AWE – Capítulo 1033 – EDITADO
Capítulo 1033: Un Viejo Amigo. El Primero.
El viento frío de esta noche no era distinto de lo usual. Pero cuando sopló por sobre esos tres bandidos temblantes, quedaron empapados de sudor.
—¡Un inmortal! —dijo Sun Wu súbitamente—. ¡¡Definitivamente es un inmortal!! —Tan solo pensar en que acababa de atacar a un inmortal hizo que a Sun Wu le dieran ganas de llorar. De hecho, estaba seguro de que su vida estaba por acabar.
—¡Y qué importa si es un inmortal! —dijo uno de los bandidos—. Vi a un inmortal hace algunos años, ¡y lo masacraron como a un puerco! —Quizás este tipo estaba confundido con respecto a lo que había visto antes, o quizás simplemente estaba tan aterrado que no pensaba bien las cosas. De cualquier modo, sacó rápidamente un hacha y apuntó a la cabeza de Bai Xiaochun.
—Si es un inmortal, entonces estamos muertos de todos modos, ¡así que será mejor apostarlo todo! —El bandido rugió y blandió su hacha con todas sus fuerzas. Para cuando le impactó, se escuchó un sonido de crujido y el mango del hacha se hizo pedazos. Por otro lado, para el filo del hacha, fue como si hubiera chocado contra una piedra, se convirtió en una luz borrosa que salió disparada de regreso y se plantó en la cara del bandido.
Antes de que pudiera siquiera salir sangre por la herida, el bandido se tambaleó hacia atrás, y luego cayó muerto de espaldas.
Sun Wu y el otro bandido quedaron aterrados. Y se fueron corriendo mientras gritaban.
Estaban totalmente espantados y no se atrevieron a pasar otra noche más en el pueblo. Simplemente se robaron unos caballos y se fueron a la oscuridad de la noche.
De vuelta en el templo, el frío viento soplaba el cadáver que tenía el hacha incrustada en su cara. Eventualmente se formó un lago de sangre alrededor de ese cuerpo inmóvil.
Así pasó un poco de tiempo, hasta que Bai Xiaochun logró abrir sus ojos. Volteó hacia el bosque de bambú y hacia el cadáver que estaba tendido a su lado, y entonces se puso de pie con esfuerzo. Estaba un poco irritado por despertar con resaca, y se fue tambaleante hacia la taberna para comprar más alcohol. Después de volver, se tumbó contra el muro, como si ni supiera de sus ropas y cabello sucios, y empezó a beber de nuevo.
Poco después, el alcohol le permitió volver a sus fantasías y olvidarse de las memorias amargas y dolorosas.
A medida que bebía, el cielo se oscureció más. Pero más tarde aparecieron los rastros del amanecer sobre el horizonte, y esa oscuridad nocturna empezó a retroceder. Fue entonces que la expresión de Bai Xiaochun cambió con incredulidad. Se esforzó por centrar sus ojos y se quedó viendo al bosque de bambú que no estaba muy lejos de él… repentinamente empezó a temblar.
De hecho, su mano empezó a temblar tanto que soltó la botella de alcohol.
Allí, desde el bambú, venía caminando un hombre alto de túnicas negras. Casi parecía ser uno con la noche, envuelto en una energía siniestra y fantasmagórica que transformó al templo y sus alrededores en un infierno del inframundo.
El hombre se acercó a Bai Xiaochun caminando, lo miró un poco y luego dejó salir un suspiro de dolor. Hasta que habló con una voz que sonaba profundamente antigua.
—¿Te queda un poco en esa botella? ¿Me das un poco?
—Hermano… ¿Fantasma Gigante…? —Bai Xiaochun apenas podía quedarse viendo a este hombre de negro con una mirada vacía.
En efecto, ¡este era nada más y nada menos que el Rey Fantasma Gigante!
¡Este era el primer amigo vivo que Bai Xiaochun se había encontrado desde su llegada a las Tierras Eternas!
Se veía mucho, mucho más viejo de lo que se había visto en el Reino Alcance Celestial. Había cicatrices en su rostro; claramente había pasado por muchas tribulaciones en el medio año que había pasado desde su teletransportación a las Tierras Eternas.
Se veía agotado, y así se sentó junto a Bai Xiaochun. Después de inclinarse contra el muro del templo, extendió su mano, sujetó la botella de alcohol y le dio un buen trago.
Bai Xiaochun se puso de pie repentinamente y envió un poco de su sentido divino al área.
—No te molestes, —dijo el Rey Fantasma Gigante sin siquiera molestarse en voltear—. No tengo idea de dónde está Zimo, ni más nadie. Yo soy… la única persona por aquí. —Dicho esto, siguió bebiendo.
Bai Xiaochun repentinamente sintió cómo si perdiera la fuerza para seguir de pie. Se tumbó al suelo, le quitó la botella de alcohol al Rey Fantasma Gigante y le dio un buen trago. Pero ya estaba vacía. La sacudió un poco para tratar de sacarle las últimas gotas y luego la arrojó a un lado.
El Rey Fantasma Gigante no decía nada.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó Bai Xiaochun con una voz áspera.
El Rey Fantasma Gigante sacó otra botella de alcohol de su bolso de almacenamiento, le dio un buen sorbo y luego se la arrojó a Bai Xiaochun. —¡Buscando por seis meses!
En el momento en el que el mundo colapsaba, Bai Xiaochun había estado seriamente herido debido a su batalla con el Daoísta Alcance Celestial, por lo que perdió la consciencia después de teletransportarse. Pero el Rey Fantasma Gigante no había perdido la consciencia. Había estado allí y pudo ver que al igual que él, Bai Xiaochun había sido llevado al tercer dominio inmortal de la Dinastía del Emperador-Vil.
Había empezado a buscar casi de inmediato. Y al igual que Bai Xiaochun, había encontrado tantos cadáveres que eventualmente se sumergió en la amargura y la desesperanza. Sin embargo, se mantuvo firme en su creencia… de que Bai Xiaochun estaba vivo.
Esa fe lo impulsó por muchos meses… hasta llegar a este día, en el que por fin encontró a Bai Xiaochun, devastado afuera del templo.
La verdad era que el Rey Fantasma Gigante estaba en un estado tan malo como el de Bai Xiaochun. Después de la guerra en las Tierras Desoladas, el mundo había sido destruido y su hija había desaparecido. Alguna vez había sido un poderoso rey celestial de la Dinastía del Archi-Emperador, pero ahora todo había cambiado.
La esposa que había tomado en la Ciudad del Fantasma Gigante también había desaparecido. Por lo que el corazón del poderoso Rey Fantasma Gigante eventualmente se oscureció.
Las personas sobre las que había regido alguna vez, así como su antigua gloria… habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Ahora eran una cosa del pasado. Y aquí estaba él; solo en las Tierras Eternas… empezando de la nada.
Tomando en cuenta lo viejo que era ya, la idea de volver al principio lo hizo suspirar amargamente. Cuando sentía que las cosas habían tocado fondo para él, fue que se dio cuenta de que el alcohol de las Tierras Eternas era maravilloso.
El alcohol podía embriagar a los mortales… ¡y también a los inmortales!
Bai Xiaochun tomó otro buen trago y se quedó viendo a la distancia por un momento. Hasta que eventualmente dijo, —¿Viste…?
Estaba seguro de que el Rey Fantasma Gigante entendía a qué se refería, y no terminó su frase.
Así pasó un momento, y entonces el Rey Fantasma Gigante respondió. —¿Qué si vi a alguien más vivo? Eres el único que he encontrado hasta ahora. Pero… estoy seguro de que, aunque muchas personas murieron durante la teletransportación, hay otros que sobrevivieron. ¡Vi a muchos de ellos volando a través del cielo estrellado!
Bai Xiaochun se quedó en silencio observando el cielo nocturno…
Mientras hacía esto… otras personas en otros dominios inmortales de las Tierras Eternas hacían lo mismo. Se encontraban en distintos dominios, distintos continentes, distintos condados. Algunos en ciudades, otros en terrenos salvajes. Pero todos tenían la sangre de Alcance Celestial en sus venas, y todos miraban a un cielo nocturno extraño.
Eran como esa vasta multitud de estrellas, cada una titilaba con sus propios deseos y esperanzas, indispuestos a resignarse al destino.
Li Qinghou. El Patriarca Corriente Espiritual. El Maestro Deidad Adivina. Xu Baocai.
Zhou Zimo. Song Junwan…
Brutus también estaba allí. Debido a la locura en la que había descendido Bai Xiaochun, había olvidado a Brutus durante los últimos momentos frenéticos del combate. Después de ser teletransportado a las Tierras Eternas, Brutus se encontró a sí mismo rodeado de extraños y estaba asustado. No podía sentir el aura de Bai Xiaochun, pero pudo sentir unas fluctuaciones familiares. Y después de buscar por un tiempo, se encontró con Song Junwan…
Fue entonces que se dio cuenta de que esas fluctuaciones familiares no venían de Song Junwan… sino de algo dentro de su vientre…
La sangre se le hacía familiar, pero no el aura. Brutus no lo entendía. Pero cuando vio la sonrisa de Song Junwan, supo que tenía que protegerla, ¡y proteger el aura en su interior!
Brutus sabía que tarde o temprano volvería a encontrar ese rostro familiar, el cual anhelaba ver en esta tierra tan extraña…
Capítulo regular, Sabado 08-12-2018
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