AWE – Capítulo 922 – EDITADO

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La noche llegó. Y el único sonido que se podía escuchar era el suave oleaje que golpeaba la isla, por lo que todo se sentía muy pacífico. 

Mientras Bai Xiaochun permanecía sentado de piernas cruzadas en meditación, su corazón se calmó lentamente. Había tomado su decisión ya en el buque de guerra. Su viaje a la Isla Alcance Celestial era con el propósito de conseguir una píldora de longevidad, asegurarse de que Hou Xiaomei estuviera a salvo, y también… descubrir por qué había estado tan obsesionado con Du Lingfei. 

No se sentó a rememorar su pasado. Solo esperó en silencio. 

La misma presión de siempre seguía pesando sobre la isla. De hecho, la carencia de todo sonido a excepción de las olas hacía que la presión se sintiera aún más fuertemente. Debido a eso, todos los visitantes sentían más asombro y temor que nunca. 

Estas sensaciones eran aún más intensas entre aquellos con bases de cultivo más altas, la razón era que ellos podían sentir con más claridad… un aura que desestabilizaba sus bases de cultivo y hacía que sus mentes dieran vueltas. ¡Era un aura que podía erradicarlos a voluntad! 

Era el aura más exaltada de todas, del tipo que no podía ser amenazada ni siquiera por los Cielos. De hecho, ¡los Cielos hasta parecían estar listos para inclinarse frente a la fuente de esa aura! 

Un aura como esa, algo tan completamente elevado y dominante… solo le podía pertenecer a una sola persona en todo el Reino Alcance Celestial… ¡El Celestial! 

Saber eso entusiasmó aún más a los cultivadores de los cuatro ríos. Tan solo pensar en convertirse en aprendices de El Celestial era algo profundamente emocionante. 

Ni siquiera los devas podían controlar muy bien sus emociones. Al fin y al cabo, las reglas no habían estipulado que solo aquellos en el Alma Naciente tuvieran la oportunidad de convertirse en aprendices. 

El único requisito… era ser la primera persona que saliera de la prueba de fuego. 

Aunque el nivel de la base de cultivo era muy importante, la suerte también era un gran factor. Por lo tanto, aunque los devas tenían la ventaja, esta solo los ayudaría de manera limitada. 

Conforme la noche se oscurecía, la mayoría de los cultivadores que estaban aquí de visita se sumieron en el trance de su cultivo. Ninguno salió de sus habitaciones. No era que no quisieran; simplemente no se atrevían. 

Du Lingfei no solo les había advertido, la presión que pesaba sobre todos dejaba muy claro que solo alguien suicida se atrevería a salir. 

Bai Xiaochun había tomado la misma decisión, por lo que simplemente esperaba. 

Ya bien entrada esa noche… abrió los ojos y se quedó viendo la puerta frontal. 

Casi en ese mismo momento exacto, una voz encantadora se escuchó desde afuera. 

—¿Puedo pasar? 

Fue solo una frase, más nada. Bai Xiaochun envió un poco de su sentido divino hacia la puerta, y pudo ver a Du Lingfei de pie allí afuera. No estaba vestida como lo había estado durante el día. Llevaba una túnica blanca que no era ostentosa como su atuendo previo, por lo que se veía tal cual como en aquellos días en la Secta Corriente Espiritual. 

Esto hizo que Bai Xiaochun se detuviera un momento a pensar. Poco después, ondeó su mano y la puerta se abrió, revelando a Du Lingfei que estaba allí de pie con una sonrisa. 

Sus miradas se encontraron. 

Seguían siendo las mismas personas que habían sido hacía tantos años. Pero en esta ocasión, Bai Xiaochun decidió no llamara «buu». 

—Ha pasado mucho tiempo, —dijo ella. Cuando vio que Bai Xiaochun no parecía querer responder nada, se rio suavemente y entró caminando. Se acomodó una hebra de cabello tras la oreja y dijo, —¿Por qué no dices nada? 

Con la luz de la luna que caía sobre ella como una cascada, se veía tan delicada como el más fino jade. Había algo hermoso, puro y sagrado en ella. 

Cuando Bai Xiaochun percibió la fragancia de su perfume, su corazón empezó a latir más rápido. Después de vacilar por un momento, decidió hablar honestamente. —No sé qué decir. 

Al ver que este permanecía sentado, ella se sentó de piernas cruzadas frente a él y colocó sus manos sobre sus rodillas. 

—¿Por qué no me cuentas de tu tiempo en las Tierras Desoladas? —le dijo sin el más mínimo de irritación. 

Este respiró hondo y percibió su perfume de nuevo. Luego procedió a darle un resumen breve de su tiempo en las Tierras Desoladas, pero sin mencionar los detalles de su identidad secreta. 

Al final, la miró directo a los ojos, respiró hondo y dijo, —Gracias por esa alma deva. 

No le contó que había terminado formando un Alma Naciente del Dao de los Cielos, y solo le mencionó casualmente algunos de los eventos principales que habían ocurrido durante sus aventuras en las Tierras Desoladas. Ella no le presionó para que diera más detalles. Era casi como si ambos estuvieran evitando decir las cosas que realmente querían decir. 

Los dos quedaron eventualmente en silencio. Aunque formaban una imagen preciosa, con sus siluetas bajo la luz de la luna, ambos se sentían como si fueran desconocidos el uno para el otro. 

El sonido de las olas del mar los rodeaba, como si intentara acercarlos, pero sin ser capaz de hacerlo. 

Después de que pasara un poco de tiempo, Bai Xiaochun le preguntó repentinamente, —¿Quién diablos eres…? 

Era la misma pregunta que le había hecho antes de ir a la Gran Muralla. En aquel entonces, ella le dijo que cuando volviera… le contaría la verdad. 

Por lo que finalmente decidió preguntarle directamente. 

Du Lingfei no parecía estar sorprendida, como si hubiera estado esperando esta pregunta. Al principio no respondió directamente, ni siquiera lo miró a los ojos. Pero después de un momento, alzó la mirada y se la dirigió directamente. 

—El Celestial… es mi padre. 

Aunque Bai Xiaochun ya sospechaba esto desde hacía mucho, escucharlo directamente y que confirmaran sus sospechas hizo que unas grandes olas de emoción impactaran su corazón. 

Al principio no pudo controlar su respiración. A pesar de que había considerado esta posibilidad, ahora que sabía la verdad, había muchas cosas que repentinamente tenían sentido. 

Ahora tenía sentido que Du Lingfei tuviera un estatus tan especial en la Secta de la Polaridad del Dao del Cielo Estrellado. Si los rumores acerca de los patriarcas semidioses de las cuatro sectas siendo los aprendices de El Celestial eran ciertos, ¡entonces eso convertía a Du Lingfei en su Hermana Menor! 

Con una identidad y respaldo como esos, Du Lingfei poseía un estatus extremadamente único en todo el Reino Alcance Celestial. ¡Era como una perla inigualable! 

Sin embargo, aún había cosas que se preguntaba. Como hija de El Celestial, una persona con un estatus tan increíble, ¿por qué había estado allí en la Secta Corriente Espiritual? ¿Y por qué había ido después a la Secta Corriente de Sangre…? 

Estas preguntas surgieron en su mente, y solo conllevaron a más preguntas. Y luego, repentinamente recordó algo que lo hizo temblar involuntariamente… 

Él había absorbido una hebra del cabello de sangre de El Celestial. 

Había dudado un momento aquella vez. Pero El Celestial en aquel entonces era una figura tan distante, y el cabello se lo había dado el cuidador de tumbas. Por lo que simplemente se preparó y pasó por el proceso de absorberlo. 

Pero ahora, estaba aquí frente a la puerta de El Celestial… y Du Lingfei era su hija. 

Ya veo, —pensó—. Ahora entiendo por qué el patriarca de la Secta de la Polaridad del Dao del Cielo Estrellado me dejó librarme con solo una advertencia después de causar tantos problemas con mi confección de píldoras… 

Luego calmó sus ideas y le preguntó, —¿Fuiste tú la que hizo que trajeran a Hou Xiaomei? 

Ella no quería responder eso directamente. Solo le dirigió la mirada y sonrió, de manera muy similar a aquella vez en las Montañas Luochen. Se puso de pie, se acercó caminando, y le arregló la ropa a él tal y como haría una esposa con su marido. 

La cercanía que tenían le permitió a él percibir su perfume con aún más intensidad, y su corazón se aceleró aún más. 

Después de acomodar su ropa, lo miró a los ojos, en los de ella había todo tipo de emociones encontradas. Bai Xiaochun pudo sentir de inmediato que su vida no había sido tan feliz y despreocupada como uno podía esperarse debido a su identidad. De hecho, se la veía agotada, hasta desolada. 

La manera en la que lo veía hizo que surgieran sus memorias del pasado y repentinamente se dirigió a ella del mismo modo en el que lo había hecho hacía tanto. 

—Buu… 

Ella se estremeció y sus propias memorias se apoderaron de sus pensamientos. Entonces pasó otro momento, se inclinó, colocó sus labios junto a los oídos de él, y le dijo en voz muy baja. 

—Xiaochun… ten cuidado… de Hou Xiaomei. 

Dicho esto, lo miró a los ojos una vez más, luego se volteó y se desvaneció en el aire… 

 


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