AWE – Capítulo 568 – EDITADO
Capítulo 568: ¡Vamos! ¡Veamos quien le teme a quien!
Después de revisar el interior del bolso de almacenamiento de Zhou Yixing por un buen rato, encontró pocas cosas de interés.
Bai Xiaochun lo observó irritado y dijo, —Si eres un miembro del linaje directo del Clan Zhou, ¿entonces qué pasa con tu bolso de almacenamiento? ¡Está prácticamente vacío!
—¡Llegaste demasiado tarde! —respondió Zhou Yixing furioso. — ¡Antes de encontrarme contigo, me encontré con otra maldita bestia que se llevó todas mis cosas! —El que alguien lo robara y luego lo menospreciara y lo viera con tanto desdén era algo que lo estaba llevando al borde de la locura. Ni en sus sueños más locos se hubiera podido imaginar que terminaría en este estado tan lamentable. Alguna vez, su bolso de almacenamiento había contenido una llama de nueve colores, una flecha de almas de fuego, muchas almas esclavas y una gran colección de medicina de almas.
Pero todo eso había sido robado o usado en el laberinto…
Cuando Bai Xiaochun vio lo enojado que se estaba poniendo Zhou Yixing, estrechó sus ojos. Se había percatado del uso del término «maldita bestia» por parte de Zhou Yixing, y estaba bastante seguro de a quien se refería. Entonces se aclaró la garganta, ignoró a Zhou Yixing y empezó a examinar las pocas tablillas de hueso que había encontrado dentro de su bolso de almacenamiento.
Había bastante información, aunque Bai Xiaochun ya conocía la mayoría. Después de buscar un rato, siguió sin poder encontrar las fórmulas para las llamas multicolores, lo cual era lo que más le interesaba por el momento.
Pero su hallazgo en la última tablilla de hueso lo alegró un poco. Contenía un mapa mucho más grande que él que tenía actualmente, y mostraba casi la totalidad de las Tierras Desoladas. Aunque no era muy detallado, al menos le aclaraba mejor su situación actual.
Una cosa de la que se percató, era que había cinco enormes ciudades marcadas en el mapa. Cuatro de las ciudades estaban ubicadas en cada una de las direcciones cardinales, el este, el oeste, el sur y el norte. ¡Estas cuatro ciudades eran la Ciudad de las Nueve Serenidades, la Ciudad del Fantasma Gigante, la Ciudad del Campeón de Guerra y el Ciudad de Adviento Espiritual!
A su vez, estas cuatro ciudades controlaban vastas extensiones de tierra dentro de las Tierras Desoladas. Además de eso, en un lugar lejano ubicado entre la Ciudad del Campeón de Guerra y la Ciudad de Adviento Espiritual, se encontraba una quinta ciudad, ¡estaba marcada como la ciudad imperial!
Se quedó absorto en sus ideas y apartó la tablilla de hueso. Después de un momento, le regresó la mirada a Zhou Yixing.
Al ver la mirada en esos ojos, Zhou Yixing sabía que su vida o muerte sería decidida en los próximos instantes. Observó furiosamente a Bai Xiaochun y rugió, — ¡Si me vas matar solo hazlo!
Bai Xiaochun se rio, se agachó frente a Zhou Yixing y dijo, —Cálmate, solo quiero hacerte algunas preguntas. Si las respondes bien, podría quedar lo bastante satisfecho para perdonarte la vida.
Por temor a que sus clones estuvieran asustando demasiado a Zhou Yixing, ondeó su mano e hizo que se desvanecieran en pequeñas motas de luz blanca que se volvieron a fusionar con su cuerpo.
—Si crees que te diré algo, ¡mejor dejas de soñar de una vez! —gritó Zhou Yixing, hasta salpicó un poco de saliva, y prosiguió. —Si tienes lo que hace falta, ¡solo mátame! ¡Los nigromantes de mi clan definitivamente vengarán mi muerte! —Zhou Yixing sabía que este nigromante probablemente quería usar su alma para propósitos de su nigromancia. Así que no se creía nada que su vida fuera a ser perdonada.
El corazón de Zhou Yixing estaba abrumado por la amargura, pero estaba listo para morir, por lo que decidió olvidarse de sus miedos y mantenerse firme.
La reacción tan furiosa de Zhou Yixing dejó bastante sorprendido a Bai Xiaochun, pero cuando esa saliva casi salpica en su cara, empezó a enfurecerse.
—De verdad te crees que eres muy duro, ¿¡no, Zhou Yixing!? Ni siquiera te he preguntado nada todavía idiota, ¿¡y ya te rehúsas a responder!? —Bai Xiaochun casi no podía creer la imprudencia con la que actuaba Zhou Yixing. Aquí estaba como prisionero de guerra, ¡pero se atrevía a actuar como si fuera un matón!
Zhou Yixing sonrió fríamente. Estaba convencido de que estaba por morir, y ni siquiera intentó ocultar el desdén en sus ojos cuando dijo, — ¡Hmph! No me importa que preguntas tengas. Puedes olvidarte de sacarme la más mínima información. Y por cierto, te puedo avisar que el Clan Zhou ha convertido la interrogación y la tortura en un arte. ¡Los miembros como yo hemos entrenado en eso desde la niñez! Si crees tener lo que hace falta, entonces adelante, intenta abrirme la boca. ¡No puedo esperar a verte intentarlo!
Ese desdén tocó la fibra sensible de Bai Xiaochun, sus ojos se abrieron ampliamente y le dio una palmada a su bolso de almacenamiento. Repentinamente, apareció una Píldora Afrodisíaca en su mano, y antes de que Zhou Yixing siquiera alcanzara a ver lo que era, se la metió a la boca. Entonces le dio un golpecito en el pecho, con lo cual la píldora se deslizó por la garganta de Zhou Yixing.
—Te mostraré lo que es el verdadero terror, —dijo Bai Xiaochun enfurecido, — ¡entonces veremos si hablas o no!
Zhou Yixing se alarmó mucho al sentir las corrientes de energía cálida que fluían por su cuerpo. Aunque intentaba mantener una fachada calmada, estaba empezando a ponerse nervioso. Pero aun así logró mantener su furiosa mirada hacia Bai Xiaochun.
Aunque no pasó mucho tiempo antes de que apareciera una expresión un poco tensa en el rostro de Zhou Yixing, podía sentir como su cuerpo se calentaba más y más. Simultáneamente, una urgencia explosiva e impulsiva estaba empezando a abrumarlo, hasta hacía que sus ojos se tornaran rojos. También empezó a jadear. Esta sensación tortuosa hizo que empezara a temblar, sin embargo, parecía poseer una tenacidad increíble que le permitía soportar la sensación. Hasta logró seguir viendo con odio a Bai Xiaochun.
Después de que pasara el tiempo que tarda en quemarse un palillo de incienso, Zhou Yixing ya parecía estar a punto de prenderse en fuego, pero no había dicho ni una palabra. De hecho, Bai Xiaochun estaba un poco conmovido.
—¿Por qué tienes que ser así? Solo quiero hacerte algunas preguntas. —Bai Xiaochun suspiró, y estaba a punto de intentar convencer un poco a Zhou Yixing, cuando este repentinamente empezó a desvariar como loco.
—¡Déjate de mierdas! ¿Esto es todo lo que puedes hacer? ¿Qué más tienes? ¡Vamos! —Aunque su voz era un poco temblorosa, parecía rebosar confianza, y hasta llegó a escupirle a Bai Xiaochun.
Bai Xiaochun lo evadió y su furia se encendió. Ambos se observaron a los ojos furiosamente por un buen rato, hasta que Bai Xiaochun finalmente le dijo apuntándole con el dedo, —Muy bien, ¡tú me estás forzando Sr. Zhou!
Cuando dijo estas palabras, su clon de madera dio un paso adelante y bajó volando de la montaña hacia la jungla cercana. Volvió en poco tiempo, después de lo cual sacudió su manga, y sacó una criatura parecida a un cerdo de tres metros de largo y se la acercó a Zhou Yixing. La piel de la criatura estaba cubierta por un pelaje largo y grueso, y claramente era un macho.
La criatura porcina observó sus alrededores con cautela, y hasta dejó salir algunos chillidos, pero bajo la presión que emanaba Bai Xiaochun, no podía ni moverse.
Zhou Yixing se quedó viendo impactado a la criatura, aún inseguro de lo que Bai Xiaochun estaba planeando. Luego, Bai Xiaochun ondeó su mano, removió las ataduras de Zhou Yixing, pero dejó sellada su base de cultivo.
La expresión de Zhou Yixing cambió por el retorno tan súbito de su movilidad, pero luego sus ojos se posaron sobre la criatura porcina, y casi no podía contener su urgencia de abalanzarse sobre ella.
Mientras permanecía allí de pie con los ojos color carmesí, su cuerpo temblaba intensamente y grandes gotas de sudor brotaban de su cuerpo. Parecía estar ardiendo por dentro, a un punto que sobrepasaba todo lo de antes.
—Habla, —dijo Bai Xiaochun suspirando—. No hay razón para actuar así. No te preocupes, solo tienes que decirme lo que quiero saber, y no te mataré.
—Moriré antes de hablar. ¡¡Será mejor que te olvides de intentar sacarme nada!! —Zhou Yixing sentía que podría explotar en cualquier momento. Su expresión se retorcía y sobresalían venas azules por todo su cuerpo. El intenso calor dentro de él era algo que jamás había sentido antes.
—¡Subestimas mucho la fuerza de voluntad de Lord Zhou! ¡Es tan fuerte que hasta los patriarcas de mi clan me han elogiado por ello! —Zhou Yixing estaba empapado de sudor, y claramente estaba al borde de prenderse en fuego. Pero aun así logró retroceder un poco, y finalmente levantó su cabeza y se rio fuertemente, con más desdén que nunca en sus ojos.
La expresión de Bai Xiaochun cambió a una de sorpresa, y hasta sentía un poco de admiración por Zhou Yixing. Por lo que podía ver, sí que tenía una fuerza de voluntad y resistencia aterradoras, algo que estaba más allá del alcance de las personas ordinarias.
—Comprendo Compañero Daoísta Zhou. Tu fuerza de voluntad sobrepasa al común. Es bastante sorprendente. Yo solo quería hacerte algunas preguntas, pero realmente no tengo más opción que llevar las cosas a este punto. Por favor, espero que no me guardes rencores por lo que pueda ocurrir a partir de ahora… —Suspiró profundamente, observó a la criatura porcina y luego a Zhou Yixing de nuevo.
—Solo espero que esta criatura porcina tenga tanta fuerza de voluntad como tú… —Sacudió su cabeza, sacó otra Píldora Afrodisíaca y la convirtió en polvo, listo para dársela a la criatura.
Cuando Zhou Yixing vio esto, dejó de reírse súbitamente y sus ojos se abrieron como platillos, parecía que estallarían. Hasta empezó a jadear y gruñir, su rostro se puso totalmente pálido. Sus piernas temblaban, como si estuvieran por colapsar en cualquier momento. Aunque no estaba seguro de qué tipo de medicina le habían dado que lo llevara a esta locura, tan solo pensar en que podría ocurrirle lo mismo a la criatura porcina hizo que se le pusiera la piel de gallina. Ni se atrevía a pensar en lo que podría pasar después.
No se atrevía a apostar en que la criatura porcina tuviera el mismo nivel de fuerza de voluntad que él, y en poco tiempo, la idea de lo que estaba por ocurrir llenó su mente con una amargura indescriptible. Pero una mueca se posó en sus labios…
—¡Vamos! ¡Veamos quien le teme a quien!