Dawn of Man – Prólogo
Prólogo
Un joven adulto se encontraba mirando a su alrededor, confundido y realmente sombrado de que de la nada estuviera en un lugar completamente vacío, sin nada más que su presencia y un entorno que sólo le generaba duda e intriga.
«Veo que has llegado querido joven»
Se dio la vuelta sólo para poder observar a una mujer, cubierta con un hermoso vestido blanco que, para variar, una luz tenue la rodeaba de color blanco haciendo resaltar mucho su aura y su pureza. Había quedado sorprendido por tal belleza y por ende, su expresión era de asombro y sin poder gesticular como corresponde.
«¿Sorprendido de verme?
«¿Qué diablos hago aquí?»
Tras un rato tratando de poder hablar, esas fueron las palabras que salieron de su boca. Estaba sorprendido de ver a tal belleza frente a él pero, aun así estaba más atento al hecho de que se encontraba relajado en su hogar y de la nada apareció en un lugar completamente blanco.
«Oh, claro, lo olvidaba» hizo una pequeña pausa y se acercó hasta él para tomar su mano. «Felicidades, has sido elegido para ser enviado a otro mundo»
No hubo respuesta alguna y eso hizo que la mujer estuviera, internamente, en pánico por la no reacción de la persona frente a ella. Sólo segundos después se alejó y empezó a caminar de un lado a otro tomándose la cabeza y suspirando con la repentina noticia. Fueron al menos unos 10 minutos de estar tomándose la cabeza y pensar demasiado hasta que se volvió a acercar hasta la mujer quien, en ningún momento apartó la vista de él siendo expectante por su respuesta.
«Si voy a ir a “otro mundo” como has dicho, al menos quiero saber a dónde voy a ir y si, sabiendo una vez el lugar a donde me mandarás, pueda pedirte varias cosas»
Tal respuesta le hizo suspirar de alivio e internamente estaba feliz por saber que la persona que había elegido era realmente razonable. Más que razonable, parecía querer donde iba a ir y si realmente le gustaba, aceptaría ir allí. Pero ella sabía que por más que se negase, de todas formas lo mandaría a otro lugar. Traerlo ya había agotado una considerable cantidad de su poder y no podía devolverlo.
«Irás a la época de los primeros hombres, la época del amanecer de la humanidad» con un suave movimiento de mano, unas pantallas con imágenes del lugar donde iría ahora el joven se mostraba. Imágenes que mostraban a hombres y mujeres cazando, otros recolectando frutas y otros, encargándose de trabajos en las respectivas tribus.
«Vaya… ¿No hay un mejor lugar?»
«Traerte aquí ya gastó gran parte de mi poder. Considérate valioso para gastar gran parte del poder de una Diosa»
«Eso quiere decir entonces que lo que te pida antes de que me mandes allí no será posible ¿no?»
Curiosa por sus pedidos, le dijo que empezara a nombrar sus pedidos. Sorprendida quedó al saber que le pidió tres pequeñas cosas que sin lugar a duda, no gastaría para nada el poder que tenía restante. Asintió ante sus pedidos, aceptando que no habría problema alguno con ellos y que estaba más que a gusto.
«Entonces, ¿cuándo iré allí?»
No se daba cuenta que, poco a poco, empezaba a desvanecerse. Se dio cuenta cuando miraba la sonrisa de la Diosa frente a él, viéndose a sí mismo que su cuerpo empezaba a desaparecer. ¿Estaba sorprendido? No. ¿Estaba expectante a dónde iba a ir? Sí. Más parecía que volvería al pasado de la historia de la humanidad.
«Espero que tu vida sea buena y recuerda que, estaré vigilando tu progreso. No me decepciones
Con esas últimas palabras, el joven desapareció por completo no sin antes asentir y estar de acuerdo con la primera parte de, supuestamente “su recompensa”, tener una buena vida.
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