El Resplandor Sombrío_Capítulo_3

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Capítulo 3: Un libro importante

El asombro golpeó con una fuerza abismal a Ryu. Su reacción fue enmudecer y acto seguido reír. Aquella afirmación, tan seria y profunda, no podía ir realmente en serio.

-¿Que tú puedes hacerme el más fuerte? No me hagas reír, viejo. ¿Cómo siquiera podrías?

  -Yo he estudiado a todos los usuarios de todos los elementos posibles en sus más feroces entrenamientos; y te enseñaré los fallos que “los tuyos” cometen. Así serás el más fuerte.

Ryu no comprendía casi nada de lo que soltaba el viejo. ¿Ver entrenar a usuarios? ¿A caso era uno de los SIZAN?

  -De donde yo provengo los usuarios no se esconden. Allí son reconocidos como personas con mucho que aportar y, al igual que muchos, yo era un maestro. Del arco, pero un maestro. Te enseñaré las razones que les hacían imposible ganarme a mí, un simple humano. Vamos, cierra los ojos y apunta a esa grieta en la pared. ¡Concéntrate!

Su grito es poderoso, mucho más de lo que cabría esperar de alguien de su edad.

Ryu cerró los ojos y se concentró, pero no lograba ver ninguna grieta; solo lograba ver manchas grises.

  -No veo ninguna grieta. Deje de tomarme por tonto.

Sin él darse cuenta, el anciano se acercó a él, le agarró la mano y le movió hasta tocar la pared. Ahora, con el tacto, sí lograba notar la grieta.

-Que no lo veas no significa que no esté. Es como la seguridad de la muchacha. Sé que está bien porque conozco el lugar, y creo que conozco su fuerza. Por mucho que te cueste, debes aprender esta base. Y ahora… ¡Dispara!

Al ir Ryu a coger una de las flechas, el anciano gritó de nuevo. Lo hacía mal.

De este modo, una y otra vez, todo lo hacía mal y debía serle explicado. Desde cómo coger sus nuevas armas a cómo debía respirar y colocar su cuerpo. Y, aunque lograra disparar correctamente la flecha, erraba todos los intentos.

-Esto es imposible. Si ningún taok de luz lo ha logrado, ¿cómo quieres que yo lo logre?

  -Fácil. Tú has vivido fuera de la seguridad de los muros. Tú tienes experiencia, posees algo que no he visto antes en alguien como tú. Posees la voluntad de sobrepasar lo que conoces. Vi el último momento de tu pelea. Fue… esperanzador; y precioso. Verte llorar por esa muchacha… Sin duda debe ser alguien especial para ti.

  -Ella me recuerda a alguien. Me hace feliz pelear con ella. Es una sensación que me recuerda a mi infancia, cuando todavía tenía a mis padres y era feliz. No quiero perder eso.

  -Demasiado egoísta para un usuario de luz. Tal vez no quieras profundizar demasiado en tu mente. -Su risa es maliciosa, pero con cierta amistad- De cualquier modo… Te diré esto para que reflexiones. “Lo importante de esta vida nunca se mostrará a los ojos.” Para lograr superar a todos los demás usuarios de luz debes comprender estas palabras tal como yo. Y… si no es mucha molestia, quisiera que me hicieras un favor. Habla con esa chica y convéncela de que me deje ir con vosotros. Además, todavía no hemos encontrado la fuente.

  -¿De verdad sigues pensando que está aquí? -Su desánimo es claro-

  -Vosotros fuisteis los que descubristeis que esto fue un lugar de entrenamiento para usuarios de agua. Tiene bastante sentido que esté por algún lado. Ahora, si no es molestia, me retiro. Tengo que revisar cada recoveco en busca de la fuente. Os avisaré si encuentro algo. Ahora márchate con ella y sigue meditando sobre este entrenamiento.

 

El tiempo empleado para esta práctica fue elevado, pero no lo suficiente para que el sueño de Yami le recobrase las energías. Así que cuando Ryu llegó aún estaba allí tumbada, cubierta por la capa chamuscada y al lado de una pequeña esfera luminosa.

-“Nunca se muestra…” Sin usar los ojos… ¿Cómo se supone que vea algo sin los ojos? Vamos Ryu, piensa. Los SIZAN te obligaban a resolver acertijos como estos, pero… Joder. Todo lo que aprendí fue cómo usar mi poder ingeniosamente para destruir y matar… Relájate…

Suspira con fuerza entrelazando sus piernas para sentarse de manera cómoda y meditar un poco.

-Es igual, pero con un fin diferente. No comprendas el cuerpo, comprende la realidad. La luz la proporciona el sol, tú solo recíbela. La base está en que sea el cuerpo el que reciba la luz. Mi cuerpo es hipersensible a la radiación del sol, pero… Debo aprender a traducir esos estímulos en mi cabeza. Ese será mi entrenamiento: “Cerrar los ojos y forzarme a ver”.

Y con dicha mentalidad se puso a meditar, pero ni con varias horas en un estado de concentración casi perfecta logró pulir esta visión. En cierto modo lograba ver figuras algo nítidas, borrosas, pero los colores se diluían casi al instante.

Al Yami levantarse, y que su aura entrase en juego, la concentración del chico se hizo añicos.

-¿Hay algo para comer? -Fue lo primero que dijo la “dama”; pensó Ryu-

  -En la bolsa.

Ahora que lo pensaba, él no ha comido nada, pero no tiene hambre. Se pregunta el motivo, y la respuesta que encuentra es que, tan concentrado estaba que no tuvo tiempo de pensar en comer.

-¿Importa si como algo yo también?

  -¿Eres idiota? ¿Qué importa eso? Hay suficiente comida.

Esas palabras hicieron sonreír a Ryu de su típica manera, mientras expira por la nariz eleva las comisuras de sus labios. Yami se preguntó el motivo, pero en verdad le daba igual.

Desayunaron juntos sin decir una palabra, sin dirigirse las miradas, concentrados cada uno en su alimento.

  -Por cierto… -Rompe Ryu- Ese anciano… Creo que podría ayudarnos.

  -Ese tipo solo tiene un arco. Nosotros tenemos elementos a nuestras espaldas. ¿De verdad crees que podría ayudarnos en algo?

  -El chamán tampoco tenía ningún elemento…

Ambos cambiaron su gesto a uno pesado y dolido, recordando la marcha.

-¿Y por qué dices eso? -Pregunta Yami, dando la pequeña impresión de que puede ceder-

  -Él tiene mucha más experiencia, tiene mucho conocimiento. Además, ha dicho que podría ayudarnos con nuestros Taoks. Dice que estudió a los demás usuarios, que puede hacernos más fuerte.

  -¿De verdad te crees eso? ¿Cómo podría hacerlo si él no tiene taok?

  -Esta mañana, cuando dormías, él trajo esa bolsa. Fui con él, dijo que iba a ayudarme. Me enseñó a cómo se debe usar el arco y las flechas, y cómo usar mi poder para sobrellevar la debilidad intrínseca de mi elemento. Sé que lo que me ha dicho es útil, pero el entrenamiento es muy duro. Me costará un tiempo hacerlo, pero sé que con él podremos llegar más rápido a nuestro objetivo.

  -Está bien. Dejaré que venga. Pero como empiece a molestar le aplastaré.

  -Oh, cierto. Hay un detalle que no te he dicho del viajo.

  -¿Qué? -Con el tono que lo dijo Ryu la curiosidad de Yami se disparó-

  -Es ciego. Lleva una venda para que no se le vean las heridas.

  -¿Ciego? -Su asombro le abre los ojos de par en par-

Esos preciosos ojos, con esos colores tan marcados y distintos, encandilan a Ryu con una facilidad pasmosa. Esa cara, con ese brillo infantil, y esa expresión que la hacer ver más redonda de lo que es… Ryu casi no puede contener su estado.

Curiosamente, con tantos pensamientos en su chispeante cabeza, la paz era inmensa.

En aquella cueva artificial, ya sin la esfera de luz para caldearla, las sombras enfriaban el ambiente hasta ese momento, cuando Ryu se quedó perplejo por esos ojazos.

Unas piedras cayendo, el crujido de las rocas, el sonido de pasos lejanos, el jadeo cansado… Alguien se acercaba. Asumiendo de quién se trataba, ambos salieron. Yami se intrigó cuando el ambiente comenzaba a enfriarse justo al levantar.

-Jóvenes… A… Encontrado. Al Este… Claro. -Con unos pocos segundos de descanso, donde respira con profundidad y se ayuda de los gestos de sus manos como si meditara, logra hablar con normalidad- He encontrado la fuente. Hay un pequeño riachuelo que se esconde en la pared Este del claro donde peleaste. Creo que allí está la fuente.

Ryu y Yami se miraron con emoción y, acto seguido, desaparecieron en un resplandor sombrío.

Aparecieron en el claro, sí, pero no percibían el agua. Investigaron durante muchos minutos la zona Este, guiados por el sol, claro; pero nada, no había rastro de agua.

  -¿Tanto os cuesta seguir el rastro de agua? -Pregunta el anciano, ya mostrando a ambos su rostro-

  -¿Se puede saber qué agua dices de seguir? Ahora si que no tengo dudas de que eres ciego. Aquí no hay agua. -Responde amenazante Yami-

  -Claro que la hay, pero no a la vista. El chico de luz debería haberla encontrado, pero no hace caso de los consejos de un maestro.

Él caminó con calma, ante la emocionada mirada de Ryu y la amenaza de Yami, hasta la pared mencionada y apoya su mano derecha.

-Es aquí, detrás del muro.

Ryu fue con bravura y, similar al anciano, toca la pared con su mano, una mano a rebosar de energía.

-Detente, chico. No rompas la pared. Podrías destruir la fuente, destruir vuestros esfuerzos. Recuerda mis consejos. Concéntrate, ahora, solo en esta pared, encuentra las diminutas grietas y pasa por ellas. La muchacha puede hacer lo mismo. Seguramente con más facilidad que tú.

  -Mira y aprende. -Dice Yami tomando la ventaja. Envuelta en oscuridad desaparece en aquella bruma que se filtra por la pared-

  -Ella posee mucho más control que tú. Eso es fácil de notar para un maestro. Ahora inténtalo. Ahora solo debes seguir la oscuridad de tu amiga, debe ser mucho más fácil.

Ryu se distanció de la pared y se concentró. Conforme al pensamiento del anciano, Ryu logró pasarlo sin problemas.

Más allá de la templada roca, calentada por el abrasador sol, se encontraba una gran caverna, tras aquella gruesa y aislante pared. Una estancia fresca y, gracias al agua que allí había, iluminada por el brillo que emanaba del líquido. Una luz ondulante que refleja en las paredes y desconcierta a ambos.

-¿Cómo hay luz si no hay huecos al exterior?

<<Valientes corazones que enfrentan y ganan a la adversidad, disfrutad de la tranquilidad de estas aguas>>

Una voz femenina resuena por todo el lugar y el agua comienza a arremolinarse en el centro, dejando ver el desnivel del suelo. En verdad había una gran cantidad de agua. Esta agua continúa emitiendo ese leve brillo azulado-verdoso mientras toma la forma de una muchacha con el cabello muy largo, pero recogido para dejar ver su rostro. Una joven muy atractiva.

<<Vuestros corazones, tal como todos, necesitan descansar. Por favor, dejad que mis aguas os sanen de todo mal como recompensa a vuestros esfuerzos>>

  -¿Puedo cambiar mi recompensa? -Dice Ryu con voz seria-

<<Podéis, mas… ¿Qué deseáis?>>

La figura de la chica apenas cambia su expresión. Simplemente, el agua que la compone se agitó un instante. Casi parece estar improvisando, cosa que la pone nerviosa.

-Vuestro nombre. Puede que sea uno de los antiguos dioses. Tal vez sea una trampa.

<<¿Tan solo ansiáis el conocimiento de esta sirvienta? En ese caso, está bien. No podrás tomar de mis aguas, pero tendrás lo que deseas. Mi nombre es Kaerra. >>

Su expresión cambió levemente, y el tono del agua se aclaró en su rostro.

<<Por tu valentía en batalla, además de por tu valentía en poner tu palabra ante el favor de un dios caído, te concederé otro obsequio. No os diré qué es, pero os será de ayuda en lo que está por llegar.>>

Una fina capa de agua envolvió a Ryu excepto el rostro. La paz le inundó al momento, la calma casi hacia parece que estaba muerto, pero cuando el agua se evaporó sin ser esta la voluntad de la diosa, la sonrisa de Ryu era lo que brillaba más en la sala.

-Gracias, amable diosa. Agradezco vuestro favor. ¿Kaerra? Nunca había oído ese nombre entre los dioses. Tal vez sea uno de esos dioses errantes sin nombre. Y este “favor” … ¿Qué ha sido?

<<¿Y usted, jovencita? ¿Desea tomar el agua de esta fuente para sanar su ser?>>

  -¿Podemos recoger el agua? La necesitamos para un amigo.

<<¿Tú también osas poner tu palabra ante la diosa? Sois humanos admirables, sí. Adelante, toma mi agua. Pero os advierto, estas aguas solo aparecerán ante los que pongan su valor una vez cada cien años. ¿Estáis seguros de tomarla para vuestro amigo?>>

El tono era de advertencia, y la estancia se oscurecía para dar más énfasis en las palabras.

Ambos compañeros asintieron sin dudar. La diosa sonrió con gracia y desapareció dejando de nuevo el estanque de brillantes aguas.

Con una especie de cantimplora, llamada bota, recogieron el agua. Una vez taparon el recipiente, casi como una bañera, el agua se filtró rápidamente para dejar el lugar completamente negro y seco.

Ellos salieron, la luz al abrir los ojos les hizo un poco de daño.

-¿Tenéis el agua? -Pregunta el anciano-

  -Sí. -Ryu parece distraído-

  -Parece que una diosa es la responsable del agua. Normal que pueda sanar cualquier cosa. -Comenta Yami mirando a su compañero con cierto desagrado-

  -Genial, pero… ¿Ahora qué? Volveréis con vuestro amigo y… ¿Fin del viaje? ¿Cuánto tiempo lleváis fuera del grupo?

  -Llevamos tres días. -Díe Ryu con exactitud, regresando a la conversación-

Después de unos segundos en que ambos jóvenes pensaron sobre el tema, Ryu fue el primero en hablar.

-Tienes razón. Deberíamos volvernos más fuertes y sorprender a Jak, pero…

  -Pero no queremos hacerle esperar. Tenemos que darle el agua ahora.

  -Sí, estoy de acuerdo, pero… ¿Crees que la aceptará? -Ryu parece entristecido-

  -¿A qué viene esa duda?

  -¿Tú no querrías volverte fuerte por tu cuenta? ¿Te gustaría que tus amigos vinieran con una solución mágica para arreglar el problema? -Ahora podría decirse enfadado, más que triste-

  -No entiendo esta reacción. Claro que estaría alegre. Somos su familia, claro que íbamos a ayudarle. No seas idiota, RYU.

La oscuridad le golpeó como una brisa, en un instante la niebla le envolvía y al siguiente volvía a sentir el sol. La calma regresó a su cuerpo, al igual que al de Yami; seria y algo distante.

-Tal vez podríais ir con él y hablar del tema. Tal vez se alegre. -Propone el viejo antes de que la mirada de Yami le hiciera retirarse-

  -Él tiene razón. -Dice Ryu- Jak entenderá, así no tendremos que discutir por esto. ¡Vamos!

 

Y así, exhortando su voluntad, la luz les abrazó con un fragante olor; uno ciertamente agrio, pero tan ligero que resulta fresco.

El verde abrumó la vista de ambos, pues el anciano continuaba con su venda. Yami, pese a la molestia, fue en dirección contraria al chico para buscar. Él mayor se quedó sentado en los troncos cerca de los restos de la hoguera.

-Las cenizas son recientes, no pueden estar lejos. -Dice Ryu para sí- No puedes querer esta agua, Jak. No puedes… Debes superarlo por ti mismo, ¿verdad? Tal vez…

Se sentó en el suelo del bosque mientras Yami buscaba por la casa. Su cuerpo cayó a peso, directo al suelo sin amortiguación alguna. Su expresión fue inmutable pese al dolor que debería sentir.

-Tal vez soy yo el que quiere sobrepasar lo que pensaba. Usé los rayos sin casi herirme… Si yo puedo lograr superar esto por mí mismo tú puedes recuperar la tierra. Tú tienes a Kai… Eso debería ser suficiente como para que logres recuperar esa “conexión”, ¿no?

Al tiempo que Ryu pensaba sobre su dilema las sombras se acercaban a él con rapidez.

Detrás de un gran árbol, algo cerca del chico, la figura de Yami no termina de aclararse; quedando como una silueta difuminada, casi invisible.

-¿Ryu? ¿Qué es esta aura negra?

  -Yo… ¿De verdad puedo ser tan egoísta? ¿De verdad crees que solo por haberlo logrado tú…? ¡Ni siquiera es el mismo problema!

El grito hizo vibrar a Yami, escondida allí. El dolor y dilema se reflejaban con simpleza y fuerza.

-Jak… Tú eres quien sacudió la luz con sus puños… Tú puedes lograrlo. Toda mi fe está en ti. Pero por favor… Comprende a estos insignificantes vasallos…

Sacudiéndose en el suelo, apoyado en sus rodillas, cabizbajo, sus tímidas lágrimas brillan en el amasijo de oscuridad que comenzaba a formarse.

-Esto es muy peligroso. -Piensa Yami pasando a la acción-

Moviéndose lejos de su posición grita el nombre de su compañero, tal como si le buscara. En ese mismo momento la oscuridad que sentía en el interior del bosque se esfumó tal como si nunca hubiera existido; no quedaba ni rastro, ni una voluta oscura. La duda asombraba a Yami, incapaz de comprender el modo en que eso era posible. Zarandeando la cabeza para quitarse los pensamientos se acercó a Ryu.

-He encontrado algo en la biblioteca.

  -¿Jak tenía algo así?

  -¿No le oíste? Da igual. Sígueme. Creo que he encontrado una pista de dónde están.

Se movieron hasta el taller. Los recuerdos les asaltaban, recuerdos de no hace mucho de vivencias no lo suficientemente largas, pero igualmente intensas.

-Por aquí. -Le guía la mujer, dejando al anciano meditando en el claro-

Movió la estantería con sus garras de oscuridad y abrió la puerta de madera con cuidado. La cara de Ryu cambió a una sorpresa inefable.

-¿Cómo no lo noté antes? Es como si esta magia estuviera inactiva con la puerta cerrada. Pero… ¿Él tenía algo como esto?

Entraron. Yami lo hizo con presteza, se notan sus ganas de ayudar, pero Ryu tardó unos segundos más; debía terminar sus pensamientos.

-Algo como esto… Jak no pudo hacerlo solo ¿Tiene alguien este tipo de poder? ¿Con este tipo de tecnología? De cualquier modo… Ahora debo encontrarle.

Cuando entró una sensación desbordante le sobrecogió, le quitó el aire, pero él se sentía más fuerte que nunca. Obviando su situación miró de frente, vio a Yami sentada sobre la mesa hojeando un libro.

-Esto es lo que he encontrado. Es un libro, pero parece que hay algo marcado. Supongo que es esto lo que han ido a buscar. Tal vez sea una herramienta que le permita de nuevo mover la tierra. Pero… Odio decirlo. No sé leer esta lengua. Seguro que a Jak, ese viejo, le enseñó a leer todas estas lenguas para que siempre pudiera subir su poder.

  -Pásamelo. -Dice Ryu caminando hacia ella. Le cede el libro ya por la página con el marcapáginas- Interesante.

  -¿Puedes leerlo? -Parece emocionada, sus ojos brillan; ambos-

  -No, pero puedo sentir algo extraño en él. Un extraño deseo de conseguir la espada del dibujo. ¿Crees que deberíamos encontrar a alguien que pueda leerlo e ir donde diga?

  -Digo que creo que Jak ha ido donde marca el libro. Y tenemos que ir con él y darle el agua.

Salieron con el libro entre sus manos y tomaron descanso en el claro. El sol estaba en lo alto, por lo que fueron bajo unos árboles. El calor quemaba más de lo que recordaban.

-Así que… ¿Habéis encontrado algo?

  -Es un libro, así que es imposible que nos ayudes. -Dice Yami con su típica voz-

  -No te creas. También hacen libros para ciegos, con las letras en un ligero relieve. Pásamelo.

Ryu brillaba de emoción, pero Yami se mantenía escéptica. De igual modo le dieron el libro. Al momento en que lo tomó, todavía sin abrirlo, él sonrió. Eso, en cierto modo, alegró a ambos hasta el punto de sonreír.

-Es un libro sobre leyendas. -Dice con gracia acariciando la tapa- Y…

Abre el libro y acaricia la página marcada; él mantenía su sonrisa.

-El resto es plano como mi pecho. Lo siento. Este no es uno de esos libros.

La desilusión de Ryu hace sonreír más a Yami que la emoción de que pudieran avanzar. Una curiosa sonrisa sin malicia.

-Pero podríamos ir a un lugar donde seguro saben traducirlo. A mi hogar, el quinto país.

Al decir el lugar la cara de Yami se vuelve en desagrado, un aura que incluso el ciego pudo ver.

-¿Qué sucede, chica?

  -No te hagas el tonto. Si alguien me ve por el quinto país, el país de la luz… -Dice con burla rebosante de asco- Alguien con mi aspecto será despreciado desde el comienzo. ¿Crees que no he tenido que lidiar con eso antes?

  -Puede que fuera así en la era de tus abuelos y lo hayas escuchado de tus padres, pero desde que subió Migeru al trono… Todo tipo de taok o raza es bienvenida, siempre que no busque problemas.

  -Eso parece perfecto… -Se ve la falsa ilusión en su tono y rostro- Pero sé perfectamente que las personas detestan a los usuarios de oscuridad. Siempre los miran con miedo y asco, ¿me equivoco?

  -No. Es justo así. Por eso les dimos su propio distrito. Todos los taoks y razas están divididos así. Luego, el centro, es una zona común. Allí está la biblioteca donde seguro pueden traducir lo que queráis. Será un buen viaje. Tal vez aprendáis algo más.

Su sonrisa es esperanzadora, en contraste a Yami.

Tardaron su tiempo para decidirse, y eso que no dijeron una sola palabra.

 

Finalmente se pusieron rumbo allí. Gracias a que Ryu ya sabía dónde estaba ese lugar, por lo menos las murallas que lo rodean, llegaron allí en un instante. De nuevo, el sol se había movido.

Se acercaron a las murallas y varias personas se asomaron desde los descomunales muros.

-¡Identificaos! -Grita un soldado a través de un megáfono-

El anciano se quitó la capucha y movió su arco, tal como si fuera una bandera, para que le viera.

-¡Lo lamento! ¡Ahora mismo le abrimos!

  -¿Le? -Piensan Ryu y Yami, creyendo ya por fin de que es un maestro y, por tanto, alguien respetado-

  -Entremos. Creo que os gustará la capital.

  -Espera. -Dice mientras caminan hacia el interior de la muralla- ¿No se supone que es todo el país lo que está amurallado?

  -Has sido tú quien nos ha traído aquí al instante. Además, ¿sabes lo que costaría cercar todo un país? Tal vez te toparas con esta muralla, que llega al horizonte, y sacaras tú esa conclusión. -Dice riéndose-

  -Pero si a mí eso me lo contaron. No estoy seguro de cómo he llegado directo a la capital. ¿Tal vez por haber estudiado los mapas?

Sin pensar mucho más en eso, siguieron por el túnel, un pasadizo que conecta el exterior con la ciudad. Al pasar al otro extremo un pequeño grupo estaba allí para recibirles.

-Ha pasado tiempo, maestro. ¿Ha hallado la fuente? -Habla con respeto un muchacho portando el arco a su espalda-

-Ha pasado tiempo, sí. Pero no he encontrado la fuente. En su defecto, estos dos taoks. Dicen que quieren entrenar, tienen una misión muy importante. Si no queréis más de mí, me retiro.

Los soldados se dispersaron y dejaron al mayor pasar.

Los edificios, allá por donde pasaran, eran enormes. Edificaciones para más de una familia donde cada una tenía su espacio. Muros planos de colores apagados.

-Esta ciudad se divide en anillos, como muchas capitales. Cuando lleguemos al medio, que aún nos queda, podremos comenzar a ir al distrito que queráis. El exterior es completamente para fábricas y soldados en guardia. No os separéis.

Yami estaba tan embobada mirando todo a su alrededor que olvida por completo que el viejo le ha dado una orden, pero le da igual. Su ilusión la cegaba de la furia.

 

Llevando un tiempo caminando llegan a un puente. Un pasaje elevado que separa el anillo exterior y medio, que por debajo pasa un enorme río; allí podía verse la enorme cantidad de peces y barcazas que faenaban.

Todo era tan brillante y bonito que no pensaban que estuvieran en una capital, menos todavía Ryu; su conocimiento del mundo le hacía ya demasiado crítico.

Las carretas cargadas de materias primas como pieles, grano y sacos de lo que intuyen frutas pasaban a su lado. Los carreteros les saludaban, a los tres, al ver que era el viejo quien los acompañaba.

 

Pasó un poco el tiempo, para cuando estaban en el distrito común.

-Aquí podréis encontrar de todo y a todos. En sus ratos libres vienen aquí a descansar.

  -¿Dices los maestros?

  -Sí. A ellos me refiero.

  -Pero a nosotros nos interesa la biblioteca. -Replica Yami con energía y prisa-

  -Lo sé, lo sé. Pero podríais visitar los distritos de vuestros elementos para practicar un poco, para tener más conocimiento y haceros más fuerte.

  -Primero la biblioteca. -Dicen ambos-

Se dieron una mirada curiosa, los dos tenían los mismos ojos emocionados y llenos de ganas de fortalecerse. Una escena que no se le escapó al viejo, así como sí lo hizo su sonrisa.

 

Avanzaron hasta la zona central, directos a la librería mayor. El nombre hacía referencia a su tamaño, era descomunal. Tal alta como uno de esos edificios, pero ancha como si fuera un castillo.

  -¿Esto está lleno de libros? -Pregunta Ryu con un asombro que no cabe en él-

  -Y es más grande por dentro. Esto es todo lo comprimida que pudo quedar con la magia de los grandes maestros de la luz y la electricidad. Dudo que algo pudiera llegar a reducirse más.

Los dos jóvenes rieron pensando en la biblioteca de Jak, pero se les pasó al pensar en quién podría haberlo hecho.

Entraron, y efectivamente era todavía más grande por dentro. Cuatro, cinco… o tal vez fueran seis pisos los que se elevaban sobre sus cabezas, estanterías tan grades como obeliscos. Mirando hacia el cielo se apreciaba una gran bóveda de cristal que dejaba entrar la luz, y a los márgenes se apreciaban las barandillas de los bordes de los pisos que daban al vacío espacio sobre ellos.

Cuando la fascinación de las alturas aminoró, miraron al frente. Pasillos que parecían infinitos se abrían frente a ellos.

-Fara. Necesitamos una ayudita por aquí. -Dice el anciano-

  -Claro, ahora voy.

Una dulce voz femenina se escucha desde lo alto y, bajando envuelta en un fino manto de luz, se posa en el suelo.

Una muchacha de cabello rubio y largo, de apariencia sedosa, y de unos ojos grandes y de un azul electrizante, se muestra ante ellos con una preciosa sonrisa.

-Hola. Soy Fara. La bibliotecaria. Soy una maga de luz como podréis ver por mi aspecto. Igualita a ti, joven. También soy usuaria de naturaleza, una mezcla extraña. -Ríe de la misma manera que Ryu, lo que pone nerviosa a Yami-

  -Ella conoce todo tipo de lenguas, y, si no lo hace, las comprende. Dale el libro para que lo traduzca.

  -¿Un nuevo libro? ¿De verdad? ¿A caso es mi cumpleaños y lo he vuelto a olvidar?

La emoción de la chica es adorable, pero el que su luz se descontrole no tanto.

-Toma.

Ryu agita la mano y de un anillo de luz cae el libro. La chica queda fascinada, tanto por el tomo que tiene en sus manos como por la técnica que ha usado.

La chica toma el libro y lo abre por la página marcada. Queda unos momentos leyendo las páginas mientras sus ojos ganaban brillo.

-Muchas gracias por esta apasionante lectura. Es una leyenda sobre la espada “Mata dioses”. Explican el motivo del nombre y la leyenda detrás de ella, pero supongo que queréis saber dónde se encuentra, ¿no?

  -Por supuesto. -Exhortan con fuerza los dos compañeros, pero continúa Ryu- Necesitamos esa espada.

  -¿Queréis matar a un dios? -La sorpresa de la chica es enorme- ¿Queréis crear nuevas leyendas? -Una mirada pícara recae sobre el muchacho-

  -Queremos que un amigo vuelva a tener el poder de un dios. Esa espada parece prometedora. ¿Dónde se encuentra?

  -Vale. La historia cuenta que el maestro herrero y espadachín, harto de que los rivales cayeran con tanta facilidad y que todos fueran tras su arma, la escondió en el lugar más seguro del mundo. O eso pensaba él. Dice que lo escondió en la llanura del desierto, en las fauces de la gran serpiente. Si no entendéis lo que dice no pasa nada, son acertijos y metáforas bastante simples. Se resume en que fue a la llanura, al pueblo conocido como “Las serpientes”; hacía siglos que no escuchaba ese nombre, me trae tantos recuerdos… Para, que me distraigo. -Ríe ante el desconcierto de los presentes- Un pueblo bastante avanzado en la ciencia, y le entregó la espada. Ellos temieron el poder del arma y la sepultaron con la mayor seguridad que pudieron. El tiempo pasó y el pueblo desapareció, pero la espalda sigue allí. Lo que pasa… No tengo ni idea de dónde esta esa llanura ni “Las serpientes”. También hay una nota al final del relato. “Solo un verdadero dios puede matar a otros dioses”.

  -Muchas gracias, Fara. -Dice Ryu pidiendo el libro con las manos-

  -Gracias a ustedes por darme un nuevo libro que añadir a mi memoria.

Ella se acercó con una rapidez pasmosa y besó a Ryu en la mejilla. Un beso tierno con esos carnosos labios rosados.

  -Nunca me olvidaré de ustedes. Si necesitan ayuda con los libros, u otras cosas… -Dice con picardía en su mirada y voz- No dudéis en volver. Adiós.

Se despidió con un gesto y la luz la hizo desaparecer. El grupo salió, y una vez fuera hablaron.

-¿Puedo saber quien demonios era esa? -Pregunta Yami con rabia-

  -Es Fara, la bibliotecaria. Una gran maga de luz y naturaleza. Es incapaz de morir, así que mantiene su mente ocupada leyendo y memorizando todo lo que cae en sus manos. Eso es lo que dice siempre. Pero es muy maja. Pero nunca sale de su biblioteca.

  -Da igual. Tenemos una pista, y creo que sé dónde es esa llanura.

  -Ryu, no es por molestar, pero… Todo el maldito desierto es llano. ¿Cómo que sabes dónde es?

  -Tuve un maestro obsesionado con las curiosidades del arenero. Era… demasiado estricto y extremo. Aprendí incluso las supuestas conspiraciones. Malditos SIZAN… Los destruiré junto con Yami… y Jak.

  -Eso es interesante, muchacho. Pero me alegro que podáis avanzar tan rápido, aunque quisiera que vayáis a los distritos de luz y oscuridad. Intentad aprender algo nuevo. Seguro que os ayuda en vuestro viaje. Que por cierto… ¿Podría seguir acompañándoos?

  -Claro. Todavía no he terminado tu entrenamiento.

  -Así me gusta, chico.

 

La primera parada fue al distrito de la oscuridad, donde Yami y Ryu fueron con sus capuchas puestas por el consejo del anciano. En esta zona se nota la oscuridad. El día no había pasado, pero el sol tenía menos fuerza. Las calles eran oscuras y los edificios pequeños y simples. Todos en la calle parecía personas fuertes y despiadadas, pero en realidad ninguno era tan malo como parecía; al menos no todos.

Llegaron al dojo sin ninguna complicación. Todo aquel que tenía intención de molestar al grupo se retiraba al ver al anciano con esa sonrisa.

-Maestro… -Se escucha en el interior del lugar-

Con una apariencia oriental, puertas de papel corredizas y techos ornamentados con figuras divinas de la mitología oscura, las grandes puertas bajo el letrero de la entrada se abrieron para dejar ver al sensei. Un hombre grande con gran musculatura y un pelo largo y negro.

  -¿Queréis entrenar aquí? Entonces entrad y pasad la prueba.

  -No hay prueba que no pueda superar. -Dice Yami con seguridad-

  -Una chica con agallas. -Dice el maestro de oscuridad-

Entraron, tanto Ryu como ella, a la sala central; un gran espacio con un techo muy alto. Las bigas quedaban a la vista, todo era de madera.

-¿Creéis que la oscuridad es negativa? No respondáis. Yo leeré vuestros corazones y daré el veredicto. Siguiente. ¿Cuál es la razón de la oscuridad? ¿Qué ansiáis con este entrenamiento? ¿Creéis que un usuario puede encontrar el amor?  -Tras unos segundos pensando señaló a Ryu, cubierto por las pieles- Tú no.

La oscuridad le abrazó y le lanzó por la puerta. El anciano le esperaba con una sonrisa.

-¿A caso pensabas que pasarías la prueba de oscuridad?

En el interior del dojo, el maestro parecía pensar demasiado.

-Tal vez me arrepienta, pero acepto entrenarte. Has pasado la prueba demasiado justa. Espero que logres mejorar un poco. Y quítate eso.

  -Si me ve los ojos pasará algo malo. Debo cubrirlo.

  -¡Vamos!

Ella lo hizo, y le miró con ambos ojos negros como la noche.

El anciano, junto con Ryu, parecían esperarla.

-Chico. Estos entrenamientos son largos. Deberíamos ir moviéndonos hacia el distrito de la luz para que empieces tú también. Ella nos seguirá, es una chica lista.

  -Vale.

Ryu aceptó, pero igualmente dejó un rastro de su luz, tan tenue que sabe que solo Yami podría notarlo.

 

***

 

Llegaron al dojo de la luz, y ya solo el ambiente era completamente distinto. Antes de entrar, Ryu se quitó las pieles y las metió en ese mismo anillo de luz donde guardó el libro; hizo lo mismo con la máscara.

-Estoy preparado para la acción.

Él entró, y en el salón vio a otros diez chicos practicando movimientos, todos al unísono.

-Disculpen, he venido a entrar.

El maestro apareció, un anciano barbudo enclenque y esmirriado.

-Veo que tienes el don. Vayamos al jardín de atrás. El resto, sigan con el entrenamiento.

Fueron al lugar, un jardín exuberante y lleno de luz.

-Me gustaría ser rápido. -Dice Ryu con todo el respeto que puede en su voz- Quiero aprender a controlar la luz de mi exterior. Es la parte más dura de mi entrenamiento, y lo necesito para la misión que me he impuesto para con mi familia.

-Chico. No debes tener prisa con los entrenamientos. Estas cosas llevan el tiempo de cada uno. Tal vez tú seas más rápido que el resto, pero no debes tener tanta prisa. Comencemos por meditar. Despeja tu mente y piensa en algo que te haga feliz.

 

El entrenamiento de ambos compañeros fue duro para sus mentes, una fatiga mental a la que no estaban acostumbrados, pero sus dos tutores acabaron bastante contentos.

Ryu seguía con la segunda parte del entrenamiento, la canalización del poder.

-Debes visualizarlo. Observa como en tu mente se dibuja el movimiento de la luz en tus palmas.

A Ryu no le costó demasiado esfuerzo este acto, y como si fueran dos serpientes la luz reptaba por sus dedos y brazos.

-¡Basta! -Grita el maestro, haciendo que los demás alumnos fueran a mirar al jardín- ¿Cómo te atreves a moldear serpientes? -Su enfado es grande-

  -No era mi intención. Es una figura que me da serenidad. -Se excusa el muchacho-

  -Inaudito… Un usuario de luz cuyo animal es la serpiente… Imposible. Márchate de mi dojo. Ahora.

  -Pero…

El aura del maestro se mostró, la presión asfixiaba a Ryu y se vio forzado a retirarse.

Todos, alumnos y maestro, le acompañaron a la salida. Ryu fue junto con el anciano, causando sorpresa en el maestro. Pero, al ver que la muchacha de cabello negro le acompañaba, su ego habló.

-Ahora entiendo las serpientes. ¿Cómo puedes juntarte con esa rata oscura? -Dice entre murmullos dándoles la espalda-

  -Maestro de luz. -Dice Ryu con tranquilidad-

  -¿Sí? -Su tono es de superioridad, mirándole con desprecio-

  -Te reto a un desafío.

Incluso sin ojos, la expresión del anciano era clara. Todos los alumnos quedaron mirando a su maestro, que tenía la misma cara de asombro.

-¿Crees que puedes hacer algo? Yo te he enseñado lo más básico de la luz, ¿y quieres enfrentarme? ¿Por qué?

  -Porque soy un hombre. Por muy idiota que sea sigo siendo un hombre. No te perdonaré.

Una pequeña pelea de auras, quién ejerciera más presión ganaría, y a sorpresa de los presentes hubo un empate.

-De acuerdo. Venid dentro.

El anciano fue primero, seguido por sus alumnos. Yami se acercó a Ryu y preguntó el motivo de esta tontería.

-Nadie insulta a mi familia… -Con la mirada baja y la voz grave, la impresión de rabia hizo vibrar a Yami-

 

Fueron al salón central, allí el maestro esperaba sentado con los alumnos a los márgenes de la sala.

-Adelante, “aspirante”. -Dice con resentimiento- ¿Cómo se atreve a desafiar a un maestro con menos de una clase de experiencia? No importa que le tenga a él a su lado, eso no significa nada.

  -Retráctate de tus palabras y no te haré daño. -Su mirada sería digna del más negro abismo-

  -¿Osas amenazarme?

Ambas partes se levantan y se preparan, solo el maestro muestra su aura de luz.

-¿Qué sucede? ¿Ya tienes miedo? No mereces ni pisar este dojo.

El maestro se lanzó frente las ilusionadas miradas de sus alumnos, emocionados de ver a su gran maestro en acción; y asombrados de ver como solo golpea el aire.

-¿De verdad eres un maestro? De donde yo vengo…

Un nuevo intento de golpe, pero, como si de una ilusión se tratara, su golpe cargado atravesó a Ryu; apareciendo él detrás.

-Solo serías una presa.

La escena se repitió, Ryu esquivando al maestro cuantas veces fuera necesarias. Él joven no movía su cuerpo, eso parecía. Cada vez que hacía presencia frente a los ojos de los inexpertos parecía calmado, juzgando con ojos apagados.

-Retira tus palabras. -Decía Ryu cada uno o dos golpes, agotando su paciencia un poco cada vez-

  -Se acabó.

El maestro, harto de esta humillación, expandió su aura. La luz inundó todo el lugar como si fuera agua, asfixiando a Yami mientras que para los demás del lugar fuera tal como el aire.

-Detente… -Dice mirándola- ¡Para!

  -Ahora no me detendré por pena. -Dice el maestro, ebrio de superioridad-

  -He dicho… ¡PARA!

Con solo un bramido el cielo rugió sin precedentes. Un rayo destrozó el tejado y quemó el suelo bajo la madera del salón.

La concentración del maestro desapareció por el miedo y la luz se disipó, dejando a Yami, aunque respirando y a salvo, tirada en el suelo ayudada por el anciano.

-Ahora… ¡Pagarás! -La ira de Ryu se desborda a modo de rayos que azotan la madera que pisa dirigiéndose hacia su oponente-

Los alumnos, pensando en ayudar, se lanzaban contra Ryu para detenerle de herir a su maestro, pero era inútil. Tal como iban volvían, golpeados por la potencia de los rayos.

-¡Ryu! -Grita su compañero- Herir a un maestro es un gran crimen en este país. No lo hagas. Ella está bien. Solo necesita respirar un poco.

Leyéndole la mente se relaja, pero eso no quita que sigua acercándose con los rayos de por medio.

-Tú… no mereces ser llamado “Maestro de la luz”.

Al darse la vuelta sus rayos y luz se apaciguan. El maestro respiraba aliviado, pero una gran serpiente aparece de la espalda del muchacho para abalanzarse sobre su rostro.

La sorpresa le hizo caer al suelo ante la decepción y pena de sus alumnos.

 

Yami caminaba con la ayuda de Ryu, el único con la altura pareja, y llegaron de nuevo hasta el anillo exterior.

Se detuvieron antes de llegar a lo que sería la recta final, el distrito de los soldados.

-Ryu… -Dice el anciano- Atacaste a ese maestro solo porque insultó a Yami.

La chica seguía casi inconsciente, incapaz de escuchar.

-Él la llamó rata. -Su furia es demasiado obvia-

-Destruiste su dojo. Creo que te pasaste.

-Yami se ahogaba. Me asusté. Lo siento.

-No digo que estuviera mal. Me sorprendió tu poder. Además, ese maestro nunca me cayó bien. Me alegro que le ridiculizaras.

Unas pocas risas, después de eso Yami regresó de los sueños.

-¿Qué ha pasado? ¿Me asfixiaba?

Una pequeña sensación de miedo la hizo aferrarse a lo primero que pudiese, siendo ello al hombro de Ryu. El muchacho se alegró de este gesto y la miró.

-¿Estás mejor? ¿Qué tal tu entrenamiento?

  -Una basura. Casi nada más empezar le desafié a un duelo y le vencí sin esforzarme. Si eso era un maestro… Estoy algo desilusionada con la ciudad.

  -¿Qué clase de monstruos son estos tipos? Vencen a los grandes maestros como si nada. Sabía que eran fuertes y los llevé a los mejores, pero… Esto es demasiado.

  -Bueno, ahora tenemos que ir para el desierto. Vamos.

Yami casi no se percata de que seguía agarrada a Ryu, y fue él quien la hizo soltarse. Ella, pese a la vergüenza de la situación, no dijo palabra y siguió caminando.

Los soldados que patrullaban la muralla despidieron al anciano, y la pregunta surgió por fin.

-¿Cómo es que todos te conocen? -Pregunta la chica-

  -Fui un gran maestro, y era amigo del antiguo rey. Al menos hasta que me desterraron. Pasé mi castigo y regresé. Me alegró mucho que la gente no se olvidara de mí. Incluso el rey se alegró de mi regreso.

  -¿Te desterraron? -Dice Ryu- ¿Qué diantres hiciste?

  -Sabes… Ya ni me acuerdo. -Su risa fue perfecta- Ayudar a un gran amigo, pero eso me hizo perder a otros dos amigos y mi familia. ¿A caso fue un intercambio justo? Espero encontrar esa respuesta con estos chicos.

Caminaron un poco más, se detuvieron y Ryu se puso al frente.

-Ahora tengo que concentrarme. Debo recordar dónde estaba ese lugar.

Inspiró con fuerza y juntó sus manos frente al pecho. La luz comenzó a emanar lentamente de su espalda.

-¿A caso un entrenamiento tan corto fue suficiente para hacerle madurar? -Viendo esa luz envolverles y dejándoles en mitad del desierto, ciertamente sin una duna a la vista, piensa… – Pues parece que sí.

  -¿Y ahora qué? La chica rara dijo que había una gran seguridad, que el pueblo ese desapareció.

  -Si Ryu no se ha equivocado… -Dice el viejo, captando la atención- Entonces debe haber alguna cámara escondida por algún lado. Podríais buscarla con lo que hayáis aprendido en los dojos.

  -¿Qué busquemos nuestros elementos bajo tierra? -Se sorprende Ryu-

  -Entonces… ¿Esta caverna sepultada es lo que buscamos? -Señala Yami al suelo bajo ellos-

  -¿Hay una caverna? -Pregunta el anciano, atónito-

  -Hay una bolsa de oscuridad. ¿Quieres que vayamos allí?

  -Sería lo ideal. Tal vez esto sea mucho más rápido de lo que pensaba.

  -Vale. -Dice Yami sin apenas emoción-

La chica agitó la mano y a su espalda apareció una brecha negra suspendida en el aire. Esa grieta se ensanchó hasta parecerse a una enorme elipse, tal como un portal.

-Vamos. Quiero ver si esa espada es tan poderosa como dicen. -Y al terminar de hablar traspasó la oscuridad-

Los hombres se miraron con sorpresa.

-¿Sabías que podía hacer eso? ¿Ya tiene tanta habilidad? Sin duda es la “Princesa”.

  -No… Nunca lo había hecho antes. ¿Eres así de hábil? Eres genial, Yami…

Ya con todos en esa caverna oscura, Ryu alumbró con su poder. La estancia era metálica, por lo menos en las paredes. El suelo era de roca maciza, una habitación circular, y en el centro una pequeña elevación; sobre ella, la espada. Una hoja fina de un solo filo con un mango largo y una guarda simple.

-Parece que esto fue más fácil de lo que pensaba. -Dice Ryu acercándose a la espada-

  -No lo creas. Solo un dios puede empuñarla.

La voz resonaba por la caverna, pero el individuo estaba apoyado en esa especie de pedestal. Sus telas eran negras, le cubrían por completo, y portaba un sombrero grande y redondo de paja. Tanto la ropa como el sombrero estaban un poco raídos.

-Yo también vine aquí buscando la espada, pero quedé encerrado. No recuerdo cuanto hace de ello, pero no he podido sacarla. Me siento un inútil.

  -Eso me da igual. -Dice Ryu sin haberle visto siquiera- Tengo algo por lo que luchar, es por eso que, aunque no sea un dios, si debo hacerlo, me convertiré en uno.

 Ryu sigue avanzando y llega frente la empuñadura. La propia espada ya emanaba una extraña energía, y al momento en que el chico puso la mano sobre el arma la luz se apagó.

Ambos acompañantes se asustaron. ¿Su poder había desaparecido? ¿Había sido derrotado?

Un destello súbito, seguido de un grito, puso a Ryu en el suelo. Con una sonrisa, pero tirado en el suelo.

-Parece que no soy ningún dios. -Se compadece él mismo-

  -Os lo dije. La espada no quiere a nadie débil.

  -Para eso estoy yo aquí.

Yami da un paso al frente, y, junto a su pie, la luz se enciende. Una pequeña mirada se entabla entre los dos jóvenes, una sonrisa de complicidad.

 

 

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