Un reemplazo para el diablo - capitulo 11
Unos gruesos lentes de marco negro cubrían sus penetrantes ojos cafés cubiertos por unos parpados llenos de ojeras, las cuales demostraban lo cansada que estaba de tanto estudiar día tras día; su cabello castaño era un verdadero desastre, demasiado corto y desaliñado como para pertenecer a una chica en su adolescencia; media casi 162 cm, una estatura pequeña para un país donde la media de las mujeres llegaba a los 170 cm; no era ni muy delgada ni muy gorda, lo cual era difícil de descubrir gracias al gran chaleco de invierno que vestía y que la hacía ver más robusta de lo que en realidad era; su falda llegaba casi a sus tobillos y dejaba ver con suerte sus zapatos, aun cuando la academia permitía llevar la falda dos dedos por encima de la rodilla; sus hombros estaban siempre tensos y ante cualquier ruido se exaltaba con facilidad, dando a entender que por naturaleza se trataba de una persona tímida y precavida, de aquellas que no confía en los extraños fácilmente; no se podía considerar una belleza de rostro ni tampoco fue bendecida con un cuerpo dinámico con el cual presumir; no destacaba de los demás estudiante becados en la academia, sino que al contrario, era una chica tan común y de perfil tan bajo que literalmente era una sombra más en esta escuela elitista, un dibujo en la pared que podría desaparecer de la noche a la mañana y nadie notaria su ausencia.
Durante años el chico con el corazón del demonio llamado Bartolomé había conocido seres humanos con características similares y se enorgullecía de conocer perfectamente su forma de actuar ante los momentos de dificultad ajenos. Para él todos aquellos humanos eran unos simples cobardes cuyo lema principal era «mientras no me pase a mi ¿para que intervenir?», es decir, un ser humano promedio. Su mente de demonio estaba acostumbra a pensar y desarrollar escenarios ficticios de como actuarían dichos humanos bajo diferentes peligros, escenarios que por lo general se tendían a cumplir tal y como él esperaba, es por esta razón que le parecía extraño y al mismo tiempo curioso los momentos en los cuales sus pronósticos acerca del comportamiento de un humano estaban equivocados. Sus ojos podían verlo, pero su mente no quería creerlo; delante suyo un humano promedio estaba arriesgando su propio bienestar personal solo para ayudar a otra persona; quien por cierto era bastante odiada por todos, incluso por sus supuestos amigos. En su mente de demonio no había razón lógica por la cual ella quisiera ayudarlo, ¿quizás dinero? Eleodoro ya no tenía nada; ¿por lastima? Incluso él quien llevaba apenas diez días en aquel mundo lo odiaba por su forma de ser, no había manera en la cual alguien podría tenerle lastima a aquel chico; incluso si solo quería ser buena samaritana y ayudarlo dándole ánimos; perfectamente podría haber esperado a que él, quien arruino la vida de Eleodoro, dejara el salón. La única razón por la cual lo ayuda en ese momento pese a su evidente amenaza de arruinar la vida de quien se relacionará con aquel mocoso seria porque lo estaba desafiando. A él, la persona con más dinero en una sociedad escolar que se regía guiada por el sucio.
Eleodoro estaba de rodillas en el suelo, haberlo perdido todo fue un golpe demasiado duro para él. Pasar de ser un rey a un vagabundo no es algo que muchas personas puedan asimilar en cosa de minutos, ni mucho menos alguien quien al mismo tiempo perdió incluso a aquellos que consideraba sus amigos. Ya no tenía una fortuna que respaldara su autoridad ni que le permitiera comportarse de la manera tan altanera con la cual había vivido hasta ahora, incluso alguien como él sabía que su actitud así lo demás solo era tolerable gracias a que tenía dinero para cubrirlo. Su mente estaba perdida y su cuerpo era tan fácil de manejar como el de un niño con el corazón roto. Intentando ayudarlo sin lastimarlo la misteriosa chica de apariencia promedio lo puso de pie, asegurándose que no se volviera a caer debido a la carencia de fuerzas que su cuerpo poseía. Sus manos pequeñas y blancas como la nieve servían de soporte para el tembloroso pecho de Eleodoro. Lo que antes él seguramente habría rechazado con asco, la ayuda de una becada, ahora parecían un cálido y tierno abrazo; de aquellos que solo una madre amorosa puede dar. Ante tal amabilidad en un momento de necesidad él agotado corazón de Eleodoro no pudo contenerlo más y siendo incapaz de contener sus sentimiento y seguir fingiendo una cara de póker que ocultara su tristeza comenzó a llorar y como si se tratara de un niño buscando refugio, para que nadie viera su cara, apoyo su rostro humedecido en el hombro de aquella misteriosa chica
—No llores Eleodoro, no te pongas triste por esto, anímate—le decía la chica acariciando lenta y gentilmente su cabeza— todo estará bien— añadía levantando con un ligero toque la cabeza de Eleodoro de su hombro y con la ayuda de un pañuelo desechable que saco de su bolsillo secar sus lágrimas — Vamos a limpiarte la cara en los lavamanos, seguramente con un poco de agua fría podrás aclarar tus ideas y encontrar una solución a tus problemas— termino diciendo con una sonrisa optimista que sin importar el punto de vista desde el cual se mirase se sabría que busca animar a Eleodoro. Muchos podrían encontrar en esta escena un sentimiento de alegría y compasión; al ver un gesto tan amable por parte de la chica hacia alguien que lo perdió todo, pero en los ojos del chico infernal solo podía percibirse una completa sensación de confusión; no podía entender bajo su lógica lo que estaba viendo
— ¿qué crees que estás haciendo descendiente de Lilith? ¿Por qué ayudas a un tipo tan despreciable como él? — termino por preguntar ante su duda— ¿acaso no escuchaste acerca de lo que te podría pasar si lo ayudas? — añadió haciendo referencia a su amenaza
— ¿cuál de todas? Problemas financieros para mis padres y familia o que implícitamente arruinaras mi vida escolar en este lugar al volverme pobre. Lamento decirte que aquellas amenazas no sirven en mí, ya que de partida no tengo padres, me abandonaron cuando tenía solo 7 años. Si aun sabiendo eso los quieres encontrar y darles problemas financiero por favor diles que ese castigo se los mandas de parte mía. En segundo lugar, ya soy pobre, por lo que no hay manera de que hagas mi vida escolar más lamentable de lo que ya es. Necesitaras más que eso si quieres asustarme— contesto la chica acompañando a Eleodoro hasta la entrada del Salón— en lo que a mí respecta un chico mimado y engreído es miles de veces mejor que un tipo que usa su fortuna para arruinar la vida de otras personas sin pensar en las consecuencia. Conozco al padre de Eleodoro y te puedo asegurar que ni él ni su esposa merecían ser castigados por la pésima actitud de su hijo— termino diciendo para luego dejar el lugar.
Al ver como aquella chica se iba sin miedo a su actual poder y diciendo una palabras tan impactantes, Bartolomé quedo estupefacto en medio del salón junto con sus recientemente adquiridos súbditos corporativos; por así llamarlos. Su objetivo era castigar a Eleodoro por su mala conducta, un pequeño aperitivo mientras buscaba algo más interesante que hacer durante los 348 días restantes y ciertamente encontró ese algo
— ¿quién era esa chica? — pregunto entre dientes tratando de ocultar con su mano sudorosa su cara deformada de la gran felicidad que sentía
—creo…, creo que su nombre es Alicia…— respondió la chica de lentes parada al lado suyo quien podía ver la cara demencial de Bartolomé, parecida a la de una bestia que acaba de encontrar a su siguiente víctima
Parte 4: 9 de mayo 2016
Eran las 8:00 am del 9 de mayo del año 2016, como todos los lunes la mayor parte de las actividades semanales de la ciudad capital daban comienzo a esta hora. Por un lado, los adultos debían de ir a sus respectivos trabajos, mientras que por el otro los menores de edad debían de ir a estudiar y aprender a sus escuelas, dos sociedades separadas por la edad que funcionaban bajo una misma regla; quien tenga más dinero es quien domina la cadena alimenticia. En la academia Baltazar esta cadena alimenticia había sido gobernada durante dos años por el joven maestro Eleodoro, el hijo del CEO de la multinacional Angelical, pero desde que su padre perdió su trabajo dentro de la empresa este papel cambio de dueño. De vagabundo a emperador, el joven de 17 años llamado Bartolomé ahora era el nuevo rey. Todo aquel que se consideraba importante sabia acerca de este suceso, desde los estudiantes hasta los propios maestros; la noticia se esparció completamente a cada rincón de la institución en tan solo 2 días.
Los estudiantes de la academia estaban sentados en sus respectivos pupitres, prestando total atención a las enseñanzas del profesor presente en el salón. En la mayoría de las escuelas del planeta perderse una clase no es un problema muy serio, ya que siempre puedes conseguirte la materia luego con algún compañero que sí estuvo atento; pero en una escuela tan competitiva como lo era la academia Baltazar, donde nadie hace un favor sin recibir algo a cambio, eso no era algo que muchos estudiantes se pudieran dar el lujo de hacer. Apenas las clases comenzaban la concentración de los alumnos se centraba totalmente en las palabras del docente a cargo, como si se tratara de un grupo de religiosos oyendo a su predicador favorito. Por lo que todos en aquel momento estaban prestando atención a la clase y tomando notas, todos excepto Bartolomé quien parecía haber encontrado algo mucho más interesante que estudiar. Apoyado con los codos sobre el respaldo de su silla, Bartolomé le daba la espalda al maestro para mirar minuciosamente a la chica sentada detrás del; una singular adolescente que logro capturar la atención del demonio. Bajo circunstancias normales ningún estudiante se atrevería a hacer esto, ni siquiera en una escuela tradicional, ya que los profesores lo castigarían sin dudar; pero luego de haber presentado tantas quejas con el director por la conducta de Bartolomé el viernes pasado y ser ignorados en cada oportunidad, los docentes decidieron simplemente ignorarlo; incluso el mismo director dio órdenes de que simplemente lo ignorasen. Aunque lo que estaba haciendo era algo irrespetuoso dentro del salón de clases; en realidad no estaba molestando. Aparte de estar sentado al revés Bartolomé estaba en silencio, solo observando detenidamente a su compañera quien parecía estar ignorando de alguna forma su existencia; por lo que no había razones para que los profesores se molestaran en retar a alguien que no podía ser castigado. Si no lo castigo al inicio de la clase por su conducta previa tampoco lo iba a hacer ahora
***Hace diez minutos atrás***
Muchas chicas hermosas iban entrando al salón de clases, verdaderas bellezas de la alta sociedad, pero sin importar que tan bellas fueran aquellas adolescentes la mirada de Bartolomé solo estaba centrada en una persona, una chica pobre sin ninguna cualidad excepcional llamada Alicia quien estaba sentada cinco pupitres detrás del. Su brazo derecho estaba apoyado en su escritorio mientras que con su delgado índice golpeaba ligeramente su frente haciendo pequeños ruidos rítmicos con cada golpe que solo él podía escuchar, un habito suyo que había desarrollado con el paso de los siglos y que lo ayudaba a pensar. Su mente demoniaca no podía en contra forma alguna de acercarse a una presa tan rara sin llamar la atención; corromper un alma justa era algo que él no había hecho durante siglos y no quería arruinar la ocasión por el simple hecho de no saber comportarse. Lucho con todas en contra del deseo de dejarse llevar por sus instintos más primitivos, pero lamentablemente el poderoso rey demonio no fue creado con la capacidad de contenerse. Sin poder aguantar ni un solo segundo más, Bartolomé se puso de pie y camino hacia atrás del salón, deteniéndose en el pupitre ubicado delante del de Alicia; donde un chico tímido de lentes lo miraba sorprendido. Las clases habían empezado hace dos minutos por lo que no era normal que alguien se parara de manera tan repentina, especialmente considerando que el profesor los miraba, al igual que el resto de los alumnos quienes estaban curiosos sobre lo que pasaría
— Me gustaría cambiar de asientos contigo— dijo Bartolomé con calma al chico, ignorando las miradas de sorpresa de los demás
— ¿perdón…? — pregunto el chico de lentes, mirando de reojo al profesor quien los miraba con cara de enojo
—dije que quiero tu asiento — repitió Bartolomé — ¿te podrías mover por favor? — añadió con un tono de voz que no parecía estar pidiendo algo; sino que ordenando
—perdón no termino de entender tu petición…— decía el chico de lentes confundido
— ¿necesitas que te lo explique? Tu usas anteojos por lo que debes de tener problemas de visión, cambiarte a un asiento ubicado al frente seguramente es un gran trato. No deberías de cuestionarte tanto por qué— contesto Bartolomé
— no es eso…, los asientos son designados por el director de la academia cuando ingresamos a clases. No podemos cambiar de lugares sin antes preguntarle a él— explico el chico de lentes temeroso de meterse en problemas por el simple hecho de aceptar la petición de Bartolomé
— yo me encargare de los tramites difíciles cuando la clases terminen, ¿podrías por favor cambiar de lugares conmigo? — volvió a preguntar, pero la cara del chico de lentes seguía con dudas. Al ver esto Bartolomé se acercó a su oído y con mucho cuidado susurro— mira, sé que en este momento la situación económica de tu familia esta complicada, tu padre perdió su trabajo y tu madre es quien carga con todos los gastos. Es una gran doctora, pero ni siquiera su salario alcanza para sostener el estilo de vida que tenían cuando tu padre trabajaba. Has este favor por mí y me encargare de que tu madre reciba un jugoso aumento en su salario. Si lo haces rápido y sin hacer más preguntas podría incluso ayudar a tu padre a encontrar otro trabajo— al oír estas palabras los ojos del muchacho con lentes se agrandaron ¿cómo sabia Bartolomé acerca de su situación familiar? Ni siquiera sus mejores amigos lo sabían, pero fuera de esa incógnita si lo que decía era verdad, cambiarse de lugares no era un mal trato. De partida seria en un siento más adelante y existía la gran posibilidad de que los problemas de su familia fueran solucionados por el simple hecho de hacerlo, incluso si después tenía problemas con el director por cambiarse sin su permiso era un gran acuerdo.
— entiendo, mi asiento es tuyo— contesto rápidamente el chico de lentes poniéndose de pie para luego tomar sus cosas e irse a su nuevo pupitre, el maestro los miraba con resentimiento por su falta de respeto; pero considerando los beneficios de aquel trato ¿acaso importaba?
***presente***
Las horas pasaron y finalmente las campanas de la academia anunciaron el final de la jornada escolar. Durante todo el día Bartolomé se dedicó únicamente a observar a Alicia sin decirle ni siquiera una sola palabra; abordarla en un ambiente escolar solamente podría provocar que ella se pusiera a la defensiva. Con una sonrisa serena y una actitud carismática, Bartolomé saco gran fajo de billetes y con calma dijo mientras los presumía
— ¿qué me dirías si te invito a comer un helado conmigo? Recientemente cuento con un poco de cambio en mis bolsillos y me gustaría gastarlo mientras hablo contigo sobre ciertos negocios
— diría que tengo un severo caso de diabetes y que estoy a tan solo un helado de que me amputen mi pie derecho. Sin mencionar que no me gustaría comer contigo ni mucho menos hablar acerca de negocios— contesto ella poniéndose de pie para luego tomar sus cosas y largarse del lugar. Muchos podrían considerar esa aptitud como algo hostil y como un claro indicativo de que una chica te quiere fuera de su vida, pero en el caso de Bartolomé era justamente la respuesta que deseaba; la última prueba de que valía la pena intentar corromper el alma de Alicia
—que chica más amargada…— decía la pelirroja que antes perseguía a Eleodoro
— No te preocupes por esa chica desabrida, siempre ha sido un bicho raro. Si ella no quiere ir a comer contigo ese helado nosotras podemos hacerlo encantadas— intervino la chica de lentes quien también estaba presente— estoy segura de que descubrirás que somos más interesantes que ella— añadió inclinándose hacia delante lo suficiente para enseñar su escote; una táctica que siempre usaba cuando quería conseguir algo
—vayan ustedes solas a comer ese helado— contesto Bartolomé arrojando el fajo de billetes a la cara de la chica con lentes quien parecía sorprendida
— ¿¡Que crees que estás haciendo…!?— cuestiono está molesta
— es el dinero para que se compren sus helados— respondió Bartolomé poniéndose de pie para luego caminar hacia la salida del salón— no tienen que fingir conmigo, no soy tan tonto como Eleodoro, se perfectamente que es lo que desean de mí. Si lo que buscan es mi dinero se los daré, pero eviten hacer esta clase de espectáculo nuevamente; me dan vergüenza ajena— añadió para luego seguir a su presa— no me interesan las mujeres que puedo conseguir con dinero— termino diciendo.