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The Loud House: New Lincoln - V1C47 - Cuento

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Capítulo 47 – Cuento

Lincoln y Lynn dejaron de besarse por un rato y se miraban el uno a otro, siendo ella la que estaba sonrojada e incapaz de controlar sus emociones por el nerviosismo que llevaba encima mientras que él, estaba calmado y relajado porque, aunque la situación era algo nueva para él, sabía cómo estar ante esta situación que estuvo antes ya.

Ahora, ambos se encontraban, por insistencia de él, debajo del árbol, acurrucados como lo estaban en la van familiar tiempo atrás pero a diferencia que ambos estaban bien despiertos y que era por la tarde.

“Oye Lynn” Lincoln rompió el leve silencio que había en el ambiente que de fondo se escuchaba el sonido de los pájaros así como otros ruidos del ambiente pero entre ellos, silencio reinaba hasta ahora.

“¿Qué quieres perdedor?” A pesar de cómo se encontraban, no parecía cambiar el apodo que le dio. De todas formas, no esperaba que ella cambiase la forma de llamarle aunque uno amable podría ser mejor.

“¿Puedo saber por qué me quieres?” Aunque calmado, en sus palabras no podía preguntarle la razón por la cual ella le amaba. Justamente esa palabra “amor”, era una palabra que no podía decirla y la tenía atorada en la garganta por lo que la palabra “querer” era algo que sí podía decirlo sin problema alguno.

“¿Por que qué?” Lynn no se daba vuelta pero la pregunta directa de su hermano le hizo temblar un poco. Claro, sabía la respuesta y se la podía dar, el tema era que no sabía expresarla muy bien que digamos. Volvió a decir la pregunta y bueno, esta vez no podía fingir ignorancia. “¿No fui clara en tu cuarto aquella vez?”

“Bueno… Ahora que lo dices, sí, bastante…” Se abstuvo de hacer otro comentario con ello y apretó con fuerza el abrazo que le estaba dando y enterrando su barbilla en su hombro mientras pegaba un lado de su rostro con ella. “¿Era tu primera vez besando a alguien?”

Silencio. No hubo respuesta por parte de ella. Su silencio le hacía darse cuenta que sí, que era la primera vez que besaba a alguien. Si hace memoria también, se puede decir que era la primera vez que era besado. Claro, que era besado de esa manera como ella lo hizo.

“¿Por qué no me miras eh? ¿Acaso la perdedora tiene vergüenza?” Empezó a reírse de ella a lo que de respuesta se llevó un cabezazo, soltándola y tomando su nariz por el dolor.

“Y tú tienes la nariz rota” A lo que empezó a reírse de él que seguía tomándose la nariz por el fuerte cabezazo que recibió, pensando que seguro se le rompió. Sacó su teléfono para ver el reflejo. Estaba todo en su lugar, sólo sangraba un poco. “¿Qué? ¿Puedes aguantar una paliza pero un golpe a la nariz no puedes?” Se separó de su hermano e inclinó su cuerpo a él, mirándolo con algo de burla mientras seguía con sus manos en su nariz. Se escuchaba más burlas por parte de ella a lo que contestó tomando su nariz con fuerza y estirándola para hacerla caer a un costado.

“Ahora estamos a mano” Con la misma forma que ella, se burlaba de ella que hace momentos atrás, se reía de él porque supuestamente el cabezazo que le dio no era nada. Si le diera el mismo cabezazo que ella le dio, entonces seguro se comería sus palabras.

“Pero no del todo” Estando en el suelo y viendo que Lincoln estaba en cuclillas a su lado, lo tomó de la chaqueta y lo tiró con fuerza a donde estaba ella para besarlo nuevamente.

———

Se unieron nuevamente en un beso y se separaron tras un largo rato se separaron para mirarse a la cara por unos instantes. Lincoln se encontraba arriba y Lynn abajo. No se dijeron nada de nada, permaneciendo en silencio.

En la mente de ambos, pensaban seguir, pero Lincoln se separó de ella alejando su rostro, haciendo que Lynn se preguntara la razón de haberse alejado. Lo veía mirando a la casa, no captando lo que estaba mirando hasta que se intentó levantar para ver lo que él estaba observando.

“Debo irme” Fue lo que dijo el peliblanco mientras se iba corriendo de allí en dirección a su casa porque, al parecer, se había olvidado algo.

No era que algo se había olvidado. Se fue de allí y dejando sola y confundida a Lynn porque en ese momento, había jurado sentir que alguien más le observaba y sentía sus ojos en su nuca. Eso era una sensación que nunca iba a poder borrar de su persona.

Entró en la puerta de la cocina, mirando a todos lados y tratando de ver a la persona que había sentido hace unos momentos atrás, no encontrando a nadie. Buscó por todos lados de la cocina, no encontrando nada al final. Encontró un escondite donde había varias galletas. Recordaría esto para un futuro y sean de quien sean, las comería sin importar qué.

Dejó la cocina y pasó a la sala, en donde pudo sentir que había alguien allí viendo la televisión a todo volumen. Se asomó al sofá, notando que estaba Lola allí mirando sin mucho interés. Se apoyó en el respaldo del sofá mientras con una sonrisa le estaba viendo que hacer. Al cabo de unos cuantos minutos, Lola empezó a temblar un poco. Pudo sentir solamente viéndola que ella fue la persona que había sentido hace rato ya que se volteó a verle y con su simple mirada sobre él, no le fue difícil relacionarlo con los ojos encima de él y su hermana mayor Lynn.

“¿Tienes frío que tiemblas Lola?” Le preguntó con algo de curiosidad y fingiendo algo de preocupación.

“¿Qué? Oh, sí. ¿Puedes traerme un abrigo?” Pero no se fue de allí, en cambio, se quitó la chaqueta blanca deportiva que tenía puesta para que esta se abrigara con ella. “Um… Gracias Lincoln” La sonrisa nerviosa de ella terminó ya de confirmas sus sospechas a lo que saltó por encima del respaldo del sofá y se sentó a su lado con una sonrisa. “¿Qué quieres?”

“¿Qué tanto viste Lola?” Cruzado de brazos y de piernas, Lincoln observaba a su hermana que pasó de estar nerviosa a estar seria.

“Lo suficiente” Fue su respuesta. “¿Quieres negociar?”

Echó a reírse. Lincoln se reía porque al parecer, Lola nunca cambiaría y sería la misma de siempre sin importar qué. “¿Cuánto?”

“Bueno… Sabiendo que estás trabajando en el restaurante con papá y tienes dinero… 500 dólares así como contarme cuentos cada noche a partir de ahora y debes tratarme como tu favorita por el resto de tu vida”

“Mm… 200 dólares ahora mismo, un cuento por semana y te trataré como la reina que deberías ser” La oferta que su hermanita le dio era increíblemente injusta. El dinero no era problema, lo demás lo era. Ella era ya de por sí su favorita junto con Lana pero, ¿cómo podría superar a Lily?

“400 dólares, tres cuentos a la semana y quiero que me compres varias cosas así como recibir trato como tu hermana favorita” Hizo una carita hermosa, una carita que Lincoln estaba muy consiente sobre ella, siempre saliéndose con la suya. Pero esta vez, no era tan tonto como lo solía ser antes. Claro, le parecía hermosa, pero no lo suficiente para convencerle esta vez.

“300 dólares, un cuento a la semana y… te trataré como dije, como la reina que eres” Como no pudo comprar a su hermano con su cara, entonces, simplemente volvió a su expresión seria mientras pensaba mucho la oferta, preguntando si había alguna forma de negociar un poco más pero, no. No iba a cambiar su oferta a lo que aceptó sin dudar y tomando el dinero que le dio en seguida. “No vemos en la noche, reina” Se levantó del sofá, dándole un pequeño beso en la frente mientras se iba de allí.

———

Por la noche, Lincoln fue al cuarto de Lola y Lana, simplemente para contarle un cuento a ella mientras que Lana, curiosa de ver a su hermano mayor allí con una sonrisa, preguntó de su aparición en su cuarto.

Pensaba que vino para jugar antes de dormir y se lanzó contra él. La atrapó en el aire antes de que cayera encima, lanzándola de nuevo a su cama.

“Vine a contarle un cuento a tu hermana, no a pelear Lana. Eso será otro día” Lana se quedó callada y se dio la vuelta en su cama con una cantidad considerable de animales que le miraron feo a lo que los miró peor que ellos, asustándose y acurrucándose sobre Lana y dormirse junto a ella. “Bien, ¿qué quieres que te lea Lola?”

Lola le dio un enorme libro rosa en donde de portada decía “El rescate de la princesa” cuento que a memoria, ya se lo sabía de memoria. El tema era que hasta cierto punto, ya lo había contado varias veces y parecía encantarle bastante.

“¿De verdad quieres que te cuente este?” Le preguntó mientras se sentaba cerca de ella que estaba tapada hasta el cuello y lo miraba con ojos enormes y asintiendo con la cabeza. “Creo que tengo algo mejor para contarte y no está en algún libro, creo”

“¿De verdad? ¿Qué vas a contarme?”

“La historia de una princesa que rechaza su destino” Aun con la poca visión que había, pudo notar la expresión de curiosidad y confundida que tenía. “Parece que nunca has oído una así, eso me alegra porque lo que te voy a contar es algo que se me ocurrió para ti” Estiró su brazo y con su mano, le despeino un poco, escuchando los quejidos de ella. “Digamos que la princesa en cuestión no tiene nombre alguno… ¿qué nombre quieres que tenga?”

“Que se llame como yo” Dijo sin rodeos.

“Muy bien. En un reino majestuoso y próspero, en donde la gente del mismo rebosaba de excelente salud y una felicidad enorme, en la familia real, existía lo que todo el mundo, nobles y plebeyos, creían era la mujer más perfecta y más hermosa que podía haber nacido y pisado la tierra del mismo conocida como Lola. Con tal belleza, el título como la mujer más hermosa de la tierra era adecuada para ella y ninguna otra mujer podía quitárselo. Pero no sólo era bella, para nada. También era una mujer inteligente y tenía la fuerza de 10 hombres juntos, siendo bendecida incluso por los dioses mismos… Tal vez te preguntes, ¿qué era lo que más deseaba esta princesa llamada Lola?” Iba a seguir contándole el cuento que se inventó. Pero quería preguntarle en medio de estas algunas cosas para ver que pensaba.

“Eso es obvio. Buscaba su príncipe azul para casarse y estar juntos por siempre” Respondió con alegría a lo que Lincoln negó con la cabeza. “¿No?” Ese era su sueño, encontrar a su príncipe azul y que juntos vivieran por siempre y claro, felices.

“No estás equivocada del todo pero, dime, ¿qué princesa acepta casarse con alguien que no conoce?” Ella en un momento, comprendió lo que dijo, abriendo los ojos. “Veo que lo captaste en seguida. Parece que la Lola del cuento no difiere mucho de ti hehe… Pero siguiendo un poco con el cuento. La princesa Lola tenía todo lo que ella podía desear. Aparte de riquezas, contaba con miles de pretendientes en todo el reino y demás reinos, tenía lo que quería con tan sólo pedirlo pero, ¿realmente ella quería todas cosas? ¿Ella quería realmente tener que esperar a que venga alguien que demuestre que es digno para ella, encerrada en su palacio todo el rato?”

“Ella… ¿buscaría a su propio príncipe azul?” Lola todavía no estaba segura de lo que dijo pero, era la respuesta que más rondaba en su cabeza.

“Exacto” Lincoln asintió y confirmó lo que ella pensaba. “Pensarás, ¿por qué una princesa que lo tiene todo y tendrá todo en el futuro piensa de esta forma? La respuesta es simple. Ella misma quiere encontrar a su príncipe azul y no esperar a que los demás le digan con quién casarse. Por eso, cuando nadie lo esperaba, la princesa al final decidió escaparse de su palacio y del castillo de su familia, sólo con el pretexto de no tener que seguir…” Estaba ya incluso él metido con la historia. Miró a su hermana para ver si esta le seguía y sí, tenía los ojos abiertos todavía pero nota que poco a poco estos se iban cerrando por el sueño que tenía. “¿Quieres que siga?” Le preguntó haciendo una pausa.

“Sí… sigue… por favor…” Pero el sueño le terminó venciendo y cayó dormida. Como Lincoln vio esto, entonces paró con la historia inventada y empezó a arropar mejor a su hermana dormida y le dio un leve beso en la frente.

“Descansa bien mi querida reina” Acarició el rostro de Lola una vez más antes de irse de allí dejando el libro que le había dado en el camino.

Lo que no sabía era que ella ni bien se fue, abrió los ojos con una cálida sonrisa y volvió a acomodarse en su cama mientras susurraba. “Descansa también querido hermano” Y cerró sus ojos para dormirse con una enorme sonrisa.

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