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Alma rota - Capitulo 28 : Puesto en libertad.

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Sin que nadie se diera cuenta, ya había pasado un día desde que comenzó todo. Almenos realmente. En el pueblo de Grendel, las personas se levantaron de sus camas al día siguiente, esperando que todo lo ocurrido allá sido una pesadilla.

Lamentablemente, todo era real. Tan real que podía llegar a ser muy impactante cuando lo pensaban.

En especial, para la profesora Adele, todo esto parecía un sueño. El día anterior, estaba dando clases en un salón, y pensaba que se pondría en la cita que tendría a las nueve. Pero hoy, debía cuidar de un grupo de niños que, por alguna uh otra razón perdieron a sus padres.

Esto era, simplemente demasiado…

–Profesora Adele– Un tierno llamado pudo ser escuchado junto a ella.

Volteando su mirada, Adele pudo ver la delgada figura de Yenna, mirándola con preocupación. Instantáneamente, Adele reacciono y tomo a Yenna por los hombros. –¿Dónde estabas? ¿Sabes lo preocupada que estaba por ti? Oh Dios, que bueno que estés bien– Envolviéndola en sus brazos, Adele la abrazo con fuerza, lo que no le gustó nada a Yenna.

Luego de liberarse del abraso de Adele, Yenna le susurro en voz baja. –Es que, se me había olvidado algo en la escuela y fui a recuperarlo– Habiendo dicho eso, Yenna extendió su mano y la abrió frente a ella.

En su palma, había un brazalete simple hecho de piedras. Su color gris oscuro no aparentaba nada especial. Yenna bajo la cabeza cuando dijo en voz baja. –Es para ti–

–¿Lo hiciste para mí? eres tan dulce, ahora ve con tus amigos– Acariciando la cabeza de la niña, Adele se levantó y camino hacia sus colegas. Los cuales se acercaban a lo lejos.

Mientras tanto, la mirada inocente en el rostro de Yenna se disolvió en una fría indiferencia…

 

–Oye, al fin te encuentro– Mirando hacia un lado, Yenna podía ver como Axel se acerba a ella.

Mirando a la chica que no había visto en mucho tiempo, una mirada ansiosa y emocionada se veía en el rostro del muchacho. –¿Dónde estabas? te eh buscado por todas partes–

–¿Qué quieres de mí? déjame decirte que no tengo tiempo para niñatos como tú– Dijo ella mientras se alejaba caminando. No tenía la intención de seguir mezclándose con este grupo de mocosos.

Desde hacía mucho tiempo tuvo que soportar la compañía de estos niños estúpidos y sus incoherentes conversaciones. Y encima, tenía que fingir que sonaba interesante, o empezarían a molestarla lanzándole las venditas bolas de papel. Si de ella dependiera, no querría verlos nunca más.

 

–¡Oye, espera!– El grito de Axel la hizo detenerse. Volteando la mirada un poco molesta. Yenna se sorprendió al ver como el niño la tomaba del brazo eh impedía que ella continuara caminando.

Con una mirada ofendida, Axel musito con resentimiento. –¿Te olvidaste de la promesa que me hiciste? Dijiste que me ayudarías a encontrar a mis padres. ¿Nunca pensaste en cumplirla, verdad?–

–Bien, está bien, sígueme «Suspiro´´– Yenna empezaba a tener dolor de cabeza. Con todo lo que estaba pasando, se había olvidado de la promesa que había hecho con el niño. Simplemente una molestia.

. . .

–Adele, ¿Planeas quedarte en este sitio?– Pregunto Dylan con preocupación.

–No puedo dejar a estos niños, Almenos esperare un poco más. Si sus padres no llegan, me los llevare a casa conmigo– Mirando a los chicos que, apenas y comenzaban a hablar, un sentimiento triste la envolvía. Esos niños no deberían pasar por algo como esto.

–Entonces deberías pedir más provisiones del almacén, por si las dudas– Intervino Gavín.

–Ahora mismo voy– Mientras decía eso, la mirada de Adele se fijó en un chico que caminaba no muy lejos. Tenía la mirada cabizbaja, y dos oficiales lo escoltaban.  –¿De quién se trata?– Pregunto con curiosidad.

–Dicen que es un asesino, mato a alguien y le robo el arma. Parece que lo están soltando–

–Tan joven, en qué mundo vivimos–

–Si es un asesino, ¿por qué lo están soltando?– 

–Al parecer lo hizo en defensa propia, por lo que lo dejaran ir por el momento. Vete tú a saber qué pasa–

Escuchando las conversaciones que se desarrollaban a su alrededor, Adele entendió lo que pasaba. Pero a la vez no podía comprender. Ese chico, parecía no tener más de 16 años. Y no importa como lo miraras, no parecía un asesino.

En ese momento, una chica de repente se acercó a aquel chico. Mirándola detenidamente, Adele se dio cuenta de que, se trataba de la persona que había acompañado a Yenna.

. . .

–¡Chris!– 

Levantando la cabeza, Chris pudo ver a Margo frente a él. Inmediatamente, una sonrisa dibujo su rostro. –Viniste–

–Por supuesto que vine, te lo prometí, oh no?– Respondió ella con una pequeña sonrisa.

–Que conmovedor– Uno de los oficiales se burló mientras empujaba a Chris, Haciendo que casi perdiera el equilibrio. Mirándolo con dureza, le dijo fríamente. –Sera mejor que no te vuelva a ver por aquí nunca más. Y si me das tan solo una razón para arrestarte, me asegurare de que te pudras en una celda–

Habiendo dicho eso, ambos oficiales se alejaron.                                         

Sintiendo el claro desprecio en su voz, la ya enojada Margo no pudo quedarse con el golpe. Pero antes de que pudiera hacer algo, Chris sujeto su hombro. Con una mirada sombría en su rostro, negó con la cabeza. –Solo vámonos–

Margo quiso decir algo, pero al final cerro la boza y se dio la vuelta. Pero antes de que pudiera marcharse, fue detenida por una persona. Al observarla realmente, se aturdió al darse cuenta de que era Adele.

Por un momento, Margo no supo cómo reaccionar…

Mirando desde un lado, Chris cambio su mirada repetidamente entre Margo y Adele, sin entender lo que pasaba. Esto continuo un largo tiempo antes de que Adele dijera incomoda.

–Te vi en la escuela, tú fuiste quien trajo a Yenna, verdad? muchas gracias– Dijo Adele con una pequeña sonrisa.

–De nada– Con voz apagada, Margo tomo la mano de Chris y comenzó a alejarse. Chris aun no entendía lo que pasaba, pero sabiamente decidió no preguntar.

Mirando la espalda de Margo, Adele no sabía por qué, pero una leve sensación de tristeza la envolvió.

. . .

Al salir del lugar, Chris se encontró con un camión de helados. Aquella…extraña niña y Axel estaban sentados en el vagón. Sinceramente, tenía curiosidad por saber lo que había pasado. No se molestó en preguntar nada cuando vio a Margo subir al asiento del conductor. Solo fingió no saber nada mientras le seguía la corriente.

–¿Que fue todo eso?– Pregunto Chris, luego de un largo rato.

–¿Que fue qué?–

Al no conseguir nada, Chris cambio la pregunta. –¿De qué conoces a la profesora Adele?–

–¿Que sabes de ella?– Pregunto Margo finalmente interesada.

–No mucho, la verdad– Chris reunió todo lo que sabía de ella y musito. –Solo que se había mudado al pueblo hace dos años como profesora. Es muy amable y le agrada a todo el mundo. Pero nunca me eh topado con ella. ¿Por qué preguntas?–

–Por nada yo…te lo contare luego. Ahora tenemos cosas más importantes que hacer–

Y así, el resto del viaje concluyo sin saberlo…

 

–Vamos– Margo ni siquiera se detuvo a esperarlo cuando se bajó del camión y camino hacia la biblioteca.

Al entrar en la biblioteca, Chris noto que todo estaba más ordenado que la primera vez que llego. Almenos ya no parecía vandalizado.

Rápidamente, el grupo llego a una sala abierta de la biblioteca. Mirando en el suelo, se podía ver un diagrama muy complejo, subdividido en varias secciones. A primera vista, parecía muy misterioso.

–¿Que es…–

–Primero lo primero– Sentándose en una esquina de la habitación, Margo extendió sus manos. –Dame tus manos–

Escuchando sus palabras, Chris se sentó frente a ella sin expresión alguna antes de decir. –Antes que nada, quiero escuchar lo que tienes que decir–

–¿Disculpa?–

–Ya me oíste– Sintiéndose algo molesto, Chris la cuestiono. –Desde el día en que te conocí, me has estado diciendo que, «No te preocupes, te lo diré cuando tengamos tiempo´´ Bueno, ahora tenemos tiempo. ¿Quiero saber qué es lo que está pasando? ¿Que son esos…monstruos? ¿Y quién eres tú?–

–Está bien «Suspiro´´– Margo cerro los ojos un momento, antes de volver a abrirlos con decisión. –Me llamo Margaret, pero mis amigos me llaman Margo, Y como ya deberías haber imaginado, soy un mago–

«¡Un mago!´´ Aunque Chris ya estaba preparado para ello, aun se sentía sorprendido.

–Yo…recibí la misión de revivir nuestra unión. Y como este es mi lugar de nacimiento, decidí comenzar aquí. En cuanto a los detalles, te los contare más tarde. En cuanto a esos monstruos, son demonios. Nadie sabe porque de repente atacan al mundo humano, pero lo que sí sabemos es que están en todas partes, y son demasiado poderosos como para nadie pueda enfrentarlos.

Pero nada de eso es importante ahora. En lo que debes de centrarte es en ti mismo– Observándolo con cuidado, la mirada de Margo era seria. –El poder que mostraste en ese momento, era algo que nunca había visto antes. Pero puedo decir que ese poder era…Poder divino–

–¿¡Poder divino!?– Chris quedo atónito al oírlo.

Margo asintió en confirmación. –Estoy segura de ello, y por esa razón, es que es tan peligroso usarlo. Desde el principio de los tiempos, el poder divino era algo que no pertenecía a los humanos. El poder divino es…es como una ley, una ley capaz de cambiar las reglas de todo.

El mana que usamos los magos también es una ley, pero nosotros no controlamos el mana, lo estimulamos, o mejor dicho, lo guiamos, pero nunca sin cambiar las reglas. En cambio, lo que tú haces es controlar las leyes directamente. Hasta el punto de materializar un cuerpo espiritual hasta el punto de ser dañino para una Legión.

Si tu alma hubiera sido originalmente tan poderosa, eso no habría importado, pero solo eres un niño de quince años que nunca había estado en contacto con el mana, el qi, oh la energía espiritual. Si un espiritista común tratara de hacer lo que tú hiciste, su cuerpo y su alma se consumirían en la nada. Incluso si se tratase de un mago, eso no cambiaría–

Escuchando esas palabras, un escalofrío recorrió la espalda de Chris…

–Lo que vamos a hacer ahora es determinar cuál es tu clase–

–¿Mi clase?–

–Si eres un Mago oh no– Margo volvió a extender sus manos esperando a Chris.

–Oh– Tratando de parecer lo más normal posible, Chris puso sus manos sobre las de la chica.

 

Entonces, una sensación refrescante lo envolvió.

 

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