The world of Pendor – Capítulo 3
Capítulo 3 – Las tierras de los bosques
Una más tarde después de la comida, mi padre junto con algunos hombres que portaban armaduras de lo que parecía de cuero nos seguía de cerca mientras él, atendiendo mi pedido, empezaremos a dar una vuelta por todo el territorio de mi padre.
Tras pasar por la puerta central que había en la habitación, no había nada más que un enorme cielo azul. El sol brillaba e iluminaba todo. Me tuve que tapar la vista un momento para que el sol no me diera en los ojos. Hacía calor también y por suerte o para mala suerte, llevaba la misma vestimenta que mi padre usaba ayer que hoy también era la misma. Delante había una superficie plana pequeña donde había un pequeño camino hasta unas escaleras de madera que bajaba hasta otra muralla. No era la misma que había a los alrededores del territorio pero era suficiente para salvaguardar los edificios.
De pronto un dolor de cabeza vino a mí. Me tuve que tomar un poco la misma ya que el dolor fue un poco fuerte pero por suerte no duro mucho. Con ese dolor pude recordar algunas cosas, las suficientes como para poder pasar sin llamar mucho la atención con respecto a mi “golpe de la cabeza” que dije. No sólo recordé cosas como los miembros de mi familia sino, algunas cosas de la ciudad de las cuales, eras lugares a los que quería explorar.
“¿Estas bien hijo?” Preguntó mi padre a lo que le asentí y le dije que me encontraba bien y que sólo era un pequeño dolor por el vino que había tomado. Su risa no faltaba con eso y su caricia a mi cabeza, despeinando más mi cabello. “Muy bien, ¿qué quieres ver?” Miré un poco desde la cima de las escaleras. Recordando que la residencia familiar o castillo como lo llamaba mi padre, se colocaba en el extremo del territorio, limítrofe con los bosques. Además estaba construida en una pequeña elevación del terreno, haciendo que se note desde el otro extremo la residencia familiar.
“¿Cómo se llama estas tierras padre?” Le pregunté mientras tomaba mi mentón y ponía una pose pensadora. Seguía mi mirada al frente, mirando las casas que había más allá de las murallas. Sentí su mirada unos segundos en mí. Segundos después dejé de sentir su mirada y echó una pequeña risa de él. La verdad que sus risas ya era algo que me estaba agobiando y sólo llevaba un día conociéndolo.
“Estas tierras y sus alrededores tienen el nombre del Castillo de los Bosques” Yo lo miré mientras que él miraba hacía la ciudad que estaba en su frente. “Y si preguntas, es claro que la razón de su nombre es algo que deberías saber por lo que has visto hijo” Asentí con eso. Estaba claro que era por la cantidad de árboles y los bosques que rodeaban a este castillo.
“¿Por qué estás construcciones tienen un parecido con los del Fierdsvain?” Pregunté con una cara seria mientras miraba la cara de mi padre. Mi padre me miro a los ojos tras la pregunta que le hice y en su cara había unos ojos abiertos y una boca un poco abierta.
“¿Cómo conoces al reino de esos bárbaros?” Me preguntó sin cambiar su cara. Seguía sorprendido pero esta vez sus ojos estaban entrecerrados mirándome fijamente. Solamente alcé los hombros diciéndole que este tipo de construcción era algo típica de ellos, un conocimiento que había adquirido por medio de este juego. “Osea… ¿Conoces cómo construyen ellos?” Asentí en silencio.
“Ellos no usan piedras para construir, no saben cómo utilizarla como los demás reinos por lo que el uso de madera para construir estructuras es típica de ellos” Mis palabras llegaban a mi padre el cual asentía con cada palabra que decía y tomando su mentón con su mano. Acarició mi cabeza lo cual no era algo que esperaba y encima con fuerza. Aparté su mano de mi cabeza y me hice a un lado unos cuantos pasos.
“Muy bien. Ustedes dos…” Mi padre se dirigió a las dos personas que nos seguían y se paró frente a ellos. “…sigan a Sadren a los lados que él quiera ir siempre y cuando sea seguro. Es una orden que deben seguir a toda costa” Luego de hablarles, me miró y se acercó hasta donde estaba para arrodillarse y ponerse a mi altura. “Lo siento hijo, un día de estos te llevaré a ver mejores lugares. Ahora mismo debo atender algunas cosas y mandar cuervos con mensajes. Diviértete explorando la ciudad” Me besó la frente no sin antes pasar su mano por mi cabello. Ya en cualquier momento iba a matar si seguían haciéndome esto. Ya no me gustaba para nada. Se levantó y se fue hasta dentro del castillo, algo que yo también debería pensar en no llamarlo así porque no lo era pero, no sé por qué seguía diciéndole así.
Miré a los dos hombres, que ahora serían mis nuevos guardaespaldas y les dije que me llevarán a ver los lugares donde frecuentaban la gente y en donde se pudiera observar más que nada lo bueno que tenía el territorio.
Y así fue lo que hice durante una semana.
Cada día que pasaba lo usaba mayormente para mirar toda la ciudad junto con los dos hombres que mi padre me dejó para que me cuidaran. Luego comía con mi familia, charlaba con ellos con las cosas que veía y las que me llamaba la atención, hablaba con ellos también sobre ellos mismos para conocerlos más y poder encontrar más cosas en común no solo con mis padres sino con mis hermanas.
Los días que pasaba explorando la ciudad también tuve la suerte de conocer a la hora de cenar, a más familiares Blackwood. Entre ellos, algunos primos y tíos. Quería conocerlos porque estos pocos días que exploraba, más memorias aparecían poco a poco de este niño y a la cual me llamaba la atención las cosas que hacía. Aunque quería conocerlos, me decanté más que nada por seguir viendo la ciudad.
Y la semana ahora se había convertido en dos semanas.
Luego de estar explorando la ciudad por una semana, me interesó ver lo que había detrás de mi hogar. Ser divido por una muralla que hacía de dos partes la ciudad, era algo que había dicho hace tiempo a mi padre.
Cuando miraba lo que había detrás de mi casa, era interesante.
Un enorme campo había, lo suficiente como para realizar una pequeña aldea sin problemas. Pero sólo había algunas casas así como un establo y un enorme lugar donde ahora mismo estaban entrenando algunos niños. Sabiendo esto, eran niños de los cuales algunos eran hijos de nobles pequeños, vasallos de mi padre y otros eran hijos de caballeros hacendados, también correspondían ser llamados vasallos de mi padre. Toda la parte trasera era básicamente un lugar para entrenar de toda forma posible y aprender sobre equitación.
Además, en el centro de estas casas había unos enormes 3 árboles juntos, igual al estandarte que veía en el salón. Era algo hermoso de ver. Me transmitía el mismo sentimiento de pertenencia que el bosque. No quise acercarme porque para ello, debía pasar por el lugar donde los demás chicos estaban entrenando por lo que dije que no y me fui esta vez a descansar.
Al final, las dos semanas se hicieron un mes.
Todo el mes yendo y viniendo, estando desde las primeras horas en todos lados hasta al anochecer para comer con mi familia y dormir para que al siguiente día hiciera la misma rutina, llegaron a su fin.
Esta mañana me desperté habitualmente gracias a la sirvienta, que de tantos problemas que he tenido con ella su nombre era Loretia, sea algo normal en mi rutina.
Me vestí como siempre nada más que ahora no utilizaba la misma chaqueta de cuero sino una camisa de lino color blanco y los pantalones y botas seguían siendo lo mismo. Todo lo demás de mi seguía igual, ni un cambio de apariencia ni nada.
“Tu padre me ha dicho que esta vez no puedes salir” Tras mirarme al espejo que había en mi habitación, miré de reojo a Loretia quien había hablado. Sólo le mire confundido con lo que dijo ya que no entendía la razón de ello. “Y no me mires así, tampoco sé la razón de ello” Ella suspiro mientras negaba con su cabeza sobrecogiéndose un poco.
“De todas formas estuve un mes mirando todo, tampoco tengo ganas de seguir haciéndolo” Me acerqué hasta ella hasta quedar frente a frente aunque, por el momento y mi edad, debía verla levantando mi cabeza y mucho “¿Qué hay para comer?”
“Tampoco te prohibió comer” Mi sonrisa que tenía desapareció y mi rostro quedó congelado. Le volví a preguntar lo mismo y su respuesta fue exactamente la misma. Parpadee muchas veces hasta que pasé de ella y fui directo a buscar a mi padre.
“¡PADRE!” Abrí la puerta de mi habitación y ni bien saliendo empecé a gritar. Algo lo que tenía era hambre al despertar y que me lo prohibiera es algo que no me gustaba para nada. “¡PADRE! ¡¿QUÉ ES ESO DE QUE NO PUEDO COMER?!” Seguía gritando paso por paso mientras me acercaba hasta el salón. Vi las puertas dobles y las empuje con fuerza. “¡¿PADRE?!” Al pasar, mi padre estaba hablando con algunas personas, todas ellas eran ancianos a simple vista. Todos me miraron cuando entré a los gritos o mejor dicho, ya estaban viendo hacía donde estaba desde antes.
“¿Es él?” Uno de los ancianos miró a mi padre y este asintió. El anciano caminó hasta mí con un bastón en la mano y en todo momento, su mirada no dejaba de verme, tanto que sentía que me estaba viendo a través de mí, asustando un poco. “¿Eres Sadren?” Asentí en silencio. “Muy bien. Tu padre dijo algunas cosas de ti, la más sobresaliente fue que tenías un ingenio y un intelecto bastante alto” Asomé mi cabeza por el costado del anciano para ver a mi padre y al verlo, levantó un pulgar en señal de aprobación. Suspiré.
“Antes de responder, siento si mis gritos les dio una mala impresión mía” Trate de ser cortes. No pensaba que ellos estuvieran aquí y que sean capaces de escucharme quejarme de no poder comer, me hizo sentir vergüenza. El anciano soltó una pequeña sonrisa mientras tocaba su larga y canosa barba. “De todas formas, ¿qué hacen aquí?” Pregunté.
“Como dije, tu padre ha dicho que eras alguien que vale la pena demasiado enseñar. Por eso estamos aquí junto con mis colegas. No hagas que nos arrepintamos pequeño” Con eso, se dio media vuelta y camino dos pasos antes de detenerse. “Ah, antes de comer, debes aprender. Hasta entonces, no hay comida”
Miré su espalda mientras él se reunía con los demás y se ponían a charlar. Por otro lado, miré a mi padre sin expresión en mi cara a lo que él lo respondió con una sonrisa y alzó sus hombros y brazos como respuesta de que “era lo que había”. Suspiré y sin siquiera dudarlo, me dirigí hasta el grupo de ancianos para empezar con mi educación. Desconocía que iban a enseñarme pero algo estaba seguro: tengo ganas de comer.
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