Pequeña Quin Capítulo 184

Modo noche

– ¿Por qué estoy afuera?

|| Has sido expulsada ||

– Wee… eso es cruel. La señora hoja y yo estábamos progresando…

|| Tu maestro fue explícito en cuanto a plazos y consecuencias ||

– Ohh… – frotando su mentón – … ahora que lo dices, dijo algo sobre eso. Pero, podrías haberme avisado antes…

|| He advertido recientemente sobre la prontitud del hecho ||

– ¡No sabía que pronto sería “en unos minutos”!… Rayos. ¿Debería volver?

|| No recomendable. Un acto extremadamente ineficiente ||

La noche estaba en alza, y el agua caía copiosamente sobre el grupo. Durante su interno dialogar, la luz del sol abandonó lentamente todo rincón de estas tierras.

Fue entonces cuando Quin desistió de sus planes de confort, y enfrentó la realidad, volteando hacia la distancia. Sin importar la dirección, un interminable recorrido de tierra o agua la recibía.

Estaba sola, en una isla peligrosa y extensa. Tan grande como una nación. Ambas zonas opuestas podían considerarse como grandes provincias, con cientos de miles de kilómetros cuadrados.

Parada sobre la base de una montaña, la pequeña no resultaba más grande que una mota de polvo en este territorio.

Pero, no había temor en sus profundos ojos azules. Tomó sus palmas y se golpeó los cachetes.

– Kuhum. ¡Princesa! El tiempo de nuestra aventura ha llegado. Mundo… ¡Prepárate!…

|| Una declaración bastante presuntuosa. Deberías ser quien se prepare ||

– Mmm… no lo sé. Alguien me dijo que el mundo esperaba por mi… – rascando su cabeza, pensativa – … si, definitivamente, en algún momento…

|| ……… ||

Recordando los comandos de Lehm, se giró hacia el sur y extendió su dedo.

– Maestro dijo que habría mucha comida por allí…

|| Sólo mencionó la existencia de distintas fuentes de esencia ||

– Eso es lo que dije… ¡En marcha princesa!

Sin demasiado entusiasmo, la loba sacudió su pelaje y comenzó a caminar hacia la costa. Quin había decidido bajar la ladera, y hacer su camino bordeando el interminable paisaje marino.

– ~ Laa, la la laa… lluvia cae sin cesar… la la laa. Todo moja a su pasar… la la laa.  Es el efecto resultante de ser expuesto a ella… la la laa. ~

Con un final musicalmente debatible, la pequeña avanzaba alegremente mientras improvisaba una canción.

Luego de un año bajo la protección de esos muros, el agua contra su rostro y el tormentoso viento la hacían sentir libre. Renovada.

~ || Sólo es agua… ||

Draga no mostraba el mismo entusiasmo, aunque observaba con cierto interés hacia las profundidades del mar.

– Jiji… es la aventura princesa. Algún día viajaremos por encima de las nubes, y dormiremos en la tormenta. El maestro dijo que existen tormentas con un centro de esencia. Me pregunto qué sabor tendrá…

Draga inclinó la cabeza. Aun le sorprendía la facilidad con la que se dejaba llevar por la imaginación, pero a la vez tenía la vaga sensación de que sus alocadas expectativas podían volverse reales en el futuro.

Así, bajo la atenta vigilancia de varios ojos submarinos, el diverso trío recortó metro a metro la distancia que los separaba de su primer destino. La cadena se extendía por cientos de kilómetros y un largo camino aún quedaría por recorrer.

 

 

En el centro de la cadena, una montaña mediana reposaba en silencio. En los últimos meses fue testigo de extraños sucesos.

Ahora deshabitada, había visto partir a dos niños muy particulares. Cada uno con su rumbo, cada uno con su objetivo.

En su interior quedaba una vista cuando menos llamativa. Con una extensión artificialmente formada, en semi circulo, y dividida en dos por una impenetrable barrera.

El primer lado consistía en un llano plagado de marcas. Largas batallas debieron suceder allí, y sólo quedaba una extraña edificación en pie como testigo intacto.

Una visión un tanto más peculiar perduraba en la segunda parcela. Una gran depresión ocupaba buena parte de la superficie. Era circular y perfectamente lisa, como si una enorme cuchara hubiese quitado cuidadosamente un pedazo de tierra.

En su interior descansaban seis pilares, ordenados en un circulo alrededor de una elegante cama. Diferentes signos los rodeaban. Fragmentos de hielo, pequeñas vegetaciones, marcas de quemaduras, un terreno revuelto y extraños puntos negros.

Sólo uno de ellos estaba completamente ajeno a cualquier rastro de actividad. Cual fuese el misterio detrás, tendría que esperar por su debido tiempo.

La superficie tenía sus cosas también. Cerca del borde nacía un alto tobogán de hielo, que mostraba leves signos de pérdida. Pero, no era lo más destacado por allí.

En un espacio separado, una gran extensión de tierra había sido reservada para un único fin. Con un paciente y metódico cavado, una serie de palabras estaban grabadas en la superficie y visibles desde las alturas.

A saber:

“Querido maestro. Si lees esto, tu super discípula hizo un gran descubrimiento y ha decidido informarte. Un malvado elfo oscuro está dañando a la señora tierra. Es tan tan molesto. Lo vi en una cueva, lejos de aquí. ¡Ayúdala! ¿Sí?

Toma tu decisión.

PD: Mis fuentes creen que es un tipo malo muy peligroso. Ten cuidado maestro.”

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