus ojos sobre él, se dieron cuenta de cuál debía haber sido su origen.
—Viene del Penitenciario Diabólico…
—El Penitenciario Diabólico…
Prácticamente todos los cultivadores de almas de la Ciudad del Fantasma Gigante le temían al Penitenciario Diabólico, así que en cuanto vieron a Bai Xiaochun, bajaron sus voces y apartaron sus miradas.
Incluso había algunos guardias de la ciudad patrullando cerca, y en cuanto lo vieron, comprendieron quien era, así que simplemente pretendieron no notarlo y siguieron su camino rápidamente.
—Vaya, ¡no sabía que los del Penitenciario Diabólico tenían una posición tan alta! —Aunque ya había oído rumores sobre cómo veían las personas al Penitenciario Diabólico, experimentarlo en persona como guardia era una cosa muy distinta.
—¡Supongo que volverme un guardia sí que fue algo bueno! —Se aclaró la garganta y empezó a avanzar por la calle, también le envió un mensaje a Zhou Yixing para encontrarse. Luego empezó a ver sus alrededores buscando un sitio dónde comprar almas vengativas.
En realidad, Zhou Yixing no estaba muy lejos, pero ya que estaba prohibido volar dentro de los confines de la ciudad, se vio forzado a ir a pie hacia Bai Xiaochun.
Mientras Bai Xiaochun esperaba a que Zhou Yixing lo encontrara, avanzó caminando revisando las tiendas que vendían almas vengativas. Algunas eran grandes y lujosas, otras pequeñas y más especializadas. Pero después de preguntar un poco, quedó algo triste al descubrir que todas las tiendas tenían suministros de almas muy bajos, de hecho, no estaban vendiendo almas vengativas, solo comprando.
Después de pasar por siete y ocho tiendas, y ver que ocurría lo mismo con todas, Bai Xiaochun empezó a ponerse nervioso. Al fin y al cabo, tenía un propósito específico por el que necesitaba comprar algunas almas.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué todas las tiendas que venden almas vengativas están vacías? —Dicho esto, avanzó a otra calle, y vio siete u ocho tiendas más. Para su total asombro, vio que era lo mismo.
Finalmente, en una de las tiendas más grandes, no pudo contenerse en sujetar al vendedor y preguntarle, —¿Por qué no ninguno de ustedes está vendiendo almas? ¿Qué diablos pasa?
—¿Cómo voy a saberlo? —respondió el vendedor mirándolo furiosamente. —¡No nos queda nada! ¿Por qué me agarras así? ¿Acaso intentarás llevarte mi alma o algo?
El vendedor llevaba muchos años trabajando en la Ciudad del Fantasma Gigante, así que tenía buen ojo para los clientes. Con tan solo un vistazo a Bai Xiaochun, podía ver que, por su pregunta, era un recién llegado. Así que, sin ningún interés en lidiar con un recién llegado, el vendedor lo volvió a observar furiosamente y se preparó para reprenderlo un poco más.
Bai Xiaochun se irritó con la actitud del hombre, y luego recordó cómo reaccionaron los guardias de la ciudad cuando lo vieron saliendo de la fosa antes, así que sacó rápidamente el medallón de comando de guardia del Penitenciario Diabólico.
—¿¡Te atreves a decir eso de nuevo!? —le preguntó molesto, y sostuvo el medallón frente a la cara de aquel hombre.
El vendedor parecía molesto al inicio, pero al darse cuenta de que lo que le estaban poniendo en la cara era el medallón de comando del Penitenciario Diabólico, quedó boquiabierto. Se le puso la piel de gallina, se estremeció y puso una gran sonrisa en la cara.
Ya que llevaba muchos años en la Ciudad del Fantasma Gigante, era obvio que sabía que aquellos del Penitenciario Diabólico estaban entre aquellos que uno nunca debía ofender. El Penitenciario Diabólico era un lugar al que hasta los dioses y los fantasmas temían. Los guardias allí eran conocidos como demonios despiadados, sin mencionar los inquisidores, crueles y brutales al extremo.
—¡Perdóneme exaltado por favor! La verdad es que ninguna de las tiendas en la Ciudad del Fantasma Gigante tiene almas en este momento. Están totalmente agotadas…
—¿Agotadas? —dijo Bai Xiaochun frunciendo el ceño, su furia ya se estaba calmando un poco.
—Correcto. Los tres grandes clanes han estado acumulando almas recientemente, probablemente por el asunto del sucesor del emperador del infierno… Si tienes algún motivo urgente, exaltado, tenemos algunas almas aquí en la tienda, pero no muchas. —El vendedor juntó sus manos nerviosamente y volvió tras el mostrador y hacia la parte trasera de la tienda para buscar las pocas almas que tenían disponibles. Estaba claro que no quería ofender a este miembro del Penitenciario Diabólico, y solo quería que se fuera tan rápido como fuera posible.
—¡Qué tiránicos! —pensó Bai Xiaochun—. No puedo creer que compraran todas las almas solo por esa cosa del sucesor del emperador del infierno. —Jamás se hubiera podido imaginar que ese asunto tan distante como el sucesor del emperador del infierno ya empezaría a afectarlo negativamente.
Tomando en cuenta que conjurar llamas requeriría cada vez más almas, el hecho de que la Ciudad del Fantasma Gigante estuviera casi completamente carente de almas le hacía las cosas bastante problemáticas.
—¿Qué se supone que haga ahora? ¡Los tres grandes clanes se están pasando! Supongo que debería haber dejado más limpio al Clan Bai. —Suspiró, y se dio cuenta de que tendría que poner sus esperanzas en Zhou Yixing, y cual fuera el número de almas vengativas que hubiera logrado conseguir con la información que le proporcionó Bai Xiaochun gracias a los prisioneros interrogados.
Mientras Bai Xiaochun pensaba en la situación, el vendedor regresó de la parte trasera de la tienda con una pagoda recolectora de almas en la mano. Se inclinó y dijo, —Exaltado, aquí hay cerca de 100.000 almas. De verdad es lo último que nos queda.
Bai Xiaochun escaneó la pagoda recolectora de almas, y confirmó que tenía mucho menos de lo que buscaba. Pero era mejor que nada. Asintió con la cabeza, y estaba a punto de pagar por las almas… cuando una voz aburrida resonó desde la entrada de la tienda.
—Me llevaré esas almas. —Dos jóvenes entraron caminando a la tienda, llevaban ropas costosas que parecían estar tejidas con seda espiritual. Sus túnicas resplandecían como tesoros mágicos, y si uno las observaba de cerca, se podían distinguir unos diseños que claramente indicaban que habían recibido siete refuerzos espirituales.
En las Tierras Desoladas, los refuerzos espirituales eran mucho más comunes, pero la tasa de éxito era igual que en las Tierras de Alcance Celestial. Mientras más alto el nivel de refuerzo espiritual, más probable el fracaso.
El fracaso conllevaba la destrucción completa del objeto y los ingredientes usados, y eso quería decir que cualquier objeto con numerosos refuerzos espirituales representaba una suerte que desafiaba los Cielos.
Los dos jóvenes estaban en el gran círculo de Establecimiento de la Fundación, y por sus ropas mágicas, era fácil ver que no eran cultivadores ordinarios. Los rodeaban unos ocho cultivadores de almas de mediana edad, la mayoría en el Establecimiento de la Fundación. Pero había dos que claramente estaban en el nivel de la Formación del Núcleo.
Tomando en cuenta que esos ocho se comportaban como sirvientes, estos dos jóvenes destacaban de manera aún más dramática.
Bai Xiaochun observó las ropas de los dos jóvenes, y pudo escuchar los suspiros asombrados pero contenidos de las demás personas de la tienda. El vendedor mostró un rostro aún más amable que el que le había mostrado antes a Bai Xiaochun. Se acercó rápidamente y dijo, —Bienvenidos Príncipe Chen, Príncipe Cai.
—Dame esas almas, —dijo uno de los jóvenes, aquel al que el vendedor se había referido como Príncipe Cai. Aunque el joven habló con una voz relativamente tranquila, la mirada en sus ojos claramente indicaba que se veía a sí mismo como un ser vastamente superior a Bai Xiaochun. Uno de sus sirvientes se acercó de inmediato con un bolso de almacenamiento para llevarse la pagoda recolectora de almas.
Claro, no había manera de que Bai Xiaochun fuera a aceptar así nada más.
—Alto ahí, —dijo enojado. —¡Yo estoy comprando esas almas!
Los dos jóvenes lo observaron fríamente, y pudieron ver de inmediato que su base de cultivo estaba en la Formación del Núcleo. Pero no les parecía importar, ni tampoco se dieron cuenta de que este era Bai Hao del Clan Bai.
—Pagaremos el doble, —dijo el Príncipe Cai. Dicho esto, él y el Príncipe Chen simplemente se voltearon y se fueron caminando, como si todo esto les aburriera.
Bai Xiaochun ya se estaba sintiendo bastante humillado, especialmente tomando en cuenta que el vendedor lo acababa de ver de reojo, claramente encantado de ver esta escena. Bai Xiaochun dio un paso adelante cada vez más molesto y declaró fuertemente, —¡Pagaré el triple!
El Príncipe Cai afuera ni se volteó antes de responder, —¡Pagaré diez veces el precio!
Estos dos jóvenes eran miembros del linaje principal de los Clanes Chen y Cai, y habían sido asignados con la tarea de llevarse todas las almas de las tiendas de la Ciudad del Fantasma Gigante. Aunque 100.000 no era una cantidad particularmente grande, las instrucciones de los ancianos del clan habían sido claras. ¡Debían llevarse tantas almas como fuera posible!
Bai Xiaochun se estaba molestado cada vez más. ¡Sentía como si alguien le hubiera dado una bofetada con un fajo de dinero! Justo cuando estaba a punto de continuar, su tablilla de jade de transmisión empezó a vibrar en su bolso de almacenamiento. Después de escanearla, escuchó un mensaje ansioso de Zhou Yixing.
—Maestro, ¡estoy al este del portal de teletransportación! Alguien está tratando de matarme y robarme las almas que conseguí para usted. ¡¡Ayuda!!