Dawn of Man – Capítulo 27

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Capítulo 27

Lo primero que quería hacer Nathan era principalmente caminar.

No había hecho nada estos días, quedando en un estado de vagancia completa. Principalmente, estaba interesado en saber cómo Amber llevaba el cuidado de sus cosas las cuales, ella dijo que no debía preocuparse por ello. Se notaba claramente que su actitud a él cambió un poco.

Pero ahora, al saber sobre que habían recolectado suficiente madera, más que dispuesto fue a ver a los demás que cuando llego hasta allí, pudo ver que la cantidad de troncos que estaba viendo sí que era una gran cantidad.

Sorpresivamente, estaban apilados de una manera normal pero simple. Estaban divididos en varias pilas y se podía ver como algunas personas llevaban estos troncos entre varios y lo dejaban allí a la vista.

“¿Para qué quieres tantos troncos Nathan?” Alguien se acercó y le preguntó al peliblanco que miraba directamente a los troncos sin siquiera quitar sus ojos.

“¿Por qué? Porque quiero rodear la tribu con ellos” Miró a su costado sólo para ver a varias personas, más Dylan que fue quien le pregunto, con miradas confusas y miradas entre ellos por no entender a lo que este se estaba refiriendo. “Quiero decir, usar todos estos troncos para hacer un muro con ellos” Tampoco parecían entenderle por lo que suspiraba y se tomaba la cien un poco.

Por ende, tuvo que dar el ejemplo a los hombres que le miraban que entre ellos, reconoció solamente a Black y Dean que, viéndolos juntos, le era imposible no formar una amistad por el gran físico que ambos tenían. Tomó uno de los troncos, claro estaba que su fuerza no era para nada común, era incluso más fuerte que 10 personas juntas, y lo terminó clavando en la tierra justo a un lado de él.

Los demás miraban lo que había hecho y Nathan le dio unas palmadas al tronco recién clavado. “Esto es a lo que me refiero con hacer un muro con los troncos. Creo que con esto, podemos evitar que venga gente no deseada a molestarnos y establecer una estable defensa”

Explicó otras cosas más pero haciendo más énfasis en lo que podía contener a asaltantes un cierto tiempo mientras ellos podían atacar desde allí en los muros siempre y cuando construya algo que permita ver por encima de los troncos.

Eso sí, no podía subestimar la inteligencia de estas personas de este mundo. No podía pensar que era la única persona que hacía esto. Muy seguro que ellos mismos hayan hecho o hayan escuchado de personas que hacen lo mismo que Nathan y por ende, no iba a subestimar a nadie.

“Pero, ¿cómo eso detendrá a las personas si nos ataca? ¿No pueden, no sé, simplemente embestir contra ellos?” Esa pregunta hizo que él quedara un poco perplejo. Era una de las cuestiones que estaba pensando acerca de ello.

“¿Quién dijo eso?” Todos se callaron cuando habló. Nadie quería hablar. “Pues no quién lo dijo pero, si se puede hacer eso si se piensa en el momento que están atacando pero, si se realiza de buena manera, incluso si combinan a esos dos de allí” señalando a Dean y Black “es casi imposible que puedan derribarlo”

Escuchar eso hizo que las dudas de algunos se esfumaran rápidamente por la explicación del peliblanco y aceptaron con mucho gusto hacer eso. Además no veían razón alguna para dudar de sus acciones. Les parecía bastante aceptable.

Nathan dibujó una línea en la tierra para que pusieran los troncos uno al lado de otro y, en caso de no poder hacerlo como lo hizo él (gracias a la fuerza inhumana que poseía gracias al regalo de la Diosa), que cortaran uno de los lados y afilarlo hasta que quede con forma de una punta. Tuvo que hacerlo para que otros lo vieran.

Él usaba lo único que le quedaba que era el cuchillo para hacerlo. Ellos, por consejo de él, tenían que usar los cuchillos de pedernal o de hueso que funcionaban de la misma manera.

Una vez una parte del tronco afilado, lo clavó en el suelo y quedó perfectamente estable y sin moverse. La bueno de los troncos era que, calculando que la altura de Dean y Black eran seguro más de 2 metros, llegaban a medir poco más de 3 metros, casi 4 dando una cobertura perfecta.

Mientras ellos empezaban a hacer lo que Nathan les había mostrado, él simplemente se fue para pasear por la tribu, viendo que todos estuvieran haciendo algo o simplemente hablando y charlando. Tal escena hizo que se sintiera feliz en cierto modo. Esta vez, hacer nada y tener la excusa de ser líder, en cierto modo, ahora mismo lo miraba como si fuese el cielo mismo.

Pero, a pesar de sus ganas de no hacer nada, debía trabajar y más por el bien de los demás.

———

Un mes ya pasó y en la tribu se podían ver enormes cambios que se produjeron.

Primero, la muralla que Nathan había querido hacer con los troncos de los árboles talados, ahora iba tomando forma poco a poco. Este abarcaría entre un kilómetro, poco más de dos que incorporaría parte del río dentro de su tribu y casi tres kilómetros a la larga impidiendo que vengan ataques de los costados que si se basaba en las posiciones, las murallas a los costados equivaldrían a este y oeste. Les ordenó que si bien la prioridad era una defensa para evitar ataques, también estaba preocupado por sus estados ya que, gracias a su mejorada visión, pudo encontrar que alguno de ellos estaban mostrando signos de cansancio así como hambre. Por ende, “la muralla” avanzaba lentamente.

Segundo, ese mes que pasó, Nathan pudo ver un pequeño pero buen progreso por parte de lo que plantó. Al cuidado de Amber, ella dijo que siguió cada detalle que dijo sin saltearse nada y que, con esos consejos, pudo ver y notar también que todo crecía lentamente. Nathan al usar su visión con ellas, se daba cuenta que estaban muy bien cuidadas y que si seguía así, estarían ya para cosechar dentro de unos pocos meses, información que pese a su mirada seria, internamente estaba muy impactado por el simple hecho que la velocidad de maduración de las semillas eran muy rápidas. Felicitaba a la niña y al parecer que su madre se había unido a ella al cuidado de lo que ella llamaba “estas cosas”, felicitando a ambas y agradeciéndoles de corazón.

Tercero, los demás ahora ya no tenían duda alguna sobre de que Nathan, estando poco tiempo con ellos, sea su líder y jefe de la tribu. Paseaba por y entre las tiendas, mirando a cada uno y preguntando siempre si estos se encontraban bien o si necesitaban ayuda alguna con una cálida sonrisa que incluso los hombres no podían negar. Entre secar la carne y el pescado, ayudar a hacer los muros, despellejar a los animales, cazar y pescar y algunas otras actividades más, nadie podía objetar queja alguna sobre el joven peliblanco, es más, estos realmente estaban convencidos que por las cosas que hacía y decía, era alguien enviado por los dioses, comentarios que escuchaba Nathan y no podía reírse ante ello y bromear con todos.

Cuarto fue que, en ese mes, estuvo siempre al pendiente de Liz quien estaba presentando varios cambios y estados de humores que a la larga se hacían más y más notable con los pasos de los días. Curiosamente, pudo ver en su estado que ninguna de sus necesidades era baja y estaba relativamente bien; su descripción breve sobre que ella estaba embarazada hace 5 meses y que no le faltaba mucho para dar a luz le alarmó demasiado. Era obvio que un embarazo normal tiende a ser 9 meses y que en la mayoría de las veces, uno puedo nacer a los 7 meses siendo prematuro pero con posibilidades de nacer en buen estado o no. Pero, ¿5 meses? Se preguntaba. Si nacía, temía mucho que su hijo llegase a morir. Para su sorpresa y preocupación, los demás se burlaban por no conocer el hecho de que los embarazos no duran 9 meses sino 7. Claro, aunque se encontraba avergonzado al extremo por las burlas de eso, su excusa fue que nunca pudo saberlo debido a que nunca tuvo contacto con alguien más hasta hace ya mucho tiempo cuando fue traído hasta aquí. Una preocupación menos y un relajo en su cabeza.

Lo quinto que hizo fue simplemente mover su hogar, solo claro, cerca de lo que él mismo llama su patio al lugar donde Amber y su madre cuidaban sus cosas, además de sus cosechas. Su razón fue que quería estar un poco alejados de los demás. Obvio que Liz no dudó en seguirle. Dean por otro lado se quedó dónde estaba debido a que sabía perfectamente que ella quedaba en buenas manos. Eso sí, no dejaría de vigilarlo y por sobre todas las cosas, en caso de que ella le pasara algo, la persona que iba morir primero era él. Esto a los demás no les importó. Les parecía normal. A veces, en el cambio de jefes, usualmente cambiaban su tienda de lugar. A día de hoy, lo que más duda le generaba a Nathan era la procedencia de estas tiendas. Entendía cómo ellos levantaban sus chozas de cero, algo muy normal. A veces, él y Liz a veces discutían sobre esto debido a que ella le remarcaba que esto no era una “tienda” sino una choza. Al final, terminó aceptando llamarle choza al final y al cabo para evitar ser corregido por ella.

Lo sexto que hizo fue tratar de crear una especie de “consejo” donde buscaría la opinión de los pequeños grupos que había en la tribu. Cazadores, recolectores, aquellos que trabajan en despellejar y confeccionar las pieles (no recuerdo la palabra para tal trabajo específicamente), aquellos que pueden llamarse constructores y si existía otra división de grupo, lo incorporaría siempre y cuando tuvieran alguna función. Primero debían escoger a alguien que les represente y luego, estarían hablando por los intereses de su grupo e interactuar con el jefe que sería Nathan en este caso. Cuando los demás escucharon esto, obviamente explicando un peliblanco a un nivel que los otros pudieran entender, no tardaron en hacer dichos grupos, ósea dividirse entre ellos y luego, elegir a alguien que les represente ante su líder.

Por último, había algo que al peliblanco le preocupaba y era la cantidad de carga que él mismo estaba acumulando debido a la falta de relaciones sexuales. Esto lo quiso charlar con Liz pero, cuando tocaba el tema, ella ya sabía que él mismo le estaba pidiendo que ella busque a alguien para él y tener que ahorrarse las ganas. Obvio que si él ahora salía y decía que quería follar, pues mujeres no le faltaba para nada. Pero respetaba en cierta manera a Liz. Tuvo que contarle que como ella estaba embarazada, no quería generar ningún problema al niño que llevaba dentro.

“¿Crees que por qué estoy embarazada no podemos seguir haciéndolo como antes cariño?” Al decir esto, se había acercado hasta su oreja, ya estando en su nueva ubicación, mordiendo un poco también de manera muy provocativa y al separarse, sonreírle de la misma manera y bajando un poco la parte de su pecho su vestido para dejar ver sus pechos.

Para ella, lo que estaba haciendo era normal entre las parejas. Pero Nathan no tenía idea alguna de esto. Es más, la idea de tener sexo con una mujer embarazada era algo que su mente no podía procesar. Pese a sus increíbles ganas y como lo tentaba Liz, tuvo que decirle que no, que realmente podía esperar hasta que se le ocurrió algo que podía ella hacer para al menos, calmarlo un poco.

Esta vez, él mismo le estaba correspondiendo la misma sonrisa y acariciando su rostro que cada vez que lo miraba de cerca, a veces creía que los ángeles existían. Aunque su piel era morena, su suavidad era como la porcelana y no había comparación alguna. “Tengo una mejor idea que esa” Se bajó sus pantalones y tanto él, sorprendido, como ella pudieron ver algo que parecía una especie de brazo si se lo comparaba en tamaño y grosor. Ya él estando desnudo, esta vez la tomó del hombro para acercarla para decirle algo a su oreja: “Usa tu boca para hacer que calme esta pequeña cosa que lleva tu nombre”

Cuando él mismo se señalaba su miembro, Liz que esperaba que se lo hiciera, le miraba primeramente a la cara a él extrañada de su petición y luego mirando su miembro que le dejaba con la boca un poco abierta y llegando casi a babear y mojarse.

Acercó su rostro y principalmente su boca hasta el miembro de su hombre, mirando nuevamente su cara con algo de miedo. “¿Realmente tengo que hacer esto? No creo que valga la pena”

“Créeme que te va a gustar y mucho” Pese a su respuesta, ella seguía sin verse muy convencida pero de todas formas debía intentarlo ya que su hombre se lo estaba pidiendo y no había nada que podía negarle salvo que lo haga con alguien más.

Esa noche, obviamente, fue la primera vez que Liz experimentaba algo como lo que estaba haciendo, algo que cuando lo lamía y lo chupaba con indicaciones de Nathan. Realmente al principio no parecía gustarle para nada pero al cabo de unos segundos, Liz no podía parar de subir y bajar y cuando sintió algo viscoso y algo amargo dentro de su boca, no pudo retenerlo del todo y parte de lo que sentía en su boca se caía de ella y tosiendo debido a que por poco sentía que quería vomitar.

Nathan sabía claramente que era la primera vez de Liz en esto de hacer una felación y con el paso de los minutos ella estaba aprendiendo rápido y llegó un momento que no pudo aguantar más y libero toda su carga en su boca logrando que esta escupiera parte de ella debido a que no cabía todo dentro.

Con la mente nublada y aún muy erecto, tomó de los hombros a una Liz que seguía degustando el líquido blanco en su boca y haciendo fuerza para tragarlo. “Vamos a hacerlo” Fue lo que le dijo al final a ella. Pese a que estaba en contra de hacerlo, su mente sentía que estaba en otro lado y la calentura y las ganas de hacerlo le ganaron y por supuesto, Liz no le rechazó y le recibió con los brazos abiertos… y las piernas abiertas.

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