EN OTRO MUNDO - Capítulo 79 – Almuerzo
Su clase sí que solo tenía el nombre aburrido y aunque era interesante la visión de tratar de reventar la burbuja de estos nobles no pasaría a más que solo dejarlos pensando por un tiempo solo hasta que consiguieran a otro profesor que retomara nuevamente con lo que sí era correcto. A veces no puedes ver más allá de algo con lo que estás de acuerdo y estos jovencitos eran el claro ejemplo de que nunca harían algo que les pudiera afectar su manera de vivir.
— Eso es todo por hoy, pueden retirarse —guardaba el profesor el pesado libro que había sacado antes mientras que algunas personas se marchaban silenciosamente.
En un abrir y cerrar de ojos ya había llegado la hora del almuerzo, y podía ver fuera del aula como un sirviente esperaba pacientemente.
— No le he pedido nada a mi hermano por qué estás aquí —se acercaba Filip a interrogar al mozo.
— Príncipe Filip no es eso, es solo que —volteaba inmediatamente a mirarme angustiado el pobre sirviente—. Señorita he venido por usted, así que sígame por favor —me pedía insistente—. Lo siento príncipe pero son órdenes de su hermano.
— Así que era eso —me miraba sombríamente—. Está bien puedes irte —le ordenaba notablemente molesto al sirviente y yo solo lo seguía a este sin decir nada.
…. ⊰❖⊱ ….
— Hermano qué crees que esté pensando Eiden, realmente ya estoy cansada de que le preste atención innecesaria a esa cosa.
—… Solo dejémoslo seguir jugando.
— Mhm como digas… —apretaba enojada fuertemente los dientes—. ¿Nosotros también seguiremos divirtiéndonos con ella no es así?
— Creí que habías dicho que era un “preciado compañero”.
— …
— Estoy bromeando por supuesto que también nosotros seguiremos jugando, los rumores ya no bastan y aunque la última vez que traspasamos esa línea tú no te encontrabas en buen estado y después solo la vimos pocas veces desde lejos, esta vez no seremos nosotros directamente quienes hagamos el trabajo —expresaba confiado—. Además ahora ella está libremente a nuestro alcance —Lia solo asentía con una sonrisa llena de satisfacción.
— Por cierto sobre esta otra cosa, ¿harás algo sobre London?
— No, aún es muy pronto, solo dejemos que disfrute un poco su momento.
…. ⊰❖⊱ ….
Mientras seguía al joven sirviente realmente me sentía popular con todas esas miradas dirigidas hacia mí pero claro está que no en el buen sentido.
Cerré mis ojos con amargura por un momento, aunque ya me había acostumbrado a que me miraran estaba exhausta de que lo hicieran todo el tiempo, deberían de enseñarles también a disimular.
A lo lejos se escuchaba tenuemente música tocar, suponía que era la bienvenida para los nuevos estudiantes.
— Hemos llegado señorita.
— Gracias.
Me había traído a una de las partes solitarias del jardín de la escuela situada frente al enorme lago, era un lugar verdaderamente pacífico que hasta se podían escuchar los sonidos de algunas aves y el suave viento soplar.
— Por favor tome asiento, el príncipe no tardará en llegar así que por favor espere un momento —me acercaba amablemente una silla para que pudiera sentarme.
Unos cuantos minutos después pude notar que Eiden se aproximaba desde la lejanía.
— No tenían por qué seguirme —comentaba a los dos jovencitos que se dejaban ver detrás de este.
Al parecer no venía solo…
— Así que esta es tu famosa prometida, que linda —se apresuraba frente a mí uno de ellos dejando atrás a Eiden—. Es un gusto conocerla señorita, mi nombre es Paul Munibe —se inclinaba a besar amistosamente el dorso de mi mano.
Este jovencito de cabello color mar era el futuro heredero de la segunda casa más importante al servicio de la corona, la casa Munibe, famosa por criar a grandes cancilleres que supervisaban las políticas del país como asistentes de los futuros reyes, la mano derecha de Eiden.
“El sonriente Paul” como lo conocían entre la nobleza.
Yo solo me limite a sonreírle amablemente.
— Igualmente es un placer conocerle señorita, mi nombre es Belmont
Orlados —comentaba en tono frío pero cortés el otro jovencito que estaba junto a ellos.
Cabello violeta oscuro, ojos cafés y piel clara, este chico indudablemente era el segundo protagonista masculino el cual casi destruiría su amistad con Eiden por el amor de una sola chica.
El lamentable personaje rival que como la mayoría de su tipo se quedaba con el corazón destrozado, era algo triste ya que yo apoyaba su amor con ella y lo seguiría apoyando a no ser porque la heroína buscaría que mi cabeza fuera cortada con su ayuda.
Su temible mano izquierda, un excelente espadachín que en el futuro se convertiría en el capitán de los caballeros reales encargados de la seguridad del rey.
Perteneciente a la tercera casa más importante que junto a la nuestra “la primera en rango de importancia” estaba encargada del ejército real, aunque ellos en menor medida pues mayormente se encargaban de supervisar junto a otros nobles el comercio en todo el territorio.
Una tarea difícil tomando en cuenta la corrupción y desigualdad que existía en todo el país por parte de los ducados y nobles.
Además la madre de este chico era Lady Shiall la amiga más cercana de Amelia y eso hacía que aun más no pudiera fiarme de él y lo mismo era para Paul, aunque sí trataría de obtenerles algún beneficio.
— El placer es mío, mi nombre es Odelisse Armendia” —los saludaba cortésmente mostrándoles una cálida sonrisa.
— Tal vez ya sepas quienes son pero no creo que los conozcas personalmente —se sentaba casualmente Eiden frente a mí—. Ellos son amigos míos que siempre han estado a mi lado y nos acompañaran cada vez que tengan tiempo —mencionaba tranquilamente pero podía notar la seriedad en su cara.
Pronto los cuatro nos encontrábamos sentados disfrutando del almuerzo y se podría considerar una extraña vista si los miraran reunidos conmigo.
Todos eran dos años mayores y eso hacía que se acentuaran aún más los rasgos masculinos de estos increíblemente apuestos personajes, por lo menos había algo que agradecerle a la voz misteriosa que me puso aquí, ellos eran una muy buena distracción para la vista en momentos como este.
— Hoy hace un buen día ¿no lo crees Eiden? —expresaba lindamente.
— Sí, es muy agradable, entonces… ¿qué tal la escuela hasta ahora?
— Es algo nuevo para mí pero estoy muy feliz de estar aquí.
— Eso es bueno.
— Y me gusta mucho estar contigo —mi cara se tornaba roja de la vergüenza—. En verdad extrañaba pasar tiempo junto a ti, estaba tan sola en casa.
Todos me miraban sorprendidos pues no era común que una joven expresara su afecto en público.
—…, Tratare de estar más contigo, sé que estos últimos meses he estado ausente y no fui a visitarte así que te lo compensare —titubeaba un poco mientras me miraba—. La escuela será una buena oportunidad para hacerlo.
— Tú siempre eres tan amable, eres el mejor mi querido lindo sol —el solo mostró una ligera sonrisa—. Si bien también me da un poco de miedo no poder adaptarme ¡tratare de hacer mi mejor esfuerzo!
— Entonces te estaré observando.
— Ya veo, no tengo otra alternativa más que intentar ser tan genial como usted, aunque no creo lograrlo.
— Debo admitir que eres diferente a lo que me imagine señorita princesa —intervenía curioso Paul.
¿Señorita princesa?, bueno dejare que me llame como sea…
— ¿Oh? lo lamento —respondía torpemente.
— Oh no, no me refería a algo malo, quiero decir eres muy diferente a aquellos rumores que circulan sobre ti.
Esos rumores esparcidos por esos insufribles mellizos después me encargaría de ellos de una vez por todas.
— ¿Rumores?
Silencio.
— No deberías de hablar de eso tan a la ligera —le respondía Belmont a Paul mientras sorbía tranquilamente un poco de su taza de té.
— Tienes razón Belmont, no debí de hablar sobre algo sin importancia. Le pido una disculpa señorita princesa, no fue mi intención prestar atención a eso antes de conocerla.
— No sé de qué se trata pero disculpa aceptada —lo miraba inocentemente—. Y desearía… que no hicieran caso a eso que sea que dicen y logremos ser amigos.
— Téngalo por seguro señorita princesa —declaraba Paul.
— Aunque también espero que logres llevarte bien con otras personas Odelisse —interrumpía secamente Eiden.
Paul era demasiado amable pero sentía que solo era cortesía y Belmont solo permanecía en silencio, no creía que pensara que involucrarse con la hija de “repuesto” de la amiga de su madre fuera una buena idea para él pero debía ganarme la confianza de estos dos, me convenía hacerlo.
— En realidad yo también espero tener muchos amigos Eiden pero por alguna razón todos se alejan de mí —hablaba desanimada con algunas lágrimas que se podían observar asomándose sobre las esquinas de mis ojos.
— “…”
— Aunque es lindo de su parte que además de Eiden ustedes también estarán a mi lado a la hora del almuerzo ya que por ahora no conozco a nadie, sinceramente se los agradezco —miraba llorosa a los dos chicos tratando de conseguir alguna reacción.
Vamos que no ven que esta dulce niña está sufriendo.
— Mmm…Señorita princesa, francamente Eiden no nos invitó a estar aquí, fui yo el que quiso venir al saber que él estaría con usted, trayendo junto a mí a Belmont casi a la fuerza —me susurraba Paul.
— ¿Es por esos rumores? —le seguía el juego y también le comencé a susurrar.
— Sí —su cara mostraba arrepentimiento—. Pero sobre todo estaba realmente curioso de saber cómo sería la persona de la que se preocuparía mi amigo, y observándola ya puedo saber la razón —se acercaba aún más susurrándome muy cerca de la oreja—. Si puedo ayudarle en algo no dude en decírmelo ¿entendido?
— Joven Paul, muchas gracias eso me hace muy feliz.
— Solo llámeme Paul —sonreía gentilmente mientras me daba su pañuelo.
Yo solo asentí lentamente limpiándome frágilmente el borde de los ojos, no obstante también me encontraba observando disimuladamente a Belmont, solo que este seguía imperturbable bebiendo tranquilamente su segunda taza de té, ese sujeto sí que era como un iceberg.
— Saben que aún estamos aquí ¿cierto? —nos cuestionaba Eiden con un semblante notablemente oscuro.
Había olvidado por un momento que él se encontraba aquí.
— Querido amigo Eiden, cómo es que no conocimos antes a esta linda señorita, ¿acaso la escondías de nosotros? ella es demasiado amable para ti —se burlaba Paul tratando de calmarlo.
— Odelisse dime cuando no te sientas cómoda, hare lo que sea para ayudarte —me miraba Eiden como si tratara de recuperar un juguete que le robaron.
— Está bien.
— Nos marcharemos primero, tenemos cosas que hacer así que te dejaremos antes por hoy, puedes quedarte aquí tranquila hasta que regreses, este lugar es exclusivo y nadie puede estar si no lo permito —agregaba Eiden.
—Te vas, tan pronto…—suspiraba tristemente.
— Mhm… — el príncipe solo me dio unas inesperadas palmaditas sobre mi cabeza y se marchó junto a los chicos.
…. ⊰❖⊱ ….
— Señorita Odel, ¿cómo estuvo su día? —quiso saber Hallie mientras cepilla mi largo cabello.
— Fue agradable —le respondía sin más, pues no creía que hubiera sido un día particularmente interesante con algo que resaltar.
— Me alegra oír eso mi señorita —interrumpía Barton—. No le había dicho esto antes por seguridad pero nuestro aliado me contó hace mucho tiempo que tiene a sus hijos asistiendo a esta academia, aunque desconozco quienes sean.
— ¿Nuestro aliado tiene hijos? —no era sorprendente siendo esta persona un noble, pero siempre supuse que la persona que me ayudaba era alguien sin nada que arriesgar, mucho menos una familia.
Qué era lo que motivaba a esta intrigante persona a ayudarme pues si todo llegaba a salir mal en el momento de huir este individuo junto con todos los involucrados lo más probable es que serían asesinados.
— Sí los tiene pero supongo que si no tratan de acercarse a usted eso quiere decir que nuestro aliado no lo desea así.
— Bueno Barton no es como si también conociera a nuestro aliado, sabes bien que él tampoco ha tratado de acercarse.
Ese “aliado” era alguien que si bien me ayudaba financieramente y había salvado a Barton, quién sabía si todo lo que quería era liberarme, qué ganaría de cualquier forma después de hacerlo.
— En eso tiene razón mi señorita pero tiene que tener la seguridad que más pronto que tarde lo hará.