WAMR – Capítulo 188 – Editado
Capítulo 188: Poner fin a la vida de uno mismo
Los sacerdotes entre la niebla helada no reaccionaron a la declaración de Benjamín.
Pronto, la niebla que los rodeaba se desvaneció gradualmente, revelando un lugar como el que estaban al principio.
Todo el suelo parecía bombardeado por algo; había baches por todo el suelo y la exuberante hierba verde fue cegada. Y en esta desordenado baldío, dos sacerdotes que parecían ilesos llevaban una expresión de asombro al mirar hacia abajo al otro sacerdote caído.
En cuanto a ese sacerdote caído, ya había perdido su capacidad de movimiento. La sangre brotó de la herida de bala que golpeo su corazón; fluyó a través de su pecho y lentamente se derramó hacia el suelo embarrado.
Benjamín entrecerró los ojos.
Hasta cierto punto, el poder de los instrumentos mágicos que estos tres sacerdotes poseían le sorprendió. A pesar de haber luchado durante bastante tiempo, además con una explosión tan impactante, éstos parecían haber herido sólo a uno de ellos. Y eso fue lo que lo llevó a disparar su arma.
Un momento antes de apretar el gatillo, a través de la densa niebla de hielo, encontró que los tres sacerdotes parecían un poco nerviosos, pero sólo una persona resultó herida. El hielo triturado de la explosión fue bloqueado por sus Cruces de Protección pero las cruces del Sacerdote herido se agotaron, por eso fue golpeado por algunos últimos trozos de hielo triturado, causando heridas menores.
Además, fueron estas heridas menores en el cuerpo del Sacerdote las que hicieron que Benjamín se diera cuenta de que sus Cruces de Protección estaban agotadas.
Así que, antes de que sus oponentes pudieran reaccionar, Benjamín se apresuró a usar su método de ataque más rápido: disparar.
Perdiendo las protecciones de los instrumentos mágicos y de los encantos divinos, el cuerpo del sacerdote estaba tan frágil como un trozo de papel contra su bala. Así, la bala le dio en el corazón, y antes de que los dos sacerdotes que estaban al lado se dieran cuenta de lo que había pasado, cayó.
– Quién… ¿Quién es usted en realidad? ¿Cómo supo quiénes somos?- Uno de los sacerdotes se dio la vuelta y miró a Benjamín, gritando en una mezcla de dolor e ira.
-¿Me lo preguntas a mí? Benjamín agitó la cabeza con indiferencia y respondió a la pregunta con otra pregunta. – Sólo iba a preguntarles cómo diablos se enteraron de dónde estaba. ¿Me lo dirán ustedes?
Inmediatamente respondieron a su pregunta con acciones.
Después de una corta línea de conjuro familiar, se formaron dos granadas de Luz Santa en las manos de los dos sacerdotes. Sostuvieron en alto las Granadas de la Luz Santa, y pareciendo deidades que declaraban el juicio, las lanzaron a Benjamín.
Por otro lado, Benjamín cantó tranquilamente el encantamiento de Rompehielos; invocó una pared de hielo y la colocó frente a sí mismo como escudo.
Las dos Granadas de Luz Santa fueron bloqueadas por completo. Luego, dos masas más pequeñas de luz santa fueron desviadas hacia atrás, movidas a lo largo del camino del que venían antes, dirigiéndose hacia los dos Sacerdotes respectivamente.
Probablemente todavía con el dolor y la tristeza de la muerte de su camarada, las reacciones de los sacerdotes fueron un poco lentas. Sólo uno de ellos reaccionó a tiempo y rápidamente invocó una barrera, bloqueando la desviada Luz Santa.
En cuanto a otro sacerdote, no pudo esquivar a tiempo y una cruz se rompió, ayudándole a bloquear la luz santa desviada.
¡Bang!
Justo cuando la capa de la sagrada barrera de luz convocada de la cruz desapareció, Benjamín apretó repentinamente el gatillo, disparando una vez más. Un ruido tan claro y fuerte, como si fuera un tamborileo en el corazón de la gente sacudió a los dos sacerdotes quedando desconcertados.
Entonces, el sacerdote que no pudo reaccionar a tiempo, bajó lentamente la cabeza mientras llevaba una expresión de incredulidad.
Todo lo que vio fue su pecho, con un pequeño agujero de bala. La sangre goteaba lentamente, manchando gradualmente su ropa tiñéndola de rojo. El segundo disparo de Benjamín acertó precisamente al corazón del sacerdote, pero desafortunadamente, esta vez, no hubo más cruz de protección para salvar la vida del sacerdote.
Levantó la cabeza lentamente y miró a Benjamín, con una expresión que no podía ser descrita como odio; sólo un rostro de incredulidad y asombro. Luego, suavemente cayó al suelo, sus ojos se abrieron de par en par por el shock. Estaba congelado, y aun así parecía algo perplejo.
Ni siquiera habían pasado dos minutos; el segundo sacerdote también había fallecido.
Benjamín soplo el humo expedido del cañón de su pistola, miró hacia el último sacerdote mientras, abruptamente se encogía de hombros con cierta impotencia y dijo: – No sabía que esa era su última cruz. Sólo me arriesgué. No puedo creer que haya muerto.
Al oír eso, el único sacerdote que quedaba miró los cadáveres de sus camaradas muertos, y luego miró el arma en la mano derecha de Benjamín y una enorme bola de agua en la izquierda que se formó quién sabía cuándo, llenándose de desesperación.
Como si hubiera perdido la voluntad de luchar, revocó la barrera que invocó, desecho sus tres cruces restantes y las arrojó al suelo, y luego respiró hondo y cerró los ojos.
– Dios te castigará – , dijo con una voz tan tranquila como la de un muerto.
– Muy bien, yo también estoy deseando que llegue ese día.- Benjamín respondió, agitando la cabeza y lanzando la bola de agua que acababa de convocar.
La bola de agua dejó su mano y golpeó al Sacerdote, envolviéndolo completamente. Entonces, bajo el control de Benjamín, la bola de agua se transformó en un remolino, iniciando el modo de “lavado rápido”.
Después de lavarlo por unos diez segundos, Benjamín levantó la mano y lanzó al sacerdote fuera de la bola de agua.
-Dime, ¿cuál es tu propósito para aparecer en Icor?- preguntó Benjamín, con frialdad.
-Sigue soñando….No te diré nada aunque muera…Yo morir….Yo…..
Benjamín sacudió impotente la cabeza e interrumpió sus palabras, controlando la bola de agua para encajonar de nuevo al sacerdote. Lo lavó una vez más durante unos diez segundos o más y luego lo echó.
-¿Y ahora qué? ¿Todavía no quieres hablar?
-¡Monstruo! ¡Maldito bastardo! Nunca…
-Bien, continúa lavándote.
Este mismo hechizo fue usado continuamente alrededor de diez veces. A Benjamín le preocupaba que una larga duración del lavado matara al Sacerdote, por lo que cada lavado se mantenía dentro de los veinte segundos. Sin embargo, aunque se mantuvo así, después de diez o más lavados, el sacerdote también comenzó a echar espuma blanca por la boca. Sus dos ojos se volvieron hacia arriba, y se veía que estaba a punto de caer inconsciente.
Aunque en realidad no se lo pregunto, sino que a juzgar por la apariencia del sacerdote, Benjamín sintió que ya era hora.
Así que, apretó la bola de agua, permitiendo que esta siguiera presionando el pecho del Sacerdote y realizara un simple rescate de primeros auxilios en casos de asfixia. Medio minuto más tarde, el sacerdote tosió repentinamente unos cuantos bocados de agua, y lentamente recuperó el conocimiento.
-Dime el propósito de tu viaje, o te arrojaré de nuevo-, dijo Benjamín.
-No… Esa agua, no me tires otra vez…- El sacerdote parecía haber visto su voluntad destruida por el flujo maníaco del agua e inmediatamente abrió la boca para clamar por auxilio.
-¿Cuál era el propósito de ustedes aquí en Icor?- Benjamín lo vio y supo que no podía soportarlo más; estaba a un tirón de lenguas de soltar la sopa. Así que, repitió su pregunta de nuevo.
-Nosotros… Nos dirigíamos a la capital de Icor…. Regina…- El sacerdote yacía en el suelo, jadeando mientras hablaba.
¿Vas a Regina?
Benjamín no pudo evitar levantar las cejas.
¿Por qué tuvieron que rodear los bosques para llegar a Regina? Tendrían que pasar al menos un día más en esta ruta; ¿fue sólo porque no había mucha gente aquí, así que fue simplemente para evitar la atención de la gente?
-Continúa, ¿qué planeaban hacer allí? – preguntó Benjamín mientras procesaba la información.
Pero, después de jadear otra bocanada de aire, una extraña sonrisa apareció repentinamente en la cara del sacerdote. Abrió los ojos como los personajes de una película de terror, miró fijamente a Benjamín y emitió una fuerte risa, con un aspecto totalmente distorsionado.
Entonces, inesperadamente dejó de reír; su cabeza se inclinó hacia un lado y la sangre empezó a gotear lentamente por sus fosas nasales y su boca. Estaba muerto.
-Tú….
Benjamín se sorprendió e inmediatamente se acercó al sacerdote para examinar su estado. Desafortunadamente, ya sea un chequeo de aliento o de latidos del corazón, todos ellos sólo pudieron probar que el Sacerdote que antes estaba vivo, ahora estaba completamente muerto sin ningún signo de vida.
¿Qué ha pasado?
Benjamín podía sentir fuertes partículas de luz explosivas dentro del cuerpo del sacerdote. Y fue por el repentino comportamiento caótico de las partículas de luz que los órganos internos del Sacerdote fueron destruidos y murió de manera tan peculiar.
Después de un rato de aturdimiento, Benjamín se dio cuenta de lo que había pasado.
Al final, el sacerdote decidió autodestruirse y suicidarse.
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