Dawn of Man – Capítulo 1
Capítulo 1
Poco a poco aparecía al igual de cómo desaparecía frente a la Diosa que lo había invocado siendo lo primero que había aparecido era su cabeza y luego, el resto de su cuerpo que poco a poco recuperaba su movilidad y su sensación.
Una vez totalmente convocado, miraba todo a su alrededor siendo lo más destacable una cantidad enorme de árboles y, de lo poco que se podía ver a través de las hojas del mismo, montañas en el horizonte se divisaba en su vista. A eso se le sumaba el sonido de lo que parecía pájaros y alguna que otra criatura que rondaban por los cielos, ruidos de lo que podrían ser pájaros que no conocía del todo o para nada.
Una vez que miraba todo a su alrededor, empezaba a mirarse a sí mismo, viendo que nada de su cuerpo faltase o tuviera algo que no tenía de antes. Palpaba todo su cuerpo para comprobarlo y veía claramente que nada faltaba en él. Al estar haciendo eso, notó que llevaba encima algunas cosas que, mirando hacia su cintura, notó un cinto que llevaba tanto una daga como una pequeña espada. Ambas armas, tratando de suponer, no eran acorde a la época en la que estaba. Sacó la espada de la funda y ver que era de acero, eso era un comprobante de que claramente la espada no correspondía para nada en donde la Diosa lo mandó. Lo mismo pasaba con la daga siendo del mismo material.
También notó algo cuando examinaba la espada. Notó el reflejo que este daba y pudo verse a sí mismo aunque fuese de manera borrosa.
No solo poseía una cara distinta a la cual tenía sino que además su cabello y color de ojos eran blancos, siendo el color de sus ojos casi inexistente debido a lo claro que era. Su cabello por otro lado, era un poco largo a su gusto. Con la mano libre que tenía se lo pasaba por su cabello, notando que era fino y sedoso. Claramente su apariencia lo impresionaba y más sabiendo que, al mirar el reflejo una y otra vez, se daba cuenta que realmente había cambiado gracias a uno de los pedidos de la Diosa pero nunca esperaba que tal cambio le impresionara.
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Ahora, con algo de valor y con ganas de ver el nuevo mundo, salió a explorar a los alrededores sin olvidar donde había estado hace algunos minutos.
Su idea principalmente era explorar el lugar, saber cómo moverse, si había algo o alguien, entre otros futuros peligros. Quería vivir tranquilo y seguro sin tener que poner su vida en peligro por lo que no escatimaba en ser pasivo y esperar a que las cosas pasen. Por ende, junto con la espada y cuchillo y un arco que había encontrado tirado en el suelo junto con unas flechas, pensaba ya hasta cazar.
El arco era de madera, bastante ordinario. Las flechas por otro lado eran algo que le atrajo la atención. No eran de plata ni de acero o incluso de hierro. Estaban hechas de hueso y era ya bastante duro. Desconocía qué tipo de hueso era o de que animal pero tampoco importaba, agradecía a su dichosa suerte de haberle encontrado.
Explorando por un largo rato, no encontró nada y también parecía que se había perdido. El bosque resultaba ser más grande de lo que parecía y por ende, estimaba que si seguía de esta manera podría perderse totalmente. Claro estaba que a donde fuera a parar luego de estar explorar no le importaba sino más que nada, debía encontrar un lugar seguro para pasar la noche.
Las horas pasaban y, para su buena suerte, había logrado encontrar un lugar donde podía pasar la noche en paz y sin problema alguno. Lo único que le faltaba ahora era tener algo para comer y conseguir algo de palos para poder prender una pequeña fogata.
«Un árbol con un enorme hoyo en él… Esto nunca lo podría encontrar en casa… Interesante. Ahora sólo falta poder encontrar algo para comer aunque sabiendo que poco a poco el sol se oculta, será imposible encontrar algo…» Repentinamente un ruido pasó por su oreja, volteando rápidamente con su arco ya tensado y con la flecha lista para disparar. Miró en varios lados para intentar descubrir de dónde provenía el ruido pero al final, nada. Suspiro relajado unos segundos y bajo el arco. Nuevamente se escuchaba algo y esta vez, más fuerte y más cerca. «¿Dónde estás maldito ruido?»
No se caracterizaba por tener paciencia y que el ruido venga y se vaya para luego volver, al tener poca paciencia eso le irritó.
Dio unos pasos, lentos y sin tratar de hacer ruido. No quería alertar sea lo que sea que estaba cerca de él. Se asomaba entre los árboles para tampoco ser visto y ahí lo vio. Desconocía que era pero si tenía que adivinar, era un venado. Como todavía había luz alguna, se dio cuenta que dicho venado estaba con una herida en su torso y la herida estaba todavía fresca. No solo eso sino que también pudo ver que había rastros de sangre hasta donde el venado, aparte de gemir del dolor, se revolcaba en sí mismo.
«Mm… La herida no fue de ningún animal…» se acercaba mientras murmuraba para él mismo. La herida constaba de una perforación que, viendo que el venado tenía clavada una punta de flecha, podría haber sido severa. «…lo siento por esto.
No podía seguir viendo como el venado sufría de dolor por lo que tomo su cuchillo y sin dudar lo clavó con fuerza en su cabeza. No hubo ningún grito y así el animal terminaba de moverse para quedar completamente quieto.
Sabía que robar una presa era algo imperdonable de antemano pero al ver cómo el venado sufría, no dudo en ponerle fin a su vida y a su sufrimiento. Por ende, a sí mismo decía que había logrado cazar algo y que no pasaría hambre en la noche… Eso si lograba saber cómo cocinarlo o saber que partes era comestible.
Miró para ambos lados asegurando que nadie viniera. Espero algunos minutos sentados junto al ya muerto venado por si alguien seguía el rastro de sangre. Nadie apareció en una hora. Con eso ya indicaba que el posible cazador se había rendido en seguir al venado y se fue. Por ende, ahora le pertenecía y no quería seguir perdiendo más tiempo.
Volvió al árbol que contenía una pequeña entrada en él, depositó a un costado del mismo el venado muerto y empezó a buscar tanto piedras como algunas ramas y palos. Su principal tarea ahora era hacer una fogata, estaba oscureciendo poco a poco y el frio se presentaba con la noche.
No tardo tampoco mucho en encontrar las cosas que, una vez con todo a mano, realizó la fogata en tan sólo segundos. Se sentó frente a él, viendo cómo prepararía y cocinaría al animal muerto. Con todo ya pensado en su mente, miraba y suspiraba mientras miraba hacia el cielo en la pequeña parte que no cubría las hojas.
«Primer día aquí… Espero que mis días sean así…»
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