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La Guerra de las Flores - La Guerra de las Flores - Capítulo 9 - Prisionero de Guerra

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Capítulo 9 Prisionero de guerra

 

-No te preocupes- tranquilizó Nelo – no se atreverá a intentar-lo mientras yo esté cerca. Al igual que él, soy un mago de Agua y el hielo que lo encierra esta bajo mis sentidos. Si intenta hacer cualquier acción inapropiada sobre mi hielo, lo notaré y tomaré cartas en el asunto – le aclaró.

 

-¿No será muy tarde para entonces?- siguió sintiéndose dudoso.

 

-No, siempre que le sea indiferente perder los brazos y las piernas- le respondió Nelo.

 

Le tomó un momento a Drian entender el significado de esas palabras.

 

“Oh….” volvió de nuevo su mirada hacia el mago cautivo y comprendió a qué se refería. El hielo del cuello evitaba que el mago hablara, pero no impedía que respirara mientras que los aros de hielo de las extremidades podrían encogerse para…

 

Fue una idea interesante de hecho. Si bien no podían matar al mago enemigo, nada les impedía tomar medidas alternativas para asegurar la obediencia de la otra parte. Y por la cara de pánico que tenía el joven mago de Vestaar, no creía que se quisiera arriesgar a sufrir las consecuencias ni probar los límites de su compañero enmascarado. No parecía demasiado viejo, su edad quizás rondaba los veinte años.

 

-¿Me puedes enseñar más tarde como hiciste esos aros?- se interesó mucho con esta forma de emplear la magia.

 

-Claro, no creo que tengas problemas para hacer una versión empleando viento solidificado- le respondió Nelo asintiendo.

 

-¿Y a mi?- también preguntó interesado Avidya mientras se señalaba a sí mismo con su propio dedo índice.

 

-Lo siento- se negó Nelo – Tu usas el Fuego- remarcó.

 

Avidya se confundió un momento antes de llegar a comprender a qué se refería Nelo. Si hiciera aros de llamas y se los pusiera a un cautivo, terminaría siendo más bien un tipo de tortura que no un método efectivo de captura…

 

Como resultado de todo, su unidad logró un prisionero de guerra en su primera orden.

 

Fue tanto una buena como una mala noticia. 

 

La parte negativa, era que Nelo no podía seguir ayudando con la vigilancia, ya que necesitaba estar pendiente del mago cautivo, por lo que durante el resto de la duración de la orden, Avidya y Drian fueron los que se encargaron de llevar a cabo las tareas de vigilancia. 

 

Pero ninguno de ellos se quejo por eso. La parte positiva era que el prisionero de guerra causaría sin duda una recompensa adicional y más generosa, ya que sin duda se usaría como ejemplo para alentar al resto de unidades y como noticia tanto para subir la moral aliada como bajar la moral enemiga. 

 

Era un buen logro.

 

Además, Nelo ya había tratado la madera aprovechando el período donde solo se acercaban bestias solitarias, por lo que no se preocupaba por tener que volver en cuanto llegasen los substitutos para escoltar al mago cautivo. Su misión adicional ya había sido completada y había obtenido la marca de reconocimiento de la capataz.

 

Varias horas más tarde, se acercó otro carro lleno de materiales y mano de obra por el mismo camino por el que ellos habían llegado. Avidya se puso en guardia y Drian los obligó a detenerse a cien metros de la zona de construcción, tras lo cual pasó a verificar sus identidades. Tras confirmar la legitimidad del relevo según las instrucciones de su orden, pasó a relatar lo que había sucedido a sus sustitutos mientras los nuevos materiales se descargaban.

 

La unidad que los sustituirian estaba conformada por tres magas. Una maga alta con el pelo castaño recogido en trenzas, una maga pequeña algo regordeta con maquillaje grueso y una maga callada y con solo un ojo abierto.

 

Después de escuchar la información, la maga alta asintió con la cabeza y tras un par de comentarios, el trío se ubicó en distintos lugares para asumir su turno.

 

El primer carro con el que ellos habían llegado, se puso en camino de vuelta al campamento. En él se encontraban los hombres cansados, la mayor parte de la carne congelada, las cajas de huesos además de Nelo y el mago cautivo.

 

La capataz, Avidya y Drian se quedaron atrás. 

 

La capataz necesitaba seguir dando instrucciones e indicaciones a los trabajadores, mientras que Avidya y Drian se tomaron un breve descanso antes de despedirse y de partir cada uno hacía su propia misión.

 

Drian no tenía prisa por terminar la misión. Dada la superficie que tenía que comprobar, no era algo que pudiera completar en una o dos horas, planeaba hacer lo que pudiera hasta entrada la noche, tras lo cual dormiría a salvo en su [Madriguera Secreta] y completaría la parte restante en la mañana del día siguiente.

 

Procedió con precaución. Ahora estaba solo y la misión solo indicaba la ubicación aproximada, no encontraría límites claros de cuándo podría empezar a ponerse peligroso el terreno. Siguiendo las indicaciones y puntos de referencia, pudo llegar a su destino.

 

No pudo evitar juntar las cejas al ver el terreno. Depresiones, grietas y colinas empinadas formaban ya de por sí un terreno complicado de atravesar, si Vestaar realmente había establecido artimañas en la zona, sería muy peligroso cruzar de un extremo a otro.

 

Drian solo pudo suspirar, tener paciencia y ponerse manos a la obra.

 

No pasaron ni diez minutos y Drian ya había localizado y destruido o inutilizado cuatro trampas. Al parecer la información no era errónea, realmente habían invertido esfuerzos en ello. Gracias a su afinidad con la Tierra, a Drian no le costó en absoluto localizar los terrenos falsos y las trampas ocultas en el suelo a varios metros de estas. Si encontraba algún tipo de mecanismo como cepos, se limitaba a destruir la trampa directamente tras lo que recogerá los materiales útiles mientras que si se trataban de agujeros con estacas u otros elementos peligrosos, los rellenaba de nuevo.

 

Pero incluso habiendo tomado medidas para solucionarlo, no se olvidó de marcar dónde estaba cada trampa, de que tipo se trataba y que había hecho con ella. Después de todo, lo que determinaría su recompensa era el mapa detallado que entregaría en el campamento.

 

Trabajo sin ser molestado durante mucho tiempo, para cuando alzó la mirada y vió la luna creciente, había mapeado más de la mitad de la superficie solicitada y había manejado un total de casi ciento setenta trampas. Se encontraba agotado, le dolía la mano de trazar líneas y escribir junto al hecho de que había empleado mucha magia para tratar con las trampas, por lo que no quiso arriesgarse y tras buscar un lugar discreto, abrió una entrada para la [Madriguera Secreta] por la que entró y cerró tras de sí.

 

¿Qué mejor lugar discreto que la ubicación de una de las trampas que había destruido?

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