El Resplandor Sombrío_Capítulo 2
Capítulo 2: Un encuentro en la fuente
Con comida por todas partes, el ajetreo de las voces no dejaba al silencio hacer presencia. Todo eran risas mientras las caras de Ryu y Yami expresaban la sorpresa de la situación, y de no entender nada de lo que está pasando.
–¿Cómo hemos terminado así? -Pregunta Yami-
La defensa de sus mentes había caído, por voluntad propia, pudiendo hablar sin palabras.
-Creo que simplemente les gustó la máscara que conseguimos.
Dejaron, o mejor dicho les obligaron, la máscara sobre un pequeño pedestal en medio de aquel banquete de frutas y carnes. Adornaban la madera con flores blancas y negras, al contrario que sus ojos, agradando el contraste a todos los presentes.
-Me impresiona que pudierais contra esos hombres. Tenían muchas armas. Pero me alegra mucho, nos alegra a todos, que hayáis recuperado a Karoc: el dios del ocaso.
Las caras de los dos quedaron blancas al recordad las palabras grabadas en la piedra.
“Alejaos de las palabras del ocaso”
La propia máscara era dios del ocaso y en su templo estaba marcado tal mensaje. Ambos pensaron que esto sería un mal augurio.
-¿Y por qué es el dios del ocaso? -Pregunta el chico, curioso y asustado-
-Porque era tal como el ocaso. Brillando en lo profundo de la oscuridad del cielo.
De nuevo las palabras del tempo resonaban en sus mentes.
-¿Brillando? ¿Así que era de luz?
-Nadie lo sabe. Nadie lo recuerda. Solo sabemos que brilló en la peor oscuridad y salvó a nuestros ancestros. Por eso es nuestro dios. Y vosotros le habéis salvado, así que su gracia debe estar con vosotros. Llevaos la madera, pues nuestra gracia está en la fe. Pero dejemos de hablar de eso. Disfrutad del banquete, comed, comed y bebed.
Ambos, aún con nerviosismo, comenzaron a comer, y en un momento el muchacho sintió la aguda mirada de una joven al otro lado de la mesa.
-¿Qué sucede? –Piensa con la guardia alta- ¿Por qué me siento tan nervioso solo por eso?
La chica era ciertamente mona, guapa, con un pelo algo largo, unos ojos grandes y brillantes y un rostro cuco y risueño. Esta chica no hizo más que mirarle e incomodarle, al menos hasta que terminaron de comer y Ryu se fue de la mesa. Yami se mantuvo allí, mirando la máscara.
Aquella jovenzuela siguió a Ryu por entre el bosque hasta que le perdió. Fue él quien la sorprendió con una gruesa voz por la espalda.
-¿Qué quieres de mí? -Dice grave y seco-
-Solo quería saludar…
-Soy un mago de luz. Puedo ver el corazón de la gente. Es inútil mentirme.
Podría ser un verdadero usuario de luz, pero su rostro y tono parecen propios de los siniestros de oscuridad, acentuada por las sombras que los árboles proyectan sobre él y su rostro.
-Pero… No miento. -Su sonrisa es torpe-
-No decir toda la verdad también es mentir, jovencita.
-Yo… Quería preguntar si estás con la chica del pelo negro.
-No. Solo somos compañeros, pero tampoco quiero ninguna relación. Estoy en medio de una misión, por lo que ni siquiera tendría tiempo.
El rostro de Ryu no tiembla, ni si voz, al decir las palabras que desilusionan y entristecen a la joven.
-En ese caso… no pasa nada. Vuelve al banquete y… pásala bien.
Ryu puede sentir como la ilusión desaparece de la joven, cómo la oscuridad se cierne sobre ella, y piensa para sí.
-¿Es tan fácil para los humanos caer en la oscuridad? Tan solo son pensamientos tristes, pero… Si se mantienen en el tiempo, caerá en la oscuridad. Así, un nuevo taok de oscuridad podría despertar.
Ryu, con una pequeña sonrisa y su mirada brillante, se acerca a la chica mientras esta se marchaba. Pone su mano sobre la cabeza de la joven y habla.
-Eres muy guapa, no lo dudes, pero yo no puedo quedarme. Hoy mismo debería volver a mi misión. Tal vez, si emprendes una aventura, nos encontremos de nuevo.
La luz volvía a la joven, que asiente con felicidad y corrió de vuelta para el claro donde comían.
Las sombras de los árboles danzaban, y no por el viento.
-Yami… ¿Qué quieres? No sueles aparecer por la espalda.
-¿Por qué le has dado esas palabras bonitas? Ni siquiera la conoces. Que lo hicieras con Shiro lo entiendo. Era del grupo de Jak, pero… ¿Ella? No mientas. En el fondo sí que querías acostarte con ella.
-¿Eso que noto son celos?
Su sonrisa se borró junto a su vista.
-Vale. Esto ya no tiene gracia. -Dice él al no ver nada-
-Ni esos comentarios idiotas. Nuestra misión es ayudar a Jak, no jugar con aldeanas. Espabila, “Chispas”.
–¿Ya no me llamas bigotes?
Ryu creyó recuperar la vista, pero al sentir la dura corteza del árbol contra su rostro supo que no eran más que ilusiones de Yami. ¿Venganza? ¿Burla? Tal vez esos comentarios realmente la molestan, que todavía no le considere un igual a Jak.
-Debo esforzarme más. Tengo que controlar mis bromas.
***
Regresaron al banquete, donde todos continuaban comiendo y riendo. Ryu, sin pensarlo, buscaba a esa chica entre la muchedumbre. Yami se dio cuenta, pero a ella no le importaba el tema, ella solo quería marcharse cuanto antes y seguir el camino hasta “Puntas Negras”.
Ryu, que por el camino se sirve una generosa jarra de licor, se acerca a la chica. La conversación que tuvieron fue irrelevante para ambas partes, solo un saludo y un alago; pero, cuando Ryu la abrazó por el cuello y puso su peso en ella, algo pasó. La mirada de ambos se iluminaba.
-Mira ese muchacho. No te ha quitado ojo. -Señala entre la gente-
-¿Noka?
-¿Ya le conoces? ¿Os lleváis bien?
-Más o menos. No solemos hablar mucho.
-Eso se arregla fácil.
La chica era recatada, vergonzosa, pero Ryu, sin ninguna modestia, le hacía gestos para que viniera. Le costó reaccionar, pero el joven avanzó hasta ellos. Hablaron un rato y se marchó con una sencilla frase.
-Dejad que vuestros corazones hablen.
La mirada que dio a la chica demostraba lo que le dijo antes, y la que le regresó la chica solo daba las gracias.
Después de unos agradecimientos generales de la aldea a la pareja de aventureros por salvar la venerada máscara, ambos la aceptaron como regalo y se marcharon. Ryu con más de lo que los otros pensaban: una petaca llena de licor.
***
-Eran muy agradables.
Caminan de nuevo por el desierto junto a la molestia de Yami.
-Me sorprende que no intentases nada con esa chica. -Su mirada sigue en el horizonte-
-¿Por qué? ¿Porque como soy hombre ya debo intentarlo con todas? Me gusta empezar conociendo a la chica, si no… No siento nada especial. Soy un idiota de luz. ¿Recuerdas?
La sonrisa de Ryu parecía hacer levantar los labios de Yami, pero solo fue para un bostezo, dejando al hombre con una mueca de pesadez y cansancio.
-¿Por qué tenemos que caminar? Es de día. ¿No puedes movernos como antes?
-Todavía no hemos llegado ni cerca del margen del bosque. Esta zona no la conozco, y tardaría mucho en inspeccionarla aun con el taok. Mejor acercarnos a alguna ruta de comercio y pedir que nos acerquen al bosque. Una vez allí puedo saltarlo por completo y, desde allí no debería haber mucho hasta las montañas.
-Sigo pensando que ir en línea recta, guiados por el sol, sería mucho más fácil y rápido.
-Entonces podrías hacerlo tú. Yo no soy bueno orientándome… es una lástima.
Con una mentira tan clara, el enfado de Yami solo podía aumentar y llegar a explotar. El golpe es una púa de oscuridad directa a su torso que Ryu no se esfuerza ni en evadir.
-Me molesta esa actitud.
-No quiero mostrarle lo débiles que son sus ataques ahora, pero tampoco quiero parecer un inútil.
Con una actuación perfecta, sus ojos se oscurecen y su garganta se tensa, pero continúa de pie.
-La oscuridad… tampoco está tan mal cuando te acostumbras… -Dice el muchacho en su actuación-
La luz tardó en presentarse, mas cuando lo hizo desvaneció esa lanza. Ryu se recompuso con dolor y dificultad, una mentira que ella no advirtió.
-Sin duda. Un idiota de luz.
***
El sol seguía bajando tras ellos, pues caminaban hacia el este. Ninguno se miraba, pero tampoco se alejaban. Ninguno dijo nada hasta que el sol estuvo a punto de igualar las sombras a los reales, entonces, un estornudo salpicó el aire.
La luz le acompañó, rodeando a ambos y sumergiéndoles en la oscuridad.
-Pero… ¿Qué? -Dice Yami sin comprender nada-
-El polvo… se me mete en la nariz.
Intenta mantenerse ingenuo ante el hecho de que el sol se ocultaba a su espalda y que frente a ellos se yerguen las montañas de puntas negras. Todavía a varios kilómetros, pero fácilmente visibles.
-¿Cómo lo has hecho? Dijiste que te sería muy complicado sin una guía, sin referencias.
-Bueno… -Rasca su nuca- Parece que no soy tan idiota. “Sigue la luz hasta el final”. Pero la cuestión es… ¿Cuándo empezar a correr?
Y así, con una ligera risa entre dientes, Ryu continúa caminando mientras la noche oscurecía. Yami no tardó en seguirle, ocultando su asombro.
***
Entraron allí, entre las laberínticas grutas y desfiladeros que componían ese lugar. El suelo no llegaba a ser demasiado irregular ni a tener muchos desniveles, pero las paredes eran escarpadas sin dejar mucho espacio para caminar.
Los nervios de Ryu están a flor de piel, mientras que Yami parece tan estoica como acostumbra.
-¿Qué te pasa? ¿El mago de luz le tiene miedo a la oscuridad?
-¿No lo sientes?
-Solo noto tu miedo. Que, por cierto, es delicioso. -Se relame con maldad, sin siquiera parecer graciosa-
-Es inútil. Está demasiado acostumbrada a este ambiente de negatividad. La mirada de la oscuridad, de todo lo que acecha… Algo nos sigue. Estoy seguro. Si me descontrolo y uso mis rayos para asustarlo… recibiré demasiado daño. No puedo fallar si los uso. Debo centrarme en la luz.
Yami vestía las dos pieles, una encima de otra, pues Ryu dijo no necesitarla de momento. Todo con tal de no tener estorbo en caso de un ataque sorpresa. Él confía en su velocidad, además de que ahora tenían esa extraña máscara; pero todavía no tienen ni idea de qué puede hacer.
Siguieron por entre esas angostas y laberínticas paredes, que cuando llegaban al final de unas, tres o más caminos se mostraban. En alguna era antigua este lugar debió ser zona de entrenamiento para usuarios de agua; esa era la única opción que se les ocurría factible.
Ryu continuaba con la sensación de amenaza, pero cada vez disimula mejor el temor.
-¿Y se supone que hay una laguna que puede curar cualquier mal? Esto es un jodido laberinto. ¿No podemos esperar al día, y así buscas desde el cielo? Porque puedes volar, ¿no?
-Sí. Claro que puedo. ¿Tú no? -Dice Ryu, ocultando por completo el miedo-
-Por supuesto. No me menosprecies porque me salvaras una vez. ¿Por qué he dicho eso?
-Vale.
Yami se intrigó por esa escueta respuesta, pues, aunque haya hablado poco con él, sabe que le encanta hablar y molestarla. Algo debía de distraerle, y sabe que no es ella.
Yami, ahora, empezaba a pensar en lo que él había dicho antes, pero no sentía ninguna presencia.
-¿No crees que sería mejor encontrar algún sitio donde dormir? Ya seguiremos mañana. -Sugiere Yami-
-Sí. Supongo que es buena idea. Algún lugar donde no sople el viento…
Intentaron encontrar un lugar, tal vez un recoveco, pero no hubo suerte en la hora que estuvieron buscando.
-Ryu… Creo que con las mantas es suficiente. La última vez aguantamos la noche al raso. Creo que tapándonos por completo podemos aguantar.
-No pienso decirle ahora que fue por mi abrazo que no murió congelada. De acuerdo. Yo haré una guardia. Me aseguraré de que no hay nada.
-Este sitio es famoso por la fuente y por no haber nada. No gastes energía idiotamente. DUERME.
Fue el primer grito que no tenía intención de herir al muchacho, y eso le sacó una profunda sonrisa que, claramente, Yami no pudo ver.
Ella se durmió con rapidez en un pequeño lateral de la pared con una gran piedra cubriéndola del viento.
-Yo no cabría en esa cobertura. Me helaría. -Dice caminando por el desfiladero, sin alejarse mucho de ella- He estado memorizando cada cruce. El agua natural no podría hacer esto. Debe haber algún mensaje, alguna pista en esta extraña distribución.
-Impresionante…
Una voz ronca y apagada suena a su espalda.
Ryu alumbró con sus ojos al que se acercaba por la espalda. Un anciano, cubierto por unos harapos similares a los de Ryu, que oculta su rostro con una capucha.
-A mi me costó un mes simplemente darme cuenta de que es un patrón raro para el agua. Vivimos en un desierto maldito, no es extraño que fuera difícil para mí darme cuenta.
-¿También estás por la fuente? No parece mala persona.
-Sí. Tengo cosas de las que me arrepiento a extremos inhumanos, y quiero algo que calme mi dolor. Por cierto…
De entre sus telas empuña un arco y flecha, preparado para disparar al frente.
-Para ser un taok de luz… no tienes buenos sentidos.
La flecha disparó directa hacia Ryu, al que el viento rozó la mejilla. Él no sabía a que se refería con esa frase. Pensó Ryu que era una prueba para sus nervios, pero con el chillido que escuchó a su espalda entendió que no.
-¿Qué?
Ryu, sorprendido de lo que veía, quiso apartar la vista, pero no podía.
Un ser amorfo, tal como el barro pero en carne, desfigurado y agonizante con una flecha entre sus ojos.
-Parece que no puedes sentirlos. Es algo muy extraño en un taok. Normalmente sentís el aura de estas aberraciones con facilidad. Puede que tengas cosas más importantes en la cabeza. -Dice mientras se acerca muy lentamente-
-La razón de mi búsqueda. Puede que por eso no le sintiera.
-Mientes fatal, joven. -El anciano no muestra su rostro, y Ryu tampoco logra verlo aun con su dominio de la luz-
-¿Entonces qué crees que escondo?
-Hueles a mujer. Creo que no lo sentiste porque estabas pensando en ella.
Ryu le miró con rabia. Muchas ideas se le pasaron por la cabeza; ninguna buena.
-Vamos. No me mires así. Solo tengo buen olfato. Estoy demasiado viejo para intentar nada. Además, eres un buen chico y un taok. Un viejo como yo no podría hacer nada.
Él rió casi con tos, se notaba su edad.
-He venido aquí buscando una cura para mi amigo, para mi maestro. ¿Tienes alguna pista para la fuente?
-Solo sé que se la conoce como la fuente de la voluntad. -Dijo antes de saltar entre las paredes y ascender tanto que la luz se disipaba-
-¿Cómo un anciano puede tener tanta agilidad?
Ryu se voltea para mirar a Yami, cubierta por la manta que, debido al destello de sus ojos, el anciano no podía ver. Su corazón se calmaba con cada respiración de la joven, tranquila y cálida.
***
Durante toda la noche Ryu hizo la guardia, soportando el frío y cortante viento con el calor que sus rayos provocan en el cuerpo. No la despertó por puro miedo, miedo de que sucediera algo similar a con los fantasmas del pueblo de Úrogan.
El muchacho solo descansó la vista cuando ya podía ver el brillo azul en el cielo. Con la calma calentándole también, cayó sobre las piedras con todo el sueño de la noche.
Yami no tardó en despertar después de escuchar ese golpe sordo, y lo que más la sorprendió fue la pereza que sentía.
-¿Por qué me pesa todo el cuerpo? He descansado bien, pero… Es la primera vez.
La joven se levanta con dificultad, quitándose la manta y desperezándose.
Ella observa a su compañero, tendido en el suelo si un ápice de fuerza, y un recuerdo asalta su mente.
–Ya es la segunda vez que te doy una manta… Desagradecido.
Ella, esta vez, le cubre con cierto cuidado y en seguida las grandes manos del hombre apresan la manta, que por poco sus finas y pálidas manos.
-Gracias… -Dice él completamente dormido, con esa voz grave y ronca-
Por algún motivo que ella no entendía esa palabra le da tranquilidad y un cierto calor, reconfortante en esta fresca mañana.
Sin ninguna idea de lo que debía hacer decide concentrarse, meditar un poco la situación, y, sin darse demasiada cuenta, sintió todas las sombras del lugar con exacto detalle. Antes de que esa imagen se fuera de su mente lo grabó en la roca, esculpido con su propio poder.
-Este dibujo… Parece que haya tres plazas. Me pregunto si esto tiene algo de importancia.
El anciano descansaba en un elevado saliente fuera de la percepción de la muchacha, cubierto con su capucha y recostado en la roca.
-Impresionantes… Estos dos jóvenes han descubierto en pocas horas lo que yo en meses. Seguro que ellos encuentran la fuente. Tendré que ser yo quien les salve el culo de los engendros. Mis flechas no fallarán.
El viejo sonríe con emoción, lo único que se ve de su rostro es su sonrisa; hasta que el viento levanta su capucha y deja al descubierto una venda sobre ambos de sus ojos. Una tela muy bien ceñida.
Por otro lado, la chica no tenía ni idea de lo que había descubierto. Ella sabía que, por lo menos, era un lugar por donde empezar, y que con sus poderes no tardarían en moverse entre
Sus tripas sonaron sin tardar y con ello fue en busca de cualquier cosa que poder comer, ya fuera cocinada o cruda.
Ella dio unos pasos, decidida y veloz, pero se detuvo, miró a Ryu; tan arropado y aparentemente indefenso, que no pudo resistir la necesidad de ayudarle; acto que a ella parece darle nauseas.
Sin ser esa sensación un verdadero impedimento, fue rápida en encontrar pequeños reptiles, aunque a la hora de recoger las plantas que crecían en los riscos ella parecía mucho más precavida. Las sesgaba con sus garras y las guardaba en una pequeña cesta negra flotante que no se alejaba más de dos palmos de ella.
Sin haber tardado mucho regresó y se quedó mirando a Ryu un buen tiempo, parecía estar pensando en algo.
-Mi madre hacía algo en estas situaciones cuando terminaba de entrenar. Me sentía renovada con apenas unos minutos de sueño… Pero nunca le pedí que me enseñara. ¡Maldición!
El silbido del viento, entre todos estos estrechos pasajes, resultaba algo agudo, pero en cierto modo agradable, un tono que logra relajar a Yami.
Ella, sin idea de lo que tenía que hacer para imitar a su madre, simplemente cubrió a Ryu con sus sombras. Yami estaba allí, sentada con las piernas cruzadas frente a esa nube negra que había engullido a su compañero. Ella parecía feliz, tranquila; en su corazón quería ayudarle. Tal vez fuera porque con su ayuda el trabajo sería más fácil y solo pensaba en salvar a Jak, pero la verdad es que; aunque fuera por una ínfima parte, ella se preocupaba de verdad por el que estaba en frente.
Yami, sin previo aviso, casi se cae dormida. La razón de que no lo hiciera fue un fogonazo que diluye la oscuridad y la asusta, provocándole a la pobre un agudo grito que, por suerte o pena, el hombre no escuchó.
-Creía que me atacaban… ¿Una pesadilla?
-Me has asustado, idiota. Creía que estabas dormido como una piedra. ¿Y por qué la luz? ¿Una pesadilla? ¿A caso un mago de luz le teme a las pesadillas? Infantil…
Realmente está molesta, enfadada más bien, y por ello no le ofrece la comida y simplemente la deja tirada en el suelo; tanto los reptiles como las plantas.
-Tú… ¿has recogido todo mientras dormía?
-Tú estuviste vigilando toda la noche. Creo que lo que al menos mereces es un desayuno… ¿Preparado? -Realmente lo intentaba-
Ryu sintió su calor, su intento de ayudar, y su pregunta quedó respondida sin lugar a dudas. Ella tenía alma, corazón, amor… Como cada cual quisiera llamarlo, y no lo tenía solo por tener, ella tenía un alma enorme, una de la que Ryu comenzaba a tener envidia.
-Gracias. -Dice él sin intentar sonreír, pero con una resplandeciente-
-De nada… -Su susurro es inaudible, y por ello el joven no pudo escuchar las palabras, pero las almas hablan sin necesidad de palabras-
-No comprendo como ella puede ser una maga de oscuridad… con un corazón tan precioso, con un alma tan brillante. Aunque… el chamán dijo que nuestras almas eran grises, tal vez… Curioso. La naturaleza humana es tan compleja como él dijo. Ahora entiendo el por qué encontrar a un chamán capaz de ayudar a Jak es casi imposible.
Ambos comieron sin demasiados miramientos por los modales, cosa que a ambos hace gracia y relaja el ambiente. En cuanto a la hora de ir a tocas las plantas, Ryu detuvo a Yami.
-¿Cómo las has recogido? -Pregunta él con seriedad-
-Las he cogido con mi poder de oscuridad, ¿por qué?
Él no dijo nada, no al menos hasta que calcinó un par de plantas de las cuantas que había recolectado.
-Esas eran venenosas. Me alegro que no las tocaras.
-Podrías haberlo dicho. Ahora hay cenizas venenosas por todos lados.
Ella en verdad lo creía y su gesto es desagradable. Yami pensaba que todo su trabajo se había echado a perder, pero ese gesto se vuelve cada vez más neutro cuando ve que Ryu cogía con ciudad cada pieza de la comida y la sacudía con sumo cuidado. Después de un poco tiempo, en el que había limpiado casi toda la comida, se lo entrega a Yami.
-Perdona… no lo había pensado. Todo esto está limpio, te lo prometo.
-¿Por qué hace esto? Tú lo has limpiado… Tú deberías comerlo. ¿Por qué me lo da? No tiene sentido. Gracias, pero… Como encuentre una sola mota de ceniza… Te mataré antes que me muera.
-Entendido, entendido. Pero te juro que está todo limpio. -Él se levanta y sacude sus telas. La máscara que tiene atada a la cintura suena con la pequeña daga que también porta- Creo que iré a investigar un poco desde… ¿Tú has hecho eso?
Él señala al grabado en la roca. Yami asiente sin inmutarse y continúa comiendo. Ella no cree que sea importante, pero a Ryu parece interesarle mucho.
-Tres puntos… La fuente de la voluntad… ¿El tiempo? Si esto es un regalo de los dioses, debe tratarse de una prueba. Estoy seguro. Algo similar a lo que tuvo que hacer Jak, aunque… espero que menos peligroso. Me voy a investigar un tiempo.
Yami se quedó allí, mirando cómo él se iba entre esos angostos pasajes mientras comía. Una pequeña angustia asaltó su pecho a la vez que la sonrisa le salió sin darse cuenta.
Ryu seguía pensando en la naturaleza de la prueba. Con Jak, la prueba le arrebató los poderes y eso le sumió en una negatividad frenada por aquellos que todavía estaban a su lado, pero qué podría sucederle a él. Esa pregunta repicaba en su cabeza al igual que las chispas saltaban de él.
-¿Qué es lo que nubla hoy tu mente, muchacho? -Se escucha desde lo alto-
-¿Me sigues? -Su mente se centra, controlándose-
-Habéis averiguado lo mismo que yo, en meses, en menos de una semana. Claro que os voy a seguir. Yo también quiero la fuente.
-Si la fuente es realmente una prueba de los dioses, Yami y yo seremos los únicos que la usaremos. Tenlo claro.
-Claro. -Su risa es áspera, y las rocas caen mientras él se desliza por la pared hasta el suelo- Pero yo quiero ayudar. Hace mucho que no conozco a un taok que se preocupe por otros. Eso me llena de nostalgia, e incluso hace que mis heridas duelan menos. Casi parece que vuestra llegada fuera mi fuente de la voluntad. -Vuelve a reír-
-¿Otros taoks? ¿Crees que somos algo común?
-Mucho más de lo que quieras pensar, chico. De donde yo vengo, ellos no tienen miedo a mostrarse, no temen entrenar. Y son criados al igual que el resto de críos.
Su voz parecía tambalearse y se detuvo, ocultó más todavía su rostro bajo su capucha.
-Haz lo que quieras, pero no estorbes. No creo que alguien sin un don pueda ayudarnos en el viaje.
-Dime, muchacho… ¿Cómo se llama el amigo que perdió su poder? -La impresión de Ryu fue tal que su reacción fue crear una espada de luz que casi funde la roca cuando se prepara para defenderse- Tranquilo…
-¿Cómo lo sabes? ¿Quién te envía?
-Solo lo he supuesto… Tu tono al decir “don” … además de no decir “taok” que ya habías dicho antes. Y… pensando en lo que murmurabas, eso de los dioses. También he oído hablar de esas pruebas. Ese tipo de guardianes son algo extraño.
-¿Guardianes? ¿Qué más sabes de los dioses?
-Oh oh… muchacho… Espera. Hagamos un trato. Si se me permite viajar junto a vosotros, yo compartiré todo mi conocimiento. ¿Trato?
Ryu refunfuñó un poco, pensaba con los brazos cruzados después de deshacer la espada.
-Por mi parte no hay problema, pero Yami… no sé si querrá.
-Por cierto, joven. ¿Tú conoces bien a esa chica? Lo digo porque ese nombre me suena de algo. Tal vez alguien famoso se llamaba igual. Aunque… -Ríe de nuevo- Soy viejo, tal vez su nombre se deba a alguna estrella de mis tiempos. Je je… Espero que no nos traicione la “princesa”. Pero… la nostalgia… Hace que mis heridas no duelan. Necesito de nuevo esta compañía.
Yami continuaba comiendo, cada vez con menos miedo por el supuesto veneno, y al terminar mira a ese mapa grabado.
-¿Por dónde estará ahora? No me gusta esta sensación.
Aquello que no le gustaba era estar sola. Aunque ella siempre sintió estarlo, desde que entró en el ambiente de Jak, de esa extraña familia artificial, en lo profundo de su mente ella sabía que no quería dejarlo.
De nuevo, sin ideas, quedó mirando los surcos, pensando de el lugar más probable, y sin darse cuenta encontró una mota de luz moviéndose entre esas muescas. La sorpresa la invadió, pensó que era el propio Ryu quien hacía esto; en realidad era ella, de la misma forma que descubrió casi todo el mapa ella localizó la luz que emite su compañero. Indistintamente de las causas, Yami fue rápidamente con ellos, recogiendo las mantas y lo poco que había sobrado.
Apareciendo de entre las sombras, Yami asusta sobremanera a Ryu; el anciano apenas se inmuta, aunque su sonrisa vino a la vez que la de Yami al ver la reacción de Ryu.
El muchacho de luz no pudo ver aquella preciosa sonrisa, y tampoco el anciano por la venda.
-¿No ibais a llamarme? -Pregunta ella con cierto enfado-
-Estoy seguro que el joven no quería que anduvierais en vano. Se le ve un buen muchacho.
-Es idiota. Eso es lo que es. -Dice ella sin mucho más en su tono-
El anciano dirigió su capucha hacia él, casi como hablándole con el gesto. Ryu solo encogió sus hombros y movió la cabeza para que continuasen sus pasos.
Siguieron caminando, incluso el anciano llegó a pedir un poco de la comida que Yami llevaba. Fue Ryu quien alentó a Yami para que le diera; que él no tenía hambre, dijo.
Con el tiempo haciéndoseles corto, el sol pareció irse a descansar antes de lo acordado. Al darse cuenta, las estrellas ya alumbraban con su tenue brillo al igual que la mitad de la luna.
-¿Ya es de noche? -Pregunta el anciano-
-Otra vez este hechizo, pero… ¿Cómo? No estamos en un lugar cerrado, no estamos ni cerca del templo. ¿Cómo alguien podía tener tanto poder? ¿Cómo puede siquiera conservarlo?
-El tiempo pasa volando cuando tienes la cabeza en otra parte. Centrada en Jak el tiempo vuela para mí.
-¿Y dónde tenía la cabeza la señorita? -Pregunta el encapuchado con gracia, una que no agrada a la joven-
-Eso no importa. Mirad.
Desde lo alto de uno de los riscos observaban las subidas y bajadas de las montañas, la preciosa vista del escarpado lugar y, a lo que Ryu se refería, un pequeño vallecillo circular.
-Y si lo que dibujaste es correcto, desde aquí… Los otros dos deben estar allí, y allí. -Con un gesto de mano dos torres de luz se alzan desde donde, supuestamente, restan los otros valles-
-¿De verdad crees que son importantes? -Pregunta el anciano-
-Puede. Si esto fue lugar de taoks de agua, esos valles deben significar algo. ¿Vamos cada uno a uno de ellos?
-Bien. Tú y yo podemos movernos rápidos, pero este… -Dice Yami con su característico tono condescendiente- ¿Qué hacemos con él?
-Oh, jovencita… Yo puedo defenderme bien por estos sitios. Me pregunto si podréis hacer lo mismo vosotros. La noche es cuando se pone interesante.
Se lanzó. El viejo, con su postura encorvada y casi decrépita, se landa desde el filo del risco directo al vacío, a aquella desorbitante altura de infarto y, al ir ellos dos a mirar, no vieron nada. Al viejo desapareció en la brisa, desapareció de la vista y su presencia se perdió incluso para los agudos sentidos de los dos taoks.
-Es hábil… -Dice Ryu, asombrado-
-Es como un truco de magia. Desvía la atención. -Contesta Yami-
***
Tardaron poco, es cierto, pero la luna parecía querer ocultarse también. Cada cual llegó a uno de los focos señalados, y al llegar se apagaron.
En el foco donde estaba Ryu.
-Esto es curioso… Las estrellas brillan más aquí.
Miraba al cielo y… sí. El cielo era brillante junto a aquel precioso negro, parecía haber un manto translúcido, ligeramente brillante, que ocultaba apenas el negro del cielo. Ese precioso negro que contrasta con la luz, pero que transmite tanta calma sino más que la luz.
-Yami… Ni tú misma conoces la calma que puede transmitir tu poder. La luz… Casi siempre es molesta si la miras a la cara, y… Je. La oscuridad nos da miedo. Somos tan raros…¡!
Un dolor asaltó su pecho y su cabeza, quitándole el aliento y haciéndole caer. La saliva salía de su boca a causa del agudo dolor, su mente no podía centrarse; entre el pasado y el presente. Los recuerdos de sus primeros rayos le asaltaron, y le hicieron desquiciarse; lanzar de nuevo sus más potentes truenos.
-No… no… ¡NO! Soy más fuerte… os puedo matar a todos. ¡A todos! Contrólate… chaval. El viejo no querría esto. Recuerda el chamán… Vuelve a tus cimientos.
Pese al agudo dolor logra erguirse, ponerse de rodillas y juntar sus manos frente su pecho.
-Oh, cálida luz que alumbra mi camino, ayúdame a seguir cuerdo entre tal dolor que me asola. Permíteme usar el poder para ayudarlos a todos… Oh, gran madre.
Entre el murmullo del aire cargado por la electricidad se abre paso el rítmico sonido de unas pisadas. Los ojos de Ryu se abrieron con miedo, no por aquello que se acercaba, sino por aquello que él podría hacerle.
-Chico… ¿Estás bien? -El dolor se le nota en la voz- ¿Qué te ha atacado a ti?
-¿Atacado? -La sorpresa se convierte en miedo, el miedo en terror-
-Mi “bicho”, con el primer flechazo que le alcanzó… Gugh*… Se fue hacia la chica. No pude hacer nada. No tengo tana fuerza como vosotros.
-Yami… ¡No! Tú quédate aquí. Yo me encargo.
La luz le alcanzó con fuerza, sí, pero el ensordecedor chasquido del aire mostraba su furia.
Al instante Ryu se encontraba en el centro de aquel claro, rodeado de esos escarpados filos de roca dejando decenas de posibles pasillos, con sus telas desgarradas y ennegrecidas por su desbordado poder.
-¿Dónde? ¿Dónde ¡Está! ?
Su rabia vino acompañada de un fulgurante relámpago que golpea el suelo a través de él. Las esquirlas saltaron con una fuerza inmensa, pero los propios rayos las retenían cerca de su cuerpo casi flotando.
-Aquí… jigi… -Se escucha a su espalda una voz áspera y aguda, desagradable a extremos dolorosos-
Ryu se volteó, directo con los puños, a lanzar un descomunal relámpago contra el foco de la voz. Pero, un detalle marcó la decisión del muchacho, hizo que ese ataque se dividiera en dos, destrozando las paredes a los lados de aquella figura negruzca bajo las sombras.
-Tienes buena vista… jigi. Habría sido una pena que mataras a esta preciosa mujer…
El polvo se fue con rapidez, y aquello que quedó a la luz heló la sangre al joven. Una figura humana era, con cuerpo cubierto por escamas claras y amarillentas, con ojos saltones y un cráneo ancho y achatado, igual a un lagarto. Su lengua recorría el vientre desnudo de Yami con soltura, incluso estando este erguido por completo.
La rabia de Ryu era incontenible, pero no podía usar sus rayos.
-Maldición… Mierda. Si tan solo hubiera completado el entrenamiento de rayos… Ahora podría freírlo de un solo golpe. Mis rayos son demasiado salvajes… Joder.
-¿Qué sucede, chico? ¿No quieres a esta mujer? Jigi.
-Ella … No es tuya. -Los rayos salían de él por la ira, sin poder controlarse-
-Jigi… -Sus ojos miraban en diferentes direcciones y retraía la lengua hasta dejarla dentro de su gran boca- Silencio.
Eso dijo antes de dar un sangriento zarpazo en la espalda de Ryu, sin ser casi percibido por él.
-El rayo no se compara a la velocidad de la luz, chico estúpido.
El semi-reptil seguía con Yami bajo su brazo, su altura, mirando de cerca, era descomunal. Yami casi parecía una muñeca grande en comparación, y Ryu parecía un insecto moribundo tirado en el suelo cubierto por su sangre.
Tres grandes marcas diagonales adornan ahora su espalda, junto al fuego que se prende en sus telas.
-Ella… Ella… ¡Ella es mía!
Se levantó y volvió para intentar golpearle con un concentrado y directo haz de luz, pero de nuevo le esquivó. Esta vez Ryu también le evadió a él. La luz nota a la luz y logra anular sus ataques.
-Ella no es de nadie… jigi. -Su tono es estúpido-
La rabia de Ryu no paraba de crecer, pero en esta ocasión no había un solo rayo, solo le envolvían unas llamas doradas.
-La salvaré las veces que hagan falta.
En su mente, veloz y aguda por la adrenalina, recuerda cada momento junto a su compañera, ya fueran golpes recibidos o pequeñas disputas. Todo eso tendría que poner a prueba, todo lo aprendido junto a ella y a Jak.
Un destello convierte el negro en blanco, y Ryu hace su movimiento; bloqueado por la zarpa del enemigo.
-Yo soy de luz… jigi. Es inútil.
Y con fuerza le lanza contra las rocas. Rodando por el suelo las llamas se apagan, pero la mirada de Ryu sigue brillante como el fuego.
De la boca del reptil se ve salir un leve brillo. Los músculos de Ryu se tensaron para intentar apartarse de su mirada, pero… no esperaba ese hecho.
De aquella boca ancha, y llena de dientes como sierras, emanó un torrente de luz que Ryu habría evadido, pero este golpe se dobló en mitad del aire para impactar en el vientre del hombre, lanzándolo metros y metros en el aire.
-Él es un taok de verdad.
Asustado, no había otra palabra para describirle ahora mismo. Sin ideas de cómo vencer, sin saber cómo rescatar a Yami, desciende sin freno. La caída es dolorosa, tal vez el dolor pudiera ayudarle a pensar, pero no tuvo efecto.
-¿Tienes miedo? Jigi… Es una verdadera lástima. Incluso esta mujer pudo darme más batalla que tú, aun sin siquiera poder atacarme. Jigigigigigi… Supongo que es hora de que muráis los dos.
Sin haberla usado antes, desde la espalda del reptil se levanta una cola delgada y afilada. Con sus manos eleva a Yami frente a él. Su intención es de empalarla.
-No la toques…
No fue la rabia lo que explotó su poder, no fueron las ganas de protegerla y tampoco las ganas de verla sonreír de nuevo; fue el miedo. El miedo de perder lo poco que le queda de felicidad.
Una mirada le bastó para desatar una tormenta, decenas de rayos directos contra él.
El lagarto puso a Yami como escudo, mirándole con esos ojos desorbitados desde atrás. Los truenos eran ensordecedores, pero el chico vio como se reía, cómo su lengua se acercaba al cuello de Yami.
Rebosante de ira, rabia, odio, agonía y terror, veía con claridad como los rayos partían el aire y se acercaban con lentitud hacia Yami, mientras que el lagarto reía.
-Ella… -La voz de Ryu era inaudible con los truenos arrasando las rocas del suelo-
El hombre lagarto se sorprendía de ver que el muchacho no hacía nada mientras los rayos iban a calcinar a la chica, pero eso no le importaba.
Un nuevo relámpago, mil veces más veloz, cayó frente a Yami. Esto sorprendió al enemigo, pero…
-Es mía… -Ryu, frente a él, su mirada era vacía, completamente oscurecida por el odio-
Eso le petrificó.
-Muere… Desaparece. -Susurra mientras la tormenta impacta en su espalda-
El enemigo sonrió, ya por última, antes de que, tal como una roca en mitad de una cascada, separase el torrente eléctrico y lo guiara a su retaguardia.
La mano del hombre reposaba sobre ella, sobre la inconsciente Yami, una mano chispeante. Ya con los brazos, y con un llanto retenido; no así las lágrimas, carga con ella.
-Te tengo… Ya estás a salvo, Yami… Ya está bien.
Lloraba, ocultando su rostro en el cabello de la chica, abrazándola con todas las fuerzas que le quedaban.
-¿Por qué? ¿Por qué quiero protegerla tanto? No es por ser un taok de luz. Tal vez… ¿Me recuerda a mi madre? Cuando sonríe… es idéntica. Además, sus ojos… Sí, puede ser eso.
-¡Chico! -Se escucha del viejo desde lejos-
El joven no le escuchó, su llanto reverberaba en su cabeza junto con la satisfacción de haberla salvado y… junto a algo más.
De nuevo con una simple mirada, los rayos emanaron de su espalda, friendo la piel de sus cicatrices, guiados hacia sus manos y ligándose con el cuerpo inerte del enemigo. Solo un fogonazo, ni siquiera un sonido, transformó la carne en polvo.
El anciano siguió llamándole, y ya cuando estaba cerca el muchacho reaccionó.
–Su cicatriz… Su poder… es inmenso.
Pensó el hombre antes de que Ryu cayera sin sentido al suelo. Asustado, intentó ayudar, pero poco podía hacer intentando mover a dos personas al mismo tiempo. Los brazos del chico apresaban con tanta fuerza a Yami que no podía separarla de él.
-¿? Mhng… -Gruñe Yami despertándose-
Al verse apresada de esa manera, sin mucho esfuerzo, escapó como niebla negra y se reincorporó al instante.
-¿Qué hace este idiota dormido en mitad de la nada? Además, conmigo entre sus brazos. -Un leve rubor se notó en su blanca tez-
-El muchacho os ha salvado de la bestia. Creo que se merecería un agradecimiento, por lo menos. -Recoloca su capucha, ocultándose más-
-Sí, tal vez. -Dice antes de patearle, intentando que se despierte-
-Pobre chico. Se ha ido a enamorar de una bruta.
-Y tú. -Grita dirigiéndose al anciano- Márchate. No quiero fisgones. Seremos nosotros quienes encontremos la fuente.
-Maldita “Princesa” … Espero que algún día este chico te dé tu merecido.
Se marchó con rapidez saltando entre las paredes y entrando por los recovecos de los desfiladeros. Cuando ya no estaba cerca, Yami dejó de observar cómo se marchaba el hombre para atender a su compañero. Sus ojos cambiaron radicalmente de esa mirada fría y distante a una cálida y decaída por la pena.
-Me has vuelto a salvar… Idiota. Si soy débil debería apartarme de tu camino, pero… Siempre me salvas. No lo entiendo. -Ella inspecciona todo el cuerpo de Ryu, tal como está en el suelo, y ve sus manos- Así que… ¿por eso no usas los rayos?
Unas manos calcinadas, ennegrecidas hasta el tono del cabello de ella. Le causa dolor solo verlo.
Sin cambiar su mirada de preocupación usó su oscuridad para levantarle. Con una gran garra negra emergiendo de su pelo le apresa con delicadeza.
-Sé que soy débil. Por ese motivo quería entrenar con Jak. Apenas pude combatir con él una vez y… antes de darme cuenta estaba contigo para intentar salvarle. Creía que sería yo quien lo hiciera, pero… no hago más que darte trabajo. Me salvaste de los fantasmas, de los errantes, de este monstruo. Me gustaría que pudieras salvarme también de mi propia oscuridad. -Su sonrisa fue tierna, tanto que su preocupación se marchó-
Ella miró a su espalda, allí donde tenía a Ryu colgando, y le mira con ferocidad, pero se relajó cuando vio que seguía inconsciente.
-Me moriría de vergüenza si me escuchara decir esto. Me alegro de estar alerta por ese viejo. Parece más competente de lo que pensaba.
Ella buscó un refugio, algún lugar para descansar y poder cuidar un poco de Ryu, ayudarle con sus heridas.
El tiempo pasó con rapidez y el cansancio se apoderaba de ella hasta el punto de que le costaba mantener la garra que transportaba a Ryu.
-Que le jodan. Ya me he cansado. No quería hacerlo, pero no tengo otra.
Su enfado creció de golpe, dejó salir toda su rabia acumulada por el cansancio. Una enorme nube negra se expande desde su espalda y crea decenas de puños. Una acometida barbárica sacude toda la montaña y logra perforarla un poco, unos cuantos metros, para hacer un refugio.
-Yo… -Usa sus pocas fuerzas para meter a Ryu dentro y dejarlo con cuidado sobre la roca- Casi no puedo más.
Ella mira a su alrededor y las energías parecen regresar a ella, pero no porque ella quiera.
-¡Las malditas mantas! Mierda.
Las había perdido al empezar su pelea en el claro, pero ahora estaba muy cansada como para usar su poder, y no recordaba el camino, tampoco tenía tanta fuerza como para caminar ese trecho.
Yami mira a Ryu, allí tirado con una sonrisa en el rostro, y piensa. Se sentó cerca de él, lamentando no poder ayudarle.
-Siempre alegre. Siempre ayudando. Siempre con palabras bonitas. ¿No te cansas? Seguro que, hasta tú, algún día te cansas de mentir para contentar a otros. No todos tenemos lado bueno, y menos los usuarios de oscuridad. Mi familia me lo dejó claro. Por favor, hazme caso. No intentes hacerte mi amigo. Solo te romperá la sonrisa. Esa preciosa sonrisa.
Sin saber qué más hacer, cerró lo ojos. Su mente se diluía en los pensamientos que le surgían hasta que todo se volvió negro.
-¡Genial! -Escucha Yami dentro de su cabeza, pero es la voz de Ryu- Lo he logrado. ¡He controlado los rayos! Aunque sigo recibiendo mucho daño. -Yami puede verle, pero parece que él a ella no-
El muchacho mira sus manos con una sonrisa truncada, una que, en cierto modo, apena a Yami.
-De cualquier modo, esto solo significa que, continuando con el entrenamiento, lograría reducir el daño recibido. Consiguiendo eso… Podría ser un mejor guardián para Yami. Juntos conseguiremos ayudar a Jak.
-¿Por qué? ¿Por qué no deja de decir eso? Ni en los sueños piensa diferente. Espera… ¿Estoy dentro de su cabeza? ¿Lo he logrado?
Con un leve suspiro, Yami, escapa de esa ilusión y abre los ojos.
-Impresionante. Así que… era así de simple. Siguiendo las enseñanzas de mi casa no lograba nada. -Vuelve a mirarle, de nuevo de forma dulce, casi deseando poder arroparle- Fuego.
Fue lo que dijo antes de levantarse y marchar de la cueva. Ahora tenía algunas fuerzas más y las emplearía en buscar algo de madera.
Mucho le costó encontrar siquiera un arbusto, y nada más en los alrededores. Lo cortó, lo separó en ramas individuales y el tronco y lo llevó todo a la cueva.
En la siguiente mañana, Ryu despertó renovado, con una sonrisa. Miró sus manos y, con otra sonrisa, las envolvió en un dorado brillo que las devolvió a su apariencia habitual.
-Gracias, madre. -Dijo para sí al juntar sus manos frente al pecho-
Se intrigó al notar el suelo cerca de él más cálido que el de la entrada y miró hacia dentro de la cueva. Allí vio las pocas ascuas que quedaban y a Yami, tumbada allí con el vientre al aire, al igual que brazos y piernas. Él fue, con su chamuscada tela, a cubrirla vagamente; fue ahí cuando se percató del estado magullado de sus manos. Ryu supo al momento que ella hizo el fuego frotando madera y que pasó gran parte de la noche cuidando de que el fuego no se apagara. Haría poco que el sueño pudo con ella.
-Sabía que tenías alma. Te lo agradezco de corazón, “princesa”.
Su palabra iba con cariño, al igual que al arroparla con su capa.
El sol todavía no alumbraba por los riscos, por lo que, antes de salir, Ryu dejó una cálida esfera de luz frente a Yami. Nada más crearla ella se estira como un felino, parecía un agradecimiento. Solo poder ver aquella adorable escena ya era una compensación por el gesto.
Ryu se marchó para intentar encontrar algo de comida. Si ella pudo, él también. Pero no tendría que esperar mucho, el anciano apareció frente a él dejando a sus pies una gran bolsa.
-Ahí tienes el desayuno. Yo ya he comido. -Dice dándole la espalda-
-¿Has encontrado la fuente? -Dice él sin importarle el desayuno-
-El desayuno es la comida más importante del día. -Remarca con el gesto de su dedo-
-¿Superé la prueba? -Su seriedad desmorona la fachada del encapuchado-
-Supongo que sí, pero no ha pasado nada en toda la noche. -Suspira con desánimo- Siento decirte que parece que esa no era la verdadera prueba.
-Entonces… Todavía no podemos ayudar a Jak. -Aparta la mirada-
-Ese amigo vuestro… ¿Sabéis dónde nació?
-Me contaron que era esclavo. ¿Por qué?
-Su nombre me recuerda a alguien. Nada más. ¿Estarás bien, pequeño? Buena suerte, chico.
Se marchó, ahora sí. Ryu recogió la bolsa y miró dentro; una gran cantidad de aves, suficientes para una temporada si no les entraba mucha hambre. Él agradeció en silencio y fue dentro a dejarla. Allí contemplo una vez a Yami, ese despreocupado rostro sonriente por haberse esforzado. Ryu salió de nuevo, esta vez para buscar las mantas. Con su poder no le costó prácticamente nada.
Regresar lo hizo a pie, quería pensar un poco mientras el sol se elevaba.
-He logrado manejar los rayos bastante bien. Pero sigo teniendo miedo. No creo que pase demasiado hasta que… -Su pecho arde y sus pulmones duelen. La tos es la respuesta, una tos dolorosa y desgarradora- Pero… Me tomé la medicina hace menos de diez días. ¿Por qué pasa ahora? ¿Es por haber usado más fuerza en los rayos? ¡Joder!
-Así que… No eres natural, ¿he?
La sorpresa se tornó en miedo cuando escuchó la voz del anciano a su espalda, más todavía cuando su presencia apareció justo detrás.
-¿Cómo…?
-El taok forzado en un cuerpo daña el alma, y eso daña enormemente el cuerpo. Incluso aumentar el poder de forma artificial te dañaría igual. ¿Cuál fue la razón? -Su seriedad es impresionante-
-Quería venganza. -Dice mientras se quita la sangre de su boca- Pero ahora…
La sonrisa de Ryu ilumina el lugar un poco más y su cambio de humor caldea el frescor de las sombras. Su paz parece incrementar exponencialmente su poder, tanto que el propio ambiente se ve afectado; piensa el anciano.
-Ahora solo quiero proteger lo que es importante para mí. Y tanto Yami como Jak, y todo el grupo, son lo más importante para mí ahora mismo. Incluso daré mi alma si con ello cumplo mi sueño.
Su voluntad era férrea, inquebrantable, y tanta potencia poseía su poder en ese momento que el anciano tuvo que airearse sacudiendo su túnica.
-¿? -Se intriga Ryu al notar algo inusual en el anciano- ¿Qué es esa venda?
-Tal vez te sorprendas, pero… Hace años que no puedo ver nada. Un accidente me hirió los ojos, y llevo esto para no mostrar las secuelas.
-¿Eres ciego… y usas el arco? -Su impresión hace que el ambiente regrese a la normalidad-
-El oído lo es todo cuando no posees ojos. Y el tacto, por supuesto. -Su sonrisa se hace notar- Supongo que un mago de luz no podrá comprender estas palabras. Tu poder se vasa en la visión ocular, en el momento en que cierres los ojos serás inútil.
-Te aseguro que ese no será el caso, viejo. También poseo el rayo; y este poder es voluntad pura.
-También el fuego lo es. Así que dime, ¿por qué el rayo y el fuego son diferentes?
El silencio hizo reír al anciano y molestó a Ryu.
-Vamos, joven. No te enfades por algo así. Te mostraré tu debilidad.
Sin hacer caso a las palabras que el muchacho le decía, el anciano caminaba por entre las paredes y, por curiosidad, Ryu le siguió.
Caminaron hasta que el sol alumbraba por lo alto. Ryu comenzaba a sentir angustia por Yami, por no estar cerca mientras estaba indefensa.
-No te preocupes por la chica. De día esta zona es segura. Solo en la noche aparecen esos bichos. Así que, ahora puedes enfocarte en entrenar.
El anciano se quitó la capucha dejándose ver, pelo blanco y largo recogido en una trenza hasta la mitad de la espalda, una barba pobremente recortada y mal cuidada; pero poseía una expresión jovial pese a las arrugas de la edad.
-¿Entrenar en qué? Tú no eres un taok de luz. No puedes enseñarme.
-Cierra los ojos y concéntrate. Intenta ver tu alrededor sin los ojos.
El chico lo hizo, pero seguía pudiendo ver gracias a su poder innato de la luz.
-Eso no es difícil. Tengo habilidades para poder hacerlo. Incluso yo podría lanzar flechas con los ojos cerrados.
-Bien. Entonces hazlo.
El anciano le lanza el arco y el carcaj. Ryu no logra reaccionar a tiempo y, además de golpearle en el rostro y el pecho, todo se desperdiga por el suelo.
-Parece que no es tan fácil como pensabas, chico. Y eso que decías que podías ver… Decepcionante. Parecías alguien prometedor.
-Otra vez. -Dice agachado y recogiendo todo- Puedo verlo, sí, pero son como figuras muy difuminadas. Apenas logro tener profundidad. Debería dejar de ser tan presumido. Él se ha ofrecido a ayudarme, y necesito toda la fuerza que pueda. Muchos de los SIZAN conocen las debilidades de los usuarios; lo mejor será solventarlas y destruirlos cuando cometan el error.
-Veo que tienes buena voluntad. -Recibe los objetos de vuelta, lanzados por el muchacho- Espero que logres hacerlo mejor. Su mente puede ir mil veces más rápida que las personas normales. Espero que él lo sepa.
Lo lanzó de nuevo, y esta vez, por lo menos, el arco lo agarró bien; las flechas fue algo torpe pero no se le cayeron.
-Bien, bien. Te falta mucho entrenamiento, pero supongo que podré lograrlo.
-¿Lograr qué? -Pregunta abriendo los ojos-
-Hacerte el mago de luz más fuerte del mundo.
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