EN OTRO MUNDO - Capítulo 31 – Pensamientos
Anoche había sido demasiado agotador, era bastante información la cual digerir, una niña normal no sabría qué hacer ante tal situación, y aunque no podría decir que yo también lo haría mejor, era verdad que era un poco de ayuda tener la mentalidad de alguien con mas edad, aparte de que me consideraba mucho más madura que muchas chicas de mi edad real la cual era de 17 años.
Así pasaron dos largas semanas muy fatigantes por parte de las “maravillosas” clases de Monic, que de maravillosas no tenían completamente nada, eran aburridas a más no poder y agotadoras tanto mental como físicamente, y eso solo era el principio pues todavía era un largo camino por recorrer con sus lecciones y su horrenda voz.
Mientras tanto Barton me continuaba enseñando todo lo que conocía, él era como una enciclopedia de información andante, aunque lo que nunca hubiera esperado sería que tuviera aproximadamente la misma edad que la de mi padre, la cual rondaba alrededor de treinta y tantos años. Quien se imaginaría que este señor mayor de cabello cano y que se veía como de sesenta fuera en realidad un hombre joven, y que solo alguien con la habilidad de mi madre de cambiar formas con el poder del agua podría curarlo. Tal vez yo podría ayudarlo, claro si no me marchaba antes de poder desarrollar poderes más fuertes.
Lo que esperaba con ansias era que cuando mis conocimientos estuvieran más avanzados él me enseñaría a defenderme y un poco de magia que claro esta no se me daba muy bien.
Barton también me había contado que tuvo que aprender muchas cosas si no quería ser desplazado por no ser un noble, tuvo que ser mejor que cualquiera, eso me había recordado un poco a mi yo de la Tierra preparándose para la universidad, aunque lo mío era entrar a la mejor escuela de artes, también tenía que ser mejor que cualquiera si quería ser admitida.
En este mundo si existía el arte, solo que este era únicamente para la gente noble, puesto que hermosos cuadros, retratos y esculturas solían adornar las casas de este tipo de personas.
Eso era algo bueno pues mientras estuviera aquí tal vez podría aprovechar por lo menos el hacer arte y obtener un poco de dinero, de alguna manera tenía que servir en este mundo, pues me sentía un tanto inútil al no tener tantos conocimientos sobre cosas prácticas e importantes y aparte de todo extrañaba realmente hacer algo con mis manos.
Hubiera querido ser un poco más lista…
Por el momento podía estar un poco más libre en los alrededores de la mansión, esto sin que los sirvientes me notaran tanto, aunque si que me limitaba a ir cerca de las habitaciones principales pues realmente no quería encontrarme con Amelia y mucho menos a mi padre.
Aunque extrañamente Amelia aún no había hecho uno de los muchos intentos de asesinato que había tenido en la novela hacia Odelisse y eso era algo de tranquilad, al único que sí que había visto rondar cerca había sido a su ayudante Félix, que no parecía haberse dado cuenta que ya lo había notado. Tal vez por el momento solo me estaban vigilando pues todavía ella guardaba luto por la muerte de su hija, pero no podía confiarme no si hablábamos de esa malévola mujer.