Dawn of Man – Capítulo 34

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Capítulo 34

“¿Por qué no me va a gustar la información de las otras tribus?”

“Bueno… Digamos que sí, hemos conseguido algo de información con respecto a las otras tribus pero… Digamos que al final sólo pudimos conocer a una tribu en particular”

“Tardaron más de una semana. ¿Sólo saben de una tribu nada más? ¿Me estás creyendo que soy un idiota Elisa?”

“Sí, bastante. Pero hubo problemas de por medio. Esa tribu en cuestión… capturó a algunos de nuestros hombres y hasta día de hoy, seguro que los tienen capturados y afirman que  su jefe de tribu no se preocupa por ellos y que van a morir de todas formas… Ah, se refieren a ti”

Nathan procesaba la información por parte de Elisa que esta le brindaba.

La tribu que le hacía mención era una tribu que estaba a algunos días. El problema tampoco venía de la distancia que había entre ambas tribus o que haya problemas en el camino, no. Al contrario de todo pronóstico, la tribu de la que estaban hablando era un conjunto de jóvenes, al parecer de su misma edad o poco menos, quienes lideraban dicha tribu.

“Espera espera, ¿jóvenes dices? ¿De mi edad?” Preguntó Nathan ahora cuando ella terminó de hablar. Estaba muy curioso con la tribu en cuestión.

“Sí, incluso puedo deducir que un poco menor que yo pero, está claro que no hay gente mayor a nosotros allí”

“¿Qué comen entonces?” Al preguntar, vio que Elisa no quería tocar mucho el tema por lo que estaba más interesado. “Elisa, por favor, dime qué diablos comen”

“Pues… No sé si eres tonto pero, acabo de decir que no hay adultos en esa tribu, ¿captas?”

“¿Captar…? No… Dime que no es cierto” Nathan ya se había hecho una idea con lo que le dijo y entendió lo que comían entonces. Sí no había adultos y sólo había jóvenes, aunque haya gente que pudiera llegar a cazar a su edad, la idea de que comieran gente le sorprendía porque no era algo que esta gente haga, mejor dicho, justamente estos jóvenes. “Entonces, quiere decir que los capturados son algunos de los hombres del grupo de exploradores ¿no?” Ella asintió. “Entonces estamos esperando a que estos chicos quieran comerse a estos hombres” Volvió a asentir cuando lo dijo y agregó que muy seguramente ellos ya fueran devorados. “Iré a la tribu, necesito verlo”

“Oye, no hace falta que vayas”

“¿Qué? ¿Te preocupas por mí? Es tierno, pero no necesito que te preocupes, iré personalmente y TÚ te encargaras de proteger a Liz” Le apoyó el dedo en el pecho, obvio no queriendo tocarla y generarle alguna incomodidad. Al igual que Ale, ella también se dejó tocar aunque sea un segundo porque se separó de su dedo rápidamente. “Y no voy a aceptar un no como respuesta”

Dejó el lugar, ahora caminando unos pasos para entrar a su choza para buscar algunas de sus cosas y retirarse de allí para “salvar” a los hombres que había mandado. En cierta manera, lo que le haya pasado o pueda llegar a pasarles, lo hacía sentir en parte culpable.

———

Francamente hablando, Nathan creía todavía que lo de “comer carne adulta” por parte de esa tribu era falso pero tampoco era algo que no podía dejar pasar.

Sería la primera tribu que come carne humana excluyendo a la gente del desierto como lo era Nida. Eso sí, se la llevaría a ella para comprobar esta teoría.

¿Quién mejor para hablar de carne humana de alguien que en la más mínima chance ya le estaba succionando y tratando de sacar sangre como ella?

Con ese motivo, se la iba a llevar e irían para lidiar con esos chicos.

Había que agregar que él también era un joven como ellos pero su forma de pensar que tenía era muy madura y era consiente de muchas cosas que ellos no. Si se hablaba de este mundo, bueno, ahí él claramente estaba perdiendo y por mucho.

“¿Nathan?” Cuando entró, pudo ver a Liz que estaba despertado de su descanso. Le miraba refregándose los ojos y tratando de agarrar a la única hija que le quedaba pero para su sorpresa, no había nada en sus brazos. “¡Hija!” Se levantó bruscamente y trato de buscarla a lo que Nathan la atajo, atrapándola y dándole un fuerte abrazo para separarla y tomarla de ambos brazos y sacudirla un poco.

“Escucha mujer, nuestra hija está viva y bien. Así que no te preocupes por dónde está. La están cuidando para que tú te recuperes, ¿entiendes?”

“Pero nuestra hija…”

“Lo sé, quieres cuidarla para que nada malo le pase como a… bueno, a él. Pero escúchame por favor. Si te pasa algo malo, no sólo tu hija a sufrir en el futuro, yo también voy a sufrir así que, te pido… No, te ordeno que descanses un rato más. Luego haré que te traigan a Minerva”

“¿Mi… nerva?” Preguntó Liz cuando escuchó esa palabra. Le miraba confundida a lo que Nathan le dijo que ese nombre era el que había elegido para su hija. El significado no era mucho tampoco, le gustaba como sonaba. “Minerva… Es… un lindo nombre” Fue lo que dijo a lo que Nathan le dio un pequeño beso en su frente y la ayudo a recostarse nuevamente mientras le acomodaba todo para buscar sus cosas. “¿Qué haces?”

“Me voy por un tiempo” Se ponía nuevamente su chaleco de piel mientras se cargaba algunas cosas, entre ellas lanzas. Agradecía que la gente pensara nuevas formas de llevar estas lanzas y que, no solo eso, sino que también en la tribu las personas pensaban e intentaban crear varias cosas.

Claro, que tuvieran éxito era muy diferente.

“¿Te vas otra vez? ¿A dónde? ¿Nos vas a dejar a tu hija y a mí?” La preocupación de Liz hizo que se sentara donde se encontraba y queriéndose levantar pero Nathan otra vez intervino para calmarla de nuevo.

“No no, voy a buscar a nuestra gente que fue capturada por unos chicos que… muy posiblemente se los coman… Caníbales… Sí”

“¿Prometes que vas a volver?” Su voz hacía notar que estaba débil y que sonaba quebradiza. Tal instancia le preocupaba aún a Nathan y no quería hacer que nada malo más le suceda a ella.

“Lo prometo. Descansa por favor y no te preocupes por mí, estaré bien” Le dio otro pequeño beso en la frente, tomo nuevamente sus cosas y se retiró de allí.

Sabía que Evelyn estaba cuidando a la niña junto con Alice y su hija Luna. Le había pedido que le cuidaran a la hija.

Fue a verlas a todas ellas no sin antes buscar nuevamente a Elisa y a Silvy para pedirles que por favor vigilaran a Liz para que nada malo le pase. Ellas aceptaron sin decir nada, precisamente la primera porque ya le había dicho aquello.

Ale y Ali no estaban en ese momento. La primera llevaba a su hermana a pasear porque no había visto nada debido a la alta fiebre que tenía.

Sí encontró a Nida que estaba sentada en el centro de la tribu mirando a todos con una cara de niña curiosa. Esto era por no entender el idioma probablemente pensaba. Se acercó a ella y le dijo que le siguiera sin decir nada lo cual aceptó y se levantó siguiéndole por detrás y agarrando la lanza que le había dado.

No pensaba para nada llevarse a los dos felinos, los iba a dejar para que crezcan bien gracias al cuidado de los niños que al parecer, verlos hizo que se encariñaran con ellos.

Una vez que salieron de la tribu, avisando a algunas personas en cuestión sobre su pequeño viaje y que iría sólo por cuestiones de que las demás personas eran mayores que él aquellos que querían acompañarle. Nida se veía joven, bastante. A pesar de ello tenía mucha más edad, sacándole casi 10 años de diferencia.

“¿A dónde vamos?” Preguntaba Nida cuando le seguía detrás, ahora siendo curiosa de dónde se dirigían.

“En simple palabras vamos a un lugar donde comen a gente de nuestra tribu. Caníbales como tú pero más raro” A eso, ella se puso a su lado y le miraba extrañada e incapaz de pensar bien en lo que dijo.

“¿Raro? ¿Qué tiene de raro?”

“Menciona gente que coma carne humana aparte de ti” Nathan sabía que ella era la única en la tribu y la única de su raza o tipo de gente que comía carne humana. Luego, excluyendo a la gente del desierto, nadie más lo hacía.

Tras caminar un buen rato y pensar en su respuesta, ella no tenía a nadie en mente salvo la gente de su tribu. “No, en la tribu no hay nadie que coma lo mismo que yo. ¿Por qué es raro entonces?”

“Porque en este caso son personas de mi edad y no son gente que pertenezca al desierto como tú sino gente como ellos, los demás”

Escuchó como entendía y asentía mientras esas palabras entraban en su cabeza y eran procesadas por su cerebro.

Aparte de su raza, no conocía a nadie más que haga esto y por ende Nida estaba con curiosidad en conocer a estos chicos que aseguraban comer carne humana. Es más, estaba más que tentada a probar dicha carne y se relamía la boca mientras lo pensaba, acción que Nathan notó y sentía algo de miedo en esa mirada que ella tenía. Pensaba que iba a ser el siguiente en caso de que el hambre entrara en ella.

———

En la noche, ambos montaron un pequeño campamento.

No hacía montar muchas cosas, las tierras por suerte y siguiendo sorprendiendo a Nathan, eran lo suficientemente suaves y cómodas como para dormir encima, tanto que sentía que esto era una cama como las de su mundo.

Había que admitir que no trajo consigo alguna piel para usarla de apoyo pero todas formas no importaban. Sabía que volverían enseguida o que tener comodidades haría del viaje un poco más largo y no quería tardar mucho porque tenía una hija que cuidar.

Claro que antes de dormir, Nida casi suplicando le pedía un poco de su sangre cosa que esta vez tuvo que declinar y como sabía que ella le pediría su sangre, antes de acampar por la noche, había conseguido un conejo que, aparte de romperle el cuello girando su cabeza, se la arrancó y le dijo en simples palabras “Bebe la sangre de este animal, al menos te calmará un poco” Ella con mala cara lo hizo y sí que la calmo porque no pedía luego arrodillada.

Como bebé con su biberón, Nida se bebió toda la sangre del animal, incluso pidió que lo cocinara para probarlo lo cual, al final y luego de que Nathan lo haya cocinado, tuvo que admitir que le gustaba. Pero que no iba a cambiar sus costumbres tan fáciles.

Ambos charlaron un poco más hasta llegar a conocerse bien y Nathan aprendiendo más sobre ella así como ella de él. Querían fortalecer su relación de “amo-esclavo” que tenían siendo más “íntimos” pero a ella repentinamente le había dado un poco de sueño y simplemente se recostó a unos metros de él, alejándose en lo que él vio con una sonrisa.

“Oh… parece que se está burlando de mí” Se decía por debajo mientras negaba y se reía muy suavemente.

Se recostó entonces, mirando el cielo y admirando las estrellas que había las cuales hacía que el cielo azulado oscuro se viera extremadamente hermoso así como la enorme luna.

“Si tan sólo tuviéramos este hermoso paisaje nocturno en mi país, creo que todos estarían como yo ahora mismo…”

“¿País?”

Había dicho eso con los ojos cerrados, tratando de recordar lo que era el lugar donde vivía. Un cielo totalmente encendido a todas horas e incapaz de poder ver lo que él veía ahora mismo.

En eso, mientras recordaba, escuchó una voz que le hizo abrir los ojos rápidamente y llevarse la sorpresa de que no era Nida quién había hablado. No. La voz era un poco gruesa de lo que ella tenía y tampoco esa voz no la podía olvidar.

Había abierto los ojos pero no se había movido un pelo. No porque esperaba esto sino porque tampoco podía hacerlo. “¿Qué haces aquí?”

Sonrió un poco mientras se sentaba en su cintura. “Te seguí junto con aquella durmiente de allí. Escuché que vas a vengar a tu gente que fue atrapada… Aparte de que mi hermana sigue creyendo que estar contigo es una mala decisión por lo que estoy aquí para ver si vales la pena…” Nathan sólo le sonreía, sin ella entender por qué de su enorme sonrisa hasta que empezaba a sentir algo que empezaba a golpear su parte trasera haciendo que abra sus ojos sorprendida. Se volteó para comprobar que él había obtenido una erección ya que justamente ella estaba sentada en su entrepierna.

“Recuerdo que has dicho que ibas a hacer lo que yo quiera una vez que haya ayudado a tu hermana y viendo cómo estamos ahora mismo… Creo que sé que voy a pedirte”

Su sonrisa hizo que la chica de cabello despeinado y ahora una sola trenza pequeña a un costado de su desordenado cabello, siendo esta Ale, temblara un poco por haber entendido a lo que estaba pidiendo.

Pese a estar encima, ella no quería hacer nada de lo que Nathan insinuaba pero había hecho aquella promesa y por más que lo aceptaba al menos un poco, lo que pedía, estaba más allá de lo que ella esperaba.

Pero era de cumplir con su palabra por lo que no había otra opción.

Se quitó su prenda de piel que cubría sus pechos dejando al descubierto tapando sus pezones y tratando de ocultar su cara totalmente roja y avergonzada de lo que estaba haciendo con tal de cumplir su palabra.

Nathan teniendo encima a Ale, la tomo de uno de sus brazos y la acercó hasta su rostro para decirle unas cuantas palabras: “No te preocupes que al final, te va a gustar y vas a pedir más y más”

Ella no supo que decirle porque cuando iba a replicar algunas palabras, su boca sólo parecía soltar leves gemidos al sentir que algo le lamía los pechos así como mordisquearlos. También trataba de no decir nada y apretaba su labio para no soltar sonido alguno.

Por uno segundo volteo para ver si Nida había despertado o se movía pero parecía que ella estaba durmiendo plácidamente y sin escuchar nada. Para cuando volvió a mirar a Nathan, ahora notaba que no sentía completamente nada.

Él tenía una sonrisa pero más allá de eso, sus ojos parecían decir otra cosa. “Debo decir que la leche de tus pechos incluso igualan a la de una vaca” Fue lo único que dijo a lo que ella entendió, como él esperaba, como un insulto y su vergüenza se fue completamente y se convirtió en odio puro y trato de golpearlo pero sin éxito porque sus muñecas fueron tomadas a tal punto de que ella estaba reteniendo un grito ahogado. “No, claro que no voy a dejar que me golpees. Esto lo seguiremos otro día, no ahora que debo salvar a mi gente” La apartó encima de él y se volvió a recostar nuevamente mientras era observado con unos ojos afilados sintiendo el odio encima de él pero le daba igual. “Ah, no me mires de esa manera y descansa. Mañana nos espera otro día de viaje”

Ale no dijo nada, seguía callada poniéndose su prenda superior, sostén o como quieran llamarle, de piel para taparse nuevamente los pechos mientras le miraba y resopló con ira y se recostó inconscientemente a su lado, cerrando sus ojos y esperando a la mañana siguiente.

Para ella, quedaba claro que este pequeño encuentro con él no era algo que planeaba contar a su hermana y menos a Liz. Esto se lo quedaría para ella y sólo va a contar lo que pase en este viaje.

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