Dawn of Men – Capítulo 17

❤️📚 Descarga la app de uno nuestros lectores: lee novelas románticas en FoxyNovel. Descargar
[nightmode]
Síguenos en Facebook

Capítulo 17

Los presentes miraban a un peliblanco irse por donde vino tras escuchar que Liz dijera que un solo oso no merecía la pena o no demostraba ser digno de ella. Por el contrario, ella estaba segura que había obtenido ayuda de su tigre para casar un enorme oso por lo que, si fuese así el caso, entonces que cazara otro.

Nadie sabía que decir ante estas declaraciones de la hija de Dean. Era hija de uno de los hombres más fuertes que había conocido y también era un hueso difícil de roer. De lo que sabían de su líder, oyeron por parte de él que una vez mató a un enorme oso con sus manos desnudas y que, la prueba de ello era la piel que albergaba encima de suya como trofeo de aquella vez.

Liz, su hija, teniendo su fuerza y la belleza de su madre, había cazado con sólo 13 años un tigre, uno parecido al que tenía Nathan pero, el que tenía el peliblanco era por lejos más grande y por ende, en forma de juego y queriendo retarlo, dijo que un oso no bastaba para que ella sea la mujer de él y que debía traerle otro.

Hasta la tarde, todos estaban comiendo la abundante carne del oso que había traído antes en ronda alrededor de una enorme hoguera. Ignoraban el frío por estar todos casi juntos debido a que por ser pocos, eran una comunidad comunal. El fuego se alzaba y como en este momento no había correntadas de vientos, el fuego era estable y calentaba el lugar.

No había señales de que Nathan volviera habiendo dicho que volvería enseguida. Él mismo afirmó que cazar un oso sería bastante fácil y que si podía, traería hasta 5 de ellos. Pero como no se veía aún, no se podía esperar lo mejor.

“¿No crees que pides mucho a una persona?”

Escuchar esa pregunta hizo que Liz mirara a sus espaldas. Su padre, Dean, le miraba con una sonrisa mientras apoyaba su mano en su cabeza y revoleteaba su blanco cabello.

“Si realmente me quiere, tiene que demostrarlo. Mamá y tú me han dicho eso siempre” Se separa de la mano de su padre y trataba de acomodar su cabello revoloteado. Miraba a su padre con una mirada seria, una mirada que Dean le recordaba mucho a su esposa. “¿Crees que por qué él tenga un tigre como montura debería dejar que me haga lo que sea? Tú mismo me has hablado de la gente de mamá y más los hombres, ¡son unos maníacos!”

“Jeje…” Dean se reía y le dio la espalda. Liz estaba confundida con esta repentina acción y antes de poder decir algo, su padre justo habló: “A veces la gente no es como uno cree hija. Mira sus ojos la próxima vez y dime lo que vez” Dicho eso, se volvió a meter en su choza dejando a todos viendo una escena de padre e hija donde ésta, se quedaba parada mirando la espalda de su padre sin entender lo que dijo y procesando dicha información.

———

En otro lado donde se encontraba Nathan, no era que se había perdido o algo malo le había ocurrido. Como toda persona normal hasta donde él seguía siendo, estaba cansado y tenía que dormir. En el mismo lugar donde había encontrado el oso, allí, juntando algo de madera y algunas rocas, encendió una pequeña fogata dentro de una pequeña cueva y durmió un poco.

A pocos metros de la tribu, habiendo un terrero irregular donde abundaban pequeñas montañas, donde él se encontraba, estaba entre medio de pequeñas elevaciones que al formar montañas, mejor nombradas sierras, habían cuevas donde encontró para su sorpresa osos durmiendo.

Invierno, época donde algunos animales hibernaban y los osos eran uno de ellos. Por eso, no le fue difícil matar al oso. Y justamente donde estaba había otro donde estaba hibernando, solamente necesitando desenfundar su espada y clavarla repetidamente en su cabeza hasta que muriera. Muerto, su cansancio se hizo notar y ordenando a Tora que haga guardia, se acomodó cerca del fuego que encendió y como almohada uso el cadáver del oso.

El tiempo pasó y cuando despertó, miró fuera de la cueva que la luz con la que había entrado no estaba. Se levantó, estiró un poco y se acercó hasta la entrada de la cueva sólo para ver, antes a Tora durmiendo cerca de la pequeña fogata ya apagada, que realmente el día estaba oscureciendo. Había dicho que volvería luego, más precisamente para divertirse con Liz quien había intentado hacer algo. Negaba con la cabeza con una sonrisa mientras se daba la vuelta para despertar a Tora. Ella también sabía que él mintió con aquello y ella le seguía el juego.

Tras molestar a Tora para que despertara y con algo de fuerza debido al pequeño descanso que había tomado, empezó a cargar al oso que a diferencia del anterior, este era un poco más pequeño deduciendo que posiblemente era hembra o un joven oso.

La primera vez que trató de bajar con el oso por las pequeñas montañas, casi se cae varias veces debido a los desniveles que había. Ahora, era un poco más fácil aunque en donde estaba era diferente que antes. Sumo cuidado debía tener. Un movimiento en falso y podría morir. Sumando el peso del oso, debía bajar lento y con cuidado, nada que ver por como Tora bajaba despreocupada y casi corriendo colina abajo.

Una vez abajo y viéndola a ella tan tranquila y enérgica, del pequeño bolso de cuero que aquella vez había obtenido que se encontraba a un costado del cuerpo de Tora, sacó una cuerda hecha de los tendones de animales. Esto lo hizo con tantos animales que había cazado. Él daba los animales para que obtuvieran su carne y piel y le daban los tendones que al juntarlos todos, con algo de esfuerzo había hecho una cuerda resistente. Y no sólo eso, ese pequeño bolso también iba a atado en Tora al igual que la piel que usaba como montura sobre ella. Por eso como castigo, planeaba atarle el oso para que la llevase, porque bajó corriendo y pensaba que cosas que había allí se habían caído.

“Vamos a ver si ahora tienes la misma energía” Había atado un extremo en la cabeza perforada del oso y con la otra parte, lo puso directo en la boca de Tora para que esta al caminar o correr, moviera al animal. Para variar, como Nathan se encontraba aburrido, no decidió subirse arriba de ella sino arriba del animal muerto sumando un pequeño peso más para cargar. Sabía que, luego de esto, intentaría morderlo o comerle la cabeza por lo que debía darle de comer lo más pronto posible.

Una hora, casi dos tardo en llegar. Tora empujaba a un ritmo lento y calmado y eso le sirvió a Nathan para mirar los alrededores.

Terrenos llanos así como algunas elevaciones en las tierras, siendo estos pequeños montículos o a veces, mini montañas y siempre cubiertos de nieve. A medida que avanzaban, un largo rastro dejaban a su paso por arrastrar al animal. Otra cosa que miraba era que el mar se encontraba no muy lejos de donde estaban y pensando en esa tribu que se encontraba cerca del bosque, empezaba a preguntarse de dónde conseguían agua potable. Si encontraron agua para beber en las cercanías de las cuevas donde se encontraba, entonces se terminaría enseguida porque no encontró ninguna corriente o desembocaduras cuando miraba el paisaje.

Sus pensamientos acerca de los alrededores así como los relieves, le atraían bastante. Mientras más pensaba, más interesado se disponía.

Miró al cielo y aparte de notar el día acabando, vio una hilera de humo negro en dirección a la que iba. No podía haber nada malo pasando, seguro era la enorme hoguera en el centro de la tribu. No le importo de todas formas bajar y que Tora siga empujando. Tampoco le importaba si decían algo, de todas formas esto era algo que sólo un problema de amo y señor, dueño y mascota.

Como era de esperarse, al aparecer luego de no volver a la hora esperada, todo el mundo se volteaba a ver al escuchar que Nathan había vuelto. Miraban a un joven encima de un oso, otro con un tamaño similar al anterior, muerto mientras el tigre empujaba a ambos. Entre ellos mismos se miraban incapaces de comprender por qué de esa forma.

Se bajó y saludo a todos nuevamente con una sonrisa en su rostro. Todos fueron a recibirle y preguntarle si esta vez tuvo algún problema en cazar otro oso. Negó manteniendo una expresión agradable, hermosa y su sonrisa seguía de igual manera, hermosa.

“Has vuelto… Creíamos que no volverías Nathan” Dean se acercaba saliendo de su choza al escuchar la llegada de este. Todos al ver como se acercaba hasta él se apartaron unos pasos quedando ambos cara a cara. “Y encima has traído otro oso, tal como lo has dicho. ¡Oye Liz! ¡Mira quién ha vuelto!” Nadie salió de la choza cuando todos miraban hacia allí. “¡LIZ!” Con ese grito, una malhumorada mujer salió de dentro respondiendo a gritos e insultos.

“¿QUÉ DIABLOS QUIERES…? ¿Papá?” Estaba ignorando los ruidos de las personas. Quería dormir. Había comido parte del oso, salido a explorar para encontrar algo que matar o algo que le sirva para ella misma y vuelto viendo que anochecía. Por eso al ver la gente reunida porque Nathan había vuelto, le tomó por sorpresa.

“Mira, ha vuelto y esta vez ha traído otro oso consigo” Dean pasaba su brazo detrás del peliblanco con una sonrisa, una sonrisa sincera de aprobación para que este estuviera su hija, una sonrisa que Nathan nunca había visto antes en su anterior vida con su pareja en aquel momento pero que la conocía bastante siendo algo que deseaba.

“Yo… Eh…” Estaba con la guardia baja. Tampoco esperaba que pudiera cazar otro oso. No tenía heridas algunas y el tigre menos. Dudaba en su corazón y en su mente que recibió ayuda pero, esto fue negado al contarles de cómo había matado al oso sin ningún problema y además, sin ayuda.

“¿Ahora sí esto demuestra que valgo la pena para ti Liz?” Nathan se soltó del fuerte agarre de Dean quién al ver su cara, notó que quería ir con su hija por lo que no lo detuvo, es más, le incitaba a ir. Unos pasos después, le tenía en frente, cara a cara y no podía reírse de la cara de ella quien le miraba inclinando un poco su cabeza. De cerca, realmente se podía apreciar su belleza, comparable con lo que había ya visto. Mandíbula pequeña, pequeños labios y una nariz pequeña, salvo sus ojos el resto de su cara era pequeño. Pero si vamos más abajo… Ya no era pequeño. Lo que le llamaba la atención era el vestido de piel de tigre que llevaba encima y para variar, a través de ese vestido se podía ver una buena figura, una delgada pero buena figura. “¿No me vas a responder?”

“…Suertudo” Fue su única palabra antes de volver a dormir. Los demás vieron esto y no dijeron nada, en alto claro. Entre ellos murmuraban diciendo y sintiendo que otra vez le había rechazado.

Nathan se rió, se volteó y extendió ambos brazos. “Pues parece que hoy comerán oso de nuevo. Espero que hagan espacio para más”

———

Lo que pensaba que terminaría enseguida con el juego, terminó siendo peor.

Su padre ahora veía con buenos ojos a Nathan y lo que es más, este le ofrecía que le aceptara ya que nunca imaginaría ver a alguien que pudiera cazar muy fácilmente a unos osos en un lapso de tiempo tan corto. Pero ella se negaba a eso. Le caía mal sin saber por qué.

Escuchaba desde dentro como todos reían y hablaban mientras cocinaban y comían la carne del oso. Tenía hambre pero no quería ver al otro peliblanco para nada. De sólo pensar que su padre le estaba ofreciendo a él su cuerpo, su madre probablemente estaría completamente enojada y furiosa.

“Maldito bastardo de mierda… ¿por qué tuvo que terminar así? Sabía que no debía seguirle la corriente” Ella misma se reprendía. Pensar que al final, conseguiría traer otro animal y hacer que su padre lo amara. Era muy tonta.

“Puedo darte la respuesta si quieres” La voz, esa voz hizo que se asustara y tomara un cuchillo hecha por ella misma por uno de los dientes. Se movió rápido así como se levantó y apuñaló directo y en dirección a lo que fuese que estuviese hablando. La persona que habló detuvo a tiempo el ataque, tomando su muñeca y la punta del diente, frenando cerca de uno de sus ojos. “Bueno… tomaré eso como un no” No soltaba su muñeca para nada mientras ojeaba el interior mejor.

Parecía que usaban los palos y de a varios para usarlos como soportes mientras que estos eran cubiertos por otros materiales, pieles al parecer. A diferencia de lo que él recuerda, estas construcciones de chozas nunca las había visto. En el centro, entrando antes y notado esto, un pequeño agujero de lo que era el tejado donde el humo del fuego salía por allí. Luego, estaban las pieles desparramadas en dos partes siendo cama de Dean y Liz. En otro extremo de este, varias herramientas y armas notando una de ellas que le llamó la atención.

Luego de terminar de mirar un poco, se daba cuenta que seguía apretando su muñeca, una que había soltado el cuchillo y parecía sufrir por el agarre, soltándole. “Pudiste usar tu otra mano para defenderte. Por cierto, bonito hogar ahora que lo veo mejor”

“¿Qué haces aquí? ¿No sabes que mi padre y yo vivimos aquí? ¿Acaso quieres morir?” Liz estaba enojada por como Nathan entró sin decir nada mientras tomaba su muñeca que había quedado en parte roja por tal fuerza de agarre.

“Tu padre no me hará nada. Es más, no soy quién para decir pero seguro quiere un nieto” Empezaba a soltar carcajadas imposibles de contener. Ahora estaba siendo malo y jugaba con la mente de Liz. No era cierto lo que dijo pero tampoco mentira del todo. Sólo se ganó ser golpeado, golpes que esquivaba. Dio pasos atrás y terminada sus carcajadas, le miró seriamente. “Vine a ver cómo estabas y si querías algo para comer. Tu padre me hizo que viniera para verte y para que te unas con los otros pocos. La noche es mejor mientras pasas con seres queridos y no sola aquí”

“Sería mejor si te fueras de aquí”

“Pero no puedo hasta que alguien cumpla lo que prometió. “Seré tuya si me traes otro oso” has dicho. Lo he hecho y no veo que seas mía ahora. ¿Acaso debo mostrarte o hacer otra cosa?”

“…” Hizo silencio. Le miró unos segundos con sus grandes ojos claros como el cielo y puros como el agua y suspiró cerrándolos. Se fue hasta la entrada del lugar sólo para decirle de espalda: “No quiero nada que venga de ti” Acto seguido, iba a irse de allí con tal de no tener cerca o siquiera respirar el mismo aire que él, pero algo no la dejaba. “¿Qué haces?” Su furia se encendía y estaba dispuesta a golpear hasta la muerte cuando le rodeo con sus brazos.

“Me prometiste que serías mi mujer. Una promesa es una promesa y créeme que te haré una por completa… Te gustará” Nathan no quería que ella se fuera, es más, su figura de espalda hizo algo que otras mujeres no habían hecho: encenderlo.

Tenía sus brazos encima de ella, rodeando todo su cuerpo y apoyando el suyo, usando sus manos para tomar sus pechos y moverlos un poco mientras le daba pequeños besos en la nuca así como pequeñas mordidas para dejarle numerosas y pequeñas marcas a las cuales, Liz respondía sólo con al sonidos salidos de su boca y sin capaz de poder decir algo.

Tras unos cuantos besos y mordidas así como apretar sus pechos, Nathan le soltó para tomarla del mentón y ver a una Liz, una mujer que parecía ser orgullosa y fuerte, con sus ojos con algunas pequeñas lágrimas y una cara que pese a su piel morena, se podía notar un sonrojo en ella. “¿Quieres que siga o me detengo aquí?” Notaba que su orgullosa expresión de hace un día contra él ahora no existía, era sólo una chica que estaba perdiendo lo que más tenía dentro de su ser.

Ambos estaban muy cerca del otro. Ella sentía la respiración de este y no sabía que hacer debido a que no experimento esto antes y por otro lado, Nathan estaba que no aguantaba más, que si le decía que no la tiraría contra una de las pieles y la violaría.

“Yo… No… No…” No podía hablar. Su cabeza daba vueltas, no podía hablar tampoco. Nathan también no ayudaba. Le generaba nerviosismo. También, había que pensar, algo que él no sabía, ella era una niña a pesar de que tenía unos pocos años más que Nathan. Nunca había experimentado lo que estaba pasando ahora debido a sus padres y por ende, no sabía ella que hacer. “No… pares…” Al final y luego de seguir siendo tocada por una de las manos de él, ante el toque suave, quería resistirse pero, a duras penas podía y por ende, estaba perdiendo contra el deseo.

Nathan sonrió y aún su mentón tomado y con otra mano tomando con delicadeza su pecho, le dio un pequeño beso al cual, sorprendentemente su cabeza, Liz correspondió soltando sus manos y usando las de ellas para pasarlas detrás de su cabeza y agarrarse de allí. Como tal, el beso fue escalando poco a poco hasta convertirse en un beso más caliente, más fogoso.

La experiencia de besar para Liz era nueva pero para Nathan no lo era. No había forma que una mujer de esta época lo supiera y por eso, ella estaba sonrojada a un gran nivel y sentía que cada vez más y más una llama, una llama de lujuria despertaba, más si este la agarraba el trasero y se lo apretaba.

Tuvieron que separarse para tomar algo de aire. No se separó él sino ella se separó quien habiendo hecho esto, empujó a Nathan contra su cama, cayendo este de espalda con una cara de no entender qué diablos estaba pasando mientras que ella se lanzaba encima de él al mismo tiempo que este caía.

Para cuando Nathan miró la situación, estaba de espalda contra el suelo y ella estaba con la cara sonrojada, respirando con gran dificultad y su cara roja, ahora siendo más visible debido a la pequeña fogata que aún permanecía. Sus pechos estaban casi en su rostro y los ojos claros estaban cristalizados y mirando fijamente a sus ojos.

“Hah… hah… Por favor… quiero tenerte dentro…”

Guardar Capitulo
Inicia Sesion para guardar capitulos Close
tunovelaligeras.com
❤️📚 Descarga la app de uno de nuestros lectores: leen novelas románticas en FoxyNovel. Descargar
🦊

FoxyNovel

Lee Gratis

★★★★★
Descargar