Arifureta Zero Volumen 1 Capitulo 3 – Parte 2

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PARTE 2

No había demasiadas personas como Oscar y Miledi, que pudieran usar magia antigua y poseyeran cantidades incrédulas de maná. Era lógico pensar que los pocos que existían se destacarían, lo que significaría que los rumores de ellos se extenderían. Sin embargo, Oscar no había escuchado tales rumores. Supuso que eran como él, ocultando sus talentos del resto del mundo. Por eso Miledi y sus camaradas habían saltado incluso en los rumores más extravagantes. Eran lo único que ellos tenían.

La mayoría habían resultado pistas falsas, pero de vez en cuando sacaban la lotería. Oscar fue la primera persona que Miledi encontró capaz de usar la magia de la era de los dioses, pero incluso así, ellos recogieron una cantidad de personas increíblemente talentosas.

Como su método actual de perseguir rumores extravagantes había dado algunos frutos, continuaron confiando en ello. Y el Hada del Desierto era uno de esos rumores.

Según la leyenda, había un hada errante que patrullaba el Desierto Carmesí y guiaba a los viajeros perdidos a casa. Le sonaba bastante falso a Oscar. Él inclinó su cabeza.

“¿Por qué un hada, de todas las cosas?”.

“Porque son lindas y delicadas chicas, ¿tal vez?”. Miledi inclinó su cabeza también. Ella tampoco estaba segura.

Todavía no tenían suficiente información, por lo que planeaban ir a la ciudad más grande de la zona y reunir más.

“Sería bueno… si pudiera usar magia antigua también”.

“Magia curativa específicamente, ¿verdad?”. Respondió Miledi gentilmente.

Miledi quería encontrar a alguien que pudiera ayudarla en su lucha contra los dioses. Sin embargo, aunque Oscar por supuesto quería ayudarla a lograr su objetivo, también quería encontrar a alguien que pudiera curar a su hermano y hermana. Para él, eso aún tenía prioridad.

Oscar subió sus gafas, avergonzado de ser visto tan fácilmente.

La aldea escondida, donde se había enviado a la familia de Oscar, y donde vivían todos los miembros no combatientes del grupo de Miledi, estaba en lo profundo del Cañón Reisen. Cuando ella trabajaba como verdugo, Miledi había encontrado una cueva en lo profundo del cañón. Había

algunos otros lugares en los que Miledi había considerado poner su base, pero esta era la más fácil de defender y la menos probable de descubrir.

Oscar había confiado a los huérfanos y algunos miembros de los Libertadores con algunos de sus Artefactos, por lo que la aldea estaba al menos mejor defendida ahora.

Una vez que encontraran una manera de curar a Dylan y Katy, Oscar planeaba regresar para verlos. Cada vez que eso ocurría, él se aseguraba de reforzar las defensas del pueblo con las trampas físicas más atroces que se le ocurrían.

Cualquiera que se atreviera a lastimar a su familia merecía solo la muerte más dolorosa.

“Hey, ¿O-kun? Tu sonrisa empieza a asustarme. Te ves un poco malvado”.

“Oh, whoops”.

Miledi había terminado de comer y ahora miraba a Oscar, temblando de miedo.

Oscar se apresuró a terminar su propia comida.

“Bueno, ese es un descanso lo suficientemente largo. Si cae la noche antes de entrar a la ciudad, será más difícil encontrar una posada”.

“Al menos esta vez el viaje será agradable y fresco”.

Miledi y Oscar caminaron hacia el áspero desierto, su cubo de hielo flotante y su paraguas proporcionaron un perfecto aire acondicionado.

La arena se extendía hasta donde alcanzaba la vista. El viento formaba las dunas, haciéndolas ondular como olas. Realmente se sentía como si estuvieran atravesando un mar de arena.

“¿Hm? Miledi, tenemos algo viniendo de la derecha. Cinco de ellos”.

“No veo nada. Deben estar bajo tierra”. Miledi escaneó el área a su derecha.

Oscar comenzó a contar hacia abajo. Cuando llegó a 1, 5 escorpiones carmesí salieron disparados del suelo.

Miledi golpeó casi al mismo tiempo.

“¡Heavensfall!”.

Los escorpiones fueron arrojados de nuevo a la arena. La magia de gravedad los inmovilizó en su lugar. Los escorpiones chillaron de dolor. Sin embargo, estaban en el desierto. Debajo de los escorpiones solo había

arena. En lugar de ser aplastados contra el suelo, los escorpiones se hundieron más profundamente en su interior.

“Hmm, los desiertos y yo realmente no nos llevamos bien”. Miledi arrojó una combinación de magia de tierra y de viento para invocar una cuchilla de arena, la cual cortaba los escorpiones. Los cinco chillaron de nuevo mientras morían.

“Has estado usando magia de gravedad muchísimo últimamente. ¿Alguna razón para eso?”.

“Práctica. Es bastante difícil de usar, y requiere mucho maná. Quiero ser mejor para controlarla, y con suerte reducir la cantidad de maná que drena, así que tengo que seguir practicando”. Ella infló su pecho con orgullo.

Aunque parecía habilidosa a primera vista, Miledi todavía no podía fusionar otra magia elemental con su magia de gravedad. Además, había hechizos que incluso ella no podía controlar.

Su Nether Burst era uno de esos hechizos. Una vez activado, drenaría todo su maná a menos que algún factor externo forzara el hechizo a cortarse parcialmente.

Ella no estaba feliz de que su hechizo más poderoso fuera uno que no pudiera controlar por completo. Peor aún, si no tenía cuidado, era probable que fuera a matarse a sí misma con ello.

“Ya veo. Ciertamente parece difícil de usar. Así que ni siquiera puedes usarla perfectamente…”.

“Hey, O-kun. He sido la única que lucha desde hace un tiempo… ¿Realmente planeas hacer que una chica haga todo el trabajo?”. Miledi miró a Oscar.

Como la mayoría de los lugares, el Desierto Carmesí estaba plagado de monstruos. De hecho, era una de las regiones más peligrosas del continente.

Los escorpiones que Miledi acababa de derrotar eran conocidos como los asesinos del desierto. Los viajeros los temían por su veneno mortal y su capacidad de moverse por el suelo sin ser detectados.

Desde que abandonaron el oasis, ellos habían sido atacados con bastante frecuencia. Sin embargo, Oscar siempre fue capaz de detectarlos con antelación y Miledi los aplastaba en segundos, por lo que no tenía sentido de urgencia.

Aun así, tan fuerte como ella era, Miledi todavía era una chica. Estaba cansada de ser la única luchando, deseando que su compañero colaborara.

Oscar simplemente la miró inexpresivamente en respuesta. Era casi como si él no entendía el motivo de sus quejas.

“Está bien, ahora estoy enojada. ¡Estoy enojada, O-kun! ¡Soy una chica también, ¿sabes?! ¡Sé que esto es un juego de niños, pero aún podrías decir

algo como ‘Oh, déjamelo a mí’ o ‘Me sentiría mal haciéndote hacer todo el trabajo duro’ o algo así!”.

“Acabas de decir que esto es un juego de niños. Estás mejor preparada para luchar que yo. Además, solo pensar en ti actuando como una chica normal de ciudad es… Jaja”.

“Hey, ¿por qué te ríes? O-kun, será mejor que te expliques”. Miledi miró a Oscar, una mirada oscura en sus ojos. Pero en ese momento, el Silver Slate de Oscar reaccionó de nuevo. Había un monstruo gigante que se dirigía hacia ellos. Era rápido también.

“Miledi, detrás de nosotros. Es rápido. Voy a contar hacia atrás para ti”.

“……”.

“10, 9, 8, 7 6, 5, 4, 3, 2, 1, ¡vamos!”.

Una gigante lombriz de tierra, conocida por las personas aquí como un Sandworm, surgió de debajo del suelo, directamente debajo de sus pies.

Oscar y Miledi saltaron hacia atrás en diferentes direcciones, apenas evitando las fauces circulares de la criatura. Sus afilados dientes molieron la arena que había estado masticando. Casi parecía que rechinaba los dientes por la frustración al no poder atrapar a su presa.

“¿Hm? ¿Huh?”. Oscar miró confundido.

Normalmente, Miledi habría aplastado al gusano hasta el suelo con su magia de gravedad.

¿Está cargando un hechizo realmente poderoso o algo así? Oscar sacudió su mano izquierda. Cadenas delgadas salieron volando de su manga.

Sus Metamorph Chains. Antes había tenido que arrojarlas físicamente, o arrastrarlas por el suelo hasta su objetivo utilizando la piedra espiritual contenida en ellas. Ahora, sin embargo, las había mejorado con la magia de gravedad de Miledi y flotaban libremente en el aire.

Él podía controlar las cinco a la vez, ya que eran más fáciles de manejar. Además, la bolsa en su cintura tenía una gran capacidad de carga, por lo que alargó cada una a cien metros.

Sus cadenas se abrieron paso alrededor del Sandworm. Eran lo suficientemente poderosas como para atarlo en su lugar.

Él envió una segunda cadena excavando a través del suelo, luego transmutó remotamente el suelo debajo del Sandworn en piedra.

“¡Miledi, ¿cuánto más va a durar esto?!”. Oscar le grito a su compañera. Sin embargo, no hubo respuesta. ¡¿No me digas que se lesionó?! Pero cuando miró por encima, vio que ella había esquivado muy bien. Sus acciones lo desconcertaron.

“¿Miledi? ¿Qué estás haciendo?”. Ella yacía en medio del aire, con las manos detrás de su cabeza. Lo suficientemente alto como para que el Sandworm no pudiera alcanzarla.

Miledi le sonrió.

“Pensé que debería darte la oportunidad de entrenar tus habilidades. Ese monstruo es un regalo de mi parte para ti. ¿Oh, qué es eso? ¡No hace falta que me agradezcas! Somos compañeros después de todo”.

Supongo que está guardando rencor. Ella se había elevado lo suficiente como para no estar en peligro.

Una vena palpitó en la frente de Oscar. Él apretó las cadenas alrededor del Sandworm, y este gritó de dolor.

“Miledi. Hacer esto en medio de una pelea no es divertido. Lo que estás tratando de decir ni siquiera tiene sentido. Escucha, en primer lugar—”. Él mismo cortó mientras miraba su Silver Slate. Varios enemigos enormes se dirigían hacia ellos. Oscar supuso que eran los amigos del Sandworm.

“M-Miledi. Hay seis más por venir. Deja de jugar y deshazte de ellos”.

Miledi no hizo ningún movimiento para levantarse.

“No”, dijo ella, como una niña mimada, y sonrió.

Seis Sandworms surgieron del suelo, rodeando a Oscar. Ellos miraron a su amigo atrapado, y luego a Oscar. Su ira era evidente.

La expresión de Oscar se puso rígida, pero él mantuvo la calma. Luego, ajustó sus gafas.

“Miledi, entiendo que estés frustrada. Estoy dispuesto a escuchar, así que hablemos de esto, ¿de acuerdo? Pero primero, ¿podrías por favor deshacerte de estos—”.

“¡Giyaaaaaaaaaaaah!”.

Antes de que pudiera terminar, los Sandworms convergieron en Oscar.

Seis bocas abiertas se abalanzaron sobre él.

Oscar gritó, y una nube de polvo se elevó donde él había estado de pie. Las cabezas de los Sandworms estaban todas atrapadas en el suelo, y se veían como gigantescas Ns boca abajo.

Un segundo después, Oscar habló.

“¡¿R-Realmente vas a quedarte ahí sentada?!”. Mientras se despejaba el polvo, Miledi vio a Oscar sobre una rodilla, con el paraguas desplegado ante él.

Él activó Hallowed Ground para mantenerse vivo. El peso de seis enormes criaturas debería haberlo enterrado en la arena, incluso con una barrera, pero él había transmutado el suelo en metal y colocó su paraguas en su lugar. Sus habilidades de transmutación eran realmente impresionantes.

“Eres mi compañero, ¿no es así, O-kun? No vas a ser de mucha ayuda contra los dioses si no puedes vencer a monstruos como estos”. Oscar finalmente enloqueció. Miledi no se dio cuenta y siguió provocándolo.

“¿Qué sucede, O-kun? ¡Vamos, puedes hacerlo! ¡No te rindas! ¡Sigue con tu juego de pies! ¡Cree en ti mismo! ¡Sé que puedes hacerlo mejor que esto! ¡Vamos, vuelve a levantarte!”. Oscar se levantó. Extendió el eje del paraguas hacia los Sandworms, entonces sacó un único guante negro y se lo puso. Después de eso, también sacó algunas de sus armas encantadas.

Finalmente, respiró hondo, miró a Miledi y gritó.

“¡Milediiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Voy a jodidamente asesinarte!”. Su voz llegó muy lejos.

Al mismo tiempo, hubo una explosión, y uno de los Sandworms voló. El primer Sandworm que había suprimido con sus cadenas era una cáscara humeante. Él usó relámpago para matarlo.

La explosión había arrancado trozos enormes de algunos de los torsos restantes del Sandworms.

Los golpearía a todos con Combustion Blades. La explosión resultante fue bastante poderosa.

Le cayeron trozos de carne, los cuales se defendió con su paraguas. Luego dobló uno de sus dedos enguantados. Hubo un fuerte silbido, y uno de los Sandworms se dividió en cinco.

Este era otro de sus Artefactos, el Sable Glove. Fue elaborado a partir de hilos superfinos de metal que habían sido encantados con magia de gravedad. Los hilos estaban hechos de piedra espiritual, por lo que él también podía controlarlos libremente. Mientras que sus cadenas fueron hechas para atar y restringir objetivos, esas fueron hechas para matar. Los hilos de la piedra espiritual eran lo suficientemente afilados para cortar la carne.

Los Sandworms restantes trataron de esconderse bajo tierra, ya que este oponente era demasiado para que lo manejaran.

“No van a ir a ninguna parte”. Oscar transmutó el terreno a su alrededor. La arena, que debería haber sido su dominio, se convirtió en las tumbas que los atraparon.

Oscar cerró su paraguas, lo levantó y lo arrojó al suelo. Cuchillas de viento dividieron en dos a los Sandworms, mientras que las cadenas electrificadas y el alambre de metal formaron carne picada del resto.

Ni siquiera le había tomado un minuto a Oscar eliminarlos a todos.

Después de terminar, miró a Miledi.

“¡Sabía que podrías hacerlo si lo intentabas, O-kun!”. Ella estaba aplaudiendo felizmente.

Para asegurarse de que tenían una buena relación de trabajo en el futuro, Oscar decidió que necesitaba darle una pequeña lección. Él apuntó sus cadenas hacia ella. Pero antes de que pudiera dispararlas—

“¿Hm?”.

“¿Huh?”.

El aire se sacudió. Un segundo después, el suelo comenzó a temblar también.

Algo a unos cientos de metros estaba corriendo hacia ellos. Estaba levantando una nube de polvo tan grande que parecía como si una tormenta de arena lo siguiera. Ese algo resultó ser una manada entera de Sandworms.

Oscar miró su Silver Slate. Todo estaba brillando con luz. Había fácilmente más de un centenar de ellos, los cuales abarcaban un área de más de trescientos metros de ancho. Uno de los Sandworms parecía mucho más grande de lo normal.

Parecía que los Sandworms de antes tenían muchos amigos.

Él sabía que no podía luchar contra un grupo tan grande. Él sería derrotado por su gran masa incluso antes de que tuviera la oportunidad.

“¿Miledi-san? Si me estás diciendo que pelee por mi cuenta también, voy a tener que reconsiderar mi decisión de viajar contigo”. Oscar miró suplicante a Miledi.

“I-incluso yo no sería tan cruel. En realidad, ¡salgamos de aquí! ¡No creo que mi magia sea suficiente para eso!”.

“S-Sí”.

Oscar intentó saltar al aire con sus Onyx Boots.

El ejército Sandworm estaba casi encima de él. Eran incluso más rápidos de lo que había pensado. De cerca, se dio cuenta de que el gigante era aún más grande de lo que había pensado al principio. Era como una montaña viva que se alzaba sobre él.

Mierda, puede que no lo haga. Miledi debió haber estado pensando lo mismo, ya que ella lo aligeró con su magia de gravedad.

“¿Huh?”.

“¿Huh?”.

En ese momento, Miledi y Oscar miraron hacia abajo en shock.

Este no era el momento para hacerlo, pero lo que vieron fue simplemente increíble. Un hombre apareció entre él y los monstruos.

Tenía cabello rojizo y ojos tan agudos como un halcón. Sus ojos eran del mismo color que su cabello. Vestía una túnica gris descolorida, con un cinta blanco sobre ella. Con una altura formidable de dos metros, él tenía una maciza estructura. Oscar supuso que estaba en la mitad de sus 20 años.

Por su ropa, parecía probable que fuera un residente del Desierto Carmesí, pero ni Oscar ni Miledi lo habían sentido venir en absoluto.

En silencio, corrió hacia Oscar, como si no le preocupara por completo el ejército de Sandworms que tenía detrás.

“Huh, espera, ¿quién er—”.

“No te preocupes por eso».

Oscar vaciló cuando el hombre musculoso se alzó sobre él. Él agarró los brazos de Oscar, su voz completamente sin emoción.

Un segundo después—

“¿Qué?”.

“¿O-O-kun?”:

Miledi estaba directamente frente a él. Ambos parpadearon.

Con su mano libre, él agarró a Miledi.

Un segundo después, desaparecieron.

“¿Huh?”.

“¿Qué? Espera, todo lo que hemos estado diciendo durante el último minuto es huh y qué…”. Y reaparecieron en una duna de arena en otro lugar. Una ciudad gigante se levantaba en la distancia.

Los dos intercambiaron miradas y dieron media vuelta.

“Por favor, olviden todo acerca de mí”. Él soltó sus manos y los miró a los ojos. Justo en ese momento, Miledi habló de más.

“¿E-Eres el Hada del Desierto?”.

“¿Huh?”.

“¿Huh?”.

Tanto el hombre como Oscar la miraron en sorpresa.

Oscar entonces se giró hacia el hombre.

“¿Hada?”. Sus ojos agudos se negaron a mirar a Miledi a los ojos.

“¿H-Hada?”. Un rubor se extendió por su rostro cincelado. Parecía que acababa de darse cuenta de que eso era cómo la gente lo llamaba. Debe haberse avergonzado de tener un sobrenombre tan delicado.

El hombre recuperó los sentidos y tosió.

“De todos modos, por favor, no les digan a otras personas sobre mí”. Maná comenzó a girar alrededor del hombre.

“¡O-kun, no lo dejes escapar!”.

“¿Huh? ¡Oh, entiendo!”. Oscar envolvió sus cadenas alrededor del hombre, lo que hizo que su maná se dispersara. El hombre dejó escapar un grito de sorpresa.

“¡Wow, eso fue increíble, O-kun! ¡Y parece que sacamos la lotería nada más al empezar! ¡No puedo creer esto! ¡Pasé años buscando infructuosamente antes de encontrarte, y ahora tenemos otro premio directamente en nuestras manos! ¡Parece que mi suerte finalmente está cambiando!”.

“Uh, seguro”.

Miledi se animó a sí misma. Ella levantó un puño en el aire y saltó de alegría. Oscar estaba honestamente un poco desconcertado.

Mientras tanto, el hombre intentó liberarse de sus restricciones.

“Fufufu, ni siquiera te molestes. Las cadenas de O-kun están hechas de piedra de sellado. No podrás emitir maná fácilmente con esas que te rodean”.

“¿Qué planean hacerme?”. Él miró cautelosamente a los dos. Cuando entrecerró sus ojos, él se veía positivamente aterrador.

Un sudor frío cayó por la frente de Miledi.

“G-Gracias por salvarnos allí, pero no podemos dejar que te vayas todavía. De hecho, vinimos aquí para encontrarte. ¡Pero hombre, no puedo creer que nos hayamos encontrado antes de reunir información!”.

“¿Qué planean hacerme?”. Él repitió su pregunta. Su tono era aún más feroz que antes. Parecía que Miledi solo lo había hecho más sospechoso. Oscar suspiró y removió sus cadenas.

El hombre miró a Oscar sorprendido.

“Lo siento. Es cierto que hemos venido hasta aquí para encontrarte, así que entré en pánico cuando ibas a irte. Además, me disculpo por la actitud de mi compañera. Realmente lo siento”. El hombre miró hacia otro lado, claramente incómodo por tener una disculpa.

“¡¿Y qué se supone que significa eso?!”. Gritó Miledi. Pero un segundo después, ella miró al hombre y se inclinó con un murmullo “Lo siento”.

El hombre intentó mirar a cualquier parte menos a los dos.

Oscar tendió una mano.

“Gracias por salvarnos allí, de verdad. Mi nombre es Oscar. Oscar Orcus”.

El hombre miró la mano extendida de Oscar.

Él no hizo ningún movimiento para tomarla. Después de un breve momento de silencio, él negó con la cabeza.

“Lo siento, pero no estoy interesado”. Maná comenzó a arremolinarse alrededor de él una vez más.

Miledi intentó detenerlo.

“¡Espera, por favor, escucha!”.

“……”.

Miledi gritó una última cosa justo cuando él estaba a punto de desaparecer.

“¡Somos como tú! ¡También podemos usar la magia de la era de los dioses!”. Su maná se dispersó de nuevo. Esta vez, sin embargo, Oscar no había hecho nada. Él había dejado de lanzarla por su propia cuenta. A juzgar por su atónita expresión, probablemente no había tenido la intención de hacerlo.

Miledi soltó un suspiro de alivio y miró al hombre. Su expresión era seria ahora.

“Son lo mismo, ¿no es así?”.

La expresión del hombre no revelaba nada, pero Miledi continuó de todos modos.

“Acabas de aparecer de la nada, y luego tocaste a O-kun y apareciste a mi lado con él. Después de eso, nos trajiste aquí en un instante. Debes tener algún tipo de magia de teletransporte, ¿correcto? Algo que los magos normales no pueden usar”.

“Te equivocas. Mi poder no es nada especial. Viene de un Artefacto que encontré por casualidad”.

El hombre sacó un collar de su túnica.

Miledi miró a Oscar. Oscar miró fijamente el collar durante unos segundos antes de girarse hacia Miledi y negar con la cabeza.

“Eso es solo un collar normal”.

“Simplemente no puedes ver su poder. Diré esto ahora: no te lo prestaré.

Si planeas robarlo—”.

“Lo siento, pero esas mentiras no funcionarán en nosotros. Te lo dije antes, podemos usar magia antigua también. O-kun aquí probablemente sea el único Sinergista vivo que pueda hacer Artefactos. Nadie sabe más sobre ellos que él”.

El hombre se giró hacia Oscar, claramente sin palabras.

Oscar hizo flotar sus cadenas y paraguas en el aire. Chispas eléctricas salieron volando de ellos. Obviamente no eran tus herramientas mágicas promedio.

“Por cierto, yo estaba flotando usando magia de gravedad antes, no magia de viento”. Miledi mostró sus poderes también. Maná azul cielo giraba alrededor de ella, y un segundo después, un enorme segmento de arena voló en el aire.

“Estamos en un viaje para encontrar otras personas con poderes como el nuestro. Por favor, al menos escúchanos”. Ella miró silenciosamente al hombre después de decir eso.

Por un momento, él solo se quedó mirando el paraguas flotante y la arena.

Ni Miledi ni Oscar pudieron leer su expresión.

Aunque Oscar pensó que captó una pizca de celos en los ojos del hombre.

“Mi respuesta permanece sin cambios. Ya he decidido cómo deseo vivir mi vida. No deseo unirme a ningún grupo”. Su mirada penetrante atravesó a Miledi.

“¿Por qué? Estás usando ese poder tuyo para ayudar a las personas, ¿no? Entonces, ¿por qué quieres estar solo?”.

“Este poder no es más que una maldición”.

¿Qué tipo de cosas sucedieron en su pasado? Oscar se sorprendió de la oscuridad en sus ojos cuando dijo eso.

“Eso es todo lo que tengo que decir. Por favor, no se molesten más conmigo”, dijo con un tono de finalidad.

Miledi bajó su cabeza. Ella estaba temblando. El hombre se sintió un poco culpable por dejarla así.

Oscar le echó una mirada a Miledi antes de darle una mirada de simpatía al hombre. Él ya sabía a dónde iba todo esto.

“¡No! ¡No me rendiré tan fácilmente! ¡Pude seducir a O-kun eventualmente también! ¡No me subestimes!”.

“¿Puedes dejar de usar palabras sugestivas como esas?”.

Miledi ignoró sus protestas. Después de lanzar una mini-rabieta, Miledi se acercó al hombre.

Nervioso, él dio un paso atrás. La actitud amenazante de Miledi, o tal vez solo su abrumadora presencia, habían sido suficientes para dejarlo perturbado.

“¡Haré que me escuches, incluso si tengo que forzarte!”.

“¡¿Qu-Qué?! Te dije que yo no— ¡Cosmic Rift!

Miledi desapareció en un brillante anillo de luz. Justo antes de desaparecer, dejó escapar un grito en confusión.

El hombre respiraba pesadamente, y parecía que acababa de enfrentarse a una especie de monstruo demoníaco.

“Lo siento por eso. Nuestra líder está un poco excitable. Solo para asegurarme, pero ella está bien, ¿verdad?”.

“Haaah… Haaah… L-Lo verás en un momento”. El hombre agitó su mano. Otro anillo de luz apareció a los pies de Oscar. Oscar también gritó sorprendido y desapareció en el portal de la luz.

Un hombre muy agotado se quedó solo en la arena después de eso.

Hubo un gran chapoteo en un pequeño oasis a cierta distancia.

“Ack… Hic… Tragué demasiada agua…”. Este punto de parada entre las ciudades del desierto estaba vacío, pero si alguien hubiera estado allí, habrían visto a alguien aparecer aparentemente de la nada justo sobre el agua.

Oscar chapoteó en las aguas poco profundas, todavía tratando de orientarse. Echó hacia atrás su cabello y miró a su alrededor. Sus gafas estaban desaparecidas.

“Parece que me enviaron a un oasis en algún lugar… Ese tipo tiene una magia impresionante. De todos modos, él también envió a Miledi…”. Ahí está ella. Estaba sentada al borde del agua, sollozando y meciendo sus rodillas.

Luego de una inspección más cercana, Oscar se dio cuenta de que su ropa y su cabello estaban embarrados, y que su rostro estaba goteando agua. Su nariz estaba roja, como si hubiera arañado el suelo.

A un lado, notó que el oasis se convertía en un pantano pantanoso a poca distancia. Había marcas resbaladizas que mostraban que alguien se había deslizado en ella recientemente.

Eso le dijo a Oscar todo lo que necesitaba saber. Cuando Miledi había sido teletransportada, ella había estado corriendo. Si la hubiera teletransportado cerca del oasis, era lógico pensar que se habría resbalado en el resbaladizo barro. Y debido a que había estado agitando sus brazos salvajemente, no habría sido capaz de evitar caer de cara.

Oscar caminó hasta Miledi.

“¿Debo hacer otra ducha?”.

“Por favor”. Miledi sollozó y asintió dócilmente.

Poco tiempo después, Miledi regresó al lado de Oscar. Su nariz todavía estaba un poco roja, pero estaba limpia. Oscar estaba sentado con sus piernas cruzadas en el banco del oasis y mirando su Silver Slate.

“O-kun, gracias por la ducha”.

“De nada”.

Miledi se sentó junto a él. Ella abrazó sus rodillas y miró la superficie del agua.

Finalmente, ella murmuró algo.

“Todos los poseedores de magia antigua son un gran dolor en el trasero”.

“Espero que te des cuenta de que te incluye a ti”.

Ella lo ignoró, como de costumbre.

“Esa fue magia de teletransportación que utilizó antes, ¿verdad?”.

“Parece ser. Ese anillo de luz… Es algún tipo de portal, ¿supongo? Pasar por él te pondrá en una ubicación completamente diferente. Parece que él puede transportarse incluso sin ese portal. De cualquier manera, es bastante impresionante. Y va a ser un verdadero dolor tratar con él”.

“Cada vez que se da cuenta de que estamos cerca, él puede simplemente enviarnos, o teletransportarse a sí mismo. Ni siquiera tendremos la oportunidad de hablar con él”.

“Estoy bastante seguro de que solo nos teletransportó esa vez porque lo estabas asustando”.

Oscar fue, una vez más, ignorado. Incluso así, él aclaró su garganta y continuó.

“En cualquier caso, él rechazó nuestra oferta. Muy firmemente también.

Sin embargo, imagino que eso no te disuadirá”.

“¡Por supuesto que no! Quiero decir, él no nos rechazó por completo. Se podría decir que había algo más en sus ojos, ¿verdad?”.

Entonces no te detendrás hasta que escuches lo que realmente piensa, ¿huh? Oscar sonrió para sí mismo. Como ella había dicho, así fue como ella también logró seducirlo.

Él casi sintió una punzada de simpatía por el pobre hombre.

“Sin embargo, no tengo ni idea de dónde estamos ni a dónde él fue… Y como puede teletransportarse donde quiera, va a ser difícil recopilar información sobre su paradero… Cielos, qué se supone que debemos hacer ahoraaaaaa”. Miledi rodó y golpeó la arena con enojo. Ella había vuelto a actuar como una niña mimada.

Oscar sonrió y su Silver Slate comenzó a brillar.

“Encontrarlo será muy fácil, en realidad”.

“¿Huh? ¡¿Cómo?!”. Miledi levantó la vista en sorpresa y Oscar le mostró su pizarra.

“En el momento en que te transportó, pensé que yo sería el próximo. Entonces, mientras estábamos hablando, conecté uno de mis rastreadores a un hilo y lo escondí bajo tierra. Me las arreglé para atraparlo antes de que él me dejara caer”.

La pizarra mostraba a Miledi y Oscar en el centro, dos deslumbrantes pinchazos de luz. A cierta distancia había un tercer pinchazo de luz, igualmente brillante.

“Oh, y por lo que parece, nos transportó dos días al Este de Chaldea. Encontré una señal cerca del oasis mientras tomabas tu ducha. A juzgar por la distancia, probablemente esté todavía cerca de la ciudad”. Miledi comenzó a temblar.

¿Está pasando por algún extraño síntoma de abstinencia o algo así? Oscar pensó para sí mismo. Un segundo después, ella lo abrazó con todas sus fuerzas. Su cabeza se sentía como si estuviera siendo apretada en una prensa.

“¡Buen trabajo, O-kun! ¡Sabía que podía contar con mi compañero! ¡Esas gafas realmente no son solo para mostrar después de todo! ¡Lo siento, pensé que eras un bicho raro por usar un abrigo negro en el medio del desierto!”.

“¡¿Ya puedes descansar un poco sobre mis gafas?! Espera, hey, ¡¿en verdad estabas pensando eso?! ¡Y apártate de mí! ¡Déjame ir!”.

“Vamos~ ¡Déjame abrazarte un poco más!”

“¡Daaaaaaaaaaaaaaah! ¡Cielos, eres muy molesta!”. Oscar finalmente logró alejar a Miledi. Aunque podría no haber sido porque él pensó que ella era molesta, pero por una razón completamente diferente. El rostro de Oscar estaba rojo brillante mientras ajustaba sus gafas.

“¡Bieeen! Gracias a tu rápido pensamiento, sabemos dónde está. ¡Corramos de prisa a la ciudad!”. Ella lanzó su puño al aire enérgicamente, ya siendo empujada por Oscar.

“Entendido”, dijo Oscar asintiendo. Él todavía estaba sonrojado.

Un día después de que Miledi y Oscar dejaran el oasis.

El hombre, quien había enviado a la aterradora chica y su cansado compañero que llevaban gafas, conducía una manada de cuatro iraks en Chaldea.

Los iraks eran grandes mamíferos de cuatro patas que la gente del desierto usaba en lugar de caballos. Normalmente, las bestias eran criaturas perezosas. A menudo eran demasiado perezosas para encontrar comida, y habían evolucionado para poder sobrevivir un mes sin comer. Siempre y cuando bebieran agua cada pocos días al menos.

Se arrastraban tan rápido como un humano caminando enérgicamente. Rara vez podrían sus jinetes instarlos a algo más rápido que eso. Pero si sintieran sus vidas en peligro, podrían galopar a través de las dunas durante horas sin cansarse. A menudo escupían a las personas que los molestaban a ellos también.

Incluso así, los iraks eran valorados por la gente del desierto y vendidos a precios altos.

Este hombre era un pastor irak que se ganaba la vida vendiéndolos.

Él había vendido bastantes en las aldeas cercanas, y estaba planeando vender el resto de su stock en Chaldea. Después de eso, todo lo que quedaba era entregar suministros a algunas otras aldeas.

La calle principal de Chaldea era una cacofonía de ruido. Los viajeros y comerciantes regateaban los precios, los vendedores ambulantes gritaban los nombres de sus mercancías, y la gente gritaba para ser escuchados sobre el ruido.

El hombre condujo gentilmente a los iraks por la calle y giró en una intersección. Delante de él había una gran columna, a la que muchas ataduras de irak estaban atadas.

Este era el principal mercado de irak.

“Oh, eres tú. Te estaba esperando”. El dueño de los iraks sonrió y se acercó al hombre. Él estaba bien formado, pero una pequeña barriga aún sobresalía de detrás de su túnica blanca. Su ropa era de buena calidad, y claramente había sido cosida por un maestro sastre. Uno podría fácilmente decir que era un próspero comerciante.

“He traído tres para vender. ¿Cuál es tu precio?”.

“Cortante como siempre, ya veo. No te he visto en meses, mi amigo. Seguramente puedes dedicar algo de tiempo para compartir una historia o dos”.

El hombre miró hacia otro lado, preocupado. Sin embargo, el mercader claramente no pretendía hacer daño.

“Bueno, no te forzaré. Ciertamente no me gustaría perder tu negocio… Maravilloso. Como siempre, los iraks que me trajiste son de una calidad excepcional”. El mercader ató las tres riendas de irak al pilar y asintió con satisfacción. Le pidió al hombre que se sentara dentro de su tienda mientras realizaba una inspección más exhaustiva de los productos. Y entonces, se sentó y un aprendiz le trajo un poco de té.

El aprendiz ya había visto al hombre unas cuantas veces, y no estaba nervioso con el gigante silencioso. El hombre sonrió levemente y le dio las gracias al chico.

No sabía si el comerciante había enviado al chico para hacerle compañía mientras examinaba los iraks, o si era la curiosidad del chico lo que lo mantenía allí. A pesar de todo, el chico estaba claramente decidido a hacer una conversación.

“Señor, el maestro se ha estado quejando mucho últimamente”.

“¿Huh?”.

“La Santa Iglesia ha comenzado a monopolizar el comercio de irak… Por supuesto, eso significa que el maestro fue capaz de venderles toda su manada, pero luego se quedó sin stock. Un comerciante de irak no es nada sin iraks, por lo que buscó más para comprar, pero los otros grandes comerciantes de irak también se vendieron a la Santa Iglesia, y todo lo que pudo encontrar fueron heces que nadie más quería”.

“¿Por qué la Santa Iglesia querría iraks?”.

“Me derrota… De todos modos, es por eso que el maestro está tan feliz de verte. ¿Supongo que no estarías dispuesto a venderlos a los cuatro de ellos?”.

“Me sería difícil llegar a casa si lo hiciera”.

En verdad, él no tendría problemas en absoluto, pero de lo contrario, empezaría a levantar sospechas. El comerciante estaba convencido de que vivía muy lejos, ya que solo venía una vez cada pocos meses, y sería extraño no tomar un irak en distancias tan largas.

Además, él había mantenido ese irak mucho tiempo, por lo que era prácticamente familia para él. Sabía que no lo vendería, incluso si pudiera.

El chico sabía que tampoco se separaría de su último irak. Él sonrió entendiendo y dijo “Eso pensé”.

“Bueno, ¿tuviste algún problema para llegar hasta aquí? ¿Como un encuentro con monstruos o algo así?”. El hombre levantó la vista en sorpresa.

Estaba claro por su mirada que se estaba preguntando qué había llevado al chico a esa conclusión.

“Pareces cansado, es todo”.

Este chico es bastante agudo. Hará de un buen comerciante algún día. El hombre pensó en su extraño encuentro de ayer.

Ese chico y esa chica que poseían el mismo tipo de poderes anormales que él tenía. Ellos habían dicho que venían a buscarlo.

Ninguno de los dos parecía una mala persona en realidad. Además, ambos parecían orgullosos de sus habilidades.

El chico había dicho que podía crear Artefactos incluso. El poder de crear… Verdaderamente, él había estado un poco celoso. Especialmente de su relación.

Aunque la chica parecía llevarlo por la nariz bastante a menudo, el par claramente confiaba en el otro como iguales. Tampoco eran el sirviente del otro.

“Umm, ¿Señor?”. Él volvió al presente. El chico lo miraba con preocupación.

El hombre le dio una pequeña sonrisa.

“Ah, lo siento. No es nada”. En cierto sentido, él se había encontrado con monstruos, y le dijo eso al chico.

Él tomó otro sorbo de té y—

“¡Miledi-chan está aquí! ¡Finalmente te encontré!”.

“¡¿Bwah?!”.

Vio a Miledi cayendo desde arriba. El hombre escupió su té. El chico, al que ella había aterrizado, rodó por el suelo, tapándose los ojos en dolor.

“¿Po-Por qué? ¿Cómo me…”.

¿Cómo me encontró? De hecho, ¿cómo está ella aquí? La envié hace dos días solo hace un día.

Miledi miró al hombre y sonrió.

“¡No te dejaré escapar tan fácilmente!”. Miledi lo asustó, pero esa sonrisa suya también lo irritaba.

El hombre vaciló por un momento. Mientras tanto, el joven chico gimió.

“Señor, ¿por qué me pasó esto? ¿Hice algo mal?”. Él todavía estaba frotándose los ojos, los cuales Miledi había herido. El hombre estaba preocupado por él, por supuesto, pero ahora mismo necesitaba encontrar una salida a esta situación.

Él no podía abrir un portal aquí. El riesgo de que alguien lo viera era demasiado grande. Eso salió corriendo. Pero todavía no le habían pagado, y no quería dejar atrás a su compañero irak.

“Hey, ¿qué está pasando allí?”. El mercader había escuchado el ruido y vino a ver qué estaba pasando. Una idea vino a la mente y el hombre se giró hacia el comerciante.

“Señor. Por favor, ponga el dinero por mis iraks en la bolsa atada a mi irak personal. Volveré después”.

“¿Qué? Pero entonces cómo… ¡Hey, espera!”.

El hombre se fue corriendo sin esperar una respuesta.

“¡Aaah, vuelve aquí!”. Miledi salió corriendo detrás de él.

“¿Maestro? ¡Maestro! ¿Qué está pasando? Todavía no puedo ver”. El joven aprendiz parpadeó un par de veces para aclarar su vista.

“Lo siento por mi compañera. Ella es bastante bulliciosa. De todos modos, ¿podría hacerte algunas preguntas sobre el hombre que estaba aquí?”. Un joven hombre con un abrigo negro sofocante apareció en la entrada. Por alguna razón, llevaba un paraguas negro.

“¿Qué diablos está pasando aquí?”. El comerciante rascó su calva cabeza y se giró hacia Oscar.

“Lloriquear…”. Una joven chica lloraba al borde de un oasis. Ella estaba empapada de pies a cabeza y cubierta de barro. Su nariz estaba roja.

De repente, había un cegador destello de luz frente a ella.

Un segundo después, Oscar cayó al agua con una gran salpicadura.

La magia de agua y de viento incrustada en su ropa lo limpió y lo secó, y salió caminando del no luciendo de mal aspecto.

Cuando vio el estado en que estaba Miledi, adivinó más o menos lo que debió haber sucedido.

“O-kun, me tiró como si fuera basura…”.

“Ah… Ya veo”.

Oscar dio una respuesta evasiva y asintió.

Después de que Miledi había perseguido al hombre, ella había corrido directamente a un portal que él había establecido en un callejón. Sin embargo, ella había logrado esquivarlo con su magia de gravedad.

Segura de que él estaría dispuesto a escuchar al menos ahora que ella había dejado sus trampas ineficaces, Miledi había bajado su guardia. Justo cuando ella comenzó a hablar, el hombre la había agarrado por el cuello y la había arrojado a su portal.

Ella estaba tan sorprendida que perdió su concentración y cayó al barro.

“¡Ugh, maldito sea ese hombre! ¡No puedo creer que arrojara a una chica así!”.

“En tu caso, puedo ver por qué lo haría… También, es Naiz, no ‘ese hombre’”.

“¿Huh? ¿Qué quieres decir?”.

“Ese es su nombre. Mientras estabas perdiendo el tiempo corriendo detrás de él, hablé con el comerciante con el que estaba. El tipo se llama Naiz. Resulta que es un pastor irak. Viene cada pocos meses con algunos iraks bien criados para vender”.

Desafortunadamente, eso fue todo lo que pudo averiguar. Incluso el comerciante, que parecía algo cercano a Naiz, sabía muy poco sobre él. Él había descrito a Naiz como un hombre taciturno, pero sincero.

Después de que Oscar terminó de hablar con el comerciante, notó que faltaba el irak de Naiz.

El comerciante se preguntaba cuándo Naiz había tenido tiempo de venir a buscarlo, pero supuso que había echado de menos a Naiz mientras hablaba con Oscar.

Por otro lado, Oscar había adivinado lo que realmente debió haber sucedido.

Él le dio las gracias al comerciante y decidió regresar. Sin embargo, cuando entró en un callejón, cayó por uno de los portales de Naiz.

Incluso así, ellos habían obtenido algo más de información sobre él, al menos.

“¡Eres increíble, O-kun! ¡No importa lo que suceda, todavía obtienes algo útil!”.

“Mientras tanto, sigues cargando como una idiota”.

Ella fue a abrazarlo, pero Oscar la contuvo con sus Metamorph Chains. Él no quería mancharse en barro también. Suspiró e hizo otro cuarto de ducha para Miledi. Luego, la arrojó al vestuario y la oyó murmurar: “Siento que últimamente me echan mucho por los aires…”, lo cual él ignoró.

Dos días después.

Naiz terminó su negocio en las aldeas vecinas y comenzó el camino a casa. Dirigió su irak desde la aldea a pie hasta que se perdió de vista. Solo entonces se teletransportó.

Él había ido a esa aldea para entregar piedra caliza, que solo crecía en los páramos al Norte, o dentro de la Montaña del Dragón Rojo. Cuando se dirigía a Chaldea, había oído que las aldeas sufrían de escasez de pierda caliza, por lo que se teletransportó al Norte y recogió algunas para ellos.

Aunque esos dos lo habían encontrado de alguna manera en el lugar del comerciante de irak, él estaba seguro de que estaría a salvo en las aldeas circundantes. Su negocio allí no había sido planeado, y nadie sabía que había ido allí. Incluso así, él miraba alrededor inquieto.

Él sentía la sensación de que la chica que iba y venía como una tormenta de alguna manera aparecería de todos modos, seguida de ese respetable joven hombre.

“Solo estoy siendo paranoico…”. Esta vez los había teletransportado a unos cinco días de distancia. Esa era la distancia más lejana que podía teletransportar a alguien. No había forma de que lo alcanzaran en solo dos días.

El irak inclinó su cabeza hacia Naiz, preguntándose de qué se estaba preocupando. Sus ojos caídos estaban centrados en él.

“No es nada. No te preocupes por eso. Vámonos a casa, Suzanne”.

“Gweeeh”. Suzanne era el nombre de su irak. Perdió interés en Naiz después de escuchar su respuesta, y giró sus ojos medio muertos hacia adelante otra vez.

Parecía estar mirando algo. Algo muy lejano en la distancia.

“¿Suzanne?”.

“Gweeeeeeh”. Naiz había estado con Suzanne durante años. Podía decir lo que significaban sus gruñidos.

“¿Qué es eso, chica? ¿Qué ves?”. Naiz entrecerró sus ojos en el horizonte. Todo lo que podía ver era el sol, la arena y—

“¿Hm? ¿Qué es eso…”. Naiz sintió una sensación de presentimiento. Vio algo muy lejos en el cielo.

“¿Es eso un punto… negro? No, parece ser un…”. La voz de Naiz temblaba.

La mancha negra en constante crecimiento resultó ser de dos personas.

“¡Te encontrééééééééé!”.

“Imposible”.

La voz de Miledi sonó ruidosamente a través del vacío desierto. Él estaba aturdido. Esto se estaba convirtiendo rápidamente en su peor pesadilla.

Mientras se acercaban, Naiz pudo ver que Miledi estaba sosteniendo a Oscar por el cuello. Oscar parecía exhausto, y estaba claro que, si hubieran estado en la tierra, él se habría desplomado en el suelo.

“¡Te encontramos de nuevo, Nacchan!”.

“¿N-Nacchan?”.

Miledi aterrizó ligeramente. En el momento en que sus pies tocaron el suelo, ella se dobló y comenzó a jadear. Su método de viaje elegido la había agotado bastante.

Naiz estaba sorprendido de lo que parecía ser su apodo para él. Él miró a Oscar, quien ella había situado a su lado.

Él estaba boca arriba en el suelo. Tampoco parecía que se estuviera levantando pronto.

“¿Él está… bien?”.

“Haaah… Haaah… ¡Él está bien! ¡Él es O-kun después de todo!”.

No estoy muy seguro de cómo es esa una razón apropiada. Aun así, Oscar levantó su mano y la agitó débilmente para indicar que estaba bien, así que Naiz lo dejó así.

“Tengo que decir que usar magia antigua durante dos días seguidos realmente desgasta a una chica. Incluso con todo el maná de O-kun, apenas pude hacerlo. ¡Si los monstruos nos encuentran ahora, estaríamos muertos!”.

“Eso no es algo realmente emocionante…”. Naiz la miró como si estuviera mirando a una criatura alienígena.

“¿Cómo me han encontrado?”.

“¡Eso es un secreto!”. Ella llevó su dedo a sus labios y le guiñó un ojo a Naiz. Aunque no soplaba el viento, su cola de caballo se balanceaba hacia adelante y hacia atrás.

Durante unos breves segundos, Naiz enloqueció. Él sabía que podía matar en ese mismo momento.

“¿Cómo me han encontrado?”. Una vez que se calmó, repitió su pregunta.

“Fufufu. Bueno, supongo que podría decírtelo. Pero no de forma gratuita. Tienes que escuchar lo que tengo que decir prime—”. Naiz abrió un portal debajo de ellos. Su retribución fue despiadada.

Oscar desapareció en él.

“¡Ah, ¿O-kuuuuuuuuuuuuuuun?!”. Miledi se puso a cuatro patas y miró hacia el portal.

“Ahora que lo pienso, él no puede moverse… Oh no. Espero que no se ahogue…”.

“¡Espera, ¿O-kun está en problemas?! ¡Maldito seas, no creas que esto ya terminó! ¡Incluso si me voy ahora, seguiré viniendo tantas veces como sea necesario!”.

Con esas palabras de despedida, Miledi saltó al portal por su propia voluntad.

El desierto estaba en silencio una vez más.

Aunque por alguna razón, con la desaparición de una sola chica, el silencio ahora se sentía opresivo.

Una ligera brisa agitó el cabello de Naiz.

“Gweeeeeeh”.

“Tienes razón, Suzanne. Vámonos a casa”. Naiz comenzó el camino a casa.

Unos días después.

Naiz estaba de vuelta en casa. Si bien su espacio de vida realmente calificado como una casa estaba en debate.

Actualmente, vivía en una cueva. Cayó directamente hacia abajo y terminó en una base adosada. Allí había labrado habitaciones de la roca. Había un lugar para su cama, una mesa en el centro, un almacén, una cocina, y etc.

Lo que era realmente extraño de su morada era que estaba iluminada por magma.

Su casa caverna estaba en el corazón de la Montaña del Dragón Rojo, la cual era el enorme volcán que era el corazón del Desierto Carmesí. No vivían personas cerca del volcán, ni tampoco en un lugar donde la gente debería haber podido vivir.

El volcán se había ganado su nombre porque sus erupciones eran como el aliento de un dragón rojo, ardiente y siempre impredecible.

Los aldeanos cercanos creían que un dragón rojo realmente dormía en las profundidades del volcán.

No solo nadie vivía en su base, sino que la gente ni siquiera se atrevía a acercarse a esta por lo general.

A pesar de eso, Naiz no tuvo problemas para vivir allí. El calor extremo del magma no pareció molestarlo en lo más mínimo. Él salió a la terraza y miró el río de magma debajo de él.

“Todo se ve bien…”. Giró sobre sus talones y regresó a su habitación, luego se sentó a su mesa y alcanzó la canasta encima de ella. En ella había comida que había comprado con el dinero que ganaba vendiendo sus iraks. Pan, queso y fruta.

Sacó una hoja de pergamino de un estante cercano y comenzó a escribir algo mientras comía un poco de pan.

“La Santa Iglesia ha estado comprando iraks…”, murmuró en voz baja para sí mismo. Eso era lo que el aprendiz del comerciante había dicho. Él tenía algo de curiosidad acerca de lo que estaban planeando, pero en realidad no le importaba, ya que básicamente se había retirado de criar irak.

Aunque sabía que sería un problema si sus acciones hacían que los iraks desaparecieran del desierto.

Eran las bestias de carga preeminentes en el área, y se utilizaban en muchos aspectos diferentes de la vida. Las aldeas más rurales dependían de iraks para el comercio, y morirían sin ellas. Transportar la mayor cantidad de mercancías posible en un solo viaje era de suma importancia debido a la frecuencia con la que se producían los ataques de monstruos.

A menudo, los comerciantes pierden sus iraks por los monstruos. A menos que pudieran encontrar un reemplazo al instante, ellos se veían obligados a transportar sus mercancías a pie. Si la Santa Iglesia había tomado todos esos repuestos, entonces era una razón para estar preocupado.

“Tal vez debería ver lo que están planeando…”. Naiz terminó su pan, se bebió una jarra de agua y se puso de pie.

Pensó en los dos que lo habían estado persiguiendo todo este tiempo. Él estaba seguro de que no podrían perseguirlo en el volcán, pero una vez que se fuera, era probable que aparecieran de nuevo.

“Nah, es imposible… Este lugar está demasiado lejos de donde los envié. Definitivamente no me encontrarán aquí”. Se había encontrado con Miledi y Oscar en la franja Sureste del desierto, pero el volcán estaba al Norte.

Además, él estaba planeando hacer su viaje usando teletransportación. No había forma posible de que ellos pudieran mantener el ritmo.

Al menos, eso era lo que se repetía a sí mismo. Todavía estaba aterrorizado de encontrarse con ellos en el momento en que saliera de su casa. La próxima vez los obligaré a decirme cómo me están siguiendo y a prometer que me dejarán en paz.

No dispuesto a siquiera pisar fuera de su casa, se fue usando teletransportación. Pasó el día revisando las aldeas distantes y finalmente comenzó a dirigirse por el camino a casa cuando el sol empezaba a ponerse.

Soltó un suspiro de alivio. El par de alborotadores no había aparecido todo el día.

Una vez que estuvo escondido a salvo detrás de un par de dunas de arena, se teletransportó a su casa.

“¡Ah, bienvenido de vuelta, Nacchan!”.

“Perdón por irrumpir en tu casa sin preguntar. Sin embargo, te hemos traído algunos regalos”.

Miledi y Oscar estaban sentados en su mesa, bebiendo té. Naiz no podía creerlo.

“¿Cómo?”. Preguntó enojado.

“N-No estés tan enojado. L-Lo siento, entré sin preguntar. Por favor, perdónanos, Nacchan”.

“No estoy enojado. Simplemente asombrado. Además, deja de llamarme Nacchan”. Él dijo, mientras se sentaba en una silla. Ociosamente, notó que había más de lo que había estado antes.

En verdad, casi admiraba su persistencia. Al mismo tiempo, no podía creer que ellos hubieran logrado rastrearlo hasta aquí. O tenían las agallas para entrar en una cámara de magma incluso. Más que nada, realmente deseaba que ella dejara de llamarlo Nacchan.

“Es mejor que te rindas… Ese apodo está allí para quedarse. Ella es loca— quiero decir, terca. Oh, estos son para ti, por cierto. Son dulces horneados hechos con la fruta local. No te desagradan los dulces, ¿verdad?”.

“¿Hm? Sí, están bien”.

“Hey, ¿acabas de llamarme loca, O-kun? ¿Lo hiciste? ¡Hey! Respóndeme—”.

“No nos teletransportarás de nuevo, ¿no es así?”.

“Ahora que has encontrado incluso este lugar, no importará a dónde los envíe. En este punto, solo tengo dos opciones. Averiguar cómo me están rastreando y destruir cualquier medio que estén usando, o…”.

“Escúcharnos y rechazar nuestra oferta, ¿verdad?”.

“Sí”.

“Hey, ¿por qué ustedes dos me dejan afuera? ¿No creen que eso es malo? Además, O-kun, totalmente me llamaste lo—”.

Oscar y Naiz se miraron el uno al otro, ignorando por completo a Miledi. Intentaban indagar las intenciones del otro. Una batalla épica de voluntades se llevó a cabo entre los dos en el lapso de unos pocos segundos.

Después de un momento, escucharon sollozos debajo de la mesa. Los dos hombres parpadearon cuando volvieron a la realidad. Miraron debajo de la mesa al mismo tiempo, y encontraron a Miledi acurrucada en una bola, llorando.

Los dos procedieron a ignorarla por completo y se volvieron a mirar el uno al otro. Oscar tomó un sorbo de su té.

“Por cierto, tu lugar es increíble. Por lo que puedo decir, no estás usando Artefactos, pero el lugar está perfectamente aislado contra el magma. ¿Estás haciendo esto con tu magia antigua?”.

“Podrías decir eso”.

“¿Pero por qué hacer de un lugar como este tu hogar? Bueno, supongo que, si quieres evitar a la gente, el medio de un volcán es un lugar perfecto para vivir”.

“¿Estás aquí para decirme para qué viniste o para preguntarme sobre mi vida?”.

“Whoops, me disculpo. Tus elecciones de diseño solo despertaron mi interés como Sinergista”. Por una vez, los dos estaban manteniendo una conversación.

Todavía en lágrimas, Miledi salió de debajo de la mesa y se sentó con ellos.

“Está bien, voy a hablar en serio ahora, ¿pueden dejar de ignorarme?”. Su tono era inusualmente arrepentido.

Naiz y Oscar suspiraron simultáneamente.

“¿Cómo están ustedes dos sincronizados así?”.

“Probablemente debido a ti”.

“Definitivamente debido a ti”.

“Hic…”. Miledi se sonó la nariz un par de veces.

Una vez que se había vuelto serena, le dio a Naiz el mismo discurso que le había dado a Oscar. Ella habló sobre la tiranía de los dioses, la locura de la Santa Iglesia, y la retorcida forma del mundo. Ella habló sobre el destino que esperaba a aquellos que se salieran de la línea, así como los horrores que acompañaban el fanatismo ciego.

Finalmente, ella llegó a la organización a la que pertenecía— los Libertadores.

También explicó brevemente su pasado y cómo llegó a conocer a Oscar.

La respiración suave de tres personas era el único sonido que podía escucharse cuando ella terminó.

“Mi magia me permite interferir con el espacio. Puedo conectar dos puntos diferentes, teletransportarme a otro lugar en un abrir y cerrar de ojos y, como hice con mi casa, crear barreras espaciales para bloquear cosas, incluso cosas insustanciales como el calor… Pero no tengo la habilidad para curar. Ni un poco”. Después de escuchar su historia, Naiz explicó sus poderes.

Oscar podía adivinar por qué había sacado la curación.

“No te preocupes por eso”, él dijo con una sonrisa y negó con la cabeza.

Miledi lo miró cálidamente a sus ojos y le habló una vez más, ofreciéndole elogios.

“Eres una buena persona”. Lo dijo con convicción. Lo que más le dolía a Naiz no era la verdad acerca de los dioses, o el miserable estado del mundo, sino el hecho de que los hermanos de Oscar habían sido heridos. Y lamentó su propia impotencia para ayudar.

Ahora que lo pienso, él fue así la primera vez que nos salvó a nosotros también. Oscar pensó para sí mismo. Juzgando por sus acciones y el hecho de que había elegido un volcán en pro de un hogar, Oscar podría decir que también estaba tratando de ocultar sus poderes.

A pesar de eso, él ni siquiera había dudado en usar sus poderes para salvarlos a los dos de los Sandworms.

La única razón por la cual los rumores sobre él se habían extendido era porque había roto su tapadera para ayudar a los necesitados.

Sin embargo, Naiz no parecía feliz de ser llamado amable por Miledi. Él torció su rostro en una amarga expresión.

“No, no lo soy. Yo solo—”. Él mismo se interrumpió. Ellos podían decir que, lo que sea que él no podía decir, le dolía sin fin.

Miledi lo miró directamente y lo instó a hablar.

“¿Solo qué? Dinos”. Ella sabía que era grosero, pero de todos modos preguntó. Incluso si le dolía hablar, ellos no podrían ayudar hasta que lo supieran.

Oscar intervino también.

“No tengo forma de saber qué tipo de cosas estás lidiando, pero al menos has salvado a suficientes personas en el desierto que los rumores se han extendido sobre ti. Y por eso, te respeto. Realmente nos gustaría tener a alguien como tú en nuestro grupo”.

Naiz podía decir que estaban siendo sinceros, pero su expresión se endureció. Luego, pronunció su ultimátum.

“Como lo deseaban, escuché su historia. Sin embargo, mi respuesta permanece sin cambios. Nada de lo que diga puede convencerme de lo contrario”. Al final, él dijo que no. Al mismo tiempo, abrió otro portal. Era obvio que quería que se fueran. Miledi y Oscar podían decir por su sombría expresión que él no diría nada más.

Intercambiaron miradas. Oscar negó con la cabeza. Los hombros de Miledi cayeron, y sonrió tristemente a Naiz.

“De acuerdo. Adiós entonces, Nacchan”. Ella entró en el portal por su propia voluntad. Oscar asintió con la cabeza a Naiz y la siguió.

El silencio llenó la habitación.

Por alguna razón, él sintió frío al mirar las sillas que Oscar había transmutado en su casa.

Naiz pasó mucho tiempo mirando esas dos sillas.

Al día siguiente.

“Estamos de vueltaaa. Nacchan, ¿estás aquí? ¡He venido a pasar el rato!”.

“hey, ha pasado un tiempo. Un día entero de hecho. Esta vez te hemos traído un poco de queso”. Miledi y Oscar regresaron a la casa de Naiz.

Él los miró en shock, ya que había estado seguro de que él no los volvería a ver.

“¿Oh? ¿Pensaste que te dejaríamos en paz por la forma en que nos separamos ayer? ¡Pujajaja! ¡Nunca dije nada sobre dejarte solo para siempre! ¡Lo has asumido todo por tu cuenta, Nacchan!”.

Miledi se rió, su comportamiento serio de ayer no se veía en ninguna parte.

Una vena palpitó en la frente de Naiz y abrió un portal debajo de Miledi.

Sin embargo, ella usó su magia de gravedad para esquivarlo. Entonces, ella esquivó todos los demás portales que Naiz abrió también.

“¿Cuántas veces crees que nos has hecho eso ahora? ¡Entiendo el tiempo de tus portales sin problema!”. Naiz quería quitar esa sonrisa de suficiencia de su rostro. Esta era la primera vez en su vida que realmente quería lastimar a alguien.

“Trajimos nuestras tazas también. Parece que vendremos aquí bastante seguido, ¿entonces te importa si las dejamos aquí? Esta es tu alacena, ¿verdad?”. Oscar no solo puso tazas, sino también algunos platos y cucharas en la alacena de Naiz.

Pensé que él estaba sufriendo bajo la tiranía de Miledi, pero él es tan descarado como ella.

Si Óscar se hubiera dado cuenta de lo mucho que Miledi lo había influenciado, probablemente se hubiera quedado tan impresionado que se quedaría acurrucado en la cama durante una semana.

Otra semana pasó.

Oscar y Miledi comenzaron a tomar sus comidas junto con Naiz. A veces hablaban sobre los Libertadores, otras veces solo hacían una pequeña charla.

Cada vez que Naiz intentaba decirles que no estaba interesado, Miledi lo ignoraba y cambiaba el tema. Él tampoco podía deshacerse de ellos. Miledi estaba demasiado acostumbrada a sus portales ahora, y podría esquivarlos con su magia de gravedad.

Oscar se había sentido fascinado por el mineral contenido dentro del volcán, y había comenzado a explorar sus profundidades. En un momento dado él se había montado en su paraguas como un bote en miniatura por las corrientes de magma del volcán.

Al hacerlo, descubrió la verdadera razón por la cual Naiz había elegido este volcán como su hogar.

En verdad, la Montaña del Dragón Rojo era un volcán activo que había estallado una vez cada cincuenta años más o menos. Habían pasado 55 años desde la última erupción, y la mayoría de los habitantes del desierto esperaban otra cada año ahora.

Sin embargo, Naiz había mantenido a la fuerza al volcán dormido. Había calmado el magma arrojando una cantidad masiva de piedra caliza en él. También había tallado un canal lateral con su magia espacial para que el magma fluyera cuando la presión crecía demasiado.

Eso le había dicho a Oscar que, incluso si le explicaba a Naiz cómo lo habían estado siguiendo, el hombre taciturno aún no desaparecería. A menos que pasara algo grave, él no abandonaría el volcán.

Hasta el momento, ni las amenazas, ni las escapatorias, ni siquiera una negativa contundente habían logrado que Miledi u Oscar dejaran en paz a Naiz. Él estaba en su límite. Aun así, aunque no se había dado cuenta, él había empezado a esperar las visitas de Oscar y Miledi. Comer juntos, hablar con Oscar sobre sus diversos inventos, y hablar sobre los iraks con Miledi había comenzado a adquirir cierto encanto.

Naturalmente, Oscar y Miledi fácilmente se dieron cuenta del cambio en su actitud.

El hecho de que genuinamente parecía disfrutar de su compañía fue la razón principal por la que no se dieron por vencidos.

Aunque Naiz todavía se negaba obstinadamente a ceder cada vez que mencionaban el tema de unirse a ellos.

Ocho días habían pasado desde que Miledi y Oscar descubrieran dónde vivía Naiz. En ese momento, ellos estaban desayunando en un restaurante en el pequeño pueblo oasis de Liv.

Aunque estaba clasificado como un pueblo, el asentamiento había crecido hasta el tamaño de una pequeña ciudad. Estaba ubicada en el dominio Sur de Doumibral, y era el asentamiento humano más cercano al volcán.

Los dos habían alquilado una posada aquí por su proximidad a Naiz.

En este momento, Miledi estaba tirada sobre su mesa y gimiendo en voz alta. Se suponía que los dos estaban elaborando un plan para convencer a Naiz.

Ellos estaban desayunando temprano, y todavía había un escalofrío en el aire. El sol aún no había salido, y las noches en el desierto eran frías. Para los habitantes del desierto, sin embargo, este período de tiempo frío entre

las noches heladas y los días abrasadores era uno de sus favoritos. A pesar de la temprana hora, muchas otras personas estaban desayunando también.

La mayoría de las miradas de los demás clientes estaban fijadas en Miledi, cuyo fuerte gemido había atraído su atención. Oscar, mientras tanto, estaba leyendo un folleto local y no le importaba su compañera.

“Miledi, según este folleto, el verdulero del Este destila su propio vino. ¿Qué piensas de llevarle algo a Naiz como un regalo? Él parece un gran bebedor, pero no parecía que le gustara el sake seco que le conseguimos la última vez”.

“O-kun, ¿no puedes ver lo angustiada que estoy? Como mi compañero, ¿no deberías preocuparte más por mí?”.

Oscar levantó la vista del folleto.

“Lo siento. Pensé que solo estabas quejándote del desayuno. Siempre estás quejándote de que no tienes suficiente para comer”.

“Disculpa, no soy glotona. Además, lo que me preocupa es cómo vamos a convencer a Nacchan. Sé que ustedes dos se llevan bien y todo eso, pero todavía no nos hemos acercado más para convencerlo de que se una a nosotros”.

“Bueno, definitivamente está interesado en todos mis inventos. Le han gustado todos los que le mostré hasta ahora. Cada vez que menciono en lo que estoy trabajando, instantáneamente saca el alcohol y comenzamos a

hablar del tema. De todos modos, en cuanto a cambiar de opinión… creo que deberíamos tomarlo con calma. Primero tenemos que construir una relación de confianza”.

“Entonces Nacchan puede decirnos qué es lo que lo agobia, ¿verdad?”.

“Exactamente. Incluso tuviste que acostumbrarme antes de que estuvieras dispuesta a contarme sobre tu pasado”.

“Tú… tienes un punto ahí”.

Oscar apartó el folleto. Luego, entrelazó sus dedos y habló cuidadosamente, eligiendo sus palabras.

“La vida es… difícil. Para todos, en serio. Pero especialmente si tienes cicatrices tan profundas que todavía te duelen. Sus problemas no son algo que pueda decirle a alguien, ni son cosas que podamos preguntar simplemente porque tenemos curiosidad. Es por eso que quiero que nos conozcamos mejor. Tenemos que acercarnos más si queremos ayudarlo. Y hacer amistades duraderas es algo que lleva tiempo, ¿verdad? Si lo presionamos, solo terminará por arrinconarlo”.

Oscar tragó un poco de agua. Cuando sintió que la temperatura subía, se alejó de Miledi y miró hacia el brillante oasis. Mientras observaba el sol en el horizonte, habló una vez más.

“Entonces, tomémoslo con calma. Te seguiré por siempre, siempre y cuando no te hayas dado por vencido. No hay necesidad de apresurarse”.

Él le había prometido que la seguiría a las profundidades del infierno, y él tenía la intención de cumplir su palabra.

Miledi no respondió. Los sonidos de otros clientes comiendo llenaron el silencio entre ellos.

Oscar se giró hacia Miledi, preguntándose por qué estaba tan callada.

“¿Qué pasa con esa expresión?”.

“¿Hmmm? ¿Qué quieres decir?”. Miledi estaba sonriendo de oreja a oreja.

El humor de Oscar de repente se amargó.

Él se ocupó de limpiar los restos de su desayuno.

“Estás totalmeeeeeente enamorado de mí, ¿no es así, O-kun?”.

“Deja el sueño para cuando estés dormida y ayúdame a limpiar”. Oscar entrecerró sus ojos y sacudió la barbilla hacia el plato de Miledi. Todavía sonriendo, Miledi se burló más de él.

“Oh, ¿estás sonrojado? ¡Tú eres O-kun!”.

Oscar debatió si arrojaría su café a la cara de Miledi, pero decidió ser más civil. A medida que pasaban los días, él se estaba volviendo cada vez mejor tratando con Miledi.

Y así, Oscar simplemente ajustó sus gafas y cambió el tema.

“Naiz dijo que estaría ocupado esta mañana. Es probable que entregue iraks a los pueblos que están escaseando, así que estoy pensando que deberíamos ir por la tarde”.

“¿Está ayudando a las personas otra vez? No puedo decir si es solo una buena persona, o si…”.

“Afortunadamente, lo descubriremos eventualmente también. Aunque estoy un poco preocupado. Claro, tiende a ocultar sus habilidades, pero las usará si es necesario para ayudar a las personas. Después de todo, él no dudó en salvarnos. Y los rumores se han extendido tanto que incluso tú habías oído hablar de él, todo el camino en el Este. Es solo cuestión de tiempo antes de que sus poderes estén expuestos”.

“Tienes razón. Una cosa que no entiendo… ¿Por qué todos lo llaman hada?”.

Todos los rumores decían que el “Hada del Desierto” los había salvado. Con su voluminoso cuerpo, expresión taciturna, ojos agudos y cabello rojo, Naiz era lo más alejado de un hada que Oscar pudiera imaginar.

“Bwah”. Oscar casi escupió su café, mientras imaginaba a Naiz tratando de lucir como un hada.

“B-Bueno, no parece que sea él quien se le ocurrió, y los rumores tienen la costumbre de enloquecer. Un hada errante del desierto que ayuda a los viajeros perdidos hace una historia mucho mejor que un aficionado haciendo lo mismo”.

Incluso así, realmente quiero saber cómo alguien llegó a asociar la palabra hada con Naiz. Tanto Miledi como Oscar estaban ardiendo de curiosidad.

Mientras limpiaban, la voz de una joven chica los interrumpió.

“Umm… ¿ya conocieron al Hada del Desierto?”. Miledi y Oscar se giraron para ver a dos chicas mirándolos.

Parecían ser hermanas. Por lo menos, se parecían bastante. Ambas tenían la piel marrón oscura y ojos verde jade. La mayor parecía tener alrededor de 12 o 13, mientras que la más pequeña no podía tener más de 8. La chica más joven llevaba el cabello largo suelto, mientras que la hermana mayor llevaba el cabello hasta los hombros con trenzas. Ambas vestían túnicas y sandalias blancas, y parecían ser residentes locales.

“Umm, ¿estás hablando con nosotros?”.

“Ah, s-sí. ¡Lamentamos interrumpirlos!”. La hermana mayor inclinó su cabeza. Parecía que habían escuchado a Oscar y a Miledi hablar del Hada del Desierto.

Miledi les sonrió tranquilizadoramente.

“Él ciertamente no se veía como un hada para mí, pero nosotros sí~ Nos preguntábamos por qué todo el mundo lo llamaba un hada… ¿Podrían saberlo ustedes dos?”. Las expresiones de las chicas cambiaron cuando Miledi mencionó que ellos lo habían conocido. Intercambiaron miradas furtivas. Era obvio que ellas sabían algo. Sin embargo, las dos no dijeron nada. No estaban seguras de sí era seguro decírselo a Miledi.

Después de unos segundos, la hermana mayor respondió.

“¿Son ustedes dos de la Santa Iglesia?”.

“Diablos, no”. Oscar y Miledi respondieron sincronizados, su desprecio era obvio. Tal demostración abierta de malicia habría sido peligrosa si hubieran estado hablando con creyentes devotos.

Afortunadamente, las dos chicas parecieron aliviadas cuando escucharon el disgusto de Miledi y Oscar. Incapaz de contenerse más, la hermana menor se inclinó hacia delante y dejó escapar algo.

“¡Onii-san, Onee-san! ¡¿Saben dónde está la deidad guardiana?! ¡A mí y Sue-nee realmente nos gusta! ¡Lo hemos estado buscando todo este tiempo! ¡Realmente queremos verlo de nuevo!”. La hermana mayor intentó apresuradamente cubrir la boca de su hermana menor, pero ya era demasiado tarde.

Miledi y Oscar intercambiaron miradas. Ella lo había llamado una deidad guardiana, no un hada. Esto era algo de lo que necesitaban saber más.

Especialmente cuando la hermana menor, que no sabía cuándo cerrar su boca, agregaba: “¡Sue-nee es muy popular entre los chicos, pero los rechazó porque está enamorada de él!”. La pobre Sue se sonrojó mientras intentaba cerrar la boca de su hermana.

Oscar y Miledi asintieron el uno al otro.

“¿Te gustaría unirte a nosotros para desayunar?”.

“Te invitaremos hasta el postre también”.

Ellos sobornaron a las hermanas con comida.

Las hermanas cargaban sus platos, la más joven con gusto, la mayor con un poco más de vacilación. Ella todavía estaba avergonzada por lo que su hermana menor había dicho.

En el transcurso del desayuno, Miledi y Oscar aprendieron que el nombre de la hermana mayor era Susha Liv Doumibral y la más joven era Yunfa Liv Doumibral. Eran, como había supuesto Oscar, residentes del pueblo.

Era costumbre que las personas en el desierto tomaran el nombre de la región y el pueblo en el que habían nacido, razón por la cual su segundo

nombre y apellido eran Liv y Doumibral, respectivamente. Ellas eran del pueblo de Liv, en el feudo de Doumibral.

Eso me recuerda, ¿de dónde es Naiz? Como Oscar no había sabido demasiado sobre las costumbres del desierto antes, no había pensado mucho en el apellido de Naiz. Le había preguntado a Susha si ella lo sabía, pero ella ni siquiera sabía que su primer nombre era Naiz.

Cuando Oscar se lo contó, se lo repitió a sí misma como una especie de encanto. Maldición, esta chica habla en serio sobre él.

Miledi preguntó cómo las chicas habían conocido a Naiz, y resultó que su primer encuentro fue más o menos el mismo como el de Miledi.

Los monstruos las habían atacado cuando apareció y las teletransportó a un lugar seguro.

Sin embargo, uno de los monstruos había provocado que el maná de Yunfa se volviera loco. Cuando Susha le dijo eso a Naiz, él desapareció y regresó con piedra caliza para ella.

Ellas estaban tan sorprendidos por la constante teletransportación de Naiz que ni siquiera habían podido agradecerle antes de que desapareciera con su acostumbrado “No le digan a nadie sobre mí”.

“Desde entonces, hemos estado buscando por él. Todavía no he podido darle las gracias”.

“¡Y quieres confesarte y casarte con él también! ¡Estoy bien siendo su amante!”.

Susha se sonrojó de nuevo. Ella envolvió un brazo alrededor de la boca de su hermana y la amordazó.

“Nosotras, de hecho, difundimos los rumores de que él era el Hada del Desierto a propósito. Pensé que dado que Naiz-sama no quería que la gente supiera de él, lo menos que podíamos hacer era decir que alguien que se veía completamente diferente nos salvó. Sabía que las noticias se difundirían eventualmente, así que me aseguré de contarles a todos los aventureros y bardos que visitaban este lugar mi versión de los eventos primero”.

“Ya veo. Entonces tu forma de agradecerle fue convertir al guardián en un hada”.

Miledi asintió en comprensión. Sin embargo, Oscar notó algo desagradable sobre la historia de Susha. Las siguientes palabras de Yunfa solidificaron sus sospechas.

“¡Ayudé a Sue-nee también! ¡Les dije a todos exactamente lo que Sue-nee me dijo que hiciera!”. Así que definitivamente esta fue su idea… Oscar llegó a una conclusión. Se subió las gafas y formuló una pregunta para ayudar a confirmar su teoría.

“Perdón por hacer una pregunta tan repentina, pero ¿tus padres dirigen este bar?”.

“¿No?”. Susha la siguió al instante con una explicación.

“Nuestros padres fueron asesinados por monstruos cuando éramos jóvenes… Ahora mismo vivimos con los amigos de nuestros padres”.

“¿Y ellos dirigen este bar?”.

“Sí”. Esta vez, ella no lo negó. Ahora Oscar estaba seguro. Susha había comenzado los rumores.

“¿Tú eras la que estaba detrás de los rumores de las hadas?”.

“Síp”. Susha sonrió.

Oscar y Miledi intercambiaron miradas. Según Susha, Naiz las había salvado hace dos años. En otras palabras, ella se le ocurrió este elaborado plan para crear el Hada del Desierto cuando solo tenía diez años. Todo por su propia cuenta.

Y funcionó. Por lo menos, todos hablaban sobre un Hada del Desierto, y no un guardián.

“E-Eso es bastante impresionante”. Miledi dijo su honesta opinión.

Susha se sonrojó y respondió.

“Todo es por el bien de Naiz-sama”. Teniendo en cuenta su edad, era concebible que ya hubiera llegado a la pubertad. Aun así, el hecho de que ella estaba tan decidida en Naiz desde la edad de diez años era bastante impresionante. Ella hablaba muy en serio acerca de él.

“¿Qué tipo de relación tienen ustedes dos con Naiz-sama? Dijeron que lo habían conocido”. Definitivamente Susha no dejaría escapar ninguna pista de su alcance. Yunfa los miró expectante a los dos. Ambas realmente querían reunirse con él de nuevo.

“Hmm… Podrías decir que nos encontramos con él mucho estos días”.

“¡¿E-En serio?! ¡¿Dónde se está quedando?!”. Susha se inclinó hacia adelante con entusiasmo. Ni ella ni Yunfa esperaban que pudieran reunirse con él a voluntad.

“Tendremos que preguntarle si está bien decírtelo primero. Vamos a volver a verlo hoy también, así que le preguntaremos entonces. Prometo que lo conocerán pronto, así que esperen pacientemente, ¿de acuerdo?”.

“Miledi-san… Supongo que tendremos que hacerlo. Sí, esperaremos”.

Aunque estaba un poco decepcionada, Susha tuvo que admitir que Miledi tenía razón. Ella asintió.

Yunfa miró de Oscar a Miledi. Después de pensar por unos segundos, dejó caer otra bomba.

“Por cierto, ¿ustedes dos son una pareja?”. Susha se giró hacia su hermana presa del pánico. ¡No puedes simplemente preguntar eso!

Miledi miró inexpresivamente a Yunfa, mientras Oscar sonreía.

“Jajaja… Es una buena broma, Yunfa-chan”.

“¿O-kun? ¿Que se supone que significa eso?”.

¡Incluso si no vas a admitirlo, al menos no podrías negarlo tan limpiamente así! Mientras Miledi miraba a Oscar, Yunfa continuaba arrojando bombas.

“¿No lo son? Hubiera sido mejor si lo fueran~”.

“¿Huh? ¿Por qué es eso, Yunfa?”.

“Porque dijiste que siempre estás hablando con el hombre del que Onee-san está enamorada. Y vas a encontrarte con él otra vez hoy… ¡Si ustedes dos no son amantes, entonces tal vez lo estás seduciendo!”.

“……”. Susha guardó silencio. Su expresión era atronadora. Había un brillo

peligroso en sus ojos.

“¡Es un malentendido! ¡No tengo ningún interés en ese hombre, lo prometo!”. Miledi rápidamente trató de explicarse. La mirada de Susha era absolutamente aterradora, tanto que Miledi estalló en sudor frío.

Oscar simplemente miró todo el intercambio con una sonrisa. Miledi giró su mirada de reproche hacia él.

“¡Además, O-kun ha estado conmigo todo el tiempo! Prometo que realmente no es así. Por lo que vamos a verle es algo mucho más serio que eso”.

“¿Mucho más… serio? ¿Te refieres a tu futuro juntos?”.

“Mierda. ¡Debería haber sabido que terminaría así!”. Esta era la primera vez que Oscar veía a Miledi, quien siempre era la que molestaba a los demás, tan nerviosa. Era lo más divertido que había tenido en años. Además, Yunfa aún no había terminado.

“¡Está bien, tenemos a Sue-nee de todos modos! ¡Sus tetas son mucho más grandes que las tuyas! ¡Una vez que él las vea, se enamorará por completo de ella!”.

“¿Huh?”.

“¿Huh?”.

Miledi miró el pecho de Susha. Susha miró al de Miledi.

Era difícil distinguir la forma del cuerpo de Susha a través de su voluminosa túnica. A pesar de eso, su pecho aún sobresalía un poco.

Miledi comparó eso con su propio pecho. Ella pasó sus manos sobre sus planas tetas de tabla de lavar. Su cabeza cayó. Ella parecía abatida.

Oscar estaba honestamente impresionado.

“Yunfa-chan, tienes un futuro brillante por delante. No mucha gente puede decir que hicieron llorar a Miledi…”.

“¿Huh? Umm, ejeje, no fue nada”. Yunfa realmente no entendió lo que Oscar estaba diciendo, pero ella podía decir que estaba siendo alabada.

La verdadera pregunta es, ¿ella lo hizo por instinto o fue planificado? Al ver que la hermana mayor de Yunfa había sido una maestra de la manipulación de la información a la edad de 10, Oscar estaba seguro de que ella tenía mucho potencial.

Él tenía la sospecha de que Yunfa había derribado a Miledi por si acaso ella había estado pensando en llevarse a Naiz de Susha, pero no quería despertar un nido de avispas, por lo que no preguntó.

Oscar observó mientras Susha consolaba a Miledi y se preguntaba cómo la presencia de estas hermanas cambiaría la relación entre él y Naiz.

La Montaña del Dragón Rojo era un volcán de cúpula. Eso significaba que sus erupciones eran generalmente efusiones de lava viscosa en lugar de violentas explosiones. También significaba que la montaña en sí tenía la forma de un trapezoide de suave pendiente. Tenía apenas tres kilómetros de altura, pero abarcaba una longitud de cinco kilómetros de ancho.

Después de separarse de las hermanas, Miledi y Oscar se dirigieron al volcán. Podían sentir el calor de la lava cuando aterrizaron en la cumbre. El humo blanco se elevaba desde los agujeros en la cumbre, y realmente parecía que un dragón rojo podría vivir allí.

Había una entrada a la casa de Naiz desde arriba. Ellos se acercaron al resplandeciente cráter naranja que se convirtió en la puerta principal de Naiz. El calor de la lava se mantuvo a raya por las barreras de Naiz.

“Vamos, O-kun”.

“No importa cuántas veces lo haga, nunca me acostumbraré a saltar a la boca de un volcán activo”.

“Dice el tipo que montó su paraguas en un río de lava”.

El par bromeó entre ellos mientras saltaban al cráter. Miledi los aceleró con su magia de gravedad mientras se dirigían a la terraza que Naiz tenía en su hogar.

A medida que se acercaban al suelo, el aire se enfriaba. Las barreras de Naiz mantenían el calor alrededor de su casa de manera más efectiva que

en otros lugares. Eran un logro bastante impresionante. Oscar había aprendido durante una noche de bebida que a Naiz le había tomado mucho tiempo dominar las barreras de forma tan precisa.

“¡Nacchaaaaaan! ¿Estás en casa? Hemos vuelto a jugar~”.

“Perdón por venir todo el tiempo. Te trajimos un poco de vino hoy.

Todavía es media tarde, pero ¿qué tal una bebida?”.

Ellos caminaban valientemente en la casa de Naiz como si fuera la suya. El par lo encontró sentado con las piernas cruzadas en el suelo, machacando algo con un almirez y un mortero. Él suspiró y se giró hacia sus invitados no deseados.

“Ya pasó más de una semana… ¿Cuánto tiempo planeas hacer esto?”.

“Hasta que aceptes convertirte en nuestro camarada”.

“¿Así que seguirás viniendo por el resto de tu vida?”.

“¡Ajaja, siento que alguien más me dijo eso antes también!”.

“Ese sería yo”.

Oscar le dio a Naiz una mirada de simpatía y lo ayudó a limpiar su espacio de trabajo.

“¿Eso es piedra caliza?”.

“Sí. Es difícil de recolectar, por lo que la mayoría de los pueblos siempre son escasas”.

“Excepto que vivas donde crece, así que es pan comido para ti. Me he tomado la libertad de recolectar algo para mí también”.

Oscar se sentó en la silla que había traído a la casa de Naiz. Miledi se sentó junto a él y balanceó distraídamente sus piernas. Ella parecía aburrida.

Cada vez que Oscar y Naiz comenzaban a hablar sobre este tipo de cosas, Miledi se quedaba fuera de la conversación.

“Quería ver si podía moler el polvo tan fino que se convertiría en líquido”.

“¿Tú qué?”.

“Hay muchos monstruos por aquí que hacen que el maná de las personas se vuelva salvaje. La piedra caliza es considerada la única cura, ya que suprime el maná de las personas”.

“Quiero decir, sí, pero ¿por qué necesitarías que licuarlo?”.

“Todavía no estoy seguro, pero tal vez sea más fácil de ingerir si se trata de un líquido. Además, puedes cambiar la concentración si está licuada. Y si estás probando un peligroso experimento mágico, podrías hacer tu círculo mágico con piedra caliza licuada”.

“Hmm… Básicamente, estás buscando maneras de usarla que no sea como medicina”.

“Precisamente. Así—”. A medida que la conversación se hacía más técnica, Miledi los interrumpió con un grito.

“¡Gaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡No puedo creer que ustedes dos me ignoren y se diviertan por su cuenta! ¡No es bueno ignorar a tus amigos así!”. Miledi se cruzó de brazos en forma de X.

Oscar y Naiz compartieron una sonrisa de complicidad. Miledi se puso de mal humor cuando los vio llevarse tan bien.

Ella murmuró algo enojada.

“Le diré a Sue-chan que Nacchan está más en O-kun que él en mí”.

“Hey, no hagas sonar como si fuéramos gay. Además, tengo la sensación de que ella te tomará en serio, así que, por favor, no digas eso”. Oscar se estremeció.

Naiz miró a Oscar con una mirada inquisitiva.

Oscar y Miledi intercambiaron miradas y asintieron el uno al otro.

“Sue-chan es esta chica que vive en Liv. Ella tiene una hermanita llamada Yunfa”.

“¿Hmm?”.

“Ellas son quienes propagaron el rumor de que eres el Hada del Desierto”.

“¿Qué? ¿Qué quiere…”.

Naiz de repente pareció interesado. Siempre estuvo interesado en los rumores que se extendían sobre él. Sin embargo, parecía desconcertado sobre por qué alguien los cambiaría.

Oscar intervino con una explicación.

“Salvaste un par de hermanas de monstruos hace dos años, ¿verdad? La más joven tenía su maná enloquecido y tú la curaste. ¿Las recuerdas?”.

“… Esas dos, ¿huh?”. Naiz revisó sus recuerdos por un minuto antes de responder.

“Así que las recuerdas”.

“Nufufufu. Eres un operador suave, Nacchan. La hermana mayor está completamente loca por ti, y es una verdadera lindura para empezar”.

“¿Ella está ahora qué?”. Naiz, que no reconoció la expresión, inclinó su cabeza con confusión.

Después de haber sido tan completamente demolida por la mañana, Miledi se moría por molestar a alguien.

“Bueno, ya ves, desde que las salvaste, esas dos chicas te han estado buscando por todas partes. Dijeron que querían agradecerte por salvarlas en aquel entonces. Pero la verdad es que la hermana mayor está enamorada de ti. ¡Aunque solo tiene trece años!”. Miledi no mencionó que, a pesar de tener solo trece años, Susha tenía tetas más grandes que ella. Ella no era masoquista después de todo.

“¿La niña de entonces está enamorada de mí?”. Naiz había recordado lo jóvenes que eran las niñas que había salvado. Le costaba creer que en tan solo dos años esa chica había llevado a cabo una campaña de desinformación en masa porque se había enamorado de él.

Por su parte, a Miledi le costaba creer que una niña la venciera siendo muchos años más joven que ella. Peor aún, Susha todavía estaba en medio de su crecimiento acelerado, mientras que, por otro lado, Miledi había pasado hace mucho tiempo la pubertad.

“Como dijiste que no querías que las personas supieran de ti, ella inventó la historia de que la persona que salvó a los viajeros era una delicada hada.

Todo porque ella te ama”. Naiz hizo una amarga expresión al escuchar la explicación de seguimiento de Oscar.

Miledi sonrió y señaló a Naiz.

“Hey, ¿cómo se siente? Hey, Nacchan, dime. ¿Cómo se siente saber que una niña de trece años está totalmente enamorada de un chico mayor como tú? Vamos, Nacchan, puedes decir, no diré tu sec—”. Naiz agarró la cara de Miledi con fuerza.

“Oscar, ¿te importa si arrojo a tu compañera fuera de este volcán?”.

Oscar sacó las cadenas de sus mangas.

“¡Owwwwwwww! ¡Hey, Nacchan, ¿podrías aflojar un poco tu agarre?! ¡Puedo sentir mi cráneo crujiendo! ¡Y O-kun, eres mi compañero! ¡Se supone que debes ayudarme, no a él!”.

“¡Esto es tu culpa!”.

“¡¿Por qué están siempre sincronizados asíííííííííííí?!”. Hubo un fuerte crujido y el cuerpo de Miledi quedó inerte. Cuando Naiz la soltó, cayó en su silla con un ruido sordo. Después de eso, Oscar y Naiz la ignoraron y comenzaron a beber el vino que él trejo.

Algún tiempo después, Miledi se despertó y vio que el paraguas de Oscar llovía luz curadora sobre ella. Una vez que su dolor de cabeza desapareció, Oscar volvió al tema de las dos chicas.

Él explicó cuán sincero era su deseo de reunirse con Naiz. Oscar había esperado que a Naiz, quien había ayudado a la gente en una gran parte de su vida, no le hubiera importado reunirse con ellas. Sin embargo, contrariamente a las expectativas, él parecía preocupado.

“Ella ya sabe sobre tus poderes. Además, se están esforzando más que nadie para asegurarse de que nadie se entere de ti, así que ¿cuál es el problema de ir a verlas?”.

“Incluso si no tienes mucho que decir, creo que deberías ir a verlas. Si no lo haces, estoy bastante segura de que Sue-chan te seguirá buscando por el resto de su vida. Ella es tan seria contigo”.

Naiz habló con voz abatida.

“Esas chicas piensan que soy una especie de héroe o deidad guardiana, ¿no?”.

“Creo que algunos de los locales también piensan que eres una deidad guardiana, pero sí”.

“Bueno, están equivocados. No soy un guardián. Solo estoy haciendo esto por mí mismo… para expiar mis errores”.

Oscar y Miledi se miraron, luego Miledi se enderezó.

“¿Pasó algo en el pasado? ¿Es por eso que no puedes reunirte con Sue-chan, o venir con nosotros?”.

“……”.

“Nacchan. Preguntaste cuánto tiempo planeamos venir aquí. No me iré hasta que al menos nos digas por qué no vendrás con nosotros. Ese es hasta qué punto de reclutamiento me importas. Sé que es una pregunta grosera, y sé que probablemente sea doloroso hablar de eso, pero es precisamente por eso que no podemos irnos hasta que lo sepamos”.

Su mirada implacable atravesó a Naiz. Él se giró para ver a Oscar con la misma seria expresión. Sus ojos callados tenían una resolución profunda. Sabían lo que le preguntaban a Naiz, pero esta vez no retrocederían.

Estos son los amigos más problemáticos que he hecho. Sin embargo, él ya había escuchado las historias de Miledi y Oscar. Sabía desde el principio que no los alejaría tan fácilmente. Ahora entendía por qué un rechazo no había sido suficiente. A menos que les diera una razón para su negativa, ellos no retrocederían. No, no podían retroceder. Al darse cuenta de que era su propia culpa por arrastrar las cosas en este tiempo, Naiz sonrió amargamente y tomó una decisión. Él les diría de su pecado.

“¿Conocen un pueblo llamado Gruen?”. Miledi y Oscar negaron con sus cabezas al mismo tiempo. Naiz tomó un profundo respiro antes de continuar.

“Es el pueblo en el que nací… y el pueblo que destruí”. Oscar y Miledi tragaron saliva.

Con los ojos bajos, Naiz comenzó su historia.

“Mi nombre completo es Naiz Gruen Caliente”.

“Caliente es la región más al Norte, ¿no es así?”.

Naiz asintió.

“Gruen era el pueblo más cercano a la capital de la región. Mi padre era un soldado en el ejército del feudo. Siempre lo admiraba, y quería ser un soldado como él. Yo, mi mejor amigo Yogun, y mi hermanito Est siempre practicamos juntos el manejo de la espada. Mi madre era la persona más amable que había conocido en mi vida. No solo eso, ella también era una talentosa maga. Pensando en ello ahora, me doy cuenta de que fui verdaderamente bendecido”. Él había tenido una familia cariñosa y amigos que compartían los mismos sueños. No solo eso, él había sido un joven talentoso. Eso ciertamente era lo que uno llamaba bendecido.

Oscar miró a Miledi. Aunque ella había nacido en una casa rica, su familia no le había demostrado ni una pizca de amor. Miledi notó su mirada y lo miró. Ella adivinó lo que él estaba pensando por su expresión, pero no parecía deprimida por su situación. De hecho, le mostró a Oscar una cálida sonrisa.

Al ver que no tenía que preocuparse por su compañera, Oscar ajustó sus gafas y le devolvió la mirada a Naiz.

“Mi padre solía irse a trabajar, pero volvía unos días cada mes para pasar tiempo con nosotros. Mamá siempre nos dijo que no lo molestáramos porque estaba cansado, pero Yogun y yo siempre le suplicamos que nos entrenara. Mi padre era el guerrero más fuerte del pueblo, y yo siempre estaba ansioso por mostrarle cuánto había crecido”. Naiz habló con nostalgia sobre el pasado. Obviamente, había sido muy cariñoso con sus amigos y familia.

“Yogun tenía un dicho: ‘Ningún verdadero héroe llega a su fin en un pueblo aislado’. Él quería luchar por personas importantes en lugares importantes y elevarse en el mundo. Sus ambiciones siempre fueron mayores que las mías, siempre mirando hacia el futuro. Y a pesar de que él mismo era un talentoso luchador, siempre estuvo celoso de mis habilidades”. A diferencia de Naiz, que solo quería ser un soldado como su padre, Yogun había estado soñando en grande. Y Naiz había envidiado esa parte de él.

Naiz sonrió brevemente, recordando. Pero en poco tiempo, su expresión oscura regresó. Oscar no podía decir si era enojo o arrepentimiento lo que nublaba el rostro de Naiz.

“Nunca me di cuenta de cuán profundamente corrían los celos. Aunque siempre estuve con él, nunca me di cuenta de lo que él realmente estaba pensando”.

En un día como cualquier otro, el padre de Naiz, Solda, había regresado a casa y había comenzado a entrenar con Yogun. La hora se había hecho tarde, y Solda estaba planeando regresar a casa cuando un grupo de pueblerinos corrió hacia él. Sus rostros estaban pálidos y gritaban sobre un ataque de monstruos.

El pueblo tenía sus propios guardias, por supuesto. La mayoría de las amenazas que aparecían eran tratadas por dichos guardias. La razón por la que habían venido a Solda esta vez era porque el monstruo había sido demasiado poderoso para que lo manejaran los guardias del pueblo.

Solda sabía su deber, e inmediatamente accedió a ayudar. El monstruo que había aparecido era demasiado poderoso para los guardias, pero un soldado profesional como Solda no debería haber tenido problemas para derrotarlo.

“Yogun y yo le suplicamos a mi papá que nos dejara ir con él. Ya teníamos 15 para entonces. En un año hubiésemos sido elegibles para unirnos al ejército. Mi padre pensó que sería un buen entrenamiento para nosotros, así que estuvo de acuerdo”. Los dos habían seguido felizmente a Solda a las puertas del pueblo… y allí fue donde todo salió mal.

“En realidad, había más monstruos de los que los pueblerinos habían mencionado en su reporte. Acabábamos de ocuparnos de los que los pueblerinos nos habían dicho, así que bajamos la guardia, y esa fue la razón por la que ni Yogun ni yo notamos la madriguera detrás de nosotros”. Para cuando oyeron la advertencia de Solda, ellos estaban casi en las mandíbulas del monstruo.

Ni siquiera hubo tiempo suficiente para lanzar una barrera. Incluso si hubiera habido tiempo, tanto Yogun como Naiz estaban demasiado aterrorizados para moverse. Sin embargo, la crisis había despertado un poder adormecedor dentro de Naiz, y él se movió completamente por instinto.

“Esa fue la primera vez que usaste magia espacial, ¿verdad?”. Naiz asintió en silencio.

“Yogun, mi padre, e incluso yo no podía creer lo que acababa de pasar.

Había destrozado el monstruo frente a los ojos de todos.

Inconscientemente abrí una grieta en el espacio donde estaba el monstruo.

Sin conjuros, sin círculo mágico”.

“Cuando tu papá y Yogun descubrieron que podías usar magia de la era de los dioses, ¿qué hicie…”.

Era obvio que el despertar de sus poderes había estado directamente relacionado con la destrucción del pueblo de Naiz. Miledi contrajo su rostro. Oscar respiró hondo, mentalmente preparándose.

“Mi papá me hizo a Yogun y a mí la promesa de mantener lo que había hecho en secreto. Aunque las personas del desierto son creyentes de Ehit ahora, nosotros solíamos adorar a la naturaleza. Todos le rinden homenaje a la Santa Iglesia aquí también, por supuesto, pero la mayoría de las personas no es tan devota. Hay muchas personas que aún siguen las viejas costumbres en secreto”.

“Y tu padre era uno de ellos, ¿no? Por eso él quería mantener tus poderes en secreto. Tu padre realmente te amaba, pero entonces…”. Oscar frunció el ceño. Podía adivinar qué debió haber pasado después. El secreto de Naiz había salido. Y como estaba claro que Solda amaba a su hijo, eso solo dejó… Naiz simplemente continuó su historia.

“Al año siguiente, Yogun y yo nos unimos al ejército. Al principio trabajamos juntos, con el objetivo de ascender en las filas… pero luego las cosas cambiaron. Yogun comenzó a actuar de forma extraña, y a menudo me miraba con desprecio apenas oculto. Traté de fingir que no me di cuenta…”. Con el despertar de sus poderes, una brecha infranqueable se había creado entre las habilidades de Naiz y las de Yogun. Además, Naiz descubrió que tenía una aptitud para todo tipo de magia. Para mantener sus poderes en secreto, él usó falsos círculos mágicos y conjuros, pero continuó perfeccionando su habilidad para manipular el maná directamente. Naturalmente, su habilidad con la magia espacial creció a lo largo de la de los otros elementos.

Yogun ardía en celos. No había lógica detrás de ello, pero a él le molestaba Naiz. Y así, al final, rompió su palabra y vertió el secreto de Naiz.

Le dijo a su lord que conocía a alguien que podía usar magia antigua. Él había ido a su lord y no a la Santa Iglesia, porque sabía que la Santa Iglesia no le habría dado una recompensa por la información. Ellos habrían dicho que servir a Ehit era una recompensa suficiente.

Sin embargo, los resultados de su traición fueron desastrosos. Yogun no se había dado cuenta de lo lejos que alguien en el poder estaría dispuesto a ir para poner sus manos sobre un portador de magia antigua.

El lord de Caliente, Bolemos, decidió adoptar a Naiz como su propio hijo, y luego hacerse a un lado para hacerle el nuevo lord. Él quería que su región, Caliente, fuera el miembro predominante de la alianza Sharod, y hacer de un portador de magia antigua el lord de la región era la mejor manera de lograr ese sueño.

“Entonces, Bolemos habría encontrado a tu familia original… un obstáculo”.

“Así es. Hubo una gran tormenta ese día. Mi padre irrumpió en mi casa, me dijo que tomara a mi hermano y mi madre, y que huyera. Bolemos había enviado gente a arrestar a toda mi familia. Para que el resto de nosotros escapase, mi padre…”.

Naiz nunca olvidaría ese tormentoso día. La visión de su padre, gritándole que salvara a Est y a su madre, mientras enfrentaba a los soldados que habían sido enviados a matarlo, había sido quemado en su cráneo.

A los guerreros del desierto se les enseñó a nunca mostrar sus lágrimas, pero Naiz lloró esa noche. Lloró, maldijo su propia impotencia y dejó que su padre muriera.

Él nunca olvidaría lo que sucedió justo después. Otra unidad de soldados le tendió una emboscada cuando salía de su casa. Él estaba demasiado angustiado para defenderse, y casi fue capturado. Pero entonces, alguien vino a salvarlo.

“Fue Yogun. Yogun vino a salvarme. Él fue quien le contó el plan de mi padre a Bolemos. En la pelea que siguió, él fue herido de muerte. Con su último aliento, me contó todo”.

“Lo siento. Lo siento, lo siento, Naiz. He hecho algo terrible. Por favor, perdóname”. Él murió rogando por el perdón de Naiz, pero Naiz no pudo decir “Te perdono”.

Incluso ahora, él no estaba seguro de cómo se sentía con respecto a Yogun.

Naiz odiaba a Yogun por haber destruido a su familia, pero tampoco podía negar que él compartía parte de la culpa. Él había pasado la mayor parte del tiempo con Yogun y, sin embargo, no había podido ver cómo su fuerza se estaba comiendo a su mejor amigo. No, fingió no verlo. Cuando pensaba en las cosas de esa manera, él no podía decir con certeza que debería odiar a Yogun.

“Corrí todo el camino de regreso a mi pueblo. No podía teletransportarme tan libremente como ahora. Si pudiera, tal vez las cosas no hubieran terminado como lo hicieron”. Cuando llegó a su pueblo, supo que era demasiado tarde. Su madre y su hermano estaban muertos. Cientos de soldados de Bolemos habían asaltado el pueblo, con Bolemos a la cabeza. Los cadáveres del hermano y la madre de Naiz estaban en el centro de la ciudad. Fueron rodeados por los otros pobladores.

“¿Él los mató? ¿No trató de tomarlos como rehenes por la ventaja?”. Esa hubiera sido la decisión inteligente. La única forma de mantener el control de alguien tan poderoso como Naiz hubiera sido tomar rehenes para mantenerlo pacificado.

“De acuerdo con Yogun, Bolemos había estado planeando matarlos todo el tiempo y solo decir que los tenía como rehenes. Él les había dicho a los otros pobladores que mi madre y mi hermano habían sido condenados como herejes y les había ordenado que los trajeran. Por eso Bolemos había ido en persona. Sus palabras eran respaldadas por la autoridad. Si él estaba allí, los pobladores no podrían desobedecer”. Bolemos había querido eliminar cualquier rastro de que su futuro hijo adoptivo hubiera tenido alguna vez una verdadera familia.

Por eso había planeado capturar a Naiz, matar a su padre y condenar a su madre y hermano como herejes. De esa forma, no habría nadie para cuestionar su historia. Cualquiera que supiera la verdad no hablaría por miedo a ser silenciado por los asesinos de Bolemos.

Oscar y Miledi se miraron nuevamente. Había una parte de la historia de Naiz que no tenía sentido.

Naiz había dicho que Bolemos había ordenado a los pobladores que trajeran a la familia de Naiz, pero eso no tenía sentido.

Bolemos había necesitado que Naiz creyera que su familia todavía estaba viva para tener cualquier poder sobre él, por lo que nunca los hubiera matado con testigos a su alrededor.

Hubiera sido más lógico llevárselos y luego deshacerse de ellos en silencio. De esa forma, incluso si Naiz encontrara una manera de interrogar a los pobladores, ellos tampoco sabrían si su familia estaba viva o muerta.

Lo más probable era que las personas que realmente mataron a la familia de Naiz fueran los mismos pobladores. Lo habían hecho para salvar su propio pellejo. Habiéndoles dicho que la familia de Naiz eran herejes, ellos hubieran querido mostrar que no tenían nada que ver con su madre o hermano. Que el resto del pueblo era puro. Y entonces, ellos mataron a la familia de Naiz para probar su lealtad.

Después de todo, Bolemos había traído cientos de soldados con él solo para capturar a dos personas. Los pobladores no eran tontos. Sabían que los soldados habían venido a destruir su pueblo.

Bolemos había afirmado que la familia de Naiz era hereje, pero ni siquiera había traído un solo sacerdote para confirmar eso”.

Era obviamente sospechoso. Los pobladores sabían que sus vidas estaban abandonadas una vez que renunciaran a la madre y al hermano de Naiz.

Entonces, al igual que un hombre que se está ahogando intenta arrastrar a otros hacia abajo con él, mataron a la familia de Naiz. Al menos de esa manera, Bolemos no podía decir que habían estado albergando herejes.

Por supuesto, Naiz debió haber notado eso también, razón por la cual—

“Cuando volví en mí, no había nada a mi alrededor. Estaba sosteniendo los cadáveres de mi familia en el vacío desierto. Bolemos, los pobladores e incluso el pueblo mismo se habían desvanecido”. Naiz recordó cómo los pobladores lo habían mirado cerca del final. Todos llevaban las expresiones culpables de hombres y mujeres que sabían que habían hecho algo mal, pero habían sentido que no tenían otra opción. Recordó cómo Bolemos parecía molesto porque su plan había sido arruinado. Recordó a los soldados que lo miraban con cautela, asustados de lo que él podría hacer. Pero más que nada, recordó la furia que él sentía.

¡¿Qué hizo mi familia para merecer esto?! ¡¿Quieres poder tan desesperadamente?! ¡Bien, te dejaré probarlo, entonces!

Él había dejado que su ira lo impulsara y lanzó el hechizo más poderoso del que era capaz. Él había destruido por completo una sección del espacio.

En otras palabras, literalmente borró a Gruen del mapa, junto con los pobladores y Bolemos.

Cuando Naiz terminó su historia, Miledi y Oscar dejaron escapar alientos que ni siquiera sabían que mantenían.

Él los miró por primera vez desde que comenzó su historia.

“Incluso si Bolemos fuera culpable, estoy seguro de que muchos de los soldados que lo seguían estaban cumpliendo con su deber. Ellos podrían haber sido buenas personas, con familias a las que regresar a casa. Todavía no estoy seguro de si odio a los pobladores por lo que hicieron o no, pero esa no era una buena razón para matarlos a todos. Lo que hice fue horrible”.

Entonces es por eso que dijo que está ayudando a la gente para expiar. Y porque lo está haciendo para expiar, no es algo que quiera ser elogiado o agradecido.

Un monstruo como Naiz no merecía ser amado. Eso era lo que él creía al menos. No habría podido vivir consigo mismo si estuviera rodeado de gente que le agradeciera.

“Esta es la última vez que diré esto”. Miledi tragó saliva. Oscar frunció el ceño.

“No me uniré con ustedes, chicos. Juré nunca más utilizar mis poderes para luchar, incluso si eso significa mi muerte”. Naiz había decidido usarlos solo para correr o protegerse.

Él nunca volvería a luchar, así que no podía ayudar a Miledi a lograr su sueño. Su negativa esta vez fue absoluta.

“Pero, Nacchan —”.

“Por favor, que esto sea el final. No vengas a verme nunca más. Si lo haces, me iré. Si sigo corriendo, tendrás dificultades para perseguirme y continuar tu propio viaje al mismo tiempo”.

Él tiene razón. Incluso si puedo rastrearlo, no hay manera de que podamos seguir el ritmo de su teletransportación. La única razón por la que pudieron perseguirlo hasta el momento fue porque él nunca salió del desierto.

Si realmente intentara huir, ellos nunca serían capaces de perseguirlo. A menos que lo retengan de alguna manera de todos modos. Si lo hicieran, no serían diferentes de Bolemos.

Naiz agitó una mano y una puerta apareció detrás del par.

“Fue un placer conocerlos, Miledi Reisen, Oscar Orcus. Dudo que nos volvamos a ver, pero les deseo suerte en su viaje”. Miledi abrió su boca para decir algo, pero no le llegó ninguna palabra.

“Vamos, Miledi”.

“O-kun…”.

Oscar le puso una mano en el hombro. Miledi suspiró y se levantó. Y luego, los dos caminaron hacia la puerta.

Miledi bajó su cabeza por un momento, entonces se giró hacia Naiz, con una triste expresión en su rostro.

“Nacchan… No, Naiz Gruen. ¿Es esto realmente lo que quieres?”. Lo que la entristecía no era que Naiz la rechazara. Más bien, era el camino que él había elegido.

“Lo es”.

“Ya veo…”. Miledi le dio una pequeña sonrisa y cruzó la puerta. Oscar no se dio vuelta, pero también tuvo algunas palabras de despedida para Naiz.

“Algún día, cuando nuestro viaje finalmente haya terminado…”.

“¿Qué?”.

“¿Podemos ir a visitarte de nuevo, como solo amigos?”.

“Pensaré sobre ello”.

Satisfecho, Oscar asintió y cruzó la puerta.

Naiz miró el espacio vacío donde se habían sentado sus amigos.

“¿Qué pasó con ‘Dudo que alguna vez volvamos a ver’?”. Su tono estaba lleno de auto-burla.

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