AWE – Capítulo 780 – EDITADO
Capítulo 780: Adicto a Extorsionar.
Diez días pasaron volando, Bai Xiaochun no salió para nada durante este tiempo. Permaneció en reclusión dentro de la Mansión de Inspecciones, y se familiarizaba con la fórmula de la llama de dieciocho colores.
Estaba progresando gradualmente con la ayuda de Bai Hao. Hasta había intentado conjurarla varias veces. Pero el consumo de recursos era increíble.
La fórmula para la llama de dieciocho colores era un poco diferente de las demás, y requería muchos más recursos. De hecho, conjurar una sola llama de dieciocho colores requería que primero conjurara diez llamas de diecisiete colores.
A pesar del hecho de que Bai Xiaochun tenía acceso a una riqueza enorme, seguía sin poder costearse tales perdidas.
—¿Qué se supone que haga ahora…? —pensó. Pero en cuanto se puso a reflexionar el asunto, ¡el Sumo Pontífice del Cielo hizo una gran movida!
Después de diez días de pensar y contemplar, ¡actuó con la velocidad de un rayo y arrestó a nueve de los marqueses celestiales!
Estos arrestos conmocionaron a las Tierras Desoladas por completo, incluso a los cuatro reyes celestiales. Toda la Ciudad del Archi-Emperador estaba escandalizada, y los cerca de noventa marqueses celestiales restantes estaban en pánico.
Aunque no se había tomado acción contra ningún duque celestial, estos también estaban llenos de temor. De hecho, todos decidieron entrar en reclusión y se negaban a ver a nadie que los convocara. Sencillamente no querían involucrarse en lo que ocurría.
Hasta Chen Haosong sabía que se encontraba en una situación muy peligrosa, y solo mantuvo su boca cerrada y entró en reclusión.
Después de arrestar a nueve marqueses celestiales, sus clanes quedaron atrás temblando de terror. Además, sin el permiso directo del Sumo Pontífice del Cielo, ninguno tenía permitido salir de la ciudad.
Mientras toda la Ciudad del Archi-Emperador temblaba de miedo, Bai Xiaochun finalmente recibió sus órdenes del Sumo Pontífice del Cielo. ¡Debía ir a registrar los clanes implicados!
Finalmente, Bai Xiaochun podía dar rienda suelta a sus habilidades. Llevaba un tiempo esperando por este día. Después de la destrucción de su tienda de refuerzo espiritual, había quedado sin ningún ingreso. Ahora que le habían ordenado registrar algunos clanes, finalmente podría recuperarse un poco.
Se llenó de entusiasmo en cuanto tuvo en mano el decreto Dhármico.
—Van a hacer falta muchas almas para practicar con la llama de dieciocho colores. De hecho, son incalculables. ¡De verdad que no queda de otra más que practicar una y otra vez!
—Ah… registrar eh… ¡¡si registro nueve clanes de marqueses celestiales, entonces podré ponerme a conjurar algunas llamas!! —Y así sin dudar ni un poco, Bai Xiaochun se llevó a su ejército de 3.000 soldados cadáver y se fue directo a trabajar con la lista que le había proveído el Sumo Pontífice del Cielo. Había llegado la hora de hacer algo con lo que se había fascinado recientemente… ¡extorsionar y registrar clanes!
—Joder. Empecé a extorsionar clanes casi desde que llegué a las Tierras Desoladas. Primero fue la Ciudad del Fantasma Gigante, y ahora aquí en la Ciudad del Archi-Emperador. En cuanto a mi habilidad para registrarlos, si dijera que soy el segundo en todas las Tierras Desoladas, ¡nadie se atrevería a afirmar ser el primero! —Así fue hacia el primer clan de la lista, se veía orgulloso y hasta lleno de desdén.
En cuanto salió de la Mansión de Inspecciones, creó un gran escándalo en la ciudad. Hasta el ser más vil y despiadado de la ciudad se mantenía fuera de su camino. Los ciudadanos temblaban a su paso, y la nobleza y la aristocracia sentía como si estuvieran en una pesadilla de la que no podían despertar.
Se llevó su aterrador ejército, fue a los clanes y los registró completamente uno por uno. Los dejó totalmente limpios, hasta sin hierba. Cualquier cosa de valor fue arrebatada, hasta las decoraciones de los edificios. Ni siquiera un depósito de granos hubiera quedado tan vacío, aunque lo atacara una manada de ratas famélicas.
Pero la estrella del espectáculo no era Bai Xiaochun, sino Zhou Yixing. Era un verdadero genio para registrar clanes, con sus ojos de águila podía encontrar hasta los tesoros más ocultos. Gracias a él, se llevaban hasta la última cosa.
Para asegurarse de tener suficientes recursos con los que trabajar y conjurar llamas, Bai Xiaochun hasta despertó a la pequeña tortuga. A la pequeña tortuga le gustaba mucho registrar lugares y en conjunto con Zhou Yixing, crearon una tormenta calamitosa para todo lo que estuviera a su paso.
Se formó una audiencia bastante grande en el camino, una que veía cómo Bai Xiaochun dejaba totalmente limpios a los nueve clanes de marqueses celestiales, verlo todo los dejó pasmados. Pronto empezaron a divulgarse todo tipo de historias.
—Este Bai Hao nació para registrar clanes… ¡Qué despiadado!
—¡No puede ser! Ni siquiera deja las casas en pie… ¡las derriba completamente!
—¡Pero que ojos tiene! ¡¡Cada vez que apunta con el dedo encuentra un tesoro oculto!! Este Bai Hao… ¡¿será que era un acaparador en su vida previa!?
Toda la ciudad estaba alborotada. Lo que era aún más sorprendente para los que veían, fue que el primer registro de Bai Xiaochun le tomó seis horas. Pero para cuando llegó al cuarto, solo le hicieron falta cuatro horas para dejar al clan totalmente limpio, y hasta dejó en ruinas la mayoría de los edificios…
Para cuando llegó al séptimo clan, actuaba con una eficacia explosiva. Solo le tomó dos horas dejar el séptimo clan cómo si no fuera más que un cráter en el suelo…
Sin embargo, esto no era nada. Lo más sorprendente fue el noveno clan… Solo hizo falta una hora… para cuando partió, no quedó ni el polvo… Fue algo impactante para todos los que pudieron verlo.
Aunque Bai Xiaochun había experimentado muchas cosas en su vida, la cantidad de riqueza que ahora estaba amasando al dejar limpios a estos nueve clanes hacía que hasta su corazón latiera con fuerza. De hecho, logró poner sus manos en bastantes llamas de quince colores, ¡e incluso algunas de mayor calidad!
Esas llamas ya formadas eran extremadamente importantes, le permitían reducir el número de almas que necesitaría para practicar con la llama de dieciocho colores.
En lo que concernía a Bai Xiaochun, las llamas de diecisiete colores eran cómo tesoros preciosos.
Para cuando llegó al noveno clan, le hizo falta bastante esfuerzo para contenerse y no ir a extorsionar al clan de al lado.
Cuando los miembros de ese clan vieron sus ojos codiciosos e inyectados de sangre, tuvieron que apresurarse para confirmar que su clan no estuviera en la lista. Después de todo, solo hacía falta una orden de Bai Xiaochun para enviar a sus 3.000 soldados cadáver y arruinar por completo su clan.
Debido a la manera tan enloquecida en la que había arruinado a esos nueve clanes, el nombre de Bai Hao se volvió aún más infame en la Ciudad del Archi-Emperador. De hecho, llegó a extenderse desde las Tierras Desoladas, hasta algunas figuras poderosas en las sectas de la región del Río Alcance Celestial, aquellos que sabían algunas de las cosas que ocurrían en las Tierras Desoladas.
A estas alturas, Bai Xiaochun estaba básicamente adicto a extorsionar y registrar clanes, afortunadamente, fue entonces que el Sumo Pontífice del Cielo emitió otra lista de órdenes de captura. ¡Fueron arrestados otros siete marqueses celestiales!
Cuando llegó el decreto Dhármico, Bai Xiaochun quedó maravillado. Se rio fuertemente y descendió sobre los clanes implicados cómo una tormenta. Como resultado de esto, la nobleza y la aristocracia en la Ciudad del Archi-Emperador empezaron a usar todo método que podían para acercarse al Sumo Pontífice del Cielo y expresar su lealtad.
Por primera vez… el Archi-Emperador entró voluntariamente en meditación aislada, lo cual parecía ser un claro mensaje de que intentaba proteger a la aristocracia y los oficiales. Pero la verdad era que estaba bajando su cabeza para intentar ganarse el favor público.
El Sumo Pontífice del Cielo sabía esto, pero no le importaba. No quería el favor público; quería que las personas le temieran. Y eso era exactamente lo que estaba logrando.
Bai Xiaochun estaba muy contento, y registró esos siete clanes con aún más eficacia. Las ganancias iluminaron sus ojos como si estuvieran hechos de oro.
No era una persona tan apegada a la riqueza, pero le costaba contener el impulso de ir a registrar a todos los clanes de los marqueses celestiales de la Dinastía del Archi-Emperador… Sin embargo, siempre procuraba enviar el noventa por ciento de sus ganancias a la Sala del Pontífice del Cielo, todo con una meta en mente… ayudar al Sumo Pontífice del Cielo a entender la increíble riqueza que estos clanes de marqueses celestiales poseían.
Además, ¡esa riqueza era una de las razones por la que poseían ambiciones tan grandes!
Lamentablemente, después de los dos ataques a marqueses celestiales, el Sumo Pontífice del Cielo no volvió a actuar.
Bai Xiaochun esperó un poco y luego suspiró tristemente al pensar en los casi noventa clanes que quedaban.
—El Sumo Pontífice del Cielo es demasiado piadoso. ¡Sería mucho mejor seguir registrando a esos clanes! —Pero esta sesión de extorsión se había acabado, y Bai Xiaochun no tenía más opción que regresar a la Mansión de Inspecciones, allí entró una vez más a meditación aislada.
Gracias a las llamas de colores que había adquirido, empezó a familiarizarse cada vez más con la llama de dieciocho colores. De hecho, avanzaba a pasos agigantados, tanto que era imposible calcular cuánto tiempo y esfuerzo estaba ahorrando.
La caída de esos dieciséis marqueses celestiales llevó al Sumo Pontífice del Cielo a nuevas alturas de poder. Ahora el Archi-Emperador estaba en reclusión, al igual que los príncipes y princesas imperiales. Nadie del clan imperial se atrevía siquiera a dar un paso afuera de sus residencias oficiales.
Hasta los cuatro reyes celestiales decidieron someterse al Sumo Pontífice del Cielo en esta situación. Ninguno hizo nada que pudiera provocarlo. En este momento, el Sumo Pontífice del Cielo se encontraba en la cumbre de su poder y su gloria, aún más que cuando se había convertido en semidiós y había forzado al Archi-Emperador a ser su marioneta.
Así pasaron tres meses. Debido a sus extorsiones y al poder del Sumo Pontífice del Cielo, ahora Bai Xiaochun era más famoso que nunca. De hecho, había pocas personas en las Tierras Desoladas que no hubiera oído de él. Los salvajes de las tribus tanto grandes como pequeñas le temían, y su fama crecía conforme se divulgaban sus historias…
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