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EN OTRO MUNDO - Capítulo 39 – Recuerdos de un pasado lejano

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Al parecer ese tonto no era tan idiota de pequeño, hablando de lo malvado que fue con la verdadera Odelisse, aunque todavía no comprendía por qué cada vez que lo miraba me punzaba el corazón, tal vez era porque el cuerpo no olvidó lo que sintió la verdadera dueña, concluí.

También creía que todos los niños de las otras dos grandes familias eran cercanos a los príncipes pero al parecer solo estaban los niños de la casa Munibe, eso era un poco extraño.

Bueno como sea, por el momento tenía que agradecerle a mi preciada lengua que se había sacrificado por este acto puesto que ahora me dolía a más no poder, solo esperaba que el dolor fuera temporal.

Pero… y ¿ahora qué hago? no había transcurrido tanto tiempo desde que salí del salón junto con Eiden, sería muy extraño si cualquiera de los dos regresara sin el otro, no quedaba otra alternativa tendría que esperar a que él llegará antes y yo podría llegar después, así si preguntaban suponía que solo podría decir que me quede admirando las flores.

Y así tuve que esperar un largo rato hasta que ya no pude soportar más el frío viento, por suerte cuando llegue ya estaban ahí los príncipes con la Reina junto con mis “padres”, podía ver que ya se preparaban para despedir a los invitados, creo que solo esperaban a que yo estuviera presente para culminar con el banquete.

Por suerte no tuve que explicar porque había regresado sola…

Cuando todo por fin finalizo estaba muy contenta de regresar a mi habitación y sin pensarlo dos veces me tumbe cansada sobre la cama, estaba demasiado agotada, y ya me estaba quedando dormida. Y Annie y Hallie al verme así tuvieron que llevarme casi a rastras a darme un baño y ayudarme con el pijama.

Esa noche no vendría Barton, pobre lo entendía el también había estado muy ocupado.

Y el baño solo había hecho que me quedara mucho más rápido dormida.

 

….  ⊰❖⊱ ….

 

— ¡Asesina!, ¡Maten a esa asesina!, ¡Traidora!,  —se podía escuchar el bullicio de la furiosa multitud.

Mis manos y pies estaban encadenados mientras caminaba hacia un pabellón lleno de gente, sentía como los grilletes oxidados se aferraban a mi cuerpo causando adormecimiento, mi vientre dolía, podía sentir algo moverse dentro de mi…

No muy lejos podía observar como en unos asientos se encontraban Eiden y una hermosa chica de cabello de fuego, era como si miraran un espectáculo.

— ¡Hoy estamos todos presentes para dar comienzo a la ejecución de la Reina Odelisse culpable por el asesinato de su difunta hermana la señorita Giselle, también se le considera culpable de la conspiración en contra de la corona, por tal motivo se le destituye del cargo de Reina! —gritaba alguien de la guardia real.

Estaba perdida, todo estaba perdido. Trataba con todas mis fuerzas de encontrar a mi padre con la mirada, tenía la esperanza de que él me ayudara solo por esta única vez, que recordara que yo también era su hija pero él no estaba ahí, ni siquiera se encontraba Amelia para disfrutar verme sufrir.

Nobles y gente común observando, todos reunidos me perforaban con sus miradas de desprecio y burla.

A lo lejos se podían escuchar las mofas y también los gritos desesperados de Eleonor y mis doncellas que trataban de salvarme, yo solo permanecía callada, mi boca estaba seca y las palabras no salían.

Podía sentir como me arrastraban hacia una guillotina que se encontraba en el centro para que todos pudieran observara la magnífica escena de mi muerte.

Mi corazón se desgarraba y aplastaba, no había esperanza todo era tristeza, sentía pena por mí pero más pena sentía por él, por mi bebé que llevaba dentro del vientre, él no tenía esperanza alguna, nunca vería el mundo, nunca lo vería nacer, nunca lo tendría entre mis brazos, ni siquiera tuvieron compasión por él, por mi pequeño, él era un inocente.

Podía sentir el olor de la humedad en el aire y el fétido aroma a sangre rodeaba la atmósfera, fue cuando lo mire a él a mi esposo, mi sol, se veía aliviado, feliz, nunca me había mostrado una cara tan cálida y sincera como esa, nunca me miró como la miraba a ella…

Mi pequeño no pude protegerte, ni siquiera pude protegerme a mí misma, no pude evitar que tuvieras mí mismo destino, ni siquiera tu padre te amo, ahora me doy cuenta de que todos fueron unos monstruos, que tonta fui.

Quiero que sepas que el tiempo que pasamos juntos te amé con todo mi corazón, no tengas miedo, sé que te agradara tu abuela…

Lágrimas fluían como ríos arrastrándose por mis mejillas, me faltaba el aliento, estaba  tan cansada que me costaba respirar, ya no sentía nada, no tenía ni cabeza para odiar a aquellos que me habían hecho daño solo estaba entregándome fielmente a la muerte.

Un verdugo me hizo recostar en la fría almohadilla, todo esto era muy injusto, sentí como otro solo bajaba lentamente la cuerda haciendo más tortuosa la espera.

Levante mi mirada hacia al cielo, que ironía hasta el día era gris como siempre lo había sido mi vida, sabía que después de la muerte ya no habría dolor no tenía nada más que perder pero… ¡Dios sé que nunca fui una creyente sincera y honestamente te pido perdón, pero si de verdad existes, si de verdad eres real, no permitas que mi hijo sufra también en la próxima vida cuando estemos con los que se han ido, te lo suplico escucha mis plegarias…!, gritaba en mi mente y un fuerte nudo se me hacía en la garganta.  

Era hora, pero algo dentro de mí no aceptaba este destino…

Swoohs…

La fría hoja se desplomó sobre mi frágil cuello.

Solo fueron unos segundos, pero fue más grande el sufrimiento de mi alma desgarrarse que el dolor que sentía al desprenderse la cabeza de mi cuerpo inerte.

 

 

Mientras tanto un pequeño niño estaba apoyado sobre sus manos observando desde muy lejos con algo de interés.

— Que interesante jovencita, no suplico por venganza ni por ella misma, solo por un pequeño que ni siquiera nacería en ese mundo, bueno veamos qué puedo hacer, espero divertirme hace años que no tengo emoción.

 

 

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