AWE – Capítulo 1032 – EDITADO
Capítulo 1032: Robando a Bai Xiaochun.
—Hao’er… —murmuró con emoción. Sonreía tal y como lo haría un chico, una sonrisa que solía aparecer a menudo en el Reino Alcance Celestial, pero después de todo lo que había pasado, se había convertido en algo tan raro como una joya.
En ese estado desesperanzado en el que se encontraba, las fluctuaciones del alma de Bai Hao se convirtieron en una lámpara que ardía en la oscuridad. A pesar de lo húmeda y gélida que era esa noche, Bai Xiaochun sintió calidez.
De vuelta en las Tierras Desoladas, este dúo de Maestro y aprendiz habían dependido el uno del otro para sobrevivir mientras manejaban su pequeña tienda de refuerzo espiritual, y era una memoria que recobró súbitamente el sentido de Bai Xiaochun. Casi como un sol que se alzaba sobre el horizonte.
Se quedó viendo su mano, y repentinamente se preguntaba si estaba soñando. Por lo que revisó la cicatriz de su mano una y otra vez para estar seguro. Hasta que finalmente dejó salir un largo suspiro.
¡Bai Hao definitivamente no estaba muerto!
O quizás era más apropiado decir que su alma no se había dispersado por completo. Quizás fuera cosa del cuidador de tumbas, o quizás fuera la determinación de Bai Hao. En cualquier caso, de algún modo había sobrevivido en forma de un alma descarnada.
En aquel momento, Bai Xiaochun había extendido su mano como para intentar sujetar a Bai Hao, solo para que una pequeña chispa cayera sobre el dorso de su mano. Y esa chispa era el alma descarnada.
Era tan débil que parecía poder desvanecerse en cualquier momento. Pero allí estaba, dentro de esa cicatriz. Debido a la serie de eventos catastróficos que habían terminado con la destrucción del Reino Alcance Celestial, Bai Xiaochun no había podido sentir hasta ahora esas fluctuaciones del alma tan débiles.
Pero ahora, en este pequeño pueblo, y en su silencioso momento de desesperación, mientras miraba el sol ponerse y alzarse… sintió repentinamente la marca en el dorso de su mano.
—Aún estás conmigo… —murmuró. En su sonrisa se podía ver un poco de dolor y amargura, y levantó su botella de alcohol para darle otro trago. Ya estaba casi vacía.
—Este Licor de Inmortal Ebrio es muy bueno Hao’er. —Se frotó su adolorida sien, y empezó a dirigirse nuevamente a la taberna. A medida que caminaba, hablaba consigo mismo y bebía, las demás personas por ese sendero lo miraban con expresiones extrañas y se apartaban rápidamente de su camino.
—¡El Académico Bai está loco!
—¿¡Está hablando consigo mismo!? ¿Quién es este tipo Bai Hao? ¿Su asistente o algo así?
—No se puede evitar sentirse mal por él…
Bai Xiaochun ignoró a la gente del pueblo que apuntaba hacia él y susurraba. Se había sentido totalmente solo en el mundo, pero ahora tenía a Bai Hao a su lado.
Pasó todo el día bebiendo y hablando con su aprendiz, hasta que eventualmente volvió a rastras al templo y se tumbó contra el muro. Allí se le quedó viendo al cielo con una mirada vacía.
Las fluctuaciones del alma de Bai Hao eran como una lámpara en la oscuridad, una que proyectaba su luz en el mundo. Hasta ahora, Bai Xiaochun no había querido considerar el futuro, pero ahora empezó a pensar en eso.
—Hao’er, ¿qué crees que debería hacer tu Maestro…?
—Quizás deba buscar a las personas del Reino Alcance Celestial. Pero… ya he revisado. Empecé a buscar desde que desperté…. Y solo pude encontrar cadáveres.
—Hao’er, ¿recuerdas a Beihan Lie? Ah cierto, nunca lo conociste. Bueno, encontré su cadáver… —Bai Xiaochun sacudió su cabeza y sonrió amargamente. Luego tomó otro buen sorbo.
—No quiero seguir buscando… ¿Qué otra cosa se supone que haga en este mundo extraño y desconocido…? Ojalá pudieras despertar. ¡Seguramente tendrías algunas buenas ideas! Siempre las tienes. —Bai Xiaochun suspiró y se quedó viendo al sol del atardecer, y al resplandor ámbar que se proyectaba sobre el cielo.
Ya era casi de noche para cuando decidió que necesitaba más alcohol. Y como era usual, se puso lentamente de pie y se dirigió a la taberna, en dónde consiguió otra botella. Para cuando regresó en medio de la oscuridad, ya estaba ebrio de nuevo.
—Ah… la vida de borracho. Así es como es ser feliz… —Levantó la cabeza y se rio fuertemente, entonces empezó a llorar repentinamente. Para cuando regresó casi a rastras al templo, ya no tenía energía y colapsó de cabeza al suelo. Su botella de alcohol rodó a un lado derramando bastante.
Había varias lámparas encendidas en el pequeño pueblo, pero ninguna era lo bastante fuerte para iluminar las ruinas del templo. Un viento punzante surgió, y fuera por el sonido que hacían las hojas al ser sopladas por el aire, o el susurrar de los bosques de bambú que rodeaban la aldea… todo sonaba muy desolado.
La noche se hacía cada vez más oscura y el viento más intenso. Eventualmente, una ráfaga de viento particularmente fuerte movió la botella de alcohol. Esta rodó a un lado hasta caer por una colina cercana, en la que un pie repentinamente la pisó y la aplastó entre el barro.
—¡Ese borracho se va a intoxicar hasta morir tarde o temprano!
—Saben, debe ser bastante rico. ¡Piénsenlo! Lleva meses bebiendo, pero aún tiene dinero para gastar.
—En realidad estamos haciendo algo bueno aquí. Su dinero servirá más en nuestros bolsillos que siendo desperdiciado por él, bebiendo hasta morir. ¡Mandémoslo a reunirse rápido con su familia muerta! —Tres bandidos locales salieron del bosque de bambú cercano, y bromeaban codiciosamente entre ellos mientras se acercaban al templo.
Eran miembros de una pandilla local, mortales que hacía tiempo que le habían puesto el ojo a Bai Xiaochun. Al principio no habían pensado gran cosa al respecto, pero cuando se dieron cuenta de que seguía comprando Licor de Inmortal Ebrio constantemente y que nunca parecía quedarse sin dinero, se empezaron a interesar.
Para bandidos como estos, un borracho con bolsillos profundos como este era una oveja bien gorda lista para el matadero. Solo uno de los bandidos se acercó realmente a Bai Xiaochun. Los otros dos se dispersaron para vigilar los alrededores. En lo que a ellos concernía, cualquiera de ellos bastaba para acabar tranquilamente con un académico borracho.
Uno de los bandidos que vigilaba, dijo riendo, —¡Mátalo rápido Sun Wu! ¡Entonces podemos llevarnos la recompensa al Pabellón de Encaje Rosado para pasar un buen rato!
Al que llamaban Sun Wu no dudó ni un segundo. Se acercó a dónde Bai Xiaochun yacía tendido fuera del templo y se agachó a un lado de él.
—Académico Bai, mientras más pronto mueras, más rápido podrás reencarnar. ¡Solo te estoy ayudando! —Dicho esto, sacó una daga de entre sus ropas y la colocó justo sobre el corazón de Bai Xiaochun.
Debido a la vida de crímenes que habían llevado, estos tres bandidos habían hecho cosas que la mayoría de las personas ordinarias no habían vivido. Ya habían tomado vidas, y aunque no podían ser considerados particularmente fuertes o peligrosos, sí que eran completamente feroces y despiadados.
En ningún momento habían considerado perdonar la vida de Bai Xiaochun. No era más que un foráneo, así que a nadie le importaría mucho si moría. Por otro lado, si lo robaban y dejaban vivo, y luego este reportaba el robo a las autoridades, podría causarles un dolor de cabeza.
La luz de la luna hizo que la daga se iluminara de manera siniestra. Sun Wu sonrió fríamente, pero luego se dio cuenta de que, ya que el académico quizás se despertaría por el dolor, mejor sería extender su mano y cubrirle la boca.
Ya había matado a personas de este modo antes. Pero… esta vez ocurrió algo diferente. Cuando intentó apuñalar el pecho de Bai Xiaochun con su cuchillo, sintió cómo si hubiera chocado con una pieza de metal. Presionó con fuerza, pero solo terminó dejando salir un pequeño grito de dolor y sorpresa y la daga se rompió.
Para el total asombro de Sun Wu, su dedo índice había terminado cortado por la daga rota y empezó a sangrar.
Estaba demasiado oscuro para que los demás bandidos pudieran ver lo que ocurría, así que uno de ellos dijo en voz alta, —Rápido Sun Wu. ¿¡Qué estás haciendo!?
Sun Wu respiró hondo. Observó su daga rota y luego a Bai Xiaochun quien seguía durmiendo y apestaba a alcohol. Primero pensó que había sido un problema con su daga, así que les pidió un sable a sus compañeros y luego lo usó para acuchillar el cuello de Bai Xiaochun.
Se pudo escuchar un sonido de golpe, Sun Wu solo pudo gritar y tambalearse hacia atrás, sus brazos vibraban tan fuertemente que pensaba que sus huesos se romperían. Incluso perdió el equilibrio y cayó al suelo, los restos rotos de su sable cayeron a su alrededor.
Mientras tanto… Bai Xiaochun seguía roncando como siempre, y no había reaccionado en lo más mínimo Para él, tanto la daga como el sable no se sentían cómo más que un mosquito.
Sun Wu y sus compañeros empezaron a sudar intensamente de inmediato, y sus ojos se abrieron de par en par como si acabaran de ver a un fantasma.
—Él… él…
—¿¡Cómo puede ser!?
Capítulo extra, Patrocinado por: ¡El Anciano Supremo Daniel Yulan! ¡Muchísimas Gracias!
tunovelaligeras.com