Dawn of Man – Capítulo 16

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Capítulo 16

“Pensé que habías dicho que te ibas a quedar”

Justamente la chica que había visto antes de piel morena y pelo blanco estaba frente a él quién estaba a punto de irse del lugar. Había prometido quedarse, pero la idea de seguir explorando esos lugares peligrosos, ¿por qué no arriesgarse a ello?

“Bueno… Nunca dije que iba a irme ¿verdad? Tan sólo estoy descansando” Ella parecía no creerle con lo que dijo. Era la mejor mentira que podía decir o la mejor verdad. Ambos no sufrían de frío por lo que de estar paseando por el alrededor o quedarse allí no les afectaba para nada.

“Puedo creerte en aquello, eres uno de mi gente a pesar de que tu piel clara pero por tu cabello y ojos, sigues siendo de los nuestros” Ella se había acercado lo suficiente a Nathan para pasar su brazo por su cuello para abrazarle y sonreír. No iba a decirle que no por lo que le siguió el juego y decía que sí. “Entonces, ¿ibas a irte por que no tenías dónde quedarte?”

La pregunta no le gustaba a donde iba, más por la mirada que le había dado al preguntarle teniendo una sonrisa pícara y con un doble sentido en ella.

“Iba a irme para poder explorar. Como sabrás, el frío no me afecta en lo absoluto por lo que, el invierno me da igual en este momento” Y era cierto lo que decía. Tal respuesta hizo pensar a la otra peliblanca quien estaba pensando y mientras lo hacía, Nathan no podía parar de mirarle los pechos. ¿Tendrán todas las mujeres tal tamaño o solo yo tengo tal suerte?

“¿Hola?” No se daba cuenta que estaba siendo llamado que su vista estaba en el cuerpo de ella. Llevaba una piel que cubría el cuerpo entero, al igual que Dean pero su pecho se notaba de cerca que era grande. No sólo ello, su figura era hermosa. Ella realmente notó su mirada y sonreía mientras una pequeña risa salía de su boca. “Jeje, ¿dónde tienes tu mirada eh? Al final, ¿vendrás a acompañarme?”

“Miró tu cuerpo que está incitándome a hacerle algo y, no” Le estaba excitando pero debía resistirse. Debía resistir ese impulso de seguir follando pese a que lo que había experimentado hay sido delicioso.

“¿Qué pasa? ¿No puedes con una mujer como yo?” Estaba cara a cara con Nathan y esta estaba por tocarle. No sólo su cuerpo, más su cabello que era muy diferente pese a ser blanco como el de ella. Era plateado de cerca y muy hermoso y al querer tocarlo, Tora, quién estaba callada, enseñaba sus dientes y gruñía ante esto. Hizo unos pasos atrás al oírla con algo de miedo a lo que él respondió con una sonrisa de igual manera que ella antes.

“¿Una mujer como tú teniendo miedo de un animal como este?” Le acaricio la cabeza a Tora y se montó encima de ella. “Parece que una mujer después de todo no lo eres… ¿o sí?” Con eso, se retiró a dar una vuelta a ver que encontraba en la noche. “Oh, una cosa más. Soy Nathan, volveré más tarde…. “mujer”” Y se adelantó, no yendo al bosque de nuevo sino que se fue en dirección contraria a este dejando a una peliblanca sonrojada, no por amor o por algo por estilo sino por odio.

“Ya me las pagaras Nathan” Murmuraba al verlo irse poco a poco.

———

Al siguiente día, en la muy pequeña tribu todo el mundo se había despertado dándose cuenta que Nathan, el peliblanco, no estaba en ningún lado. Tampoco estaba con el líder Dean que le había ofrecido su choza como lugar de descanso por ser un poco más grande que los demás desconcertando así a todos quienes esperaban para jugar o ver a su tigre.

“¿Dónde podría estar ese chico?” Se preguntaba Dean mientras se rascaba la barba y miraba para todos lados.

“Se fue sin decir nada” Alguien más apareció al lado de Dean mostrándose poco a poco ante sus ojos quién el enorme hombre, miraba a la pequeña persona a su lado.

“¿Lo dices en serio Liz?” Preguntaba Dean quien ahora miraba a la chica peliblanca, sorprendido de que se haya ido Nathan sabiendo que había dicho de pasar la noche con ellos.

“Ayer tuve la oportunidad de encontrarlo afuera en la nieve, relajado y preparándose para irse de aquí” Liz habló un poco más contando en detalle, mintiendo además, de las cosas que iba a hacerle si ella no se apartaba de su camino.

Dean al escuchar esto, su preocupación por Nathan se fue y estaba más preocupado por Liz que se mostraba algo herida y más sabiendo que las cosas que dijo que iba a recibir sino le dejaba irse. Aguantaba la ira y se preparaba para hacerle algo ya.

“Escuchen todos, cuando ese peliblanco vengan, ¡quiero que todo el mundo lo ataque por amenazar a mi preciada hija!” Esto lo dijo gritando para que todos le escuchen. Liz, su hija, era bien apreciada para él. Pese a que él no tenía esa piel morena que le caracterizaba o el cabello blanco, se enorgullecía de haberse tirado a una mujer de las montañas, mujeres que para poder hacerlas tuyas uno debía derrotarlas y eso, para cualquiera que no provenía de aquellas tierras, era raramente visto.

El repentino cambio de Dean fue notado por todos y era mejor hacerle caso. No estaban a favor de hacerle algo al peliblanco, tenía un enorme tigre y desconocían totalmente si era fuerte o era débil pero solamente por el animal eran cautelosos. Sabiendo esto, no querían entrometerse pero desobedecer llevaba a que Dean les hiciera algo a ellos también.

“¿Qué es lo que está pasando?” Preguntaba alguien que miraba la situación y no comprendía que estaba pasando. Algunos tensos, otros nerviosos y uno enojado, demasiado que se podía ver la expresión arrugada de lejos.

Los demás voltearon al escuchar la pregunta y más la voz. Un peliblanco con un tigre aparecían en la pequeña tribu siendo ambos tirando un enorme animal con algo de fuerza. Si se miraba bien al animal, este estaba muerto  porque no había reacción alguna de este siendo llevado por lo que, ver algo tan gran muerto, sus cejas eran levantadas con bastante impresión.

Cuando notaba las miradas de todos en él las cuales veía una por una, estaba sorprendido. No por el hecho de que lo miraran por haber traído algo bastante grande, no. Podía notar el ambiente que estaba tenso por alguna razón en particular. En ese preciso momento, notó a Dean quien una vez que él apareció, parecía que iba a devorarlo con solamente la vista.

“Con que al final aparecer ¿eh? Maldito bastardo, ¿cómo te atreves a amenazar a mi hija a mis espaldas?” Nathan sólo podía mirarle extrañado, ignorando el hecho de que Dean estaba furioso. No conocía a su hija o eso creía cuando detrás de él, una sonrisa maliciosa aparecía en forma también de tono burlesco.

La chica de ayer murmuraba para él mismo. Su expresión ahora era seria y sus ojos estaban concentrados en Dean. Volvió a mirar otra vez a la chica detrás de él y de nuevo, se centró en Dean. Esto lo hacía porque cuando afirmó que era su hija, le costaba creerlo.

El ambiente tenso y el aire frío que pululaba por los alrededores un poco más fuerte que antes, siendo lo primero lo más fuerte que el otro. El largo cabello blanco de Nathan se movía de un lado a otro por acción del viento y de la persona que ahora se encontraba a unos pocos pasos de él, su largo cabello y larga y espesa barba se movían al compás del aire.

“¿Tú eres su padre entonces de esa mujer de allí?” Preguntó Nathan a lo que él asintió a su pregunta. Increíblemente, se le había ocurrido una maravillosa idea sobre que decir ahora mismo sabiendo esta información ahora. “Entonces debo hablar con usted y preguntarle algo”

Dean, quién estaba parado sin moverse y su cara de pocos amigos, seria y sin inmutarse por el frío, de repente sufrió un pequeño cambio. Sólo alzó una ceja pero su expresión se mantuvo firme.

Nathan quería acercarse hasta esa mujer pero sabía y conocía de antemano lo que era un padre enojado por lo que, se dispuso con una cara seria a levantar su dedo y señalarla. “Tu hija…” Los demás miraron a Liz quién, de tener a una sonrisa maliciosa al ver a Nathan ahora tenía una expresión confusa en su rostro. No por el hecho de que su padre no haya hecho nada, a veces estaba calmado y luego asesinaría a aquellos que le molestaba y esto era lo que quería con él. Ahora, la situación era diferente, estaba confundida porque él le señalaba sin saber la razón y, los demás, tan sólo eran espectadores de la situación. “No niego que la haya molestado pero, hay una buena razón para ello” Terminó bajando su dedo y sonrío de oreja a oreja. “Anoche, sin saber que era tu hija, intenté hacerla mía y el resultado de eso fueron aquellas heridas que desde aquí veo sobre ella, no son nada y yo obtuve estas”

El abrigo de piel que llevaba encima cubría parte de su cuello pero aun así dejaba ver algunos rasguños y agujeros pequeños en su pecho también. No se veía la enorme cicatriz o no en su totalidad que tenía. Agradecía internamente a Evelyn por haberle hecho estas pequeñas marcas en su alrededor de su cuello y en parte a Alice, quien todavía estaba comiendo su cabeza por haberle hecho eso, por la clavada de uñas.

Dean miró las heridas de Nathan que llevaba encima. No era tonto, sabía que a veces, las mujeres no se dejarían montar fácilmente y pelearían. Estaba orgulloso de su hija internamente pero la cuestión ahora era otra. Sus ojos, tampoco eran de subestimar pese a su apariencia tan salvaje y primitiva, pudo ver otras heridas más que apenas se veían debido a la piel que llevaba que le cubría todo el estómago. Obvio que la marca que llevaba en el rostro la había visto antes, se parecía a la que él llevaba en su rostro, dando una apariencia más terrorífica si se le sumaba con su rostro y físico de bestia.

Miró a su hija quién aparte de tener confusión en su rostro, sus ojos estaban bien abiertos al igual que un poco su boca. “¿Lo que dice es cierto hija?”

Para cuando Liz puedo darse cuenta que le estaban hablando y responder, Nathan empezó a reírse fuertemente atrayendo la mirada de todos.

“No miento Dean, es más, después de querer intentar hacerla mía ella misma me dijo “Si me quieres, debes demostrarlo” y es por eso que desaparecí toda la noche para cazar esto” Se dio la vuelta, se acercó hasta el animal muerto no sin antes acariciar a Tora quien estaba sentada tranquila y sin hacer nada. Con la fuerza que llevaba, levantar al animal no fue ningún problema y mucho menos cargarlo frente a todos. Internamente, agradecía a la Diosa pero también había odio.

Las pocas personas se acercaban poco a poco hasta donde se encontraba Dean para poder ver el animal que había cazado Nathan. Lo cargo unos segundos y lo soltó frente a todos quienes observaban al animal de cerca tapando su boca y otros dando un paso atrás impactados por lo que veían.

Un oso, un oso enorme y poco más grande que Dean yacía en el suelo nevado enfrente de ellos. Cuando más trataban de observarlo, más se daban cuenta que estaba llena de agujeros sólo en la parte de la cabeza.

Mientras todos estaban con sus ojos en el oso, pensaban las cosas que podían hacer con ello pero no dijeron nada, miraban a Nathan esperando que iba a hacer o decir.

“¿Esto qué significa?”

“He cazado un oso, uno macho. ¿Esto demuestra que soy digno de su hija?” Todos miraron ahora a Dean e intercambiaba miradas también con su hija, quién al ver el oso que este había cazado, se quedó callada por completo.

Dean, quién miraba en silencio mientras los otros murmuraban levantó su mano para que estos se callaran. Miraba al peliblanco frente a él quien tenía una mirada expectante de lo que iba a decir o de lo que esperaba. Su mente estaba llena de pensamientos, más precisamente de que alguien cazó un ojo con tal de tener a su hija.

“¿El tigre te ha ayudado?” Preguntó. Con un animal así es mucho más fácil cazar sin importar qué era y si contaba él mismo con la ayuda de un tigre, cazar sería un juego de niños.

Negó y luego miró a Liz, quién sintió su mirada y ambos, cruzaron miradas. “Con tal de poder hacerla mi mujer, debo demostrar que soy fuerte ¿verdad?” Liz no sabía que hacer luego de escuchar eso. ¿Está jugando conmigo? ¿De verdad mi padre va a creer eso?

Miraba a su padre, esperando que este dijera algo pero no decía nada. Sólo se acercó hasta el peliblanco y extendió sus brazos para tomarlo. Ella estaba esperando perfectamente esto, quería que le haga algo, había notado la mirada y la sonrisa burlona cuando sus ojos se cruzaron. Pero su padre, no hizo nada malo a Nathan, en cambio, sus dos manos tomaron sus hombros y empezó a sacudirlo mientras se reía fuertemente logrando que aquellas aves dormidas despertaran por el fuerte ruido.

“¡Te he juzgado mal niño!” Lo soltó y lo primero que hizo luego de que le soltara, era tratar de estar parado sin caerse. Lo había sacudido de tal manera que tenía ganas de vomitar. Suerte para él era que tenía a Tora que se había acercado y no se cayó porque si lo hacía, seguro no se levantaba más de allí. “¡Ven Liz!” La recién llamada salió de su estupor, sin creer que su padre, un hombre fuerte y grande con una contextura más ancha que todos, capaz de rivalizar contra un enorme oso, cediera contra apenas un joven que era más bajo, menos ancho y musculoso. No pudo ver cuando los demás se pusieron frente a ella que Nathan había cargado al oso con sus propias manos y si lo hubiese hecho, se asombraría. “¡Mira Liz! Aquél hombre ha cazado un oso especialmente para ti, ¿qué vas a decirle?”

Hubo un silencio entre todos. Estaban todos amontonados pero seguían siendo pocos. Si se sumaban, serían poco más de 10 personas, 12 sumando a Dean y a Liz y con los niños si entraban en la cuenta, casi 18 personas.

“Yo…” Dudó unos segundos y cerró sus ojos con una sonrisa. Sí él iba a hacer esto, entonces serán DOS que jueguen a este juego. “…todavía no vales la pena a mis ojos. Demuéstramelo cazando otro más y seré tuya”

Incluso Dean estaba asombrado que su hija pidiera que cazara otro oso. El animal en sí era demasiado peligroso y cazarlo era una genialidad, una hazaña para un hombre como Nathan y más sólo. Los demás, en silencio mortal. Que Liz rechazara a un hombre que cazó a un oso para ella, era impactante. Para el peliblanco, una leve sonrisa aparecía en su rostro, parecido a la de ella y riendo para su interior. Su broma había hecho una situación así y ahora, ella parecía jugar con él.

“Es una promesa. Prepárate para esta noche porque serás mía”

Se puso alado de Tora, la montó y antes de irse, avisó a los demás que hagan lo que quieran con el oso y que no pasen frío, que él volverá con otro oso para que coman y la comida sobre pero por sobre todo, aceptando el “desafío” que ella, sabiendo su nombre ahora, le propuso.

Dicho todo, se fue por donde vino montando a Tora y con una sonrisa en su cara. Esta noche, hoy alguien iba a comer bien.

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