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Werewolf & Assassin CAPITULO 40

Modo noche

Los desnudos cuerpos de las dos mujeres lobas se acarician mutuamente en la cama con el chocar de sus bocas y sus lenguas tocarse entre ellas. Peter quien ya había eyaculado hace tan solo unos pocos minutos, siente como la lujuria renueva sus fuerzas manifestándose en la dureza de su falo.

 

Los dedos de sus manos truenan y luego se balancean sobre la húmeda feminidad de las chicas bestias, sin compasión en ambas lleva su cometido y mete a fondo su índice junto al dedo del medio. Las lobas reaccionaban entre gemidos que interrumpe su apasionante beso, Fraila voltea su mirada hacia el rostro del peliblanco chocando sus labios con los suyos.

 

—No tienes idea de cuánto espere por esto –Dijo Fraila agarrando el duro miembro de Peter.

 

Mientras el lobo peliblanco seguía haciendo de las suyas con sus dedos en la excitada vagina de la licántropa de larga cabellera marrón. Ella manoseaba a su antojo el viril miembro de su pareja y dejando a loba pelinegra Sujan como espectadora, quien se consolaba a sí misma.

 

—Tan dura y el olor que desprende… hace que mi corazón se acelere de manera abrumante –Deleito la lasciva loba de cabellera marrón la hombría del joven.

 

Su nula experiencia con el sexo opuesto de su misma raza en lo carnal la hacía susceptible a una excitación inmensa, deseaba con gran fervor aparearse con él. Tanto que empujo al peliblanco hasta recostarle boca arriba y sin hacer esperar más a sus necesidades de libídine se sentó por consiguiente en su erecto miembro.

 

—Que… gozo… apenas va la mitad y ya me siento tan llena e inmersa en el placer… comparado a los cazadores que he vencido en mi viaje… violado… y devorado… esta sensación regocijante está a un plano mayor… me gusta… me encanta… ¡me fascina! –Eran los pensamientos inmorales plasmados en la mente de Fraila.

 

Su expresión perdida en la lujuria e intenso jadeo dejaba en claro que ni todos los hombres sometidos bajo sus garras y las docenas de licántropas con la que tuvo un revolcón, se comparaba a ese momento. Aquello era la depravación mutua e instintiva entre estas bestias, concebido biológicamente con un éxtasis de euforia placentera como ninguno, desprovisto a mucha de las generaciones actuales de mujeres lobas al verse el número de sus machos reducido drásticamente con el tiempo por la humanidad y otros factores hostiles de Eliux.

 

—Con que así se siente aparearse con un lobo macho… ahora entiendo a madre… jejeje… podría hacerme adicta a esto… no… creo que más bien ya lo soy… lo quiero… para mi… lo codicia solo para mí –Era la vulgaridad expresada en los pensamientos de la loba con cada mover de su cintura y el deleite del sexo.

 

Peter agarro los pechos de Fraila y luego se lanzó sobre ella quedando la joven boca arriba en la cama y el feroz macho encima suyo.

 

—Demasiado control has tomado de la iniciativa, ahora asumiré esas riendas –Dejo en claro el peliblanco con su miembro profanando la húmeda y caliente feminidad de la licántropa.

 

—Mmm… no tengo queja alguna, de hecho insisto –Acepto ella con deseo aferrando sus piernas sobre la cintura de él.

 

Cada empujón hacia rechinar la gran cama, una faceta sumida en el placer se tiñe nuevamente en el rostro de la joven lupina. Un poco de baba escapaba de su boca al verse tan sumergida en tanto goce, más de la mitad del pene de Peter ya cabía en su interior, se estaba moldeando a su tamaño.

 

El lobo alentado por su libido sube el ritmo de sus empujones y presiona con brusquedad los pechos de la fémina, a la vez que su lengua saboreaba los pezones cubriéndolo de su saliva. Fraila lleva sus manos hacia la espalda de su compañero aferrándose aún más a él con sus garras, el joven de pelo blanco sintió como la punta de cada una de sus afiladas uñas penetraba sobre su carne.

 

El dolor era considerablemente inexistente, en su lugar había sentido un electrizante cosquilleo de placer sexual que recorrió cada fibra de su cuerpo. Pero la lupina no se detuvo allí, sino que también propino una mordida al hombro de su macho, nuevamente, el dolor apenas era percibido, pues un satisfactorio éxtasis se tornaba en su mente y su ser.

 

Aquel sentir fue el impulso que saco del joven peliblanco a flote su más bajo instinto animal en la perversidad de su libertinaje, no era un acto suyo sino de su conducta bestial manifestando. Peter le propino su propia mordida a la loba en su hombro a la vez que al mismo tiempo su falo consiguió meterse por completo en su interior.

 

La combinación de aquellos actos causo en la psiquis de Fraila una titánica estimulación sexual que le llevo a un orgasmo instantáneo, eufórica aulló en su eyaculación y los lascivos jugos de su vagina salieron como un geiser en erupción, el peliblanco siguió penetrándola sin parar.

 

Era una costumbre en el sexo licántropo, las zarpas y las mordidas dadas entre ellos se convierten en estímulos electrizantes de placer en sus cuerpos cuando yacen sumido a este. Las heridas nunca serán mortales, siempre se las percibiría con el menor grado de dolor durante el acto sexual, aumentando la susceptibilidad del mismo placer y la intensidad de los orgasmos.

 

No hay peligro como tal, pues la piel marcada por garras y colmillos siempre se regenerara por el factor curativo y el peligro de infección es inexistente a los hombres lobos. Ya que su sistema inmune los hace invulnerable a enfermedades de transmisión sexuales e incluso a canceres.

 

Sujan quien todo este tipo observaba al cachondo dúo fornicar salvajemente, trato de aliviar la inquietud de su entrepierna usando sus dedos. Pero sin importar cuantos usara o la manera en que los moviera, no era suficiente, ella quería algo más estimulante, su nariz era penetrado por ese masculino hedor rebosantes de hormonas del lobo.

 

Sus ojos se fijaron sobre el falo de Peter, pero al ver que aun seguía haciendo de las suyas en la cueva de Fraila, tan solo pudo anhelarlo en su mente. Imaginando como era sometida de la forma más animal por el peliblanco, de manera inconsciente su boca se acerca a las bolas del joven las cuales estaban bañado de los fluidos de la licántropa de cabellera marrón.

 

Los lamia e incluso saboreaba como caramelos, el solo olerlos causaba que sus mejillas se ruborizaran, su entrepierna se mojara aún más. El lobo sintió la apasionada lengua de la pelinegra jugando con sus testículos, gustoso con tal tacto, la inminente combinación de esta junto al cavernoso interior de Fraila conllevaron a su corrida.

 

Su semilla inundo la vagina de la chica bestia, tomando obviamente la precaución de que esta fuera estéril, incapaz de embarazarle. Fraila sintió con rebosante gozo, el semen caliente de Peter, aferrando con más fuerza sus piernas en la cintura del peliblanco solo para que por más tiempo la mayor cantidad de su blanca masculinidad siguiera en su interior.

 

—Incluso sentir su semen dentro de mi… dioses de la luna… ¿cómo pude no haber experimentado este placer antes?… después de esto el apareamiento con humanos ya no me será suficiente, tengo que hacerle mío… mi pareja… mi macho… mi alfa… -Fueron los pensamientos de la lupina acompañada de un suspiro de gusto.

 

Observo entonces a su amiga pelinegra, cómo era carcomida por su propio deseo sexual, incapaz de satisfacerlo con sus manos. Sintió pena por ella pese a que fue la primera en sentir a Peter en la intimidad, compadeciéndose de su sufrimiento, susurra en el oído del macho un pedido a su favor, uno que le complacería tanto llevar a cabo y calmaría la concupiscencia de Sujan a la vez.

 

Peter alejo sus testículos de la golosa lengua de la chica pelinegra, quien aún ansiaba más de ellos, en su lugar el peliblanco le premio con algo mejor que su imaginación o sus bolas. Se situó a espaldas de Sujan y clavando de manera superficial sus garras en los muslos de la joven, levanta sus piernas, las abre y se deleita con la vista de su vagina hecha una cascada.

 

—Sí que tienes un desastre bastante mojado ahí abajo, debes estar ansiosa,  clamando en tu cabeza con locura, deseándolo, ¿no es así? –Susurraba el lobo peliblanco como un diablillo en el oído de la fémina bestia acompañándolo de un lamido —Vamos, dilo, di cuanto lo quieres, cuanto lo deseas y lo tendrás.

 

Sujan entonces observo como el erecto miembro del macho a quien tenía a espaldas, estaba frotaba contra su excitada intimidad. El lobo con vileza jugaba con su agonía sexual, con tal de provocar que sucumbiera aún más a sus deseos de lujuria.

 

—Dámelo… por favor… -Suplico la licántropa de pelo negro.

 

— ¿Eh?, ¿cómo dices?, no te oigooooooo –Se mofo el lobo de cabellera blanca volviéndole a susurrar en el oído.

 

—Por favor… dame tú… pene…

 

—¿Mmmm…?, creo que mi audición se está volviendo muy mala, porque apenas escuche lo que dijiste –Volvió él a mofarse —Pobre cosita excitada, ¿te sientes lastimada allí abajo?, ¿no quieres algo que te “alivie”?, tal vez… ¿algo duro?, ¿algo palpitante?, ¿algo… placentero? –Soplo a su oído tras culminar la interrogante.

 

La loba había tocado fondo, no lo resistió más, toda esa frustración de su libido acumulado salió a flote expresándolo verbalmente de la forma más humillante.

 

— ¡DESEO TANTO TU BESTIAL VERGA, POR FAVOR DALE A ESTA PERRA EN CELO EL GUSTOSO PLACER DE DISFRUTARLO Y DESTROZA MI INTERIOR SIN PIEDAD!

 

La ferviente declaración de Sujan sacó a relucir una maliciosa sonrisa de satisfacción en el rostro del lupino peliblanco y acto seguido hundió su masculinidad dentro de ella. Como lo había pedido, sin delicadeza alguna y como un animal que solo pensaba en su propia complacencia, embestía salvajemente con su falo las entrañas de la muchacha.

 

Pero aquella inmisericordia venia de maravilla para alguien en el estado de la joven de cabellera negra, le encantaba ser penetrada con tal rudeza, pues sus necesidades de lujuria habían alcanzado un pico demencial. Solo de la forma en que Peter repartía su “pasión”, alcanzaba a satisfacer esa lujuriosa necesidad de bestia que había acumulado.

 

—Verte con ese rostro babeante poseído por la euforia y después de decir algo tan bochornoso… me excita tanto -Dijo una Fraila ardiendo en deseos de más.

 

Fraila se puso en pie sobre la cama y llevo su vagina a la boca de Sujan para que este le platicara un trabajo manual con su hábil lengua. La loba pelinegra no tardo en aceptar su pedido, ya que olfateo con su nariz y observo con sus ojos, restos de semen del peliblanco aun impregnado en aquella feminidad, poniendo esa lengua suya a disposición de Fraila.

 

—Eres buena como siempre con esa lengua tuya… aunque no se compara a “eso” que tienes dentro de ti, aun así tu lengua sigue haciéndolo de maravilla –Le elogiaba por su buen trabajo oral.

 

Tanto el hedor que expiden los genitales masculinos de un licántropo como su mismo semen, pueden reaccionar a la cercanías de una mujer lobo como un potente afrodisiaco. La razón de ello se debe a la escasez de machos de dicha especie, pues solo predomina el 4% de su población, y la poca interacción sexual hetera de estas bestias, hace a las licántropas susceptibles a la excitación al encontrarse con un macho. Tomando en cuenta además que las necesidades relativas al sexo en esta raza es el doble.

 

Sujan saboreaba la escasa semilla del lobo que yacía en la vagina de Fraila, movía con agilidad y maestría su lengua para no dejar sitio que probar. Las continuas movidas orales de la pelinegra hacían gemir con sonidos bestiales a Fraila, su cara de ruborizada del buen servicio de su amiga y que su cueva yaciera sensible tras su momento con Peter, intensificaba su susceptibilidad de su percepción del placer.

 

Fue su manera de desenvolverse en el clítoris lo que garantizo el orgasmo de la joven fiereza de cabellera marrón. Su néctar femenino salió expulsado con gran estímulo manchando toda la cara de su amiga lupina, su jugo pervertido estaba mezclado con el poco semen aun presente del lobo, tanto fue el gusto de Sujan que no le importo tragarlo por igual.

 

Pero ahora le tocaba a ella, su boca desocupada nuevamente volvía a gemir con intensidad,  y la sensación de su voz aumentando, le daba un fuerte indicio a Peter sé que se acercaba a su clímax. El joven lobo estaba esperando ese momento, pues pensaba culminarlo al más puro instinto de los hombres lobos.

 

Cuando sintió también que la fricción de sus movimientos culminaría con su pene a punto de eyacular, abrió por consiguiente su mandíbula. Fraila y Peter se corren a la vez, pero aquí el peliblanco realiza un acto más además de su inminente corrida, le propina a Sujan una mordida a uno de los costados de su abdomen.

 

La combinación del orgasmo en su propia eyaculación, acompañado de la mordida del lobo, hizo que la sensación de éxtasis en la licántropa pelinegra se intensificara a grados sublimes. Una euforia sin igual se transmitió por todo su ser casi equivalente a una droga, tanto fue la repercusión en su cuerpo que estimulo la cantidad expulsada de su eyaculación femenina aumentándola, una inundación de sus lascivos jugos cubrieron los genitales de Peter y mancharon la cama impregnándolo de su fuerte aroma sexual.

 

Peter se dejó caer a la cama recostándose y Sujan quedo encimo suyo en un estado casi somnoliento a consecuencia de la experiencia orgásmica que sintió. Fraila se asoma a un costado y con una conducta animal frota con su rostro y lame el cuello de Peter, era un acto acicalamiento, un modo de comportamiento social presente en el reino de las bestias y en la misma forma de ser de los hombres lobos.

 

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1 hora después, un par de mujeres lobas llegan a las Ruinas de Lodhret, subiendo al quinto piso del edificio donde también se encontraba Peter. El dúo notando un “animado” comportamiento alrededor de las mujeres lobas presente del sitio, sintieron curiosidad, pues no era la misma conducta que suelen tener en sus anteriores visitas a ese lugar.

 

Aquellas licántropas eran nada menos que Saria y Karen, sus intenciones de visitar las ruinas era su participación en la caza lunar y también otros propósitos personales aparte.

 

— ¿Por qué todas están tan… motivadas? –Pregunto Karen la loba veinteañera de tez algo oscura.

 

— ¿Nos hemos perdido de algo interesante acaso? –Formulo su duda Saria la loba veinteañera con su distinguido lunar pequeño en su mejilla derecha.

 

— ¿No lo saben?, ¡hay un lobo macho en las ruinas, va a participar en el evento y esta justamente en este edificio! –Exclamo una de ellas respondiendo las dudas del dúo —¡Y ese cabello blanco que tiene… dioses de la luna, que hermosura!.

 

Cuando menciono el rasgo del cabello, despertó la atenta y perspicaz atención de las dos.

 

—Karen, ese lobo con el que te encontraste en el calabozo de Moldevil, el color de su cabello era…

 

—Blanco –Completo su compañera la frase de Saria —¿Podría ser que el mismo se encuentre aquí ahora?.

 

—Venir a las ruinas fue una buena idea, ahora la prioridad es dar con ese lobo –Concluyo Saria —Karen, dijiste que cuando lo encontraste él estaba malherido, casi al borde de morir.

 

—Pero el alivio es que ahora sabemos que está vivo, sano y salvo –Suspira Karen.

 

—El perdió sangre en ese estado dejando un rastro en el camino, misma sangre que tu olfateaste, ¿puede tu gran sentido del olfato localizarlo teniendo como única pista el aroma de su sangre? –Le propuso como reto su compañera.

 

—Je, Saria me ofendes que dudes de mí, no necesito que sangre por fuera para que ese aroma salga a relucir en su cuerpo, si ya lo he olfateado antes, puedo encontrarlo si se encuentra cerca y solo me concentro en recordar el olor –Contesto ella.

 

Karen portaba una gran habilidad olfativa más desarrollada que el licántropo promedio, con haber sentido el olor de la sangre de Peter en una ocasión. Era capaz de captar dicho aroma en su cuerpo y por ende a la persona misma, solo si este se encontrara a una considerable distancia en su “radar olfativo”, lo cual dicho requisito se había cumplido.

 

— ¡Lo halle!, no hay duda, ¡es el mismo olor, es él! –Confirmo la loba de tez oscura.

 

—Vamos por él entonces.

 

—Ustedes dos, no den un paso más –Una voz les advirtió con un tono poco amistoso y sospechoso a ambas.

 

El dúo ceso todo movimiento sin siquiera haber dado el primero, pues sentían de aquella voz una cierta hostilidad que alerto sus sentidos. Las dos voltearon enseguida encontrándose a tres licántropas a escasas distancia de ellas, dichas lobas eran la fortachona Bralia, la caucásica Fraila quien estaba en el medio erigiéndose como la líder del grupo y la pelinegra Sujan, este trio miraba con frio y asesinas intenciones al dúo de lobas.

 

— ¿Les sucede algo malo con nosotras? –Pregunta Karen.

 

—Deja de fingir ignorancia, sabemos porque están aquí, lobas de Armenia –Afirmo Bralia delatando la identidad y procedencia de las dos.

 

Saria por su parte mirando el rostro de Fraila, adopto una expresión de sorpresa, pues la reconocía, sabía quién era la identidad de aquella chica.

 

—Pensar que de entre tantos licántropos aquí, estarías alguien como tú –Dijo Saria con la mirada fija en Fraila.

 

La loba de piel caucásica sonríe presuntuosamente al oírle decir eso.

 

—Saria, ¿sabes quién es ella? –Le pregunta Karen confusa.

 

—No es de extrañar que no lo sepas, nunca se te dio bien por memorizar los rostros destacados, ¿no lo crees así?, su “realeza” –Dirigió esas últimas palabras para Fraila —Cuesta creer que alguien de tan distinguido linaje este en este lugar, quinta princesa lunar, Frailaloup Quilto Deimos.

 

Continuara…

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