El señor de los Vikingos – Capítulo 11
Capítulo 11 – Confianza
El sol y los días cálidos habían terminado. El invierno había llegado al pueblo y todas las personas y las familias del mismo se preocupaban por poder tener todo lo necesario para poder pasar bien el invierno. Leña, pieles, comida entre otras cosas necesarias para poder sobrellevar las bajas temperaturas que azotaban a todo el continente escandinavo.
Algo que había sorprendido en estas épocas donde el frío se expandía como si nada, no había nadie que no tuviese un lugar para poder dormir y tener algo de calor ya que, en todo este tiempo y las pocas oportunidades que tuvo para preguntar sobre cómo ellos se desenvolvían socialmente, vagabundos u hombres sin hogar no habían y si lo había, eran precisamente por medio de castigos o casos raros. No existían básicamente los vagabundos en esta sociedad y por lo tanto, eso dejaba el hecho de que Aren aprendió que todo el mundo trabajaba, sea experto en lo que estaba haciendo o no, trabajaban.
También era la primera vez en todos estos años que había pasado en el que lo invitaban a ser espectador en uno de las celebraciones que hacían cuando comenzaban el invierno, ofreciendo varias ofrendas como pieles, joyas y cosas que la comunidad creían que tenían mucho valor así como algunos sacrificios de algunos animales a dioses y deidades menores para que estos les ofrecieran un buen año y un gran comienzo del mismo así como paz y bienestar.
Había otras festividades en las cuales se realizaban sacrificios y se ofrecían muchas más cosas que en las ofrendas que estaba presente, nunca fue invitado hasta ahora debido a que aún, a pesar de los años, seguía siendo todavía un esclavo a pesar de los “privilegios” que se le dieron por todo su trabajo hecho.
Pero esta vez, debido a todo su esfuerzo, era la primera vez que lo llevaban a ver las ofrendas así como algunos pequeños sacrificios.
No era nada comparado a lo que acostumbraba a veces a leer o a ver en su anterior vida con respecto a ofrendas a los dioses y los sacrificios. Leerlo era muy diferente a vivirlo y aunque en cuanto a los pequeños sacrificios que veía frente a sus ojos no eran muy diferentes a los grandes sacrificios que había visto una vez desde lejos, tal escena aún seguía impresionándole hasta el día de hoy.
De todas formas, estas experiencias le sirvieron como ayuda para poder conocer aún más las costumbres de los nórdicos y poder, sin que mucha gente se diera cuenta, relacionarse con los demás.
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Días después de aquel pequeña celebración, Aren se encontraba descansando en las cercanías de un bosque, en las proximidades del pueblo. Sin que nadie se diera cuenta, se había escapado de su labor ya que, una vez que lo había terminado salió corriendo sin que nadie notara su pronta desaparición.
Después de 5 años trabajando y trabajando, este año que había cumplido 14 años, se la pasaba también trabajando pero esta vez y desde la última que había cruzado palabras con Erik, se le dejaba explorar los alrededores del pueblo sin que tuvieran que estar algunos hombres del mismo vigilando de que no se escapase. Al principio pensaban que darle tal privilegio era algo alocado así que siempre habían gente que lo seguía creyendo que Aren no podría verlos pero, él podía aun así notarlos y sentir que siempre lo seguían. Comprobar que en ningún momento mostraba indicios de escapar y demostrar que se podía confiar en él, dejaron de seguirlo dándole la chance de poder ir más allá del pueblo desde que desde lejos vio una gran montaña la cual una gran cascada caía de la misma, dando una hermosa y maravillosa imagen que hacía que Aren quedara demasiado cautivado.
Aún no conocía el nombre de la montaña de la misma y tampoco la conocían la gente del pueblo a quienes les preguntaba. Sólo podían decirles que esa montaña siempre estuvo allí y nadie ha ido a ese lugar debido a que, en estos años, se han presentado algunos bandidos que asaltaban a la gente que salía del pueblo para comerciar con los otros señores de la enorme península y aquellos que precisamente no podían contar con un puerto para poder comerciar precisamente con los demás señores y algunos países a quienes les encantaban sus joyas y pieles, así como las artesanías que realizaban dignas de señores vanidosos y gente con mucho dinero.
Aren se encontraba descansando y tomando nota del lugar así como los alrededores apoyado en un árbol. El lugar no estaba muy lejos del pueblo, tan sólo a unos pocos kilómetros precisamente en donde se encontraba él descansando. Si se hablará de la montaña, se encuentra un poco lejos, sumando varios kilómetros de distancia y además, era un lugar que no se podía mucho indagar debido a los pequeños asaltantes que residían en ella.
Pensando y mirando todo a su alrededor, siendo tan cautivado por la naturaleza del lugar que hacía que se enamorase del entorno, sintió unos pasos. Se relajó y contuvo la respiración para poder sentir de donde venía y quién era. Esto era una pequeña habilidad que había desarrollado en el tiempo que le seguían, logrando poder sentir la presencia de les que le rodean así pudiendo descubrir si gente se le acercaba de esta manera.
Los pasos poco a poco dejaron de ser lentos y comenzaron a ser más rápidos, siendo así que la persona empezará a correr. La presencia que sentía venía de su espalda y cada segundo se acercaba más y más rápido, acortando poco a poco la distancia y alarmando le más y más.
Preparándose para actuar, repentinamente la persona en cuestión se paró justo detrás del árbol. Aunque no sabía si la persona era amiga o enemiga, tampoco podía darse el lujo de estar con la guardia baja sea quien sea. La persona detrás de él realizó un movimiento rápido y brusco, tratando de abalanzarse contra Aren el cual, reaccionando a tiempo, rodó rápidamente hacia delante y quedar a unos pasos de donde se encontraba. Al terminar de rodar, se levantó y se volteó para estar cara a cara con su atacante sólo para llevarse una gran sorpresa.
“¿Nunca bajas la guarda verdad?” La persona que pensaba que iba a atacarlo era una chica y no sólo una cualquier chica, era precisamente una de las hijas de Erik, Freyr. Cada vez que la veía siempre se sorprendía por la enorme belleza que era con tan sólo 15 años. Aunque la ropa que llevaba puesta era la misma que él siempre usaba, una camisa de tela junto con unos pantalones y botas de cuero, se podía notar que ella estaba demasiado bien proporcionado tanto en su pecho como en su trasero, haciéndole mucho más que bella y perfecta. “¿Aren?” Se acercó hasta él sólo quedando a un paso y cara a cara. Se acomodó su corto cabello castaño que aunque difería del color de pelo de sus padres, era la réplica andante de su madre a su edad.
Freyr volvió a llamar a Aren para que saliera de su pequeño shock y cerrara su boca y este reaccionó sacudiendo su cabeza varias veces.
“¿Qué sucede Freyr?” Preguntó Aren mientras trataba de ignorar la belleza que tenía frente a él y pensar los motivos de que justamente apareciera repentinamente y lo sacara de su pequeño descanso.
Frey corrió hasta detrás del árbol donde estaba descansando, haciendo que Aren levantará una ceja de la acción que tomó ella. Segundos después, se dio la vuelta y lanzó repentinamente algo haciendo que Aren, que no esperaba que le lanzara algo, moviera toda la parte superior de su cuerpo a un costado y con un pequeño movimiento rápido y certero, tomará el objeto lanzado que era una espada de madera.
“Es hora de entrenar…” Hizo una pequeña pausa mientras Aren miraba la espada extrañado y con confusión hasta que Freyr, con un pequeño tono de alegría le revelaba el hecho de la pequeña espada de madera. “¿No lo recuerdas?” Negó con la cabeza mientras suspiraba y se ponía en guardia con la espada que ella tenía en mano “Con unos golpes haré que te acuerdes de las cosas que prometes, idiota”.
Ella sonreía y reía mientras se acercaba a Aren con la guardia alta y preparada para atacar mientras que, por otro lado, Aren se encontraba con una pequeña sonrisa y poniéndose en guardia sin parar de sonreír. Claramente se había olvidado que hoy tenía que entrenar con ella y ahora, como no le quedaba otra, ambos iban a disputar unos pequeños duelos de práctica.
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Espero que les haya gustado el capítulo.
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