WAMR – Capítulo 126 – Editado
Capítulo 126: El miedo a ser parte de las estadísticas
El dúo se quedó un tiempo más para evitar el caos de la ciudad. Cuando salieron a las calles, la afluencia de gente alrededor de las puertas de la ciudad era mucho menor que al inicio
La gente seguía yendo y viniendo, pero ahora al menos, Benjamín, que empujaba el carro con Michelle tendida en él, podía moverse y no ser bloqueado por la multitud.
Al rato, llegaron a la entrada de la ciudad.
La puerta norte de Havenwright era solemne. Sus blancas paredes fueron bautizadas por el “diluvio” hace algún tiempo, y aun así seguían pareciendo opulentas y majestuosas. Bajo el ancho y alto arco, la gente fluía dentro y fuera de la ciudad continuamente.
A la entrada, unos pocos caballeros santos se mantuvieron en guardia y vigilaron a la gente que pasaba por allí.
Benjamín no se sorprendió por esto.
La Iglesia envió a su gente a investigar, no estaba fuera de lo común. Para ser honesto, si no se viera a nadie de la Iglesia en lo absoluto, habría sido más extraño aún.
Respiró hondo, mientras continuaba empujando el pequeño carro destartalado para pasar por la entrada.
Los santos caballeros guardianes se volvieron y le miraron con sospechas. Benjamín mantuvo su acto, arrastrándose como un humilde campesino con la cabeza gacha.
Era seguro el pensar que un albino empujando a una mujer fea enferma por la “plaga” era una vista algo extraña.
Pero, él estaba confiado en el disfraz que hizo Michelle, a pesar de que atrajeron algunas miradas del público, fue ese tipo de atención que aseguro su inocencia.
Otras personas al fijarse en él, simplemente quedaban perplejas por su peculiaridad, pero nunca los relacionarían con la gigantesca bola de agua y la “plaga” que azotaba la ciudad.
“Qué lástima…”
Por supuesto, después de unas pocas miradas, los pocos caballeros santos mostraron piedad en sus ojos, a la vez que disgusto, y luego se alejaron.
Con esto, Benjamín abandonó exitosamente la capital.
Se extendía un llano en las afueras de la puerta norte de la ciudad, se colocaron azulejos verdosos como base para una carretera que se extendía a lo lejos. Los árboles eran considerablemente frondosos, pues esta parte del mundo no tenía prácticamente ninguna forma de desarrollo, por lo que el verdor era todavía muy abundante.
Después de pasar por la puerta, Benjamín no se apresuró a escapar, sino que siguió con Michelle en el pequeño carro, junto con los otros viajeros y continuó por el camino.
Las piedras del pavimento fueron accidentándose cada vez más y se volvían menos frecuentes a medida que caminaban, la gente de los alrededores también disminuyó en número, por lo que encontraron una oportunidad para escapar de la muchedumbre. Después de media hora, Benjamín siguió el camino que Michelle describió, y dejó la carretera principal, en dirección al desierto.
-“¿Tuvimos éxito?”
Después de observar su alrededor, noto que no había nadie más, así que se detuvo y dijo esto.
“No lo sé.” Escuchándolo, Michelle dejó caer su acto como una persona enferma, abrió los ojos y se sentó, “Después de dejar la Iglesia, quede sin formas de conocer sobre su curso de acción. La Iglesia probablemente no claudico tan fácilmente, lo que sea que estén a punto de hacer, yo tampoco tengo ni idea de que será”.
Al oír esto, Benjamín se limpió el sudor emanado de empujar el carro y suspiró.
Aunque abandonaron la capital, aún no era el momento de bajar la guardia.
Al verlo, Michelle se levantó, se bajó del carro y dijo: “Está bien, ya no hay nadie más alrededor nuestro, no hay necesidad de continuar esta farsa. Apurémonos al lago de Perseo, no tenemos tiempo que perder, cuanto más rápido nos movamos, más posibilidades tenemos de escapar de la Iglesia”.
Benjamín se mostró de acuerdo.
Por supuesto, aunque abandonaran la capital, eso no significaba que estuvieran a salvo. Mientras se encontrarán dentro de los límites del reino, la Iglesia aún tendría el poder, además debido a su herida en su conciencia, no podría usar magia.
Estaban en un terreno baldío, y no tenían muchos lugares para esconderse.
Será mejor que nos demos prisa.
Así, empujaron el carro a un lado y lo prendieron fuego. Después, retiraron cualquier rastro de haber estado allí y se dirigieron hacia el norte.
Al mismo tiempo.
La capital después de abrir abrió sus puertas, parecía abandonada. Solo por el número de campesinos que huyeron de la capital, la población que continuaba en las calles era mucho menor que antes.
En el centro de la ciudad.
En las profundidades de la catedral de San Pedro, en un confesionario, con las manos juntas, el Papa, arrodillado en el suelo, abrió los ojos repentinamente.
Se dio la vuelta y salió del confesionario, y miró al obispo quien lo esperaba en sumo silencio, y dijo:
“Lo sentí, la fuente de la energía mágica que lanzó la maldición, salió de la capital hace media hora, alrededor de las 10:18 a las 10:21 “. El sentimiento era débil, no puedo estar seguro de su dirección o posición.”
Al oír esto, el obispo asintió. No dijo nada, sólo abrió un pequeño libro en sus manos, y hojeó las páginas como buscando algo.
Después de medio minuto o así, cerró el libro y levantó su mirada.
“Los santos caballeros enviaron la información recolectada hace media hora. En total, en los tres minutos que su Santidad menciono, doscientas cincuenta y un personas abandonaron la ciudad. El oriente tenía setenta y tres personas, el sur cincuenta y cinco, el occidente sesenta y ocho, y el norte sesenta y cinco. A pesar de que no describieron sus apariencias, todos tenían algún tipo de rasgo distintivo en sí mismos, no es probable que capturemos a la gente equivocada”. Después de decir esto, se detuvo y continuó: “Enviaré inmediatamente hombres por los caminos principales para reunir a las doscientas cincuenta y una personas que se fueron.
El Papa se mostró satisfecho al escuchar esto.
“Confirma el total, asegúrate de que ninguno de ellos escape.” Sus manos se juntaron detrás de él, con los ojos entrecerrados, una débil intención de matar se filtraba de ellos, “Cualquiera que sea la puerta que tenga menos gente, será esa la dirección en la que el muchacho escapó”.
El obispo asintió otra vez, y guardó el libro, se dio la vuelta y se fue.
El Papa se dio la vuelta y volvió al confesionario.
Después de dar las órdenes para el plan de captura, en completo silencio, bajó la cabeza, y contempló al cadáver en la habitación.
Era el cuerpo del santo caballero que contrajo la “plaga”, quien aún descansaba en la enfermería hasta el día de ayer, ahora, estaba completamente desmembrado en muchas partes de su cuerpo, apilada sobre el suelo de ladrillo rojo del confesionario, su sangre seca lo manchaba todo.
“Valiente caballero, tu cuerpo fue maldito, pero gracias a ello logramos rastrear la fuente del mal.” El Papa juntó sus manos en oración, como si estuviera rezando por el caballero: “Tu gloria será recordada para siempre en este mundo, que el Señor esté contigo”.
Y diciendo esto, lanzó una llama de fuego dorado que quemó los restos del caballero volviéndolo la nada misma, ni siquiera quedaron sus cenizas. Entonces, se dio la vuelta y se fue, sin pararse a mirar atrás una última vez.
rápidamente, los nobles que sabían que algo pasaba y que permanecieron en la capital se encontraron con escuadrones de santos caballeros quienes aparecían uno tras otro por las calles de la capital. Salieron por las cuatro puertas de la ciudad, y muy extrañamente avanzaron en las cuatro direcciones.
Los nobles estaban muy confundidos, los rumores se esparcieron como polvo en el desierto. Algunos decían que la Iglesia estaba maldita, otros decían que cientos de magos rodeaban la ciudad…hay que saber, que ante cualquier cosa que sucediera en la capital, los nobles eran los más sensibles a ello, y no omitían nada que los hiciera sospechar.
Después de cierto periodo de tiempo, vieron regresar a los santos caballeros, uno por uno, todos, con muchos prisioneros, todos campesinos y los condujeron a la catedral.
Con esto, los nobles quedaron aún más confundidos. Algunos descubrieron que los que fueron capturados eran personas que abandonaron la ciudad el día de hoy. Por supuesto, aun sabiendo esto, todavía no podían responder las preguntas de ninguno de los nobles, lo que los hacía estar aún más inquietos.
¿En qué andaba metida la iglesia?
Los nobles no tenían ni idea. Pero, pronto, pasaron de la confusión a la conmoción.
Porque, según escucharon, el Papa junto con el obispo y dos brigadas de limpiadores, todos ellos, aparecieron sin razón alguna en la puerta norte de la ciudad, y parecían estar preparados para partir a algún lugar.