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The Darkness Of The Sky - Capitulo 0 - Prologo

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Prologo-Rojo carmesí

En alguna parte del desierto del Sahara es la primera semana del awelan y sentado a la base
de una colina hay un niño de 13 años de edad de piel morena clara y ojos cafés, con un
turbante negro entre sus piernas y una vestimenta azul de nombre Idir. El viento y las nubes
no permitían que el sol quemase la piel en este momento por lo que se quitó el turbante para
disfrutar del clima.

Cuidar a los animales mientras pastaban era su actividad preferida, más que nada, porque
los hijos más chicos eran mandados aquí y jugaba con todos ellos, aunque también con los
animales. Él es el segundo más grande en el grupo por ello era responsable de los animales
en el turno del ocaso. El primero, de 15 años, se fue con su padre a los sembradíos.

Temprano al despertar, tuvo que ayudar a su madre a quitarle la lana a algunas ovejas ya
que, debido al cambio de estación, ésta comenzaba a caerse por todas partes. Sin embargo,
un descuido le había causado que el animal de diera una patada en la cara cuando intentaba
agarrarle, por lo que ahora tenía la mejilla derecha hinchada con un rojo pálido. Al recordar
el momento intentó tocarse la zona y soltó un quejido de dolor.

Aunque el animal le había golpeado, él tenía que venir a cuidar al resto de ellos mientras
comían, sin embargo, más temprano que tarde, algunos animales se separaron del resto
mientras los niños jugaban y por eso estuvo buscando un par de horas hasta que todos
estuvieron juntos de nuevo.

Su hermana Tajeddigt ya era lo suficientemente grande para acompañarlo, tenía 7 años y su
piel era más clara que la de su madre, portaba ojos miel con cabello oscuro. Estaba recostada
con un vestido azul cian sobre una oveja tan blanca cómo las nubes, ella podía sentir la
suavidad de la lana en su nuca y a su lado a una pequeña cría calentando su mejilla
izquierda. La lana de la madre la había hecho más valiosa que su propia carne en los
intercambios y la cría parecía tener las mismas cualidades.

La madre ya tenía 3 años de edad, aunque intentaron cruzarla varias veces solo tuvo una
cría hasta hace un par de semanas y su hermana no podía separarse de ellas. Cuando nació
la madre su hermana se reusaba a siquiera dormir en la cama, inclusive hubo una ocasión
donde la encontraron durmiendo en el corral junto al animal. Al final se había vuelto un
integrante más de la familia y la cría, al ser la única, la seguía a todas partes por lo que su
hermana estaba rodeada por ellas casi en todo momento

Para Tajeddigt, el día de hoy había sido más cansado de lo habitual, aunque su hermano se
levantaba más temprano para ayudar a su madre a ordeñar las cabras, no era mucha la
diferencia en la que se despertaban, además estuvo buscando animales perdidos por lo que
estuvo corriendo aún más y al llegar a la colina su cuerpo no pudo aguantarlo, el cansancio
la venció, recostarse en el pasto fue la mejor decisión del día.

Mientras el viento soplaba y movía el pasto Tajeddigt escuchaba a lo lejos a los animales que
su hermano cuidaba o sería mejor decir con los que jugaba. Ambos sonidos se mezclaban en
una sinfonía de tranquilidad en la le hubiera gustado permanecer el resto del día, sin
embargo, sabía que su comodidad terminaría pronto.

En ese mismo instante Idir se levantó del lugar donde estaba, sacudió sus ropas, se puso el
turbante en la cabeza y gritó a su hermana para que se levantara, era hora de irse a terminar
los deberes.

Con pesar en su expresión ella abrió sus ojos poco a poco y puso una mano en su rostro para
cubrirlo de la luz. Al mismo tiempo se levantó y sintió el aire fresco en su espalda que estaba
tibia debido a la lana. Al voltear hacia abajo vio a su hermano haciendo señas con una mano
al aire y ella respondió de igual manera con menos ganas.

Se levantó de su lugar y las dos ovejas a su lado hicieron lo mismo sacudiéndose haciendo
berridos. Al ver la escena Idir sonrió y le pidió que bajara una vez más para llevar a los
animales de regreso mientras comenzaba a caminar.

Ella se estiró y tras unos segundos dio el primer paso, sin embargo, fue un paso en falso lo
que provocó que su equilibrio se perdiera y fuera en picada rodando lateralmente por la
colina dando 1,2,3,4,5,6 vueltas hasta que llegó a la base a un lado de su hermano, mientras
rodaba las ovejas bajaban lentamente cómo indiferentes y la alcanzaron una vez se detuvo.

Idir que se había empezado a adelantar escuchó el pequeño grito de su hermana cuando
comenzaba a caer y corrió en su dirección, sin embargo, no la pudo ayudar y solo la alcanzó
una vez estaba a sus pies.

Trató de tocarla y vio que tenía un raspón en la rodilla y manchas en el rostro, en ese instante
ella empezó a reír a carcajadas, la cara estupefacta de su hermano se relajó y sonrió
levemente entendiendo el sentimiento de su hermana.

“Que divertido, ¿Puedo hacerlo de nuevo? ¿Sí?”

Ella lo miró alegremente y el la ayudó a levantarse.

“Tienes que tener más cuidado” Reprochó con una cara de alegría amarga. “Pero hazlo
rápido, ya es hora de ir con mamá”

“Quiero que vengas conmigo” Contestó ella.

Tras verla unos momentos con una cara de duda el aceptó cumplir el capricho de su
hermana.

“Solo una vez y nos vamos, el sol se está poniendo y debemos llegar antes del ocaso”.

Con un enérgico “Nn” la pequeña niña asentó con la cabeza y ambos subieron a la colina
una vez más mientras los animales esperaban en la base.

Contando hasta tres mientras estaban sentados, ambos se lanzaron sin pensarlo, girando 6
veces terminaron de nuevo en la base. Se levantaron riendo y quitaron el pasto de sus ropas,
ambos se miraron y avanzaron los cuatro hacía a los otros niños que ya estaban a un lado
del grupo de ovejas y cabras listos para regresar.

• • •
Mientras cerraba el corral, su hermana se despedía de sus amigas ovinas. Era hora de
dejarlas descansar y aunque no quisiera, aún había que terminar el día.

Una vez todos los animales estaban dentro Idir tomó de la mano a su hermana y se
dirigieron a sus hogares acompañados del resto de niños. Sin saberlo la pequeña oveja y su
madre salieron por un hueco debajo del bardeado y empezaron a avanzar hacía el pueblo
después de los niños.

El pueblo era de tamaño grande para los estándares nómadas pero pequeño para los de
fuera del desierto. El padre de Idir y Tajeddigt les había contado historias de cuando su
pueblo era nómada y por ciertas situaciones decidieron asentarse en este lugar. Conforme
los años fueron pasando caravanas de distintos pueblos se fueron quedando hasta llegar a
la suma de casi 400 personas.

Las casas del pueblo estaban hechas de barro, palma, rocas y arena del desierto. Pese a que
algunas de las casas de sus amigos eran de hasta 1 piso, la suya constaba únicamente de la
planta baja, sin embargo, el tamaño era suficiente para que los cuatro integrantes de su
familia tuvieran suficiente espacio por lo que no había necesidad de construir más pisos.

Prácticamente todas las casas estaban juntas, salvo por algunos espacios que se dejaba entre
algunas y los caminos, parecería como una sola casa laberíntica de color rojizo.

Aunque estaban construidas sobre la arena del desierto, había árboles y vegetación en
algunas zonas debido al rio que se extendía hasta este lugar mediante el subterráneo y
además, gracias a este, podían tener pozos en distintos lugares del pueblo.

El primero estaba por donde sale el sol, donde pastan los animales.

El segundo se localizaba en dirección donde el sol se oculta, este lugar fue elegido para tener
parcelas de vegetales y algunos otros sembradíos alejados de los animales.

El tercero a donde ellos debían ir después, se encontraba en el centro del pueblo, más o
menos a 30 metros de distancia de su hogar. Esto permitía que no tuvieran que cargar los
baldes de agua por distancias muy largas a los habitantes de este.

El cuarto y último estaba a las afueras del pueblo hacía el sur, a las afueras del pueblo, así
como el central, también tenía el propósito de suministrar agua a los hogares más alejados
del centro.

Si se viese desde el aire los pozos formarían un triángulo y el pueblo estaría en su centro
expandiéndose hacía los sembradíos y al borde sur.

El grupo de niños se fue dispersando poco a poco conforme se adentraban en el pueblo
quedando solo Idir y su hermana.

Llegando a casa, su madre estaba sentada cortando vegetales en la mesa. Ella no era
especialmente atractiva, pero era del tipo de persona que su juventud la perseguía más allá
de lo usual. Su cabello estaba cubierto por una tela delgada, algunas partes dejaban ver que
tenía algunas canas entre el color oscuro natural, su rostro estaba serio con algunas marcas
de cansancio ligeras y sus manos estaban manchadas de negro y azul. En general pese a
tener una actitud firme, tenía una manera de ser muy amorosa.

Al avisar los hermanos su entrada la madre dejo de cortar y los volteó a ver haciendo una
cálida sonrisa. En ese momento Tajeddigt soltó la mano de su hermano y corrió a abrazar a
su madre, ella la recibió poniéndola sobre su regazo. Al voltear a verla se percató de
manchas sobre sus ropas, algunas verdes y otra más oscura al nivel de su rodilla. Mientras
la revisaba, Tajeddigt comenzó a contar de cómo se cayó de la pequeña colina y cómo se
había divertido con su hermano repitiendo la escena en su mente.

Una vez terminó de explicar lo sucedido, su madre colocó una mano en su cabeza y la
acarició gentilmente.

“Debes tener más cuidado, me alegra que estés bien. Mañana lavaré tus ropas, además no
se estropearon así que estará bien”.

En el curso de la plática Idir se acercó a la mesa pensando que sería regañado por no tener
cuidado con su hermana, sin embargo, pensó erróneamente al ver la expresión en el rostro
de su madre.

Ella colocó su mano libre e hizo el mismo gesto en su cabeza.

Una vez tranquilizado Idir comenzó a hablar.

“Los animales ya están en su corral y solamente falta el agua”.

“Ya está oscureciendo así que deberían apurarse para que comamos todos juntos”

Asintiendo los dos, salieron a hacer su última tarea.

Llegar al pozo fue lo fácil, lo pesado era regresar cargando los baldes. Idir cargaba dos
mientras que su hermana llevaba la mitad de uno. Él había insistido en el camino al pozo en
que ella regresara y se quedara con su madre, pero ella se negó fuertemente empeñada en
ayudar a su hermano, a él no le quedó más opción que aceptar.

Había que llenar una tina de unos 30 litros por lo que hicieron varios viajes.

En su último viaje Idir escuchó un grito a las lejanías, tras voltear se percató que una persona
corría por una calle que llegaba a los sembradíos.

Era el niño que fue a ayudar a su padre a los sembradíos. Corría con una expresión de
cansancio gritando “¡Todos! ¡Viene una tormenta!”.

No era raro que lloviera de vez en cuando en el lugar, sin embargo, un sentimiento extraño
llegó al cuerpo de Idir al escuchar otro sonido más alejado, era una campana. Sus brazos
olvidaron el cansancio de cargar lo valdes y tomó a su hermana jalándola del brazo. Esa
campana no significaba otra cosa que una tormenta de arena.

Así cómo las lluvias podrían llegar a causar varios problemas en la zona debido al lugar
donde se encontraban no se inundaba, pero una tormenta de arena podía llegar a ser
también peligrosa. Al no poder respirar ni ver adecuadamente, toda aquella persona que
quedara atrapada en ella era muy difícil que lograse regresar si no estaba preparada.

La gente alrededor comenzó a acelerar sus movimientos, corriendo a toda velocidad los
hermanos esquivaron algunas personas y chocaron con otras pocas. Llegando a casa
exaltados su madre ya había comenzado a cerrar las ventanas y a colocar tela en ellas para
evitar que entrara arena a través de ellas.

“Tajeddigt, Idir cierren la puerta y pongan la manta tras de ella, tápenla lo mejor posible”

Ellos avanzaron al cuarto inmediato al lado de la puerta tomando una tela negra y
regresaron para ponerla.

Antes de siquiera cerrar la puerta escucharon un berrido que venía de fuera Idir de
inmediato lo reconoció al igual que su hermana por lo que salieron y ahí estaban, las dos
ovejas se acercaron y Tajeddigt que se sorprendió de verlas en casa por lo que las abrazó.

“¿Que están haciendo? Cierren esa puerta.”

“Son ellas ma, vinieron a casa”.

“Solo métanlas, mañana las llevarán de regreso al corral y verán cómo se salieron. Solo
espero que no se haya estropeado el cerco”.

Entendiendo la orden Idir, su hermana y las ovejas entraron una vez más a la casa y cerraron
la puerta, este se subió en una caja de madera y comenzó a tapar la parte superior mientras
su hermana le ayudaba con la parte inferior. Terminando avanzaron con su madre que
estaba terminando de hacer lo mismo de su lado.

“Esta bien, ahora solo tenemos que esperar a su padre, esperemos no tarde demasiado” dijo
su madre tratando de desaparecer la pequeña preocupación de su rostro.

Su madre tenía un rastro serio debido a lo rápido que se formó la tormenta.

Al tiempo que decía estas palabras ella comenzó a prender lo que aparentaba ser una
lámpara de aceite. Los últimos atisbos de luz solar se colaban por algunas aberturas de la
madera de las puertas y ventana.

“Entonces, siéntense niños comamos un poco deben estar hambrientos”

Los dos niños se vieron mutuamente y decidieron sentarse a comer un poco en lo que
legaba papá. Las ovejas ya se habían acomodado en una orilla de la casa, tal vez habían
sentido que se aproximaba una tormenta por lo que decidieron ir a un lugar más seguro.

Ambos se sentaron frente a su madre que estaba sirviendo una sopa de vegetales con un
pan en el centro de la mesa. Una vez la comida estuvo servida, la madre se sentó de frente
a ellos probando bocado de su creación.

La calma no duró mucho tiempo debido a que se empezó a escuchar el sonido del viento
tratando de colarse por las aberturas de la madera. La tormenta había llegado y su padre
aún no regresaba, probablemente se había quedado a tapar el pozo norte o a asegurar a los
animales.

Las mantas que tapaban las entradas grandes de aire se inflaban y desinflaban debido al aire
que trataba de vencerlas, ya casi no se podía ver luz natural y la lámpara de aceite alumbraba
cada vez más anunciando la llegada de la noche.

Los tres decidieron comenzar a comer tratando de despejar sus mentes, sin embargo, algo
no les permitiría probar más de dos bocados, un temblor de la tierra, un estruendo del cielo,
un golpe del viento, parecería que fue todo eso a su vez. No sabían lo que estaba ocurriendo,
pero su madre dejó de comer y parecía tener una cara de disgusto y preocupación palpable.

Las ovejas se levantaron abruptamente y comenzaron a andar hacía la mesa.

Después del primer estruendo un par más le siguieron igual de fuertes, la casa retumbaba
en sus interiores y las cosas que tenían sobre el nivel del suelo caían abruptamente causando
que el menor de los hijos comenzara a sollozar.

“¿Qué está pasando mamá?”

“No te preocupes mi vida, todo va a estar bien.” Dijo mientras les hacía señas para que se
acercaran a ella. Una vez los tres estaban juntos se pusieron debajo de la mesa a un lado de
las ovejas que también se habían movido ahí.

Diciendo esas palabras los abrazó con más fuerza sin embargo Idir no podía estar tranquilo
debido a su padre que aún no llegaba. El pensamiento de que algo le hubiere pasado le
carcomía las entrañas y tenía un mal presentimiento.

Un golpe más se escuchó y fue distinto a los demás, empezando porque no solo fue uno, era
una sucesión de golpes y piedra rompiéndose abruptamente, además venía acompañado de
las voces de gente gritando desgarradoramente.

El estrés de las tres personas se puso al límite, sus sentidos completamente agudizados
trataban de percibir más información.

En un momento todo se calmó y no había ningún otro ruido viniendo, Idir con su curiosidad
al extremo decidió separarse de su madre e ir a investigar pese a sus suplicas susurrantes
para que se detuviera.

El niño se acercó a la puerta trasera y dejó de escuchar los gritos, se habían detenido, por lo
que se vio tentado a mover la tela. El aire con polvo le golpeo la cara, el entrecerró los ojos
y usó su turbante para cerrar el espacio por el que pasaba el aire.

Se asomó por el espacio de la puerta y no pudo ver nada más que la arena golpeando contra
el suelo. Al tratar de asomarse más sintió una mano en su hombro derecho, era su madre
que se había levantado para evitar que saliera más su hijo.

“Anda, regresa con tu hermana yo voy a cerrar aquí”.

El viento seguía soplando fuertemente y el asintió dirigiéndose con su hermana bajo la mesa,
en el momento en que la madre trató de cerrar la puerta un obstáculo se sintió en su camino.

Volteó salvajemente para ver que le impedía cerrar la puerta y pudo ver una mano por lo
que la respuesta vino de golpe a su mente, era su esposo y había llegado a casa al fin.

Al abrir la puerta no podía ver con claridad su rostro debido a las ropas, sin embargo, él
cayó al suelo con una rodilla mientras se apoyaba a la puerta con la mano que impidió que
la puerta cerrara.

Los niños se levantaron de su lugar y corrieron a ayudar a su madre a levantarlo, con
esfuerzos lo metieron a casa y cerraron la puerta detrás de ellos recostando a su padre a un
lado de la mesa donde habían estado hace poco. Le quitaron el turbante mientras hacían
preguntas sobre ¿Qué había pasado? ¿Por qué había tardado tanto?; estas preguntas se
detuvieron una vez vieron el estado de su rostro. La sangre salía de su frente bajo su cabello
oscuro y corría por la cara cubriendo casi la mitad.

“Tienes que llevarte a los niños de aquí mujer, no lo vi venir sino te hubiera dicho antes”

Con sangre saliendo de su boca dio una orden a su esposa que tenía una cara atónita, Idir
que había visto a su madre hacer una cantidad increíble de gestos jamás pensó que podría
poner esa cara de preocupación debido a que incluso cuando su padre llegaba a ir a saquear
ella siempre estuvo tranquila.

“Papá, papá ¿Qué dices? ¿Qué pasó? ¿Por qué te está saliendo sangre?”

“Estoy bien Tajeddigt ahora hazle caso a tu madre”.

“Entonces ya es tiempo, supongo que no podíamos estar tranquilos por siempre. Me
imaginé lo peor cuando la barrera cayó …..Vamos niños, su padre tiene algo importante que
hacer”.

Su padre comenzó a pararse quitándose por completo el turbante diciendo “Haré lo más
posible”.

Con un rostro serio él comenzó a hablar.

“Los amo niños, siempre han sido lo más valioso de mi vida, crezcan fuertes y descubran su
camino”.

Con lágrimas en los ojos los niños abrazaron a su padre gritando que no querían irse y
dejarlo solo diciendo esas palabras. La madre que entendía la situación empezó a forzarlos
a soltarlo cuando un golpe hizo volar la puerta por detrás de ellos.

“Vaya vaya, parece que tenemos una linda reunión familiar aquí”.

Con esas palabras saliendo de la boca del desconocido que hizo volar la puerta como si nada
fue suficiente para que el terror se esparciera por la espina dorsal de todos en la habitación.

No tenía ropas para protegerse de la arena y su altura era mayor a 1.80 mts. Sus facciones
eran finas cómo una olla de barro tallada a mano por días, incluso meses para obtener tal
perfección. Su piel blanca parecía ser tan fina y tersa cómo la mejor tela que hubiese cruzado
por la vista de cualquiera en el pueblo, sus ojos afilados cómo navaja combinaban con su
cabello dorado de largo medio.

Mientras ingresaba a la casa la luz de la lámpara le iluminaba el cuerpo. Caminaba con
tranquilidad y gracia y el gesto que hacía irradiaba paz. Los animales se levantaron y
comenzaron a berrear.

“Desaparezcan de mi vista” Dijo mientras extendía su mano derecha.

Al momento su padre terminó de ponerse de pie interponiéndose en el camino entre él y su
familia; una vez incorporado comenzó a estirar los brazos en señal de altanería.

“Espera Raguel, antes que nada, comencemos la segunda ronda, sólo que esta vez no me
tomarás por sorpresa.”

Diciendo esas palabras un calor comenzó a rodear a ambas personas, su madre comenzó a
alar a los niños hacia la entrada cuando el sujeto llegó en un instante a la entrada.

“No pueden irse, no puedo dejar que se vayan”

En un momento lo único que pudo sentir fue un dolor punzante en su hombro izquierdo y
al mismo momento gotas de sangre comenzaron a caer.

Una ráfaga de aire, fue todo lo que sintieron al ver a su padre aparecer frente al desconocido.
“Tsk”! “¿A dónde estás mirando?”.

Con cara de claro dolor mezclado con presunción el padre miró al desconocido.

Reaccionando a la acción, la madre tomó a los niños y corrió en dirección a la puerta trasera
con los animales siguiéndolos tras de ellos.

“No tienes la suficiente fuerza para enfrentarme”

“Puede que así sea, yo solo tengo que alejarte lo más posible de ellos”.

El cabello largo quebrado de su padre cubría parte del ojo derecho, pero podría perforar a
una persona con la mirada, los brazos de ambos forcejeaban, uno para perforar y otro para
detenerlo.

“Entonces entretenme ser inferior”

Mientras esa platica ocurría, los tres que salieron por la puerta a los pocos pasos se
detuvieron en una casa vecina, acomodándose los turbantes la madre se acercó a los niños
para abrazarlos.

“Tienen que ir al sur hacía el pozo de agua ahí habrá alguien que los ayudará”.

“Mama, no te vayas tengo miedo. ¿Quién era ese señor?”

“¿Nos vas a dejar?”

“No te preocupes Idir estarán bien, conocen el pueblo no se perderás solo tengan cuidado
de no respirar la arena, pero sobre todo…” Ella de acercó al oído de su hijo y le pronunció
unas palabras a las cuales no pudo responder.

Una parte de la casa salió volando hecha pedazos, su padre estaba en el aire tal vez había
sido lanzado o él estaba volando, lo increíble fue verlo atravesar el espacio entre las casas.

“Ahora váyanse, corran lo más que puedan, yo iré a ayudar a su padre puede que no pueda
solo con ese sujeto, los amamos niños.”

Tras ver ligeramente a un lado hacía el horizonte la madre hizo un gesto de malestar.

“No vayan a alguna otra casa, sigan de frente y no se asomen a ellas”.

Con esas palabras ella se levantó y comenzó a avanzar a su hogar ignorando la arena que
golpeaba mientras se quitaba el turbante. Tajeddigt intentó correr con ella pero su hermano
se lo impidió tomándola de la mano.

“Confía en mamá y papá”.

Fueron las palabras que utilizó para convencerla de empezar a caminar.

Con resignación en sus ojos ella comenzó a caminar al sur con su hermano.

Caminaban tomados de las manos 10 metros, 20 metros, 50 metros, lo más rápido que
podían, la arena se colaba entre sus pies y la tormenta no parecía que fuera a para pronto.,
las ovejas que veían siguiéndolos de cerca comenzaron a rezagarse poco a poco y se
desviaron de la dirección original.

Después de irse de casa habían escuchado un conjunto de estruendos por aquí y por allá
pero siempre detrás de ellos, padre y madre, sea lo que sea que estuviera haciendo, no
permitían que se acercaran a ellos.

¿Por qué no podemos ir por ayuda?

¿Por qué no podemos ver en las casas de los demás?

Cómo si viniera a contestar su pregunta, un bulto apareció en su camino el cual pateó. Era
normal encontrar algunas rocas desperdigadas por la zona, sin embargo, no aquí.

La curiosidad de Idir le invitó de todas las maneras posibles para averiguar que era aquello.

No hizo falta ver mucho para que un impulso de asco corriera por su esófago expulsando
lo poco que acababa de comer.

Al instante reaccionó y abrazó a su hermana para cubrirle los ojos, no debería ver esa escena.

No era una simple roca, esa era una cabeza humana, la arena había cubierto cualquier rastro
de sangre en el camino por lo que nunca lo pensó pero había algo que aún no tenía sentido….

¿Cómo es que la cabeza del hijo mayor del pueblo había llegado a esta zona si él vivía en
medio de la zona norte?

No podía comprender la situación ni los motivos que habían orillado a que el terminara en
esta situación, pero de algo estaba seguro, esa persona extraña estaba involucrada…. No, él
era el culpable.

No había más tiempo que perder tenían que llegar al pozo sur y avanzaron mientras
Tajeddigt tenía las manos frente a sus ojos.

Instantes después algo cayó cerca de ellos unas casas por detrás, gritos se oyeron, auxilio
pedían y nadie respondió. Algunas puertas detrás de ellos se abrieron y fueron a ver qué
pasaba para ayudar.

Un segundo golpe se escuchó, pero era una sucesiva caída de piedra, se acercaba y entendió
que era algo atravesando las paredes de las casas por detrás. Un mal presentimiento corrió
por su cuerpo y comenzó a correr con su hermana a su destino.

• • •

Mientras sus hijos corrían por sus vidas, ambos padres se apoyaban para contener al
monstruo frente de ellos. Los dos sabían que sus fuerzas no se igualaban pero al menos
podían retrasarlo lo necesario.

“Ahhhh!!!”

“¿Qué está pasando?”

“¡Ayuda, mi pierna… ahhh … está rota!”

“¡Papá!¡Mamá! ¡Levantense!”

Gritos se escuchaban por todas partes, las casas en las que cayeron aplastaron a algunas
personas que se refugiaban dentro. Sangre corría por algunos huecos entre escombros
donde alguna extremidad se asomaba.

Algunas personas que se atrevieron a salir de casa a ver lo sucedido a pesar de la tormenta,
se acercaron lo suficiente para ver lo destrozos y de inmediato cerraron distancia para
ayudar, sin embargo, aunque los gritos eran desgarradores, una simple voz suave cómo
terciopelo y firme cual bronce de se alzó de entre todas.

“Silencio mortales”

Dos palabras fueron suficientes para que todos se silenciaran.

Tal vez fue la velocidad del golpe y gracias a eso no sintieron dolor, pero todos fueron
decapitados en un instante incluso los que acababan de llegar y la sangre mezclada con
arena corrió por los suelos.

“¡Maldición, Raguel ellos no tenían que ver en esto! “

“Que les conozcan es suficiente para que sean exterminados”

“Maldito … ¿Estás bien cariño?”

“Si, más o menos, aunque no puedo decir lo mismo de nuestros amigos”. Dijo mientras
voleaba a ver con pesar la escena mientras los cuerpos eran cubiertos por la arena.

Aunque los separaban 20 metros, podían hablar y escucharse cómo en una plática normal.

La tormenta tampoco les impedía ver. A decir verdad, si se ponía atención, la arena golpeaba
unos cuantos centímetros por sobre la piel.

Las caras de ambos estaban marcadas con cortadas y con sangre que con seguridad
pertenecía a ellos. Con gesto de dolor ambos se levantaron y escombros cayeron de sus
ropas.

“Aún no podemos darnos por vencidos”

“Ai ai, hay que darle una lección a este sujeto. Todos…. Perdonenos”.

Con pesar en sus ojos Aghilas se despidió de sus amigos y familiares que le habían
acompañado todos estos años.

“Su resistencia es de admirarse, su fuerza es lamentable”.

La figura no parecía inmutarse en absoluto por la tormenta y caminaba
despreocupadamente con una mirada fría como el hielo.

“¿Alguien cómo tu elogiándonos? …. Eso es bueno”

Raguel ignorando las palabras de su adversario, junto las palmas de sus manos y apuntó en
dirección a donde los niños se dirigían. Ambos padres maldijeron en sus mentes y se
interpusieron en el camino.

Un rayo de energía brillante cómo una estrella salió de un circulo de luz que acababan de
crear las palmas de sus manos. La arena que se juntaba en el suelo le abrió paso a dicho
fenómeno y esta golpeó de lleno los brazos de ambos padres los cuales fueron arrastrados
hacía atrás.

Sangre corría por los brazos de ambos y quejidos de dolor sonaron de la boca de ambos.

“Yanna, gracias por quedarte” Mientras resentía el dolor del golpe de luz, palabras de
agradecimiento salieron de su boca.

“Mmmm m. ¿Cómo podría abandonar a la persona que me salvó?

“En verdad…. La que me salvaste fuiste tú”.

Tras mirarse unos momentos reiniciaron su contienda.

“Es nuestro turno”

“Ai”

El polvo se agitó dónde estaban hace algunos momentos, los gritos de batalla de ambos
padres podían oírse en las cercanías. La velocidad de movimiento era increíble, tanto que la
visión humana les perdería la vista en pocos momentos.

Pero eso no era suficiente para dañar al objetivo, sin embargo, se podía ver por la arena
cómo lo hacían retroceder con cada golpe acertado.

Con suma tranquilidad el bloqueaba sus golpes con las manos y antebrazos. Izquierda,
Derecha, Por arriba, todos, sin excepción, era detenidos. Las ropas de Raguel estaban
ligeramente dañadas, era lo único que podían lograr el par.

Cuando Yanna se proponía dar una patada al rostro, un puño se hundió en su vientre sin
poder verlo venir y un quejido sonó al impacto.

Expulsando sangre por la boca, su cabello rizado se detuvo en pleno vuelo y el cuerpo salió
volando de frente, cayendo una vez más en un hogar cercano.

“¡Aahhh!!”

Aghilas lanzó un golpe que mataría a una persona en un instante, pero fue detenido por
Raguel.

“La osadía por alzar la mano contra mi voluntad es la muerte”

Con su mano sujeto el brazo de su contrincante y con la otra lo partió desde el bicep. Sangre
se escurría por ambos lados y un grito ensordecedor salió de su boca.

En un momento lo mando a volar a la distancia mientras este arrojaba el brazo cercenado a un lado. Cuando comenzó a avanzar, Yanna que se había reincorporado extendió ambos
brazos y comenzó a pronunciar palabras ininteligibles velozmente, se entendían como
murmullos, pero bien podría ser una lengua perdida o desconocida para la humanidad. Una
columna de luz verde atrapó a Raguel y rayos azules aparecieron al momento en que este
trató de abrirse camino con las manos.

“¿Enserio sacrificaste tu brazo solo para esto?”

“No diría que sólo eso”. El hombre que acababa de perder el brazo llegó caminando con la
mano izquierda colocada sobre el muñón derecho y una luz naranja comenzó a cauterizarlo.

“A decir verdad permíteme mostrarte nuestra determinación de vivir; por el bien del
mañana, por el bien de nuestros hijos”

“¡Ahora!”

Asintiendo al grito de su esposa Aghilas comenzó a recitar murmullos y extendiendo su
brazo útil un circulo blanco con símbolos parecidos al ebreo dentro, apareció rodeando al
pilar de luz al nivel de Raguel.

“Mmmmm, tienen trucos interesantes”

Las manos de Raguel comenzaron a pasar la pared de luz, relámpagos aparecían debido a
la fuerza que ponía en salir de ahí.

“Debemos alejarnos rápido, tal vez podamos alcanzarlos”

Con sentido de urgencia ambos dieron media vuelta y “volaron” en dirección al pozo sur.

Raguel que consideraba inferiores a esos dos seres por un momento les dio su aprobación
por haberlo encerrado, momentos después se liberó de su prisión y se dio cuenta de una
segunda sorpresa.

El circulo que rodeaba el pilar comenzó a brillar y la tierra tembló.

“Enserio tienen buenos trucos”

Después de esas palabras la luz cubrió 20,30,50 metros a la redonda y una explosión ocurrió.

Los padres que estaban apresurados por alcanzar a sus hijos pudieron sentir a sus espaldas
cómo la onda expansiva los alcanzaba y la tierra temblaba sin clemencia pulverizando
cualquier cosa que se atravesara en el camino. Aghilas con tristeza en su mirada recordaba
las últimas palabras a sus amigos. * “Todos…. Perdonenos”. *

A lo lejos podían ver a sus hijos corriendo cuando dejaron de la arena y el viento. La
tormenta se detuvo y las partículas que quedaban se dispersaron por la onda expansiva.

El cielo nocturno permitía ver las estrellas claramente sin ningun inconveniente, en ese
instante alcanzaron a Idir y Tajeddigt

• • •
Correr nunca fue tan cansado ni tan pesado, Tajeddigt que apenas había descansado sentía
que los muslos le ardían y los pies le gritaban que se detuviera, Idir seguía tomándola de la
mano y ya habían avanzado bastante por lo que no podía detenerse.

Los estruendos detrás de ellos eran frecuentes y siempre parecía que hacían temblar la tierra,
de repente hubo silencio y al instante un terremoto sacudió la tierra, una luz que parecería
el amanecer apareció a espaldas suyas y cuando se apagó la tormenta cesó.

Idir se detuvo un momento para ver hacía atrás y lo que pudo ver fue a dos personas
llegando a traaves del aire, eran sus padres, sin embargo, había algo distinto con su padre…
el brazo…su brazo ya no estaba y los dos estaban cubiertos con cortadas y sangre.

“Niños, me alegra que estén bien” dijo mientras aterrizaba en la arena asentada.

Con un caluroso abrazo Yanna cargó a su hijo Aghilas acomodó a su hija en su brazo, ella
con sorpresa en su rostro preguntó por su brazo por lo que él contestó con un “No te
preocupes estoy bien…estamos bien”. Su hija no aguantó las lágrimas y lo abrazó con
fuerza.

“Ahora no podemos explicarles todo así que vamos juntos a un lugar seguro”.

Ambos saltaron y avanzaron al sur.

• • •

El pozo estaba en el lugar de siempre, pero cubierto hasta el tope con arena, lo extraño era
el hombre que estaba detrás de el. No vestía ropas para protegerse y estaba con un rostro
serio. Su cara demostraba su edad alrededor de los 50’s pero con fuerza en sus expresiones.

Idir lo reconoció de inmediato, la imagen de la cabeza de su hijo atravesó por su memoria y
las ganas de volver el estómago regresaron.

Los padres bajaron a los niños y el hombre se acercó a ellos, las palabras salieron por si solas
de la boca del niño.

“Disculpe… su hijo..”

“No te preocupes, ya lo sé”. Pronunció mientras acariciaba la cabeza del niño.

Tajeddigt no entendía la situación por lo que vio con cara rara a su hermano.

Los ojos grises del hombre se dirigieron al cuerpo de Aghilas y le preguntó por su brazo.

“Tenía que usar sangre para lanzar esa prisión pero aún así esta bien.”

“Ya veo… Debemos irnos, la puerta se abrirá pronto…. Se que es inútil preguntar pero….
¿Crees que eso lo eliminó?”

“No lo creo ¿Sabes? Sería ridículo que algo así lo matara, pero eso debió de haberle dolido
bastante”. Contestó Yanna.

“Ya veo entonces vámonos mientras aún pueden”.

Asintiendo con la cabeza Aghilas comenzó a avanzar.

Un portal con el borde color vino se abrió detrás del pozo, se podía ver un campo detrás de
él. Pasto verde se extendía hasta donde la vista podía, aves volaban en el cielo y una brisa
fresca llegaba hasta ellos.

Los niños no entendían nada de lo que estaba pasando ni mucho menos a donde iban, pero
si mamá y papá ya estaban con ellos debería estar bien.

“Niños nosotros debemos quedarnos aquí, no podemos ir con ustedes”.

“Papá no te vayas, estás herido, tu brazo no está y mamá esta herida. Por favor no nos dejen”

“Mamá, ¿Por qué?”

“El ya debería estar despertando. Tenemos que terminar con ese sujeto y lo que le hicimos
lo va a molestó de eso es seguro y no queremos que los sigan”

Con lágrimas en los ojos los niños abrazaron a sus padres pidiendo a gritos que los
acompañaran.

Yanna y Aghilas los separaron de sus cuerpos y les confrontaron con sus caras maltrechas.

“Es nuestro deber cómo padres protegerlos para que pongan fin a esta guerra”

“Ustedes siempre fueron bueno hijos, sigan estando juntos y si no volvemos a verlos por
favor cobren venganza por nosotros”.

El rostro de sorpresa de los niños no dejaba duda a lo que estaba por venir.

“Los amo niños, sean fuertes. En especial tu Tajeddigt sé que te esperan cosas grandes”.

Los ojos de su madre se movieron rápidamente y se levantó dando la espalda a su familia.

Otro haz de luz apareció a lo lejos, algo se aproximaba. Su madre con determinación inclinó
su cuerpo y moviéndose de derecha a izquierda golpeó el objeto que intentaba golpearle.

La luz chocó a unos metros de todos y polvo se levantó salvajemente, lo que apareció fue
una lanza con punta similar a la plata y empuñadura brillante como el oro.

Su padre ya se había incorporado cuando una sombra apreció frente a ellos.

“Digno de alguien que posee sangre de demonio”

La sombra se había materializado, era esa persona que llegó a casa violentamente, solo que
ahora su cara tenía arañazos, su cabello estaba todo desordenado y sus brazos estaban
heridos hasta los hombros. Además, tenía algo que solo las aves deberían tener…imposible
para un ser humano…. Alas.

Alas blancas cómo las nubes y brillantes como estrellas, largas, pero solo lo necesario para
no estorbar su movimiento.

Yanna que aún no se había reincorporado fue tomada por sorpresa cuando un puño golpeó
su aún delicado rostro.

Aghilas que estaba a su lado volteó y quitando su cara de incredulidad arremetió contra el
casi inmaculado ser gritando a los niños que debían irse.

Un movimiento de su brazo izquierdo bastó para que, al golpear el rostro de Aghilas este
saliera volando varios metros.

Con tranquilidad en el rostro él avanzó y tomó su lanza del suelo, un sonido de *cachin*
sonó al sacarla y su madre se reincorporó.

“¡Niños muévanse!, Idir… vete… cumplan nuestro sueño”.

Con ojos abiertos él tomó a su hermana del brazo y corrió mientras ella lloraba por lo que le
estaba sucediendo a sus padres.

Lagrimas corrían por sus mejillas, pero entendía cuál era su trabajo.

Raguel que estaba preparando su lanza una vez más se vio confrontado por Aghilas y su
esposa.

Lanzaban golpes mientras sus hijos avanzaban corriendo al portal, todo sucedía en cámara
lenta, cada pasó, cada parpadeo.

Él se separó lo suficiente de los padres para poder lanzar la lanza, pero ya era demasiado
tarde, ellos ya estaban dentro del portal. Al mismo tiempo del lanzamiento ellos
comenzaron a desaparecer detrás del agujero dimensional siendo lo último que verían de
sus padres una sonrisa en su rostro.

La lanza cortó el espacio vacío y se clavó en las cercanías.

“Tch”

La madre asestó un golpe al abdomen devolviendo el favor de presentación reciente y el
padre con su maltrecho sonreía sintiendo su pie encajado en la cabeza del angel.

Con alegría en sus rostros recibieron una onda expansiva proviniendo de Raguel.

Ambos pusieron algo de distancia y se pusieron en guardia.

Tambaleante con el rostro inexpresivo, se apoyó en su pierna mientras miraba al cielo
nocturno. Las estrellas titilaban y el viento soplaba tranquilo. Un simple pensamiento
cruzó por su mente.

*Ahhhh enserio tienen trucos interesantes*

En un instante se movió a las espaldas de ambos y tomó la lanza que estaba clavada una
vez más. Con un hábil movimiento la empujó ligeramente y esta atravesó el pecho de la
madre y en un segundo movimiento avanzo para entrerrar el rostro del padre en el suelo
arenoso.

La sangre fluia por la lanza y la boca de Yanna, Aghilas soltó un quejido mientras al igual
que su mujer escupía sangre y algunos dientes caían de su lugar.

“Terminemos con esto, su juego se acabó y aunque me divertí ahora esto es una molestia”

La sangre que cubría el rostro inexpresivo del angel escurría entre gota y gota.

Sin embargo, ambos seguían teniendo una sonrisa en el rostro. Sus heridas mortales no les
habían impedido que se sintieran satisfechos hasta el final.

“Incluso en esta situación, sonríen cómo si hubieran triunfado”

“ *Gaghh* Es porque así es, ahora es el turno de ellos”.

“No importa que no podamos verlos más, los estaremos esperando”.

“Seres inferiores con sueños de la misma categoría, su derrota es segura, mueran con esa
ingenuidad suya”.

Los recuerdos de cada segundo, minuto, hora, día, mes y año con sus hijos pasaron por la
cabeza de ambos.

Lo último que vieron ambos fue la sonrisa de sus hijos.

Esa noche, las estrellas y las dunas del desierto fueron testigos de aquella masacre donde
el angel mutilo cada ser humano viviente en la zona.

**Horas más tarde aquellos animales que se habían separado de aquellos hermanos
aparecieron debajo de piedras y escombro, por alguna razón, supieron a donde dirigirse tal
vez guiados por el olor de sus dueños, poco a poco se acercaron a la zona donde sangre
impregnaba el ambiente y la arena se había secado con ella formando costras grotescas.

Ambas madre e hija se recostaron sobre el sobrante de los cuerpos cómo dando un último
adiós.

Por la mañana gente proveniente de alguna caravana llegó por la zona sur para abastecerse
y partir al norte del desierto, lo primero que vieron fue un par de animales recostados sobre
lo que parecía haber sido un ser humano. Esas ovejas ya no tenían una lana blanca cual
nube, ahora era roja ….. un rojo carmesí.

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