El señor de los Vikingos – Capítulo 16
Capítulo 16 – Es algo de no creer
Todos estaban sorprendidos. Nadie esperaba que su señor y sus hijos pudieran morir en una incursión y más cuando iban hacía Rusia donde ya conocían gran parte del territorio por las recientes incursiones. A veces iban a Finlandia o Bohemia, países que se encontraban al norte de Sajonia y al este del mismo. Fue por eso que ver a varios, sumando al jarl junto con sus hijos, muertos.
“¿Qué… que pasó con mi padre?” Preguntó Hvitserk. Su tonó y su cara eran las mismas: afligida. Miraba como los hombres llevaban cargando a su padre y a sus hermanos hacía su casa. Los hombres sólo lo miraban con cara de pena mientras que otro trataban de no mirarlo. Él junto con sus hermanos Frida y Sten estaban doloridos y querían llorar pero estaban aguantando sus lágrimas así como las ganas de gritar frente a todos. Por orden de su hermano mayor siguieron a los hombres.
Nadie le respondió. Miraba a cada uno de ellos en silencio con los ojos entrecerrados hacía los barcos. Notó que los barcos eran los mismos que se habían ido y ninguno faltaba. Sólo faltaba mucha gente, viniendo una pequeña parte de la que se fue.
En ese momento que concentró su vista en la gente que bajaba de los barcos, vio a sus hermanos siendo cargados de la misma manera que su padre. Pasando entre medio de la gente, ignorando si a estos los chocaba, solo los apartaba para acercarse hasta el muelle sólo para ver a sus hermanos. Intentó llamarlos y pedir por favor que le dijeran que pasó pero ninguno seguía sin hablar. Inclusive a sus familias tampoco les dirigían las palabras, siendo llamativo y encendiendo una alarma dentro de Hvitserk. Tampoco sus hermanos respondían cuando les hablaba. Él empezó a temer y a temer lo peor.
– – –
“¿Qué fue lo que pasó allá?” Preguntó Hvitserk quien ocupaba el lugar de su padre debido a que no sabía lo que le había pasado. Desconociendo su estado, él y sus hermanos fueron llevados hasta su casa, que estaba colocado justo detrás del salón interconectándolos mediante una doble puerta de madera para que sean revisados por la curandera del pueblo.
Las personas que habían vuelto se miraron a la cara cada uno. Todos ellos estaban frente a Hvitserk y solamente eran 20 de los casi 150 personas que habían ido a la incursión. De esos 20 uno de ellos dio un paso adelante. Su aspecto no era el mejor de todo. Seguía manchado con tierra en la cara y con algo de sangre en sus extremidades y en su ropa, siendo una camisa de color azul oscuro llegando hasta sus muslos y su pantalón de cuero, el cual era sostenido con una cuerda que curiosamente también estaba manchada con sangre.
“Señor” Lo miró a los ojos y luego tomó su muñeca el cual llevaba un brazalete, haciendo una pequeña reverencia mientras se tomaba del mismo.
“¿Cuál es tu nombre?” Preguntó calmado Hvitserk. Su tono demostraba que lo estaba pero su cara era diferente. Era la misma que los hombres que estaban frente a él: afligidos. Su madre y hermanos se encontraban detrás, observando más a fondo de lo que le pasó a su padre y hermanos.
“Soy Viggo señor” Respondió. Viggo era un campesino que trabajaba en las tierras, siendo un agricultor. Como la gran mayoría de los nórdicos, era alto y su cabello largo dorado tirado hacia atrás, despeinado y desprolijo y sucio debido a la reciente actividad. Una pequeña parte de su cabello estaba atada formando una pequeña trenza que sobresalía de todo su largo cabello que llegaba hasta sus hombros. Tenía una barba algo poblada y en su barbilla, que era la parte que más sobresalía de él, estaba atada no una ni dos sino tres veces, luciendo algo fina pese a su estado actual.
“Muy bien Viggo. ¿Qué pasó para que volvieran tan pocos de tantos que fueron?” Miró a Viggo con los ojos entrecerrados. Se acomodaba en su asiento, tomando una postura vaga y se recostaba en el mismo estirando sus piernas.
“Como todos pudieron ver cuando llegamos, trajimos los botines del saqueo…” Miraba alrededor para hablar a todos los presentes. Todos hablaban entre ellos y asentían con sus palabras. Los cofres con los botines estaban presentes en la discusión o más llamada asamblea como dijo Hvitserk. “…pero lo que mató a los demás no fueron los rusos… fue una maldición por los dioses.” Todos se miraban entre ellos mientras que otros sacudían sus manos en señal de no creer lo que decía. La gente que estaba detrás de Viggo asentían la cabeza en señal de estar de acuerdo con lo que dijo debido a que ellos también lo creían así y por haber estado allí.
Viggo miró a Hvitserk el cual no estaba ya sentado de manera vaga. Ahora estaba correctamente sentado mientras tomaba con sus manos ambos apoya-brazos de su asiento y lo miraba fijamente. Le ordenó que continuara con su explicación porque claramente no le había creído lo que le dijo más cuando afirmó la muerte de su padre.
“¡Lo que digo es verdad!” Alzó su voz y empezó a caminar por todo el salón, pasando frente a frente de las personas. “¿Cómo es posible que los primeros meses todos estuviéramos bien y al estar volviendo cada uno empezara a dejar de respirar? ¿No lo entienden? ¡Fue una maldición! Los dioses no están conformes con nuestras ofrendas a ellos” Cada palabra resonaba en los oídos de todos, logrando sorprender y asustar a algunos de los presentes.
Ese fue el momento que todos recapacitaron y se pusieron de acuerdo con Viggo. La mayoría de personas, principalmente ancianos, mujeres y algunos hombres apoyaron lo que dijo él pero la otra parte, no estaba de acuerdo. Si bien creían que esto realmente era una maldición, tampoco querían creerlo.
“¿Mi padre y mis hermanos murieron por culpa de una maldición?” Hvirserk preguntó y Viggo asintió. La cara del segundo tenía una sonrisa pero no sonriendo o burlándose de esto sino porque ya había enloquecido. Su cordura se perdió por completo y creyó igualmente sus palabras. Su locura se notaba a simple vista y nadie se daba cuenta o pocos de ellos si se daban cuenta pero lo ignoraban. Reconocían que era posible volverse así luego de vivir una experiencia como esa.
Notar como esa persona volverse loca y reírse por ello le dio una idea. Llamó a los guardias y pidió que se lo llevaran del lugar. No podía dejar que la situación se saliera de control por lo que antes de dar por terminado la asamblea, ordenó a los hombres que quedaron que repartiera parte del botín a las familias de las personas fallecidas y que, además, se les celebrará un funeral a cada uno de ellos prometiendo que estarán, si realmente fuese el caso, junto a su señor en el mismo. El resultado de sus decisiones llegaron a ser bien recibidas y aplaudidas así como vitoreadas.
Cada familia recibió una parte del botín y con eso cada una de ellas se iba retirando del salón con sonrisas, otros con rostros de preocupación por lo dicho antes sobre la maldición. Esto hizo que a Hvitserk le doliera la cabeza. Pensar si realmente era cierto o si habría otra razón de lo que habrá sucedido allá no lo sabía y los que quedaron no contaron nada más que lo mismo que Viggo.
Sin nada más que hacer, Hvitserk se levantó de su asiento y fue directo a la parte trasera del salón donde se encontraba su hogar para ver el estado de su padre y sus hermanos mayores.
Momentos después de entrar, encontró la mirada de sus hermanos menores junto con su madre y algunas de las sirvientas del mismo. Todos ellos tenían la misma expresión: tristeza. No sólo eso, también sus ojos estaban algo hinchados y sus caras rojizas. Habían llorado. Se acercó hasta los cuerpos de ellos sólo para notar un color pálido en su piel, cada uno de ellos. Tocar el mismo notó la frialdad de los cuerpos demostrando que era cierto, su padre y hermanos murieron. Verlos muertos le dio un sentimiento claro: ira. Ira por no saber por qué murieron. Con esa ira, apretó puños y dientes hasta que se transformó en llanto. Toda su ira se cambió a tristeza y no pudo contener su llanto.
– – –
Cosas que quedaron sin explicar, más adelante se van a explicar. Más detalles también más adelante. Espero que les guste.
tunovelaligeras.com