Dawn of Man – Capítulo 26
Capítulo 26
Luego de tener esa conversación con la Diosa acerca de ser líder de la tribu y sus expectativas que tenía puestas en él, abrió sus ojos y se sentó en el lugar donde estaba y miraba a un costado para ver si todavía ella estaba allí.
Efectivamente, al ver a Liz aún dormida a su costado plácidamente, suspiraba de alivio y le dio un pequeño beso en la frente antes de levantarse y acomodarla a ella de una manera mejor para que no note que se había ido. Por otro lado, Dean estaba durmiendo desparramado encima de su cama, roncando un poco y casi sin reaccionar al moverle un poco.
Salió afuera de su pequeño hogar, notando que apenas estaba amaneciendo y que, nadie estaba afuera o haciendo algo por lo que suponía que todos debían estar durmiendo. Respirar el aire fresco le daba mucha calma y se sentía revitalizado.
No había alguna cosa que hacer en particular por lo que, tan sólo fue a ver las cosas que había plantado. Ya había pasado más de dos semanas y, quería ver si hubo algún progreso y mostrarle a los otros acerca de que se puede conseguir comida de esta manera sin la necesidad de tener que mudarse de donde estaban.
Al cabo de unos 10 minutos, al llegar allí, pudo notar que estaban creciendo pequeños tallos de las plantas que había plantado y sobretodo, la semilla de manzana que puso también estaba creciendo pero a un ritmo muy lento. Al seguir mirando al suelo, notó que en una parte un poco cerca de las plantas y algunas flores que había también, encontró algunas semillas tiradas.
Al verlas, tuvo el presentimiento de que las había visto antes en algún lugar y por eso, utilizó su visión especial para poder corroborar que era.
[Semillas de trigo]
“¿¡Qué!?” Su gritó y su sobresalto hizo que se le cayera las semillas. Estaba sorprendido a tal punto de querer gritar más y llamar a todos para mostrarle que tenía en sus manos era lo más valioso que podían encontrar, incluso más que la piel de 10 mamuts.
[En la zona en la que te encuentras, es el lugar más que ideal y perfecto para poder plantar y sembrar las semillas de trigo, calabaza, girasol, manzanas, limón…]
Pestañeó varias veces para que su visión vuelva a la normalidad y todo se vea también como siempre. Ese repentino mensaje que aclaraba que la tierra en donde se encontraba era ideal para aquellas semillas, lo dejó más sorprendido a tal punto que su boca estaba que iba a tocar el suelo.
¿Por qué ahora podía ver pequeñas descripciones de las cosas que miraba? De repente, su respuesta fue respondida por él mismo. La Diosa le había felicitado por convertirse aparentemente en líder y, suponiendo muy bien, esto era un regalo por parte. Pese a su pequeño odio a ella, esto era algo que le iba a estar agradecido por mucho tiempo.
“Muchas cosas pueden plantarse aquí que pueden crecer sin problemas” Dijo para sí mismo mientras recordaba lo que leía. Usó su visión nuevamente para checarlo nuevamente y efectivamente, lo que leía de la tierra era que se podía plantar algunas verduras pero una gran cantidad de frutas. “El caso es que encuentre dichas semillas y para ello, seguro debo volver a esperar al invierno nuevamente para ello”
Esto, por lejos, fue lo mejor que le había pasado luego de saber que Liz estaba embarazada.
———
Pasaron al menos unas cuantas horas para ver que todo el mundo se había levantado. Para él, fue eterno esperar a que los demás despertasen por lo que, sin perder tiempo, empezó a plantar algunas de las semillas de trigo que había obtenido.
Además de ello, fue a buscar una cantidad de palos considerable para clavarlos alrededor de sus plantaciones para no solo recordar donde lo había hecho sino para que marcara el lugar donde empezara y dónde terminara.
No era muy grande, tan sólo abarcó al menos unos 50 metros tanto de largo como de ancho. Para él mismo, no era una gran zona sino pequeña. No hacía falta volverse loco y plantar todo como un loco. Le quedaban semillas y bastantes. Pese a la zona que había designado, plantó muy poco para ver si realmente funcionaba todo.
Con los cuencos de barro que habían, transportaba agua del río para alimentar a la tierra y más que nada a la semilla con agua. Todo este proceso le llevó esas horas y cuando había vuelto de nuevo con los demás, pudo ver algunas personas despiertas y yendo al centro de la tribu.
Como ahora era el líder, tuvo que ir al centro como todos, esta vez para informarles a todos la tarea que tenían que hacer.
Lo curioso era que, ahora, cuando activaba su visión, podía ver el estado de todos. Si tenían sed, si tenían hambre y sueño. Aparte, si estos presentaban alguna rareza dentro de ellos, podía verlo con una simple descripción.
Una vez que todos llegaron allí, tomaba aire y lo liberaba. Estaba nervioso. Aún la idea no le agradaba para nada pero, debía aceptar la responsabilidad… o no.
“Muy bien. Todos por favor escuchen lo que voy a decir” Las miradas de todos estaban enfocadas en él. No le gustaba hablar en frente de mucha gente y este caso, era uno de ellos. Pero, debía actuar o fingir por lo menos que era un líder. “Nos centraremos en recolectar materiales, más precisamente madera. Quiero que todos o aquellos que tengan suficiente fuerza, se encarguen de talar árboles y luego lo traigan y lo pongan en un lugar que luego asignaré. Además, quiero que vayan al río y consigan pescados. Vayan a recoger palos y también busquen pedernales así como comida…”
Dio otras indicaciones más y todos estaban callados mientras hablaba fuerte y claro. Pudo manejar su nerviosismo de una buena manera.
No hizo hincapié de cómo dividirse los diversos grupos para hacer las tareas que había asignado. Al contrario, esperaba que ellos mismos se dividieran para realizar los trabajos y claramente pudo notar que cada uno de ellos se había repartido de manera equitativa los trabajos.
Para las mujeres y hombres que se les obligó a ser anexados por parte de Elisa, se acercó hasta ellos diciéndoles que, si bien todavía pueden ser considerados extraños para los demás, que tarde o temprano en unos meses se acoplarían perfectamente.
Esto de cierta manera hizo que ellos se sintieran un poco mejor con ellos mismos pero sin aceptar aún la idea de que fueran anexados. Claro estaba que, Nathan les había advertido a cada uno de ellos que la traición no era una opción y que si alguien dañaba a otro de la tribu por cuestiones de rebelión, bueno, no hizo falta describir las cosas que iban a hacerle a los hombres y menos lo que pasarían las mujeres.
Dicho todo, él mismo se fue de nuevo a su tienda para recostarse un momento y mentalizar las cosas que debía hacer.
Pero, desafortunadamente, la paz que buscaba no la encontró, al contrario, encontró lo que parecía ser más problemas para él.
Una chica, una hermosa y dulce chica estaba dentro de su hogar y nadie más estaba dentro salvo sus felinos que aún descansaban. Crecían poco a poco y la belleza y ternura que estos tenían sabía que tarde o temprano lo perderían y serían feroces tigres.
“¿Puedo saber qué haces aquí adentro?” Preguntó.
La chica en cuestión se sobresaltó dejando escapar un pequeño grito, temiendo ahora de darse la vuelta para verlo a la cara. Tampoco hubo respuesta, sólo silencio. Minutos después, sí se volteó y se podía ver una cara llena de temor.
“Pues… vine a ver a los pequeños gatos…” Dijo jugando con sus dedos. Si su memoria no le fallaba y si aplicaba su visión especial, la chica en cuestión era Amber y tenía alrededor de 12 años. Más allá de su edad, mostraba signos de madurez física lo cual, cuando había escuchado una vez su edad y luego le miraba el cuerpo, sentía que le estaban mintiendo de arriba abajo.
“Huh… entiendo que quieras jugar con ellos pero no puedes entrar así a mi hogar. Puedo confundirte con alguien que quiere robarme y matarte ¿sabes?” Su respuesta hizo que la niña se pusiera algo tensa y su miedo por él aumentara, ocasionando que Nathan se riera un poco. “Tranquila, tranquila, no te voy a hacer nada… Espera, los felinos están del otro lado de donde te encuentras, ¿qué haces allí?”
Amber dudó unos segundos si responder o no. Ante la mirada seria y el dedo que le señalaba de Nathan, sus palabras estaban atoradas.
Nathan parpadeaba y suspiraba de resignación debido a que la niña no le daba una respuesta. “Retírate por favor” Y cuando lo dijo, Amber no escatimó en decir nada y se fue corriendo no sin antes que él le tomara del hombro para evitar que se vaya. “Pero antes, necesito que me hagas un pequeño favor”
“…” No dijo nada y tan sólo, con algo de lágrimas en sus ojos, empezó a quitarse el vestido de cuero que su madre le había hecho. No quería hacerlo pero, no tenía otra opción.
Nathan no se daba cuenta que ella se había desnudado. Cuando miró a su dirección donde estaba Amber, allí se dio cuenta de lo que pasaba y que, parecía malentender lo que había dicho ocasionando que él mismo este balbuceando y casi sin palabras para hablar. Por acto reflejo, lo único que pudo hacer es separarse y tirarle de nuevo el vestido que llevaba puesto.
“Te pido por favor que te ponga de nuevo ese vestido ahora mismo” Amber tenía los ojos cerrados y no miraba la cara de Nathan que estaba avergonzado e inclusive, puede decirse que peor que ella. Cuando escuchó eso, abrió los ojos sorprendida y mirando a un peliblanco que evitaba mirarla a toda costa. No quiso decir nada e hizo caso a su pedido, volviendo a ponerse su vestido y avisándole que ya lo tenía puesto. Abrir los ojos y verla vestida hizo que diera un suspiro enorme y quedara un poco tranquilo. La miró seriamente pero no tanto como antes y le comentó a cerca del favor que quería pedirle.
Ella no tenía otra forma de negarse por lo que asintió pese a no estar entendiendo.
Ambos salieron de la tienda y Nathan llevando a Amber al lugar donde tenía plantado sus cosas y además, sentía que una mirada le estaba picando demasiado la espalda y nuca. Si se daba vuelta, seguro que reconocería esa mirada asesina por lo que no dijo nada y se fue con Amber.
———
La tarea de Amber era simple y sencilla.
Debía vigilar un poco el lugar donde estaba practicando la agricultura. Le dio una explicación sencilla para que ella entendiera y que, si necesitaba ayuda de alguien, podía avisarle a su madre y darle la misma explicación.
Por naturaleza y por cómo Nathan miraba la personalidad de Amber, era obvio que la niña era algo tímida y a veces tenía la tendencia a asustarse fácilmente. Más allá de eso, parecía que el trabajo que le había asignado a ella encajaba perfecta con ella por lo que no dijo nada más y se fue. Obviamente, estaría vigilando de lejos por si algo malo le ocurría.
Esa noche, Nathan tuvo que explicarle a su mujer Liz lo que había pasado con la niña en cuestión y como último recurso, le pedía por favor que Dean dijera algo, persona que se hizo el distraído. Sabía el carácter que tenía su hija pero verle como tenía a Nathan, le daba más que risa en vez de pena.
Los siguientes días fueron normales.
Nathan parecía ahora que estaba un poco más relajado con el tema de ser líder. Aun así les dijo a todos que sólo sería líder por un corto período de tiempo porque él mismo reconocía que no tendría muchas cualidades para guiarlos a todos.
Se decía así mismo que como no comprendía a fondo este mundo, mundo del cual lleva alrededor de 7 casi 8 meses, no debía serlo.
Pero, al parecer la gente realmente le veía como si fuese un líder, cosa que él mismo no se sentía como uno. Suspiraba al saber que nadie le tomaba en serio cuando escuchaban que no era apto, ocasionando las risas de todos. Liz, incluso estaba segura que él y sus conocimientos le hacía la persona más que apta para ser un jefe de tribu, cosa que Nathan siempre que se lo decía trataba de que lo dijera sin demostrar algo de codicia en sus ojos. Era la única vez que podía golpear, con amor claro, a su mujer.
Días después, al final, Nathan acabó aceptando la idea de ser líder. No porque escuchaba los consejos de otros sino que, no le quedaba otra opción.
Cuando se ponía a pensar sobre lo que podían hacer ahora, alguien le aviso de que habían recogido una cantidad considerable de troncos. Con ese aviso, Nathan por fin quería hacer algo luego de varios días sin hacer nada.
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