Grimgar – Volumen 2 – Omake
Omake – High Elf
Su nombre era Leelya. Leelya Sturm. Ella era un elfo mayor de la casa noble Sturm de las Siete Espadas. Además, ella era el heredero de la casa, el heredero en línea, aunque ella nunca pensó de su linaje como noble. A lo mucho, ella sabía que la Casa de Sturm había sido una vez grande, pero ella ahora la consideraba una sombra de su antigua gloria. No era sólo la Casa de Sturm lo que era anticuado, la sociedad de los elfos en su conjunto se había estancado en el pasado distante. Ellos se habían vuelto débiles, ineficaces, y cayeron en un estado de descenso.
Leelya era una niña prodigio, aclamada como el avatar de Varyag la Espada Sagrada. Mucho había sido esperado de su futuro desde sus días de niñez, aun con todo ella no podía desentrañar que futuro puede posiblemente ser. Así que aunque ella sabía que el camino podría estar lleno de cambios y vueltas y peligros, ella decidió que dejar Kagemori era el camino correcto.
Ella podría experimentar el mundo exterior por sí misma y ampliar su conocimiento. Era por este propósito, y no otro, así ella dejo su tierra natal atrás.
“Souma.”
Cuando ella llamo su nombre, el hombre detuvo su manipulación del utensilio para comer conocido como “chopstick” (palillos) y encontró su mirada. Su aspecto permaneció sin cambios. Su falta de expresiones hacía difícil para suponer sus pensamientos internos, aunque ella sabía que no era sólo esto lo que lo hacía difícil de leer. Ella podía también ver que su humor era ligeramente austero.
Souma, para la mayoría un hombre sofisticado, había tallado desde un árbol con sus dos manos los palillos que él estaba usando ahora. Además de ella, la compañía de Souma consistía en el largo, Paladín de ligeramente de piel oscura, Kemuri; el Necromancer Pingo, quien parecía un niño a primera vista Zenmai, el cuerpo artificial que se le dio vida por Pingo; y el antiguo Ladrón vuelto Shaman, Shima, quien no permanecía en un lugar mucho tiempo y prefería dormir bajo las estrellas.
Kemuri era del tipo quien dormía en cualquier parte y durante el tiempo que él quería cuando estaba de humor mientras Pingo era su opuesto, y duramente dormía del todo. El compañero constante de Pingo, Zenmai, carecía por completo de la necesidad para dormir. Shima, aunque una elegante, bien parecida mujer, no le importaba arrojarse y volcarse alrededor en una cama de hierba mientras ella dormía.
Leelya, nacida y crecida en la ciudad elfica de Arnott, duramente sabía que pensar sobre ello al principio pero ahora estaba completamente acostumbrada a ello. Ellos estaban actualmente reunidos bajo el cielo estrellado, sentados alrededor de una fogata cada uno a su manera, comiendo o durmiendo. Leelya peinaba delicadamente su cabello plateado mientras Souma comía.
Fuera carne seca o fruta, Souma la tomaría cada una con sus palillos y llevaba la pieza a su boca una a la vez. Esto parecía ser una clase de preferencia pata él, lo que estaba bien con ella.
“Tú estas sosteniendo tu palillo con tu mano izquierda.”
A su comentario, Souma bajo su mirada y sus ojos se abrieron tan ligeramente.
“Tienes razón. Tal vez porque la comida es no apetitosa.” él respondió.
“Quizás estas en lo cierto,”Leelya asintió
“Me pregunto por qué,” dijo Souma, ladeando su cabeza ligeramente a un lado en confusión mientras cambiaba los palillos a su mano derecha.
Él no tenía la más ligera noción de porqué él había usado su mano izquierda, mientras él era diestro. Y si él no lo sabía, entonces ¿cómo podría Leelya posiblemente saberlo?
“También,” Leelya añadió e indicó un punto justo debajo de sus propios labios. “Tienes algo en tu cara.”
Por un instante, la expresión de Souma parecía gritar, ¡Eso no es posible! Él llevo su mano arriba para hallarse el lugar varias veces.
“No, yo no…” él dijo.
“Lo sé,” dijo Leelya, con expresión en blanco. “Era una broma.”
“Ha,” Shima rio mientras ella reposaba apoyada en un codo, cubriendo su bostezo.
Pingo, sentado en la rodillas de Zenmai y mirando las estrella, se rio disimuladamente. Kemuri ronco, profundamente dormido.
Souma bajo su mirada, las esquinas de su boca se curvaron ligeramente hacia abajo en lo que podría ser un celo fruncido. La expresión de Leelya se suavizó. Souma de prisa se sentó erguido y llevo su expresión en calma una vez más. Uno tiene más bien la impresión de que él era un hombre interesante.
Tres días antes Leelya y los otros habían entrado al antiguo Reino de Ishmael, dominio de los muertos vivientes. Esta era una tierra de maldad y atrocidad, donde los muertos se aventaban a sí mismos de buena gana para ser desechos entonces se rearmaban para correr agresivamente más fuertes, sin embargo en formas más horribles. Incluso la compañía de Souma, famosos como ellos eran, no podía permitirse el lujo del descuido aquí, aunque hubieran sido descuidados solo un día antes.
Souma, como es usual, estaba usando sus técnicas de Katana de clase Samurái en los enemigos viniendo hacia ellos. Los muertos no podían acercarse sin ser inmediatamente cortados. Su técnica y agilidad no eran nada menos que asombrosas. Sin embargo, Leelya, una orgullosa maestra de la espada bailarina quien también había entrenado sin cesar con el fin de no avergonzar su reputación como un prodigio sin precedentes, sintió algo mal.
Souma no era su normal yo mismo. Su espada era menos rápida, su pies pesados, y sus movimientos tocaban lo lento. Parecía pata Leelya casi como si él estuviera peleando con un esguince en el tobillo. Aunque si él estuviera lastimado, podría haber sido una tarea simple el preguntarle a Kemuri que lo curara.
Aunque Shima, quien había cambiado su clase de Ladrón a Shaman, difícilmente veía eso, ella era una mujer altamente trabajadora. El talento natural jugaba aparte, pero ella entrenaba incluso mientras ella dormía y, en un corto periodo de tiempo, había dominado las técnicas secretas de los elfos y fue exonerada por la cabeza de Seis Hechizos (Six Spells). Ella no era la primer humana en volverse un Shaman, pero era la única en recibir la aclimatación de los arrogantes Six Spells. Y ella era capaz de curar cualquier herida instantáneamente.
Cuando la pelea fue terminada, Leelya se acercó a Souma directamente. “Tu torpeza y falta de gracia era bastante impropio. Si estas herido o te sientes mal, quizás sería sabio dejar que Shima tome un vistazo.”
Souma pensó sobre ello por un momento antes de responder, “También creo que algo está fuera de lugar…”
Él se sacó sus rodilleras aquí y allá, y el problema se hizo inmediatamente aparente. Sus botas estaban en el pie equivocado. Para ponerlo simple, él tenía su bota izquierda en su pie derecho y su bota derecha en su pie izquierdo.
“Así que esto era el porque,” dijo Souma.
Por supuesto eso era el porqué. Pero ¿qué lo poseyó para cometer tal error? Cuando Leelya preguntó, Souma ladeó su cabeza ligeramente a un lado y murmuró, “No tengo idea,” y Leelya se preguntó si ella debería simplemente dejarlo como un intervalo extraño. Aunque Souma frecuentemente tendía a errar en tales formas.
Souma era un hombre bastante extraño, pensaba Leelya. Él era sofisticado e inteligente y no sería hipérbole decir que su técnica con la espada estaba en la cúspide del oficio. Él no era ni descuidado o desorganizado. Leelya normalmente podría decir que él era bastante confiable, no es que ella necesitará decirlo, o podría necesitar de confiar en otros. El liderazgo de Souma podía no ser defectuoso; él tenía un juicio excelente y un sentimiento de responsabilidad como si él hubiera nacido con ello.
Él era alguien que, si lo lanzaban a lo salvaje desnudo y solo, podía aun encontrar una forma pata sobrevivir. Aunque algo también estaba faltando. Leelya había estado en su compañía por un tiempo, pero ella no sabía que podía ser. De vez en cuando, él haría cosas inesperadas que podrían tomarla completamente por sorpresa. Él era como ningún elfo fue nunca, por lo tanto ella tenía un interés menor en él. En efecto, este era un interés menor–nada más, nada menos.
Souma pronto había caído al suelo. Kemuri estaba aun profundamente dormido y Shima se preparaba para seguirlo. Pingo y Zenmai se quedarían en guardia toda la noche aunque nadie les había dicho a ellos. Leelya también sentía que pronto caería dormida. Ninguna preparación era necesaria; su mochila servía como almohada, su manto una sábana. Aunque ella no se durmió directamente.
Acostada con sus ojos aún cerrados, mucho empezó a circular en sus pensamientos. Ella los ignoro y les permitió quedarse, esperando para que su consciencia se alejara. De vez en cuando ella miraría desde bajo sus parpados medio cerrados hacia la figura de Souma más allá de la fogata. Él estaba tirado cara arriba, brazos colocados bajo su cabeza para una almohada, una rodilla levantada. ¿Se había quedado dormido?
Ella no podía decirlo. Si algo pasaba, Pingo daría la alarma y no había duda que él podría inmediatamente estar de pie. Él era más como un durmiente ligero. Souma se volteó, murmurando “Nn…” con un gruñido ligero y estaba ahora encarándola. Ligeramente sorprendida, ella inmediatamente cerró sus ojos de nuevo.
Leelya no lo estaba mirando con un propósito y será difícilmente para él mal interpretarla creyendo otra cosa. Pero Souma estaba aun después de esto, quizás teniendo un profundo sueño. Leelya suspiro suavemente y abrió sus ojos ligeramente de nuevo.
Ella se encontró con la mirada de Souma. Él estaba mirando directamente hacia ella. Leelya se sintió endurecida. ¿Debía ella explicarse? No, ella no había hecho nada malo. Souma era el único mirándola y pasó que ellos encontraron la mirada del otro. Ello no tenía que darle ninguna clase de explicación. No había necesidad de incluso preocuparse ligeramente por ello. Souma era el único culpable… O quizás no culpable, pero… Parte de la responsabilidad era suya, también.
Y él debía tomar responsabilidad por ello. Seria problemático para ella si él se negaba. Pero antes de este, contacto visual. Ella necesitaba romper contacto visual con él. Ella podía soportar más de esta mirada. Era un poco… Embarazoso estar mirando a los ojos del otro en esta forma. Aunque ¿por qué ella era incapaz de mirar a otro lado?
Antes de que ella pudiera encontrar una respuesta Souma cerró sus ojos y se volteó a un lado. Leelya se cuenta solo entonces. Souma no había estado mirando hacia ella. Él incluso no se había despertado. Él no había estado mirando hacia ella medio dormido, tampoco; él meramente tenía sus ojos abiertos mientras dormía y por casualidad volteó su cara a ella. No era nada más que esto.
Nada más, aunque, de nuevo él empezó a murmurar algo. “N… Nnn…”
Leelya pensó que sonaba como si él estuviera llamando el nombre de alguien. Quizás era solo su imaginación. Incapaz de tomarlo más, ella acurrucándose en si misma mientras sentía un dolor punzante en el pecho. ¿Qué era este sentimiento en su corazón? ¿Qué lo estaba causando? Ella no lo sabía. Ella no tenía la más ligera noción.
“No lo sé,” ella susurro para si misma.
Leelya había esperado venir para conocer el mundo externo; para ganar conocimiento, percepción, y fuerza emocional para permanecer imperturbable, apasionada. Ella no había le dicho esto a nadie aún, pero Leelya estaba convencida de que la raza elfica que estaba ahora caminando el rumbo del descenso debía regresar a su estado antiguo de gloria.
Ella estaba aquí por sólo ese propósito. En efecto, ella admitía que tenía un interés en Souma. Sin embargo, era meramente un interés menor.
Y ciertamente nada más.
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