La Eterna Cacería Capitulo 1 El Despertar
La oscuridad estuvo antes que todo, antes que la luz naciera, antes que la vida empezará y antes que el tiempo mismo existiera.
Ella estuvo presente en el inicio y prevalecerá hasta el fin, cuando la luz se apague y la vida se extinga, ella aún estará ahí.
La oscuridad se encuentra en todos lados, encarna el miedo primordial que los primeros mortales sintieron al nacer y contemplar por primera vez el mundo que les deparaba. Representa lo desconocido y lo que no podemos ver ni entender y se expresa en los horrores y tragedias que la vida nos ofrece.
Y está historia comienza en un lugar específico, pues si tuviésemos que elegir el lugar más oscuro de este mundo no sería otro que una pequeña cripta al pie de una montaña a unos kilómetros del ajetreado pueblo de Sky Garden.
El pueblo, si es que aún así se le podía llamar, pues prácticamente su tamaño lo hacía ser considerado por muchos como una ciudad, era Sky Garden, por una particular flor que solo crecía en dicha zona de la región. La denominada orquídea celestial, una flor azul cielo de gran belleza.
Con el tiempo los pobladores la habían tomado como su emblema personal y orgullo, pudiéndosela lograr ver a lo largo del pueblo, tanto en los caminos como en parques o residencias y en diferentes marcas de los variados negocios que en el pueblo se desarrollaban.
El pueblo era sin duda alguna uno de los más concurridos de la región y el secreto de su prosperidad se encontraba en su ubicación, pues Sky Garden, funcionaba como única ruta de acceso y tramo de descanso entre las fronteras los reinos humanos de Baram y de Lutet. Reinos aliados cuyas relaciones comerciales habían, como consecuencia de la Guerra Carmesí de los Mil Años formado una vinculo simbiótico.
El comercio se centraba entre el intercambio de los cristales de mana extraídos de las famosas minas de Baram, que servían para impulsar innumerables artefactos mágicos y el orichalcum extraído de las minas de Lutet, que servía como material base para forjar armas de alto nivel.
La principal actividad del pueblo no era otra que la de punto de comercio y la proporción de seguridad para los muchos mercaderes que se trasladaban entre dichos reinos del ataque de bandidos y bestias mágicas que rondaban los caminos.
Y es en este pueblo vivía Máximo Namay, conocido por los pobladores como Max, quien era un niño de trece años de edad nativo del pueblo de Sky Garden. Su padre Yorik Namay, un aventurero de clase Plata perteneciente a un pequeño grupo de aventureros conocidos como las Águilas de Acero brindaban servicios como mercenarios para el resguardo y protección de los mercaderes que realizaban viajes de negocios. Su madre Emilia Namay era una ex aventurera que servía cómo entrenadora e inspectora en la sede del Gremio de Aventureros de Sky Garden.
Hoy era el cumpleaños cuarenta y seis de Yorik, y la familia Namay había organizado una gran fiesta que llevaban programando con meses de anticipación. Las invitaciones habían sido enviadas tanto a familiares como colegas y amigos. En las calles ya la noticia circulaba, pues la pareja de Yorik y Emilia eran sumamente conocidos en Sky Garden, tanto por su amabilidad y carisma, como por su fuerza, pues ambos eran aventureros de clase Plata y para los estándares del pueblo dicho rango marcaba el límite de la fuerza máxima, obviamente sin contar a los cuatro aventureros clase Oro que el pueblo tenía.
Desde muy temprano los regalos de los invitados habían estado llegando junto con cartas de felicitaciones y confirmaciones a la ansiada fiesta, eran tantos que un pequeño cerro de estos se formó en el patio de los Namay, y Max quien era el encargado de recibirlos y guárdalos, había estado desde muy temprano ajetreado con sus labores de apoyo en la organización de la fiesta cuando el sol llegó a su punto al medio día y tomó consciencia de un problema.
«Mi regalo no es suficiente», pensó Max al contemplar la pila de regalos de su padre. Podía observar que los regalos enviados abarcaban desde exquisitos adornos confeccionados en Plata hasta algunas piezas de armadura y armas de rango [No común].
El regalo que Max había conseguido hace algunas semanas era un hermoso brazalete de cobre que adquirió de un mercader de Baram, en su momento pensó que era perfecto. Era estéticamente aceptable y su padre lo podría usar cuando esté lejos de casa para así recordarloa a él y a su madre, pero al contemplar las relucientes armaduras y armas que habían sido enviadas junto con los vistosos adornos de plata y bronce, le pareció tonto. Si conocidos y familiares regalaban objetos tan especiales como aquellos, no podía ser posible que su propio hijo le regalará algo tan simple.
Pero faltando pocas horas para la fiesta y al no contar Max con dinero o recursos para adquirir un nuevo regalo en dicho momento y la ansiedad de la duda empezó a inundar su pequeña e inocente mente.
Sin embargo, tras evaluar opciones y pensar un rato, de repente recordó que no hace unos meses al revisar en el bosque local conocido como el Bosque del Silencio sus trampas para conejos, había visto una orquídea celestial púrpura. Las orquídeas celestiales eran casi siempre de un color azul celeste, pero existían en muy raros casos mutaciones poco comunes, en que debido a una fuerte concentración de mana en un área, la orquídea presentaba un curioso color púrpura, que al igual que la aparición de nubes púrpuras en el cielo representaban buena fortuna y cambio.
Cuando Max vio por primera vez la orquídea celestial quisó extraerla como cualquier persona, pero debido a la fuerte concentración de mana de la zona no logró acercarse a la orquídea sin empezar a sentir nauseas y convulsiones, optando por dejarla ahí hasta que él creciera y pudiera entrenar su cuerpo lo que lo haría más resistente al mana o pudiera pedirle ayuda a alguien que no se la quitase.
De repente, una idea surco su cabeza.
«Quizás con el amuleto de papá podría recoger la flor» exclamó Max, mientras se dirigía a toda prisa al cuarto de su padre.
El amuleto en cuestión era un artefacto mágico denominado Lion Heart de rango [Raro] que tenía las propiedades de protección ante hechizos o conjuros mentales, calmar la mente y resistencia al mana. Era el único artefacto mágico de rango [Raro] que Yorik poseía y su mayor tesoro, sólo segundo a su familia. Lo había adquirido como regalo de un mercader que encontró mientras regresaba de uno de sus trabajos. El pobre hombre había perdido casi a todos sus guardaespaldas en una emboscada de bandidos cuando a unos kilómetros fue emboscado por una jauría de Lobos Grises, un tipo de bestia mágica de clase E, pero que al juntarse en una jauría podían representar un peligro similar al de una clase D.
Al encontrarlos Yorik procedió a acabar con los lobos salvando al mercader, quien en un mar de lágrimas le agradeció su ayuda y le rogó aceptase como muestra de gratitud el amuleto.
Max logró encontrarlo junto al equipo y armadura de su padre, se lo colgó en el cuello y busco un pony que pudiera montar.
Apurado por el tiempo, cabalgo sin parar hasta el lugar donde recordaba haber visto la orquídea celestial púrpura.
«Es una suerte que la orquídea esté en el Bosque del Silencio», pensó Max mientras cabalgaba.
En cualquier otro lado del mundo acercarse a un lugar con una gran concentración de mana sería una terrible idea, pues muy probablemente alguna bestia mágica residiera ahí, ya que estás necesitaban y buscaban constantemente áreas con gran densidad de mana para absorber y poder fortalecerse, pero en el Bosque del Silencio no había habido desde que el pueblo se fundó hace más de doscientos años una bestia mágica o salvaje en dicho bosque, solo convivían animales herbívoros como conejos, ciervos o aves, pero lo curioso de dicho bosque era que ninguno de los animales en especial las aves hacían algún ruido. Realizaban sus actividades y se comportaban de manera natural, pero ninguno emitía sonido alguno.
Años atrás el pueblo había contratado a diferentes magos y hechiceros para que revisaran el Bosque, pues sospechaban que la ausencia de sonido podía tener razón en algún hechizo o conjuro, no obstante, los eruditos de la magia no pudieron determinar el motivo del inusual silencio pero sí descartaron que fuera motivo de magia, incluso probaron que si capturabas a algún animal y le infligías extremo dolor estos si gemían o aullaban, pareciese simplemente que no querían emitir sonido alguno.
Luego de unos veinte minutos recordando el área logró ver la orquídea celestial púrpura y tras tantear el terreno confirmó que el amuleto funcionaba perfectamente, subió lentamente la colina y se detuvo a admirar la perfecta orquídea celestial púrpura.
Pero cuando consideraba la mejor formar de extraer la flor, advirtió un fuerte viento que venía desde una grieta al borde de la colina, al concentrarse más en la observó que había una entrada, repleta de innumerables marcas que no logró entender ni comprender, pero hicieron que en el fondo de su alma naciera una extraña necesidad de postrarse ante ellas.
Max supo en ese momento que debía correr, pero cuando su cerebro emitió la señal para que sus piernas se moviera, estas no respondieron, no por qué estuvieran paralizadas del miedo, sino por la emoción.
Max era el hijo de dos aventureros, había crecido escuchando las historias de su padre y madre sobre los legendarios héroes de antaño. Grandes magos que podían controlar el tiempo e invencibles caballeros dragones que miraban desde lo alto del cielo el mundo mientras surcaban los vientos. Todos estos heroicos seres habían comenzado sus nuevas vidas aprovechando diferentes oportunidades que la vida les deparó.
«¿Y si está es mi oportunidad?, fue el primer pensamiento que invadió la mente de Max. La cueva era evidentemente fuera de lo normal y el era el hijo de dos aventureros rango Plata, no era tonto a su edad y sabía que carecía del talento de sus padres, pero creía firmemente que mientras se lo propusiese y se esforzaba podría llegar con tiempo al rango Plata.
Pero, ¿Era eso todo?, ¿Le deparaba una vida como mercenario cuidando a mercaderes? ¿Era solo eso lo que merecía?
Por su mente divagaron las ansias de gloria y poder, mientras tomaba su decisión.
Finalmente eligió negarse a ello, no moriría en este pueblo, no se conformaría con un destino ya elegido. Surcaría los cielos y conocería el mundo. Lo apostaría todo, sueños, futuro y vida.
Se acercó lentamente y advirtió unas escaleras que parecían no tener fin, daban la impresión ser hechas de plata pues brillaban intensamente y no tenían una sola partícula de polvo encima. «Probablemente sean mágicas», pensó Max. En el peor de los casos podría guiar a sus padres y podían sacar una fortuna de ellas imaginó.
Poco a poco Max fue bajando lentamente y con cuidado, observando con asombro el detalle de los pasajes y muros. Todos se encontraban marcados de caracteres desconocidos, algunos de ellos emitían un rojizo brillo similar al de una flama al sentir a Max pasar.
El tiempo transcurrido de tal manera mientras Max bajaba las escaleras y recorría los anchos y angostos pasillos del lugar, que en un momento llegó a perder la noción del tiempo y en su interior empezaron a surgir preguntas: «¿Estaría su familia preocupada? ¿Lo estarían buscando?»
Estos estos pensamientos se empezaron a apoderar de su mente y cuando evaluaba retirarse del lugar, lo vio.
Era inmenso, fue lo primero que vino a su cabeza, si tú viera que describirlo la palabra más apropiada seria la de un altar.
Era de piedra blanca, con patrones y caracteres negros, en el centro había una especie de cofre gigante.
Max evaluó la situación y sus opciones, no veía ningún tesoro o alguna persona, no había nada, más que el cofre gigante.
Por el diseño del lugar y su ubicación debió tener la finalidad de guardar algo importante, pero no había dibujos o advertencias, en las paredes solo había caracteres sin sentido. Nao se contaba un historia, no se amenazaba, ni se explicaba el motivo de lo guardado.
Max ya no quería perder el tiempo, debía regresar al cumpleaños de su padre, procedió directamente a mover la tapa del cofre, pero lo que encontró marcó su rostro.
No había tesoros, no había libros o manuales, no había ningún huevo mágico o arma misteriosa, solo había un horrible cadáver de casi dos metros mirándolo y sonriendo.
De pronto, lo sintió, no supo en qué momento había comenzado, pero lo entendió.
Su alma sintió el miedo puro, su visión comenzó a desvanecerse hasta apagarse. Solo hubo oscuridad.
Solo residía en su mente una efímera chispa de conciencia, que finalmente se extinguió.
La muerte llego a Max.
De repente una voz se escuchó en toda la región, era profunda y seca, como si viniera de tiempos inmemoriales, como si solo escucharla extinguiera la vida y como si los horrores y las penas del mundo pudiesen hablar.
«He regresado. La muerte ha llegado. Corred falsos dioses, la caza ha empezado».
tunovelaligeras.com