El señor de los Vikingos – Capítulo 26

Modo noche

Capítulo 26

Contra todo pronóstico, Aren fue llevado ante al gran salón que no tenía muchas diferencias del que tenía en aquel entonces Erik. Era un poco más pequeño de lo que aparentaba pero verlo un poco mejor mientras que era lo único que podía hacer al ser llevado por la fuerza con el jarl, pues notaba que cuando creía que era pequeño, era un poco más grande.

Aun sostenido de ambos brazos por los fornidos guardias barbudos, pudo ver como un hombre de una edad avanzada pero no tanto, podía decirse que estaba pasando recién por los 50 años o poco más por ver y tratar de adivinar al ver su largo cabello negro claro por las canas que debían aparecerle, sentado en un asiento adornado de pieles. La ropa vestida por el hombre mayor no era como los que tenía aquellos hombres libres, al contrario, eran más pintorescas así como más llamativas y cubierta con una capa de una preciosa tela. Incluso la mujer a su lado, pese a la alta edad que tenía, con la ropa preciosa que llevaba, era también hermosa. Tampoco había palabra para describirla. Algunas arrugas en sus mejillas y unos pómulos bien firmes para su edad, cabello largo y ondulado, cejas diminutas y bien detalladas, sí, para su edad, era hermosa realmente.

“Aquí está el muchacho señor” Los guardias que le sostenían le tiraron adelante, cayendo con sus manos al suelo de madera.

“Muy bien” El recién mencionado señor se levantó de su asiento mientras caminaba al muchacho que recién fue lanzado a unos cuantos pasos de él y se puso en frente. “¿Cuál es tu nombre chico?” Preguntó mirando al suelo mirando a Aren.

“Aren… señor” Fue su respuesta. No levantó su cabeza no por respeto, sino por la simple razón de que no quería verle a la cara. No otra vez.

“¿Aren? Es un bueno nombre” Hizo una pausa. Se escuchaba como este caminaba alrededor de él y Aren sentía justamente esto al ver como desaparecían sus pies de su vista y volvieran a aparecer a los pocos segundos. “Levántate” Aren se levantó, lentamente con la mirada abajo para luego, mirarlo a los ojos. De cerca, daba un poco de miedo. “¿Sabes por qué te trajeron mis hombres aquí a mi salón?”

“La pelea que acabo de tener hace poco seguro” Esa fue su respuesta lo que generó una pequeña sonrisa en él.

“Quise saber de ti al escuchar a algunas de las criadas que me sirven hablar de un joven apuesto y muy fuerte ayudando en las tareas que hacen mi gente, no tengo idea alguna de una pelea. ¿Acaso tuviste una pelea con mi gente?”

“Sí y más cuando uno trata de defenderse, lo cual creo que hice bastante bien” Por fuera, Aren estaba tranquilo pero por dentro, trataba de no flaquear y mostrar signos de nerviosismo. Aparte de querer mantener el perfil bajo, quería evitar hablar con este jarl. Ahora mismo no era el que hizo que cayera ante el miedo y la locura de que iba a morir pero, de todas formas, era alguien que no se debía hacer enojar así como hacerle perder tiempo.

“Pero tengo entendido que no eres de aquí y la razón de tu pelea con alguien de mis tierras no importa. Es más, debería ejecutarte por ello, ¿qué razón puedes darme?”

“Si quiere matarme, ya lo hubiera hecho antes de que entrara o siquiera decir algo. Algo tiene que decirme o pedirme tal vez, por lo que esa es la razón que tengo que puedo darle”

Eso era verdad.

Si él quería matarlo, simplemente daría la orden y listo. Golpear a uno de sus pobladores, en caso de ser del mismo pueblo, habrían ido al salón cuando todos se reunieran para discutir varios asuntos y este sería uno de ellos a la hora de dar decisiones. Pero, era un extranjero y había ocasionado problema alguno independientemente de lo que haya pasado. La palabra del jarl era única y no se podía redimir en caso de sentenciar a una persona.

“Vaya…” Eso fue lo que dijo ante la respuesta su respuesta. Se volteó para ver a su mujer así como los hombres que permanecían cerca de él. Al parecer, con una sola mirada, los hombres detrás de Aren pusieron las puntas de sus lanzas en su cuello a lo que este al sentirlas, se quedó inmóvil, sin decir nada y con los ojos abiertos por la repentina acción de estos hombres. “Eres listo muchacho” Con solo su mirada nuevamente, las lanzas que sentía en su cuello y garganta se alejaron y pudo respirar normalmente. “Te dejaré pasar dicha pelea si me ayudas con algo”

“Y ese algo, ¿qué es?”

“Antes de decirte, soy el jarl Harald y la mujer que está sentada allí es mi esposa Siggy. No olvides esos nombres y con respecto a lo que te voy a pedir, verás…”

———

La tarea que le pidió era básicamente lo mismo que venía haciendo hasta ahora, pero claro, ahora tenía la supervisión de uno de los confidentes de él, un hombre pequeño y gordo y calvo con una mirada de muy mala gana.

Debía revisar las cosechas, cortar madera y cargar los árboles que se cortaban, pescar y recolectar varias cosas. Trabajo que no le era desconocido para nada por su tiempo de “esclavo” que tenía en su vida.

Habrá estado al menos casi una semana haciendo estas cosas, teniendo poco tiempo a veces para pasar con su esposa que, al saber de esto, en cierta parte, ella se reía de él por su suerte. Le había dicho de mantenerse con una bajo perfil e inconscientemente, había demostrado que era muy fuerte y capaz de lidiar con trabajos pesados. Con eso, sumando la pequeña riña que tuvo, fue llevado ante el jarl.

Sólo estando con ella esos pequeños ratos era feliz y se olvidaba por completo sus enormes cargas. Ella también lo sentía de esa forma. No tenerlo cerca a veces le hacía sentir sola pero era consciente de que no siempre él estaría con ella a su lado. Mejor dicho, ambos tenían conocido esto.

El jarl, viendo que Aren realmente hacía las cosas que sus criadas decían y murmuraban al igual que su esposa que creía lo mismo, felicitó a Aren por su arduo trabajo dándole una oportunidad de estar bajo su servicio.

Él, claramente le dijo que aunque la oferta era muy tentadora, pero que debía pensarla de momento ya que, explicó que quería tener una vida tranquila por un tiempo.

Harald pudo entender un poco a lo que se refería, pero que tampoco le daría mucho tiempo para decidir y debía hacer una elección porque esta oferta nunca se presenta dos veces en la vida. Como miraba que Aren aún seguía sin decidirse, mandó a llamar a uno de sus guardias para que buscaran a alguien, dejando confundido a Aren quien estaba parado frente a ellos mirando al hombre que acababa de irse.

Le dijo que esperara, cosa que Aren aceptó sin decir nada y viendo a quién iban a traer.

Al cabo de un rato, la cara de Aren que estaba seria cambió drásticamente al ver que la persona que habían traído era justamente Freyr quien al verla tener sangre en la frente, en un instante, se había transformado en una bestia feroz.

Para cuando quiso darse cuenta, estaba siendo retenido nuevamente por los guardias, recordando las caras de estos dos que fueron justamente los que lo habían traído ante el jarl antes. Pero, le daba igual ahora viendo que su esposa estaba herida.

A pesar de estar sostenido por ambos, empezó a moverse desesperadamente para soltarse, haciendo que ambos perdieran un poco el equilibrio y soltándolo en el proceso.

Con ello, pateo a uno y golpeo al otro. Quitó el hacha que uno de ellos cargaba al que había golpeado con su puño, levantó su vista para ver que los dos hombres que llevaban a Freyr ahora estaban en posición defensiva, dejando en el suelo a Freyr quien no parecía moverse.

Su preocupación aumentó considerablemente que hizo que entrara en un estado que nunca había estado, cargando como si no hubiese un mañana contra ellos que tenían sus escudos en alto y sus hachas en mano.

¿Le importaría que le pasara algo? No. No había dudas en su cabeza.

Embistió a uno de ellos haciendo que este cayera por la carga que recibió. AL hacer esto, había quedado al descubierto con la defensa baja y el guardia restante no desaprovecho esta oportunidad de atacar.

Con toda su fuerza, lanzó un golpe imposible para esquivar para Aren y que este estaba dispuesto a recibir.

El hacha se clavó directo en su hombro y no hubo grito de dolor, nada. Aren incluso miró el hacha clavada unos segundos y para sorpresa del guardia, tomó la muñeca de él, incapacitándolo de quitar el hacha para atacarlo nuevamente. Con algo de fuerza, se pudo escuchar entre ellos dos un crujido. El hombre empezó a gritar levemente aunque el dolor se hacía más fuerte porque su muñeca había sido partida.

Él se retiró y Aren viendo que tenía el hacha clavada en su hombro, no le importó. Es más, se la dejó allí mientras lanzaba su hacha contra aquel que se estaba levantando que sin esperar tal acción, el hacha impactó en su pecho, cayendo nuevamente tratando de dar pasos contra él.

Los otros dos que había golpeado antes se levantaron e iban a cargar contra él al igual como el hombre que tenía la muñeca rota pero el jarl había detenido toda acción de ellos.

A Aren le daba igual lo que dijo, se fue contra Freyr que descansaba en el suelo, posiblemente inconsciente. Él mismo estaba sintiendo algo de mareo en sí. El hacha clavada tarde o temprano debía sacársela.

“¿Freyr? ¿Freyr?” Aren le llamó varias veces hasta que luego de nombrarla algunas veces más y sacudirla un poco, ella poco a poco estaba abriendo los ojos aliviando a un estresado y preocupado Aren. “Oh Freyr, estás despierta”

Ella abría los ojos y notaba que alguien le estaba abrazando y el olor de la persona que le abrazaba lo conocía de sobra. Miró de todas formas la persona que le abrazaba como pudo y notó la hacha clavada en su hombro, abriendo los ojos preocupada. “¿Por qué tienes una hacha clavada?” Preguntó algo alarmada.

“No fue nada, no te preocupes… Eso sí, debo sacarme el hacha tarde o temprano” Ella notó el lugar donde estaba y se dio cuenta que estaba en un lugar parecido al que ella antes siempre pasaba. Viendo también al hombre vestido con ropas mejores de los que ellos tenían, era claro que era el jarl del pueblo.

Harald vio todo. Dos hombres incapacitados de un golpe, uno que al parecer terminó con la muñeca rota y otro muerto, cuatro contra uno y él terminó con una sola herida que para algunos sería mortal, para otros no y él entraba en esta segunda categoría. Es más, todo esto ocurrió rápidamente porque vio a esa chica en ese estado. De lo que escuchó, ambos jóvenes eran pareja y esa fue la razón de actuar tan desesperadamente.

“¿Puedo saber la razón de esto señor?” Aren se levantó ayudando también a Freyr quien estaba algo mareada. También, se quitó el hacha clavada y se pudo escuchar maldecir un poco, un poco bastante.

“Un malentendido” Harald fue lo único que pudo decir. El joven delante de él probablemente había entendido que ellos fueron los que hicieron algo pero, la realidad era otra.

“¿Un malentendido dijo? ¿Mi mujer aparece con la cabeza llena de sangre y espera que creerá que es un malentendido?” Aren estaba tratando de cuestionarlo porque sonaba como una estupidez.

“Lo es” Aren volteo para ver que el guardia que le había roto la muñeca hablar. “Al buscarla, vimos que se había golpeado y por eso está con ese aspecto” Miró a Freyr quien le dijo exactamente lo mismo que esta persona, diciendo que hubo un pequeño accidente trabajando.

“Un malentendido al final…” Ahora se sentía un poco mal con lo que hizo y cuando volteo nuevamente su cabeza para ver a Harald, este estaba a nada más que unos pasos.

“¿Sabes qué puedes hacer para pagar esto? Y cree que estoy siendo muy benevolente” Harald habló y Aren supo lo que estaba queriendo decir. Ahora mismo, deseaba que la tierra se lo tragase.

Ahora, debía servirle para poder pagar por su error.

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