Pequeña Quin Capítulo 111
La reacción de ambos era completamente comprensible.
Cada supremo sagrado era un activo invaluable, que cimentaba las bases del poder de los imperios.
– ¿Cómo puede…? ¿Por qué estaría…? No tiene… sentido… – Balbuceó Calius. Un supremo sagrado, y, para semejante demostración dominante, debería ser uno medio, ¡O incluso avanzado!… ¡Eso era casi el poder de algunos reyes!
¿De dónde había conseguido Violet semejante carta de triunfo?… y, ¿Qué clase de técnica del demonio acababa de usar?…
De lo que estaba seguro era que, un supremo naciente medio como él, no podría seguir dándose aires si quería sobrevivir.
– ¡Espera!… Mayor… estaba equivocado… no sabía lo que hacía… – se disculpó, en tono conciliador – … sin embargo, es tal como he dicho… sólo cumplía órdenes del Imperio Central… – recalcó – … si el mayor gusta, lo reuniré con mis superiores a discutir la situación… ¿Qué dice?… – exhortó, con tono humilde.
– Emm… es una pena… – con expresión lamentable – … dejé mi lectura felizmente, esperando tener una cita agradable… – sacudió la cabeza – … una reunión de vejestorios… suena como un incordio… quizás, sólo debería volver con Shipy… – recordando a ese bulto de lana, que Marco terminó nombrando.
– ¡Eso también está bien!… – sin desanimarse – … tan sólo dígame donde encontrarlo y me encargaré de que ellos personalmente vayan cuando lo disponga…
– ¿Visita?… – mueca incómoda, rascando su cabeza – … eso también es un problema… no creo que ellos realmente puedan llegar allí… – explicó, como disculpándose por vivir en un lugar muy difícil – además… no me gusta repetirme…
– ¿Cómo dice?…
– Tú ya no tienes derecho a elegir…
La tez de Calius se hundió ante esa declaración dominante.
– Mayor… – rechinando sus dientes – … ya me he disculpado… y no creo que realmente esté dispuesto a ponerse contra todo el imperio por una simple dama… entonces… ¿Por qué sigue reteniéndome?…
– ¡Oh!… – cayendo en la cuenta – … mmm… no lo sé… – se giró hacia Violet, buscando ayuda – … ¿Por qué sigo reteniéndolo?… – preguntó, con expresión inocente, como quién toma un objeto y no sabe qué hacer con él.
Violet ya tenía la mente adormecida de ver este desarrollo, y solo negó con la cabeza… “No tengo la menor idea…” decía a gritos su rostro.
– Vaya… parece que ella no tiene más uso para ti… – se encogió de hombros – … ahora…
– ¡Espera!… ¡Espera!… – exclamó, sintiendo un escalofrío y peligro extremo – … ¡No tienes idea a quienes te estás enfrentando!… Mis verdaderos superiores… no son algo con lo que puedas jugar… – amenazó desesperadamente, mientras metía su mano en un bolsillo y sacaba lentamente un extraño emblema metálico – … alguien de tu nivel… debería poder reconocer esto… – extendiéndolo.
Lehm lo tomó, con curiosidad, mirándolo por delante y detrás. El dibujo tenía 3 círculos negros, entrelazados con un círculo central más grande. Calius lo observó con expectativa, ya que esta era su carta de triunfo.
– Mhm… – asintió – … has acertado otra vez… eres bueno… – elogió, con una sonrisa complaciente.
La vida volvió al cuerpo de Calius, y sus ojos se animaron con gran ímpetu.
– ¡Por supuesto!… sabía que el mayor conocería a nuestra gente… un poder tal, es algo que sólo gente como nosotros puede comprend-…
– Lo siento… – paró su discurso, con una mano en alto.
– ¿Si?… – frunciendo el ceño.
– Cuando dije que has acertado… me refería a que… – tirando el emblema hacia atrás – … no tengo idea de a quién me estoy enfrentando… – explicó con expresión indiferente – … pero, desde que has cruzado la línea que nunca deberías cruzar… – pausa – … tampoco me importa… – sus fríos ojos grises se encendieron – … ahora… desaparece de mi vista… – declaró.
– ¿Eh?… ¿Qué desaparezca?… No… com…pren…d… ¡¡Ahhhhhhhh!!… ¡¡Nooo!!… – un grito desgarrador salió de su garganta.
– ¡Oh cielos!… – Exclamó Violet, tapando su boca.
– ¡¿Qué demonios es eso?!…
– ¡Esto… esto… es imposible!…
Lo que los subordinados y la propia Violet veían, era una imagen que jamás podrían olvidar.
Ante esa simple declaración, el cuerpo mismo de Calius, con la dureza y poder de un cultivador supremo, desde sus pies a su cabeza, comenzó a desintegrarse en nada más que fino polvo… desapareciendo en el viento.
– Yo…. no puedo… mor-…
No pudo siquiera terminar su frase… mientras su torso desaparecía y solo quedaba parte de su rostro… se quedó hipnotizado ante la última cosa que vería en esta vida. Dos lunas brillantes, mirándolo, como si tan solo fuese algo efímero que había perdido el derecho a existir.
Hasta el último momento, no pudo comprender que era a lo que realmente se enfrentaba, y, en unas pocas respiraciones, nada que validara su paso por este mundo quedó en la escena. Sólo la mano vacía de Lehm, tomando la nada.
Plap Plap
Palmeó sus manos, como terminando un trabajo, y recuperó su sonrisa serena.
Puso sus manos detrás y dirigió su mirada a los cuatro hombres restantes.
– Ahora… hablemos de negocios… – con una expresión gentil y sugestiva.
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