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Acts of Gods: Calamity - Capitulo 1

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Acts of Gods: Calamity

 

Capítulo 1

 

   Resuena choques de espadas y gritos de fondo.

   Era una batalla.

   En una colina, un hombre con una armadura dorada llamativa y apoyado en su hombro derecho una gran lamina de acero, era una gran espada que podría cortar un caballo por la mitad de una.

   Miraba al bosque, especialmente a una criatura con un pelaje blanco como la nieve, con ojos azules y nueve colas, que también lo miraba fijamente y parecía estar cabreado… ¡Era el Kitsune!

   El hombre se ríe.

   Tras la espalda del hombre aparece una misteriosa sombra, ¿Qué será esa sombra?

   La sombra se ríe apoyando ambas manos en los hombros del sujeto, que parecía tener garras.

  • Ya lo tienes…-dijo la sombra- ¡Ya tienes tu objetivo delante, más cerca!
  • Hhhmm, pero que dices… Esto es solo el comienzo…

   Bajo la luz de la luna y las estrellas, había una gran guerra por el dominio de las tierras y en busca de poder. Ese era el General Mitch Grimsbane, buscaba ser dios.

   La sombra se envolvió en Mitch Grimsbane, obteniendo una gran aura siniestra y poderosa, para aumentar su poder considerablemente.

   Una vez preparado para el combate hubo un momento de silencio.

   Ambos saltaron como flechas uno contra el otro.

  • ¡Aaaaahhhh!
  • ¡Grrrrr!

   Resuena como choca su garra, que parece hecho de acero, y la gran espada.

 

 

   Seis años antes, en un pueblo llamado Eiju, proveniente del nombre del dios kitsune siendo un pueblo de semihumanos, una mujer con una herida mortal apareció en la entrada del pueblo llevando un bebé en sus manos.

   Los guardias estaban en alerta ante un posible ataque repentino tocando la alarma, era una campana.

   ¿Qué está pasando? ¿Nos están atacando?

   Poco después salieron más guardias armados hasta los dientes.

   -N-Nos…atacaron…arra…saron…nuestro…pueblo. -dijo la mujer, antes de caer muerta al piso con una sonrisa al final-, Por f-favor… cuiden de mi hijo.

   Uno de los guardias salió corriendo hacia la mujer, desplomada en el suelo. La revisó de arriba abajo, luego le dio la vuelta…

   El guardia sorprendido.

  • ¡Tiene un bebé! -dijo el guardia, mientras volvía corriendo a la entrada-

  En poco segundos, unos cuantos guardias rodearon al bebé y otros aún seguían en alerta vigilando.

  • ¿Qué hacemos con él?
  • Yo no puedo cuidar de un bebé.
  • Me cuesta cuidar de mí mismo… imagínate tener otra boca que alimentar…
  • ¿Qué le pasará al bebé?
  • Botémoslo por ahí.
  • ¡Pero qué dices idiota!

   En mitad del alboroto y confusión, aparecieron ciertas personas que imponían respeto hacia los que los rodea.

   Esas personas eran semihumanos zorros, una mujer y un hombre.

   Cabello negro y largo, parecían cuchillas. Un verdadero guerrero entre los hombres bestias del pueblo. Se destacaba de manera atractivo, a pesar de sus músculos. Él es Ishii Kazuuji.

   Cabello plateado, largo y liso. Tenía unos hermosos ojos azul cielo. Una verdadera belleza, quizás una diosa. Ella es Ishii Kaya.

   -Kaya, ¿Qué te parece tener otro hijo? Esta vez un niño.

   Kaya se sonroja.

   -No me importaría -dijo Kaya, mientras le sonreía felizmente-

   -Bien, está decidido… -dijo mientras lo cogía en sus brazos- Te entrenaré y serás un gran guerrero, ¡No! ¡Serás el mejor!

   No todos habían escuchado las últimas palabras de la mujer, pero un guardia que estaba más cerca que los otros la había escuchado bien. Después de lo sucedido, ese se fue a informar al anciano del pueblo, el gobernante.

   Se inclinó ante él.

  • Mi señor, vino una mujer herida gravemente con una información. Era humana.
  • ¿Dónde está ella ahora mismo?
  • Mi señor… por desgracia murió. – dijo el guardia con desagrado por sus palabras – Pero no se preocupe, yo escuché sus últimas palabras. Al parecer atacaron su pueblo y esa mujer junto a su hijo eran los únicos supervivientes, al menos quiero pensar en eso.

   El aciano estaba en un momento de shock, acto seguido se acarició su larga barba con una cara pensante.

  • Llamen a Kazuuji – dijo el anciano, golpeando con la palma de la mano contra la mesa – ¡Ahora mismo!

 

 

   El pueblo Eiju fue construido en un gran bosque protegido por el dios kitsune, más que un dios era una criatura legendaria. Donde había casas, tabernas, una muralla alrededor y un lugar donde podías orar a la bestia protectora.

   El bosque kitsune era medianamente enorme. Su dosel fue reclamado por Shava, de ahí provenía unos frutos secos, y por el abedul, sus coronas permiten que desciendan pequeños rayos de luz, lo suficiente para que esté bien iluminado.

   Un relajante sonido de animales, la mayoría de la cual revolvían los bichos, ilumina el bosque formando una orquesta con el sonido del viento que sopla suavemente a través del bosque.

   Donde convivían pequeños animalitos e insectos, el animal más grande es un jabalí de cuatro cuernos.

   Y de ahí es de donde provengo, era ese bebé, aunque actualmente ya soy más mayor.

   Me llamo Ishii Tokiaki. Tengo 5 años, cabello… parece ser negro y es corto.

   Mi padre es un guerrero bastante fuerte, es más, normalmente estaba ocupado entrenando fuertemente a los guardias y soldados del pueblo, pero ahora como la cosa se tranquilizó desde el incidente en que me encontraron ya no está tan ocupado, así que hoy empiezo mi primera enseñanza de espada con él, realmente estoy muy feliz.

   Mi madre es una persona muy tranquila y te transmite alegría, trabaja en una casa donde te curan, es una fantástica sanadora. En su tiempo libre siempre está en casa haciendo las labores de casa como cocinar, limpiar y esas cosas…

  • ¡Toki! ¡¡¡Ya está la comida!!!

   Bueno, y esa es mi hermana.

    Ishii Tomoe. Tiene dos años más que yo, es realmente una pesada conmigo. Ella está estudiando con los ancianos medicina y en los tiempos libres en casa con madre, quizás quiera ser como madre… no lo tengo muy claro. Eso sí, es igualita a ella.

  • ¿Qué hay de comer?
  • Conejo asado que cazó tu padre y una ensalada que he cultivado solo para ti. – dijo Kaya alegre –
  • Siempre es lo mismo…
  • Anda, calla y ¡Come! – dijo Tomoe, mientras le metía una pata del conejo en la boca –

   Por mi culpa mi madre tuvo que empezar a cultivar ya que soy un humano necesitaré otros nutrientes.

   La ensalada que hacía estaba hecha con lechuga, tomate y unos frutos secos pequeños que provenían de un árbol del bosque llamado Shava.

   Mi familia como son semihumanos con solo comer carne es suficiente para ellos.

   Después de terminar de comer, fui directamente a la zona de entrenamiento, que ahí me esperaba padre para entrenar.

   Era un campo de arena bastante amplio que actualmente estaba ocupado por un señor y su hijo, eran semihumanos de tipo lobo, que estaban entrenando.

   Más que un entrenamiento parecía un combate real con armas de verdad.

   Nosotros estábamos disfrutando del combate desde el fondo de la grada.

   El chico realmente parecía un niño prodigio, usaba tres elementos distintos a esa temprana edad, seguramente tendría la edad de mi hermana. Usaba el elemento de fuego en su corta espada, el elemento de tierra en su cuerpo para cubrirse de los posibles ataques y el elemento viento para desplazarse a una gran velocidad.

   En cambio, el padre usaba dos elementos, que aun así me pareció bastante espectacular. Usaba el elemento de fuego en su espada para hacer golpes potentes y en su cuerpo para cubrir un radio del área con un intenso calor, quizás era uno o dos metros de radio, y el otro elemento viento que lo usaba igual al hijo.

   Una vez finalizado el combate, bajamos de las gradas cruzándonos.

  • ¡Ey! ¿Eres el hijo del señor Kazuuji?

   Me lo dijo el chico sonriendo, pero yo permanecí callado con algo de vergüenza.

  • ¡Si! Él es mi hijo y va a tener su primer entrenamiento. – dijo Kazuuji, sonriente. – Veo que has mejorado bastante Suwa Hikoshige, algún día llegarás a superar a tu padre.
  • No estoy muy seguro, es verdad que tengo ventaja de que tenga aptitud en tres elementos, pero él es realmente un gran guerrero…
  • ¡Oh, venga ya Hikoshige! – dijo el padre, cogiéndolo por el cuello con un brazo y con el otro puño enroscándoselo en la cabeza – Claro que me superarás, solo espera unos cuantos años más y ya verás.
  • Oye, ya que eres un humano no serás como nosotros, que normalmente los semihumanos son prácticamente potenciadores. ¿Eres un potenciador?
  • …

   Le miré con una cara de intriga hacia esa pregunta.

   ¿Qué es eso sobre potenciador? ¿Tendrá alguna relación con cómo combatir?

  • Al parecer a los humanos le sale más tarde que a los semihumanos. – Dijo Kazuuji, apoyando su mano en mi hombro – Se lo pregunté a un comerciante y él dijo que a partir de los 8 años empieza a surgir los cambios del núcleo del maná. Estoy ansioso por ver que será.
  • Oh… ya veo… bueno, os dejo con su entrenamiento. Nos vemos otro día.

   Cuanto más hablaron sobre eso más intriga me ha dado.

   ¿Núcleo de maná? ¿Es la fuente que le otorga los elementos?

   Cuando por fin estaba todo preparado para entrenarme, mi padre al principio me dio una espada larga para burlarse de mí ya que no podía con su peso.

   Nos reímos mucho.

   Luego ya empezó a entrenarme bien, me dio una espada corta y me enseñó como manejarla. Tuve que golpear muchas veces un muñeco de paja, cuando ya sabía más o menos controlarlo empecé a golpear un tronco de madera para aumentar mi fuerza.

   Así, día por día. Bajo el sol, la lluvia y el frio… entrenando siempre lo mismo, aunque algunas veces cambiábamos por el tiro de arco.

   Muchas veces hasta hacía pequeños combates contra Suwa Hikoshige, aunque nunca me llegó a usar ningún elemento para no abusar.

   Llegamos a ser grandes amigos, él me enseñaba su progreso y yo en cambio nunca progresaba, así que siempre me ponía celoso pidiendo que combatamos.

 

 

   Después de 4 meses de entrenamiento con mi padre creo que realmente he mejorado mucho y me encuentro bien como para ir a cazar.

   Decidí cazar la única bestia del bosque… un jabalí de cuatro cuernos para el festín de esta noche, que será el cumpleaños de mi hermana Ishii Tomoe.

   Esa no era el único objetivo que tenía, también quería demostrar lo mucho que mejoré con mi habilitad después de todo el entrenamiento.

   Cogí mi túnica, me puse mis guantes desgastados, la espada corta muy sucia y mi arco.

  • ¡Tomiaki! – dijo padre, con los brazos cruzados y algo molesto – ¿Adónde te crees que vas?

   Teniendo las armas conmigo ya estaba claro que no podía mentir con que iba a algún sitio de por aquí con cualquier excusa como buscar un regalo…

  • ¡Ah! Padre… La verdad… es que… quería cazar unos animales para nuestra cena de hoy…

   Kazuuji suspiró.

  • Está bien… Pero no te alejes ni te expongas en ningún tipo de situación peligrosa.
  • ¡Gracias, Padre!

   Estuve muy pero que muy feliz de que me haya dejado ir.

   Lo que yo no sabía es el hecho de que él sospechaba de esto.

   En cuanto yo salí de la casa, él enseguida también salió de casa en dirección a la casa de los Suwa.

   Le pidió exclusivamente a Suwa Hikoshige que me protegiera desde las sombras si estuviese en una situación de peligro.

 

  Una vez que me adentré en el bosque fui cazando pequeños animalitos, conejos y ardillas. Con unas cuerdas que tenía los amarraba y los colgaba del cinto.

   Poco más tarde, atravesando unos grandes arbustos ahí estaba lo que buscaba, un jabalí de cuatro cuernos. Pero este parecía ser más pequeño de lo normal, era la mitad de lo que yo era, quizás sea una cría.

   Aunque sea todavía una cría tiene su toque dominante. Sentía miedo, mucho miedo ya que era mi primera batalla de verdad y contra una bestia.

   Me miraba fijamente, preparando una embestida.

   Yo, en cambio, saqué mi arco cargado, pero estaba temblando…

   Cargó hacia mí, me asusté y por la reacción disparé sin pensarlo y sin apuntar bien, me caí al suelo.

   Lo tuve que esquivar rodando por el suelo, una vez lo esquivé desenfundé la espada.

   Crack.

Ese fue el sonido de cómo se rompió la hoja de mi espada, tras rápidamente darse la vuelta y golpearlo en uno de sus cuernos. Eran demasiados duros para ser unos simples cuernos.

En la desesperación salí corriendo sin saber qué hacía ahora. Corría, corría y corría. Pasando por un montón de árboles iguales.

 

Desde arriba de un árbol siguiendo a Ishii Tokiaki estaba Suwa Hikoshige, quién lo estaba observando mientras saltaba de un árbol a otro.

Vamos Toki… No quiero interferir en tu batalla, se lo que significa eso para ti, así que por favor… ¡Piensa y derrótalo!

Estaré aquí apoyándote… en caso de que tenga de protegerte… ¡Lo haré!

 

   Seguí corriendo por el bosque hasta que vi a lo lejos una rama baja y era bastante gruesa como para aguantarme. Ahí fue cuando se me ocurrió una gran idea, ya no estaba desesperado y sentía una gran fuerza de voluntad en mi interior.

   Me agarré a la rama de forma que me impulsara y me quedara de pie sobre la rama, me mantuve agachado y de seguido saqué el arco otra vez. Ahora me sentía tan bien que estaba absolutamente confiado en mí mismo.

   Cuando pasó el jabalí que estaba detrás de mí se paró repentinamente ya que no estaba en su vista. Se giró mirando atrás, no me vio. Desesperado miró a todos lados hasta que mira arriba sorprendido el jabalí.

   Ahí estaba yo apuntándole a la cara son una sonrisa de alegría maliciosa.

  • ¡¿Oenc?!

   Le clavé la flecha entre ceja y ceja.

   Acabó la batalla, me senté encima de la rama apoyándome en el árbol a descansar…

   Suspiro.

  • Menos mal que ya acabó… me siento muy cansado…Ahora que lo pienso puedo hacer collares con estos cuernos a mi familia y uno a Hikoshige. – dije sonriendo –

   Empezó a oscurecer.

   Hikoshige lo seguía observando mientras Tokiaki arrastraba al jabalí devuelta a casa.

   Lo hiciste muy bien, ahora vuelve a casa a descansar… – dijo, con una gran sonrisa –

 

 

   Cuando entré al pueblo arrastrando a la bestia había gente sorprendida y otros elogiándome como “¡¡Ese es el hombre!!”, “¡Que buena caza chico!” o ¡Algún día podrás con uno más grande, tú puedes!”.

   Llegando a casa ahí estaba mis padres en la puerta recibiéndome con una sonrisa y felices de que haya llegado sano y a salvo.

  • ¡Ya estoy en casa!…
  • ¡Bienvenido a casa!…

   Yo también les recibía con una sonrisa y unas pequeñas lágrimas…

 

   Ya estoy de vuelta…

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