Dawn of Man – Capítulo 35
Capítulo 35
Nathan podía ver como Ale, molesta con él por cómo había finalizado o cortado en seco lo que estaban haciendo, se acercaba a él inconscientemente dormida y notaba como ella al igual que Liz era simplemente hermosa a tal punto de quedar sin palabras.
También no podía evitar querer acariciarla y lo hacía, notando una sonrisa en su rostro y cómo se acurrucaba un poco más encima de él y llegando a darle un abrazo, mordiendo parte de su cuerpo.
Por otro lado, al notar a Nida quien le había dicho que iba a descansar, sí se encontraba recostada pero no con los ojos cerrados, estaba mirando a Nathan con los ojos bien abiertos y con una sonrisa que no le fue imposible ver pese a la oscuridad. Pese a la noche, la luz lunar era simplemente brillante y hermosa dando una iluminación baja, pero lo suficiente para notar todo, para notarla.
“Eso que has tenido no hace mucho una hija y ya tienes a otra mujer descansando en tus brazos” Fue lo que dijo suficientemente alto como para que ellos dos escuchen pero para no despertar a la niña, si es que se podía llamar así, que descansaba en sus brazos.
Nathan no dijo nada por unos segundos. Se quedó callado mientras pensaba en qué decirle y tras unos segundos, habló: “Tú estabas durmiendo y ella apareció, el resultado fue obvio de mi parte” Dicho eso, soltó unas pequeñas risitas mientras Nida hacía lo mismo que él.
“Sé que no has hecho nada con ella, estuve mirando todo el tiempo” Con eso asintió y aclaró bien las cosas que han hecho porque desconocía lo que podía llegar a decir esta chica. “Y… Estoy seguro que esa niña sólo te estaba probando”
“¿Tú crees que fuese así?” Ella asintió. “Creo que esto tiene que ver más que nada con su hermana y ella. Su creencia de que una persona como yo, pelo blanco y piel blanca, me hace un “mestizo” o un “sangre mezclada” que ellos repudian pero… Estoy seguro que la actuación de ella ahora se debe a su hermana”
“Oye, yo estaría igual que ella en pensar sobre las sangre mezclada. ¿Para qué buscar a alguien más fuera de la tribu?” Ese pensamiento, esa opinión, esa pregunta le daba una idea sobre el racismo de otras razas es aquí muy alta. Sólo unos pocos lugares que visitó antes de volver tenían una opinión aceptable con otras razas pero, tanto Nida como las gemelas, pensaban que mezclar razas era algo que no podían tolerar. “Pero, por extraño que parezca, la sangre de un mestizo no debería tener el mismo gusto que tienes”
“Espera, ¿ya has probado a un mestizo como yo?” Ella asintió y sentía un leve escalofrío en su todo cuerpo. “Y… ¿qué tal su sabor?” No pudo aguantar preguntar.
“Agrio. Mejor dicho, en frente de ti admito que la sangre de la gran mayoría de personas es agria y muy pocas veces es dulce y aquella sangre dulce es… extremadamente rara. Tú en cambio, tu sangre es lo que toda mi tribu y todas las otras desean, dulce a tal punto que uno no quiere parar…”
Mencionó otras cosas más, cosas que hizo que llegara a asustarle un poco con lo que decía. Ahora sentía que debía cuidar mucho sus espaldas con ella porque lo dejaría seco o en el peor de los casos, le comería alguna parte de su cuerpo sin que se diera cuenta.
“Aun así sigo creyendo que quiere probarte pero, son pensamientos míos. Si preguntas por mí, tienes mi aprobación pese a que esas dos niñas digan que eres un sangre mezclada”
“Pero… crees eso también de mí de un sangre mezclada Nida” Nathan conocía también la forma de pensar de ella gracias a esta noche y a otros indicios que le daba en los días que ellos pasaban juntos. Ella asintió con lo dicho y agregó que su raza, él no sería aceptado por más fuerte que fuera y más grandioso que demostrase ser. “No importa esta charla, mejor descansemos para seguir mañana. Quiero arreglar este problema y volver”
Cerro su boca y luego cerro sus ojos para dormir mientras tenía una “manta” especial para calentarlo y esperar al mañana para seguir con su viaje a la tribu de los “caníbales”
———
Horas después el sol se mostraba e iluminaba todo a su paso.
Nathan y las otras dos despertaron siendo él el primero en levantarse porque siempre acostumbraba a despertar temprano.
Despertó a las otras dos que una que estaba encima de él al levantarse había caído a la tierra dándose un leve golpe en la cabeza y despertando. La otra, Nida, curiosamente también la tenía encima pero en este caso, con su boca en su hombro.
De nuevo mientras dormía le estaba chupando la sangre. Más que persona parecía un vampiro y no escatimaba en hacer una estaca de madera para clavárselo en el corazón.
Una vez ambas despiertas, para su desgracia, estas querían comer algo antes de partir nuevamente, cosa que le dijo a las dos que no rotundamente y que debían seguir su maldito viaje porque entre más tardaban, más temía por la vida de sus hombres capturados.
Podían comer si estas dos, más que nada Ale, cazaba su propia comida.
No le tomó más de una hora para encontrar algo para comer y lo que es más, comerlo crudo y con pelaje y todo. Eso fue algo que hizo que Nathan sintiera que algo quería salir de su boca pero lo mantuvo consigo.
Sabía que Nida por otro lado estaría más interesada en comer y beber su sangre. Simplemente no la dejaba y en estos dos días de viaje que habían hecho, cada vez que cerraba los ojos por un rato y los volvía a abrir, ella estaba encima de él tratando de sacar su sangre y en el peor de los casos, tomando su cuchillo para cortarle un pedazo de carne.
Aparte de tener que estar siempre despierto para evitar esto, también tenía que lidiar con Ale que no se rendía con respecto a lo de aquella noche, era demasiado orgullosa como para sentir que ella era la que estaba perdiendo y quería ganar a toda costa.
¿Su propósito? Era que él cayera ante sus pies.
¿Cómo iba a conseguirlo? Él mismo no tenía idea alguna. Simplemente, viendo su comportamiento en el silencioso viaje (que de silencioso no tenía mucho que digamos), quería demostrarle que era mejor que él, mejor que Nida también y mejor que cualquiera.
Justamente en este viaje, Nathan pudo apreciar el intento de Nida en aprender o intentar querer decir una palabra ajena a su lengua y la única que pudo aprender por parte de Ale fue “Nathan” e “idiota”, palabra que hizo querer matar a ambas por verlas reírse de él.
En la noche, cuando estas dos querían hablar y preguntarse cosas entre ellas, tuvo que traducirles. No le molestaba. Le agradaba la idea de todas formas, la idea de verlas charlar y hacerse amigas aunque… no del todo.
En total, le tomó llegar hasta un lugar en específico en donde Nida empezaba a olfatear como si fuese un perro 5 a 6 días.
“Mm, efectivamente, se siente olor a carne humana cocinándose no muy a lo lejos y… al parecer es alguien que pusieron hace un tiempo”
Era una deducción simple y seca pero lo suficiente para él comprender que estaban cocinando a alguien. Ella era mejor que él con respecto a detectar el aroma de carne humana. Él admite que también sentía dicho aroma y Ale, ella sentía repugnancia al escuchar lo que le dijo él con respecto a cocinar personas.
“¿Qué tan lejos estamos de dicho lugar Nida?” Preguntó Nathan. Sólo escuchó de Elisa la dirección de dicha tribu pero no preguntó el lugar como era y cuantas personas había, cosa que sentía que aquí actuó sin pensar y sin analizar las cosas.
“Espera…” Para esto, volvió a olfatear como si fuese un perro. “Estamos a unas cuantas horas para llegar a dicho lugar… Además de que siento que el olor se hace un poco más fuerte a cada paso. Si están cocinando a tus hombres que vinieron como has dicho, debemos darnos prisa”
Y ella estaba en lo cierto, debía apresurarse en encontrar a sus hombres y a esa tribu siguiendo a Nida, por sugerencia curiosa de Ale, para que guiara a la tribu.
Fue al cabo de seguirle y al cabo de unas cuantas horas, tal como lo había dicho Nida, llegaron a notar a unos cientos de metros una tribu de lejos y una enorme cadena de humo que salía de ella.
Al acercarse poco a poco y con algo de cautela, podían ver claramente en el centro de la tribu a gente bailando y danzando alrededor de una enorme hoguera como en su tribu nada más que se agregaba gente en el centro de dicha hoguera.
Conforme daban pasos para acercarse, los gritos se podían escuchar más y más fuertes a tal punto de llegar a estremecer a Ale que nunca había podido presenciar.
Ella había visto alguna vez algunas clases de torturas de su clan, siendo cada una de ellas sanguinaria y muy cruel. Pero nunca se les pasaba por la cabeza quemar viva a las personas o en este caso, cocinarlas para luego comerlas como era lo que estaba viendo ahora mismo.
Para Nida, esto era muy normal para ella. Es más, en su mente, al ver la gente cómo estaban asando a ese hombre, se le ocurrían varias y mejores ideas para cocinarlo. Nathan por otro lado no se ajustaba o mejor dicho, toleraba la idea de ver gente siendo quemada para luego ser devorada.
“¿Qué hacemos? ¿Nos acercamos así como así?” Preguntó Ale mientras trataba de no sentir nauseas por lo que estaba viendo.
“Creo que es la mejor opción que tenemos. A ver, tenemos la apariencia de jóvenes como los que están allí… aunque… me sorprende que realmente sean gente de nuestra de edad o incluso menor que estén haciendo estas cosas…”
Efectivamente la edad de la gente que danzaba y celebraba mientras un hombre gritaba por ser quemado vivo y viendo que uno de estos jóvenes quitaba una de sus piernas mientras comía de ella, pues no tendrían mucha diferencia con la edad de Nathan.
A medida que se acercaban, al parecer, uno de los jóvenes de la tribu que estaba danzando repentinamente al dar una vuelta, pudo ver al grupo de tres de Nathan a lo que este pudo ver como la alegría de su rostro aumentaba y avisaba a los demás sobre su llegada.
“¡Miren! ¡Nuevos hermanos llegan con nosotros!”
Con ese comentario, la gente, los jóvenes que danzaban, hicieron una especie de avalancha contra ellos tres mientras que estos estaban indefensos ante la inesperada llegada de dichas personas encima de ellos.
Hubo algunos comentarios acerca y por sobre todas las cosas de ellos tres. Un joven alto de cabello blanco largo que llegaba a los hombros atado y un enorme físico por lo que veían, sintiéndose bastante atraídas las niñas que rodeaban a Nathan quien solamente se alejaba de ellas sin saber que decir. De más está decir que tanto Nida como Ale fueron rodeadas de igual manera por niños y niños entre su edad y menores. La primera no entendía lo que estos decían pero con ver las caras que estos niños le miraban, supo enseguida lo que querían. Ale por otro lado, al contrario de Nida que no decía nada e ignoraba las palabras, esta no escatimaba las palabras que le decían, se sentía orgullosa de alguna manera de su belleza y por las palabras y las alabanzas que le decían, pero decir con tocar es muy diferente.
Antes de que ella hiciera algo con los chicos que estaban queriendo tocarla, Nathan se interpuso en el medio de ella así como tomando la mano de Nida y poniéndola detrás de él.
“No toquen lo que no es suyo” Dijo con una voz autoritaria mientras miraba a los demás que estaban con ganas de tocar a Ale y a Nida.
Todos se alejaron unos cuantos pasos al ver lo serio que estaba el peliblanco cuando se acercaban a estas dos chicas que ahora estaban detrás de él.
Para ese entonces, lo miraban como si fuese una especie de gigante porque entre todos los jóvenes que estaban frente a él, lo interpretaban y lo miraban como tal y Nathan supo esto al ver algunas miradas se podía notar el temor, un temor que un niño ve cuando tiene frente a sus figuras paternas.
“¿Qué está sucediendo aquí?” Nathan escuchó una voz que se oía de lejos del grupo y estos reaccionaron agachando su cabeza y dispersando dicho tumulto para dejar pasar a lo que él veía a un joven rubio y ojos claros que para agregar a esto y suposiciones de él, extremadamente guapo.
“Lo que faltaba…” Murmuró Nathan a lo que Ale pudo llegar a escuchar con claridad. Miró a Nida ella unos segundos sólo para notar que su mirada no estaba en el joven que había aparecido sino en el hombre que yacía atado en un palo, quemado y sin algunas extremidades.
“Oh vaya. Nunca pensé que tendría el placer de llegar a conocer a una chica que pertenezca a las tierras blancas… ¡Oye tú! ¡La de pelo blanco! ¿Por qué no te vienes conmigo?” Dijo el rubio mientras los tres pudieron notar como se relamía los labios. Este no tenía los pensamientos más puros posibles pensaba Nathan.
Por un momento sintió como algo tiraba de su chaleco de piel muy violentamente y pudo adivinar de quién podría llegar a ser. Claro, luego se echó a reír internamente y se separó de su agarre para dar algunos pasos mientras se acercaba al joven rubio quien no tenía la mejor mirada de todas cuando lo veía acercarse.
“¿Qué haces? Dije específicamente que se acercara la de pelo blanco, ¡no tú!”
“Bueno…” Miró a los demás con los ojos abiertos y con una sonrisa. “Es que has dicho que la de pelo blanco se acerque y por eso me estoy…”
“¡No tú! ¡La mujer de pelo blanco!” Nathan pudo notar como este joven rubio se incordiaba y se molestaba por su insinuación que había hecho, soltando una gran risa frente a todos lo que generó que los demás poco a poco entendieran su broma dejando al rubio como una persona de un gusto “extravagante” (por no decir un gusto raro). “¿Sí sabes que soy el líder de esta tribu verdad?” Dijo ahora molesto y su voz que era “cálida” en un principio tratando de atraer a Ale ahora era diferente. Fría y distante.
“¿Por ser líder de tribu crees que voy a dejar que intentes quitarme a mi mujer en mi narices? Estás equivocado” Nathan empezaba a sonar sus nudillos y tomó las lanzas que cargaba en la espalda sólo para ver que todos repentinamente y no sabiendo de dónde los había obtenido, apuntaban contra él no muy lejos de él, unos cuantos pasos y para variar, a Nida y a Ale quienes también estaban quietas y expectantes de la situación.
Para esto no creo que las vaya a necesitar se dijo así mismo. Tiró la bolsa a un costado con todas las lanzas y miraba al rubio con una enorme sonrisa en su rostro mientras que él mismo veía con la misma cara que Nathan.
“¿Tu mujer? Desde que has entrado a mi tribu, ya no es tu mujer, ahora es mía” Estaba a unos cuantos pasos de Nathan quien este se puso delante de las dos chicas a las que él veía ahora con un enorme deseo. “¡Maten al adulto y capturen a esas dos chicas! ¡Quién logre capturarlas vivas, tendrán toda la noche para divertirse con ellas!”
Con tal promesa, los jóvenes que se sentían atraídos por ellas, no dudaron en lanzarse contra Nathan quién creía un adulto y uno estúpido por haber tirado sus lanzas.
En el otro lado, Nathan estaba con una sonrisa al igual que Ale. Su sangre estaba hirviendo al máximo al saber que ahora estaban a punto de pelear y una pelea a muerte por lo que parecía, para Nathan más que nada, por una estúpida razón.
Pero no le importaba con tal de demostrar un poco de fuerza para que se retiren.
“Es hora de practicar con estos niños”
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