La Sombra de Las Diez Luces_Capítulo 1-Un extraño salvador- Editado

Modo noche

 

 

 

 

 

 

 

LA SOMBRA DE LAS DIEZ LUCES:

EL CAMINO DE LA BESTIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1: Un raro salvador.

 

El aliento de la chica no parece querer volver a ella. Sus sandalias, atadas hasta la espinilla, están ya desgastadas por la arena del desierto.

Una joven, de pelo castaño y corto, con rostro luchador y algo afilado, adecentada con tan solo un pantalón de cuero ceñido a sus muslos y un chaleco de cuero que protege del abrasador sol todo su torso y vientre.

No muy lejos de ella, fijada como su objetivo, tres hombres vestidos con túnicas negras y portando armas de metal contundentes, la persiguen entre gritos.

-Ladrona.

-Como no nos lo devuelvas te mataremos.

-Si no la alcanzamos pronto podría esconderse por esos montículos. -Dice a sus compañeros-

-Yo diría que no, es un desfiladero sin salida. Si entra allí estará perdida. –Todos los hombres reían mientras ven como los pasos de la muchacha la dirigían hacia aquella formación rocosa-

La chica pensaba que podría ser un buen lugar para aprovechar cualquier esquina y poder atacar por sorpresa con sus dagas, que lleva enfundadas a ambos lados de la cadera. La chica aceleró tanto que los hombres casi la pierden de vista entre la cortina que hace el viento en el desierto.

Su aliento se terminó casi por completo, pero sabía que no podía descansar hasta haber hallado un escondite, aunque esa búsqueda fue en vano. Todo el lugar eran dos paredes casi paralelas, lisas, que se extendían más alto de lo que podría alcanzar nunca. En un pequeño atisbo de esperanza parece ver un destello que anuncia una salida, y por esa idea corre más allá de sus fuerzas.

Para cuando llega a la pared, ese destello resultó ser solo un cristal que reflejó el sol, y sus perseguidores ya habían entrado en el desfiladero. Sin arena que opacase el camino podían verla claramente, una chiquilla asustada y agotada. Las risas hacían eco, a la par que el chirrido del metal contra las paredes.

-Este lugar… -Parece miedo lo que se abre paso en sus palabras- Me recuerda a esa historia…

-Uuuuuhhh… -Un malicioso tono burlesco contra su compañero- “Tengo miedo del fantasma de las arenas” ¿Qué eres, un crío? Recuperemos ese anillo y volvamos, tengo hambre de haber perseguido a esta rata.

-Yo creo… que podríamos “comérnosla” a ella. –Dice el de la izquierda, que empuja con el codo a su compañero del centro-

-Reíros si queréis, pero he escuchado historias aterradoras de ese tipo. Dicen que mató a toda su familia por diversión…

-Nosotros sí que tendremos diversión. –Sus miradas expresaban con claridad sus intenciones, excepto la del hombre más esmirriado y enjuto de la derecha-

La chica intentó hacer frente con sus dagas, pero el cansancio no la dejó siquiera levantar bien los brazos. Los hombres la rodearon y desarmaron. El más grande y corpulento levanta la maza que porta, con ambas manos. La joven ya tan solo quería que su muerte fuera rápida, no podría soportar nada más que no fuera la muerte, el miedo no la dejó ni abrir los ojos.

Esa maza, con aquellos bordes afilados y puntiagudos sobre la cabeza cae, con una fuerza que podría partir en dos la espalda de cualquiera, sobre la pared, rascando el hombro de la chica.

¿? –El destello de las chispas que saltaron del hierro contra la dura roca iluminaron una sensación de duda y temor en sus ojos, que ocultó con una risa y unas palabras- Mirad, la ratita está tan asustada que no parece ni respirar. –Ríe mientras no aparta la mirada de aquel rostro de muñeca dormida-

-Deberíamos matarla, pero después de divertirnos. –Los oídos de la chica, no así como sus ojos, no están cerrados-

Las manos de los hombres se cernían sobre la muchacha, sus sombras se proyectaban sobre su rostro y vientre hasta que una nube opacó el sol.

¿? –Todos los hombres tuvieron duda por aquel extraño fenómeno, y, antes siquiera de poder echar la vista atrás, sus ojos se cerraron de dolor y sus manos cambiaron de destino a tapar sus irritados sentidos- ¿Qué mierda pasa?

-Ji ji ji ji… -Una aguda y tétrica risa resuena por todo el desfiladero-

-Dejad de jugar, pedazos de escoria. No pienso caer en la broma del fantasma de las arenas, no otra vez. Una pequeña tormenta de arena no me hará cambiar de opinión, idiota. –Aun sin ver nada golpea en la nuca al compañero de su derecha-

-Yo no he hecho nada, y la última vez solo te puse la zancadilla. –Ya con esta rara e inexplicable situación, la joven muchacha abre los ojos a la vez que el de la izquierda, el más depravado, que la mira con ojos rojos y llorosos por el dolor-

-Parece que alguien ha despertado… -Su mirada, pese a lo patética que le resulta ahora a la chica, ella sigue sin tener fuerzas y es por eso único que la aterra-

Un silbido, largo y agudo, proveniente del final del desfiladero molesta a los hombres y a la mujer por igual, pero lo que les impresiona es la explosión de aire que se escucha frente a ellos. Los ojos de los hombres se abrieron ante aquel asombro, viendo una estaca, tan ancha como sus piernas y larga como ellos mismos, clavada al lado de la chica quien mira al infinito con una mirada muerta.

Ellos, guiados por la mirada de la mujer, se giran. Lo que quedó ante ellos también les asustó, sino más, tanto como a la joven. Una máscara de madera, resquebrajada, alargada y terminada en punta en ambos extremos, grandes y ovalados ojos negros de carbón, una boca grande donde cuatro colmillos, cruzados a las afueras de la boca, se asemejan a los grabados de los demonios. Aquel temor desapareció cuando recordaron que portaban armas. Dos de ellos arremetieron, fue el escuálido quien, tanto por el temor como por el respeto al que pensaba el fantasma de las leyendas, se detuvo.

-Matadle. –Fue tan solo cuando sus armas tocaron la madera de la máscara que ese firme y duradero metal se partió como una fina lámina de hielo- ¿? –Observaron sus armas, antes que sus cabezas chocasen por la acción de las firmes y grandes manos del nuevo individuo-

Con aquellos dos hombres en el suelo, sangrando por sus recientes heridas en el cráneo, la cabeza que porta aquella máscara se gira hacia el que queda en pie, riendo aquel estridente tono.

-Yo no quería hacerlo, no iba a hacer nada. –Esos ojos artificiales parecían mirar dentro de él, pero el terror en su cuerpo no le dejó moverse, por lo que el enmascarado le da un incentivo.

Levanta su mano derecha de entre sus haraposas telas, que cubren todo su cuerpo. Una mano agrietada, que pareciera ser roca maciza y con unas uñas afiladas como espadas que le rasgan la piel de la frente donde la posa.

– Yo… yo… NO QUERÍA.  –Por fin sus piernas reaccionan y emprende una carrera por el largo desfiladero-

El que parece ser el fantasma de las leyendas se acerca a la chicha, ahora débil incluso para poder mirar el entorno. Este ser golpea con suavidad su rostro para despertarla, ella no posa su mirar sobre la máscara sino a la luz que se ve al final del camino que recorre el que queda de sus agresores. La mano de piedra entra en su campo de visión, de forma vertical, y lentamente avanza de derecha a izquierda hasta que la mano, ante la vaga percepción de la chica, pareciera chocar con la pared. En ese momento de choque, un desgarrador grito despierta a la chica. Cuando retira la mano, el hombre ya no estaba, pareciera haber desaparecido, o tal vez peor. El fantasma de las arenas se pone frente la chica, ahora dejando verse ante ella.

-Chica… -Con gesto curioso a la par que tétrico, la máscara queda horizontal. Sumando esto a la gruesa y profunda voz de este ser, la impresión, junto con el cansancio y la emoción vivida, la chica cae inconsciente- ¿Te encuentras bien? ¿Hola? –Se acerca a sus ojos, toma su pulso con la mano izquierda, una mano normal, y sus hombros se relajan- Está bien. Me alegro.

Este ser carga en brazos a la chica, desapareciendo contra la luz que atraviesa el desfiladero.

 

***

 

La consciencia de la muchacha se recupera en un tiempo, para el cual ya se encontraba en una cama, pero que no era la suya. Se levanta con rapidez, viendo al momento a esa misteriosa y macabra figura que la acababa de salvar. Busca sus dagas sin apartar la vista de él y, de esa manera,  se percata de que es él quien tiene sus armas.

-Joven, ¿sabes lo que son los Taoks? –Su pregunta es rápida, inesperada y de una respuesta negativa por la chica- ¿No te contaban cuentos? –Ella vuelve a negar- ¿Podrías al menos decirme por qué te perseguían? –Por fin, una afirmación-

-Ellos me robaron, y fui a recuperarlo. –Todavía desconfiada-

-Debe ser algo muy importante para arriesgar tanto. Yo hace años que no tengo nada por lo que arriesgarme. ¿Piensas que eso es bueno? ¿No tener nada por lo que arriesgarse?

Parece un anciano, pero venció a esos tres bandidos como un suspiro. Eso… -Ni ella sabe cómo responder, porque tampoco comprende muy bien la pregunta-

-Es algo muy bueno. –Aunque no lo entendiera, la chica sabía que esa respuesta estaba mal- Así nunca debes preocuparte por nada. Hace tanto ya… -La máscara baja, parece triste- Que no quiero recordarlo.

-Yo… Me llamo Kai. ¿Cuál es tu nombre? –El supuesto fantasma queda algo sorprendido y en blanco-

-Por allí donde voy todos me llaman héroe, o fantasma. Escoge el que más te guste. –La respuesta no contenta a la chica, pero tampoco tiene intención de exigir nada, vio lo que hizo con esos tipos-

-¿No quieres que te llame de ninguna forma? –Él se levanta y comienza a caminar hacia la puerta de la habitación- ESPERA. ¿Dónde estoy? –El hombre enmascarado se detiene a contestar-

-Estás en el pueblo más cercano. Aquí soy algo popular, y los que conocen mis actos me ayudan. Me alegro de que aun quede gente joven de espíritu. –“Estúpidos”, susurra-

-Espera, no te vayas todavía. –Un leve calor subió por el vientre del áspero enmascarado- Ellos habrán seguido tus huellas, tu rastro. Es imposible escapar de ellos.

-Entonces… haré que ellos huyan de mí. ¿Eso funcionaría? –Le mira nuevamente y, aunque la máscara no cambia de expresión, ella le nota algo más amable y confiado-

-¿Me vas a ayudar? –Se levanta de la cama, todo estaba en su sitio salvo las dagas, que no tardan en estarlo cuando él se las lanza-

-Si no lo hiciera, este pueblo no me prestaría ayuda, y necesito esa ayuda. –Sale por la puerta, pero la chica le sigue hasta el quicio de la puerta-

-¿Para qué quieres la ayuda del pueblo con lo fuerte que eres? –Esa pregunta, que no obtiene respuesta, hace morderse la lengua al hombre que continúa caminando-

En la mente de aquel enmascarado pasaban pensamientos impuros, pero encontró la paz en el pasado; un pasado cubierto de sangre, aunque de muchas sonrisas.

El pueblo estaba siendo prácticamente arrasado por hombres y mujeres de túnicas negras, la misma ropa que aquellos individuos. Con un chasquido de la lengua del enmascarado todo aquel destrozo se detuvo para centrar la atención en su persona. Aquellos que querían tomar información por la fuerza de las armas dejaron a sus víctimas aun intactas, los que rebuscaban dentro de las casas salieron; algunos de ellos con las manos manchadas de sangre.

-Esta gente… me ayudó sin nada a cambio. Esta gente… PAGARÉIS. –La mismísima máscara es la que abre la boca y ruge con unas negras y enormes fauces. De la madera brotan raíces que apresan la cabeza del que la lleva, cubierta por una capucha de harapos, las vetas del árbol brillaron de verde durante los primeros pasos-

-Chicos, venid. –Dice la mujer de la organización que está más cerca del chico- Parece que tenemos aquí a un payaso que piensa que puede contra nosotros-

Una voz a su espalda dice “No lo pienso” antes de que sus huesos se partiesen por todos los lados. Sus gritos se acentuaban con cada movimiento que el dolor le causaba, dándole más dolor; un círculo sin fin. Sus gritos no estuvieron solos.

La máscara, aferrada a su cabeza, se mueve de lado a lado con veloces y erráticos movimientos. Parece perder el control sobre su poder, pero ni siquiera parece hacer un esfuerzo para acabar con todos ellos. Con cada paso que uno de ellos daba, sus dedos se quebraban y caían al suelo con su llanto tan patético.

-Este pueblo… Es el más pacífico y hospitalario que he conocido en mí vida, y vosotros… -Un nuevo grito esparce la arena en un torbellino que le envuelve, y junto con el que desaparece. Uno a uno todos fueron cayendo con golpes secos, que desplazaban sus huesos- Desapareced ahora, o sufrid. –Con un nuevo torbellino aparece, rodeado de cuerpos que parecen inertes-

-Nadie huirá de un enemigo, y menos si es más fuerte. –Dice el que parece el líder de todos estos criminales. Pese a los muchos que ya descansaban en el suelo, muchos más quedaban aun entre las casas y los balcones- Somos grandes estrategas. Y alguien que se base en la fuerza bruta nunca podrá contra alguien inteligente.

-Yo… no estaría tan seguro, jovencito. –La joven Kai seguía observando toda esa escena, todo aquel poder desmedido que poseía este enmascarado, y algo en ella toma las riendas de su mentalidad; es el miedo-

Es cierto que estos ladrones lograron tender una sólida y perfecta emboscada, pero nunca pudieron prever la fuerza de su actual adversario.

-Jefe, parece que es el fantasma de las arenas. ¿Cuáles son sus planes?

-“A ras de suelo”. –Todos asienten y se lanzan contra él, casi sin pensar. El enmascarado los masacraba sin siquiera mover un músculo. El número de los que pensaban en que triunfarían aminora de forma bárbara en unos segundos, y no siguieron con el ataque-

El crujir de la arena, el roce de los granos entre sí debido a una pisada a su espalda pone en máxima alerta al fantasma, que se lanza contra el que intenta tomar por sorpresa a Kai atacando desde su punto ciego, por el lado de la pared.

-Gracias por la ayuda. –Dice la muchacha saliendo con sus dagas empuñadas a la carrera. Esquiva con fluidez al enmascarado, que parte las costillas del cobarde que atentaba contra la vida de la chica con un puñetazo que le aplasta contra la pared-

¿Dónde ha ido ella? Parecía algo… ida. –Su salvador observaba a su espalda, donde lo primero que ve son los abiertos ojos del líder de los enemigos, pero, afinando la vista y echándola un poco más a su espalda, ve como la daga izquierda de Kai estaba clavada en la sien de su enemigo, quien empuñaba una espada que ella desvió con su otra daga- Tú… ¿Me cubriste la espalda?

-Yo también estoy en el pueblo ahora. –Esa tierna y despreocupada sonrisa, esa expresión de confianza, devuelve al alma de aquel ente de la naturaleza una sensación que pensaba muerta-

La chica se desmayó en los brazos de su salvador, ahora salvado por ella. El jefe de los ladrones vio cómo su plan de ataque por sorpresa es despedazado, y ante esto, y viendo como las manos del enmascarado quedaban ocupadas, fue él quien se lanzó en un último ataque.

-Gracias Kai. Ahora, tal vez, pueda sonreír nuevamente. –Las raíces comenzaron a desenredarse de su cabeza, pero aquella risita tan aguda y estridente paró el avance del atacante-

Este hombre fue elevado en el aire, sus articulaciones se partieron, y los huesos sueltos perforaron la piel. Aquel hombre quedó agonizando mientras el pueblo se reunió en torno a él con palos y palas. El enmascarado la cargó en brazos nuevamente y se encaminó al horizonte.

 

***

 

Ella se despertó de nuevo en una cama, en una más cómoda que la anterior, y arropada por una gruesa y cálida manta de pelo animal. Se despertó con paciencia, tomó su tiempo para atarse de nuevo las sandalias y salir de la habitación. No estaba en una simple habitación de planta baja. Al abrir la puerta, lo primero que ve son grande ventas y un amplio sofá frente a ellas. A la derecha de su habitación se encontraba, unos pocos metros allí, la pared. A la izquierda se veía un pasillo que terminaba en lo que parecieran escaleras, y había una puerta antes de llegar a ellas; una habitación más. Ella, pensando que sería la de su salvador, intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada. Aunque no tuviese suerte, desde afuera del habitáculo se escuchó la fuerte voz del enmascarado diciendo que se apartase de esa puerta. Kai se sorprendió y salió a la calle; para eso bajó las escaleras y atravesó un gran taller mecánico, repleto de piezas y algo de maquinaria, hasta la enorme salida de este.

La radiante luz del exterior hizo daño a sus ojos, al principio. Lo más impactante para ella no fueron los dos venados que cargaba en los hombros, sino el verde resplandeciente y vivo de los árboles a su alrededor.

-¿Esto es… un bosque? –Dice con ilusión infantil-

-Sí. Aunque mucha parte de este mundo sea un árido desierto, aún quedan muchos bosques si sabes dónde buscar. Pero la verdad… es que en cierta manera prefiero el desierto. Hay cosas mucho más… interesantes.

-¿Cómo bandidos a los que matar? –Habla con confianza, cosa que al enmascarado no termina de gustar-

-Sí. –La mirada de debajo de esa madera se clava sobre ella, paralizándola- Esos sonidos de desesperación, de súplica, el cómo sus huesos explotan ante mis puños… -Jadea, casi como si le excitase pensar en ello- Pero hay una razón por la que hago todo eso. Y eso-

-¿Redención? –Le interrumpe, cosa que no le agrada-

-No. Es para no olvidar quien soy, o quien fui. Ya casi lo he olvidado. –Baja su cabeza, algo triste- Y… Gracias por salvarme de ese ataque por la espalda. –Es tímido al elogiarla, vergonzoso podría pensarse- ¿Tienes hambre? Supongo que sí. –Deja a los animales muertos en el suelo- Tu estómago no paraba de rugir mientras dormías. –Una gruesa risa, que parece salir más de su tripa que de su garganta, se escucha y molesta esta vez a la chica- Debes desayunar bien, has estado dos días dormida. No podía despertarte, el cuerpo siempre sabe lo que le conviene. Pero nunca hagas caso de las voces. Las voces son malas, nunca les hagas caso. –Deja de despellejar uno de los ciervos para mirarla fijamente- Nunca. –Una breve pausa en la que no sabe qué hacer, queda algo cómico incluso- ¿Me ayudas con la comida?

-Claro. Este tipo es muy raro. Creo que me iré cuando pueda. Seguro que me ha hecho algo mientras dormía. Kai, chica, no pienses en eso, no quieres que se dé cuenta y te haga algo ahora. –Le ayudó con el otro animal, tan solo a despellejarlos. Fue él el que decapitó a los animales con sus garras de la mano derecha y los colgó de los ganchos en la fachada del taller- Este tipo sin duda está mal. Nadie bueno tendría esto tan a la vista.

-Debemos dejar que se retire toda la sangre, también les sacaré las vísceras. Pero no quiero que veas eso, aunque supongo que ya lo habrás hecho en casa, ¿no? –Más ameno que antes, se intuye una intención de acercarse-

-Sí, en mi hogar solía cocinar. Mis hermanos y familia eran todo hombres, así que… Eso. ¿Y ahora qué le ha dado por conocerme? Seguro que solo quiere lo que los otros, usarme para jugar. Puede que ya sea una mujer, pero no pienso dejar que nadie me use como tal. –Con todo este pensamiento se marchó de nuevo a su cuarto-

Creo que no le ha gustado que hiciera esas preguntas, ¿o fue por poner a secar así la carne? ¿Fui muy bruto? Bah, las chicas a veces son muy sensibles… Creo que debería volver al pueblo para los ingredientes que me faltan. KAI. –Grita para que le escuche- Debo irme al pueblo para un asunto. Espérame aquí, no tardaré más de media hora. Espero que no haga ninguna estupidez. La fiebre que tiene no debe tratarse como poca cosa. Debo hacer que coma bien y se recupere pronto. Me pregunto qué podré aprender de una persona tan distinta a mí, y tan similar a “ella”.

El enmascarado, sin dejar de murmurar estos temas, desaparece en la arena del desierto cuando pone un pie fuera del frondoso bosque.

-Ahora que se ha ido es mi oportunidad. El pueblo más cercano, si estoy donde creo que estoy, debe estar al este, así que iré hacia el oeste. Debo escapar antes de que vuelva.

La joven y equivocada muchacha corrió por entre la vegetación que le estorbaba en el paso, haciendo empeorar su estado poco a poco. Su piel se enrojecía con el aumento de su temperatura que acompañaba a la torpeza en sus movimientos.

-Si aguanto un poco más… *jadeos* tal vez mi familia haya venido a buscarme… por los alrededores. Tal vez puedan salvarme… *jadeos*

De forma acertada, un mínimo grupo de búsqueda fue enviado en todas direcciones, y por pura curiosidad uno de estos grupos, dos personas, se adentraron en el mismo bosque que ella. No era exactamente la idea del rescate que ella tenía, aquellos dos hombres tenían un sentimiento resentido hacia esta joven llamada Kai.

-¿Puedes decirme por qué hemos andado seis días para llegar a este maldito sitio? Seguro que los insectos son tan grandes que nos comen.

-Deja de ser un llorica. Conozco a esa niñata mimada de Kai, siempre ilusionada con la idea de grandes aventuras y los “bosques…” –Con un tono más agudo, emulando el tópico gesto de niña pequeña e inocente- Me gustaría tanto encontrarla y enseñarle a esa “maestra” de lo que son capaces dos “buenos” hombres, ¿he? –Ambos ríen-

 

***

 

En aquel pueblo que el fantasma de las arenas dijo ser bien recibido, el sujeto de la máscara llenaba con sal una bolsa cilíndrica de cuero que cuelga de su hombro, cerrándola tirando de una cuerda que aprieta la boca de esta. También llevaba, en una bolsa aparte, diversos botes con hierbas. Al salir de la tienda sus pies fallan, cayendo al suelo y dolido de la cabeza.

-¡Señor! ¿Se encuentra bien? –Le socorre con rapidez, un joven que pasaba, siendo agradecido por él-

-Sí, sí. Estoy bien, gracias. Solo son jaquecas, he dormido algo mal.

-Me alegro que no sea más, “Roca”. Gracias una vez más por aquella carne que nos dio hace unas semanas. Pensé que pasarían lunas hasta que te volviera a ver.

-Ahora mismo tengo visita, por eso he venido; para poder atenderla como se merece. Pero tengo la sensación de que todavía no ha desayunado, y ya sabes qué pienso de eso.

-Por supuesto, señor. –Le ayuda a levantarse, aunque no necesitaría hacerlo- Vaya con buen pie. –Un gesto de mano a modo de despedida da paso al regreso del enmascarado hacia el bosque, donde la muchacha ya había desfallecido e intentaba recuperar fuerzas-

Esa estúpida niña… ¿En que estará pensando para que hasta los árboles me pidan prisa? Debo darme prisa. –La arena le envuelve para hacerle desvanecer-

 

***

 

La muchacha escucha pisadas, parece que siguen el ritmo de un cuadrúpedo. Podrían ser de algún animal grande pero dócil o hasta de un depredador; la joven no es muy conocedora de los tipos de fauna. Pero ese desconocimiento no tiene importancia, porque son esos dos ex-compañeros de la chica.

-¿Esta no es…? –Se miran entre ellos de forma cómplice- Tú por los hombros. Seré el primero. –Así, su compañero se acerca a la casi impotente chica y la sujeta por las axilas para que estuviese más o menos de pie- Genial… Ahora la niña prodigio podrá sentir mi “prodigioso” cuerpo…

-Fantasma… por favor… perdóname… -Las lágrimas y el llanto intentaron salir, pero se encontraba tan débil que solo pudo dejar que la gravedad hiciera el trabajo- Él… al menos… tal vez… me hubiera pedido permiso. Me siento una estúpida por escaparme.

Una vez más los oídos de la chica escucharon aquella tétrica y psicópata risa estridente. Una esperanza se coló en su mente, llena hasta entonces de arrepentimiento y rabia por no confiar en quien la había ayudado ya dos veces. Esa esperanza vino acompañada de un rojo baño con cierto olor a hierro.

El sujetado cuerpo de Kai cayó, mirando al azul cielo detrás de las hojas, que dan sombra a todo el lugar, quedando manchadas por el rojo. El golpe contra el suelo pareció amortiguarse con algo blando, similar a una bolsa de agua. Su cabeza se vio vencida por el cansancio y se giró hacia la derecha, viendo como aquella máscara, sobre esos harapos, la miraba con los brazos goteando sangre. Así, nuevamente, quedó completamente arrullada por el trinar de los pájaros que parecen agradecer la calma, y se durmió.

 

***

 

La joven se despertó de sopetón, de nuevo en la misma cama que esta mañana. Su cabeza estaba dolida, y el olor a hierro había desaparecido. Pensó la joven que, quizá, este misterioso salvador la habría limpiado.

Bajó las escaleras, en el taller había esta vez algo cubierto con una gran lona y atado a la mesa sobre la que estaba. No quiso siquiera saber de qué se trataba, tenía algo más importante en la cabeza.

-¡Fantasma! –Le grita mientras estaba tranquilo mirando el fuego y contemplando como se hacía lentamente la carne del venado que dejó secando- Tú… ¿Me lavaste? –Más vergonzosa que enfadada, pero intenta que esa timidez no se note-

-Esos dos… ¿Quiénes eran? ¿Eran alguien importante para ti? –Aparta la vista de ella, más todavía de lo que estaba-

-Ellos… los conocía desde pequeña. Eran miembros de la misma casa que yo. ¿Qué les hiciste? Que al menos no los matase, dime que solo los heriste…

-Les rajé la garganta a los dos. Esos gritos ahogados en su propia sangre… esos movimientos torpes y moribundos… Me devuelven a la niñez, una edad donde solo tenía que preocuparme por mí, y… por mi amigo. –Eso, esas palabras más débiles, apenas pudieron entrar por los oídos de Kai-

-¿Por qué los mataste? –Airada-

-Oh, perdón. Por supuesto. Querrías haberles torturado tu misma. Perdón, perdón. Cuando alguien intente violarte nuevamente lo tendré en cuenta, descuida. –Es calmado e incluso parece que lo que dice lo haría como un gesto de amistad-

La facilidad con la que este ser habla de matar a gente, de hacerles sufrir, casi hace vomitar a la joven.

-No devuelvas a la tierra lo poco que tienes en el estómago. Come un poco. –Le tiende el costillar que terminaba de cocinar- Llevas ya casi tres días sin comer. Por lo menos pudiste tragarte el agua que te daba.

-¿Por qué? –El enmascarado no comprende la pregunta- ¿Por qué haces todo esto? Mataste a esos otros tres hombres, ¿Verdad? –El hombre frente al fuego asiente, y parece feliz al hacerlo- ¿Entonces por qué me salvas a mí?

-Porque no has hecho nada para molestarme. Además… “NO, NO ES ELLA. IMBÉCIL, DESPIERTA”. Todavía eres joven. ¿Eres acaso ya una mujer? ¿Edad? –Continúa mirando el fuego-

-Quince años, y la mejor de mi casa. –La máscara la mira, parece querer saber más- Mi casa es una de asesinos. Pero… ya nunca más quiero volver.

-Claro… cuando tu propia casa intenta violarte… -Por algún motivo el decir aquella fuerte palabra le gusta-

-NO ES POR ESO. Es porque… una de sus reglas es no abandonar nunca a la familia, pero… todos ellos me abandonaron. –Aquel fantasma, o héroe, gira la cabeza en duda- Mi madre murió y solo dejó de ella un anillo, uno muy especial. –Apresa su mano derecha con la izquierda, guardando de la vista de la máscara su anillo, que porta en el dedo índice-

-Un anillo de cristal de cuarzo… Tú… ¿Conoces alguna leyenda? La que sea, quisiera oírla.

-Tú me preguntaste antes qué eran los Taoks. Te contaré la leyenda cuando me respondas a eso. –Este duelo de ver quien responde primero parece divertir más al enmascarado que a la muchacha-

-Tus padres no te contaban cuentos, ¿he? –Ríe, en tono grave- Vale… Los Taoks son seres misteriosos que se dicen ostentan un poder capaz de asediar un país con solo mover un dedo. Las leyendas dicen que todo comenzó hace ya diez eras, lo que serían más de seis ceros en años. Ellos pueden controlar elementos, pero antes, en el origen, solo había uno de cada elemento, y solo había cuatro elementos. Ahora hay muchos más, y mucho más especializados. Pero, en todo ese tiempo nunca se vio a un Taok de tierra, por lo que empezó una nueva leyenda. Que el Taok es solo el alma del mundo, y en ese momento fue concentrada en esas personas y se liberó cuando murieron. Que todos murieron menos el Taok original de tierra. Con su muerte lograron liberar este mundo de la amenaza de los “Salvajes”, una especie de animales tan inteligentes como nosotros, pero que intentaron acabar con nuestra raza. Su sacrificio creó el muro de niebla que rodea toda esta tierra que es solo una isla gigante. “Eso” son los Taoks, seres que controlan elementos. Te toca. –Toda aquella nueva información impacta a Kai, tantos datos tan condensados la hacen quedarse un tiempo en blanco-

-Yo… conozco una leyenda sobre los cristales de cuarzo. –Esa parece ser justo la leyenda que el enmascarado quería conocer- Pero cuando te la cuente quiero que me respondas a otra pregunta. –El encapuchado asiente- La leyenda que conozco es simple, se dice que estos cristales pueden albergar la energía de los elementos, los taoks. Eso es todo.

-Es correcto, pero no del todo. –Ahora, él se sienta orientando su máscara, torso y piernas, a la chica- El cuarzo sí que puede hacerlo, pero el cristal que mejor lo hacer es el “Cuarzitium”. Una variante del mismo, con un tono celeste y mucho más pesado, es el que puede hacer que casi todo un país tenga energía todo un día. Ahora querrás saber el cómo es que sé tanto, ¿no?

-No. –El fantasma parece sorprendido, sus brazos se tensan de la impresión dada por el error- Lo que quiero saber es a que te dedicas para poder tener tanta maquinaria en esa habitación.

-Ja ja… Solo me dedico a vagar por el desierto en busca de maleantes, y matarlos. Esas piezas… son por otro motivo. –Extiende su brazo derecho, un brazo de roca maciza y agrietada con uñas afiladas como puntas de lanza- Yo soy el único nuevo Taok de tierra. –En su palma se forma un leve torbellino en el que los granos de arena se juntan para dar forma un engranaje- Es todo gracias a mi poder.

-Pero… eso no puede responder a mi otra pregunta. –El gesto de sus manos, de las del cocinero, invitan a que continúe- ¿Por qué me salvaste? Sigo sin entenderlo.

-Tal vez no quiera abusar de ti, pero eso no significa que no quiera nada de ti. –Los ojos de la chica, pardos y brillantes, se abren con ganas de por fin obtener la respuesta- Quiero… saber cosas. Cosas que ya olvidé hace años. Quiero que vivas junto a mí, y tal vez ambos aprendamos cosas del otro.

-Yo… no quiero ser grosera, pero… no quiero vivir con alguien al que no conozco.

-¿Conoces las historias sobre el bosque central, ese tan grande como un país? –Ella afirma- Pues ese animal, esa bestia que destroza a todos lo que quieren entrar, soy yo. No dejaré que ningún humano ensucie este santo bosque. Fue un deseo de uno de mis viejos amigos.

-Pero… yo estoy aquí. ¿Eso no lo ensucia? ¿No tendrías que matarme? Tal vez… en realidad sí quiera usarme como mujer, pero es más amable de lo que quiere hacer ver. Parece un buen tipo.

-Come, debes estar a punto de desfallecer otra vez. –Tiende su mano para que le entregase de vuelta aquel gran pedazo de huesos con carne. Tenía una pinta tan jugosa y tierna que incluso le cuesta devolverla- Debes comer en pequeñas porciones, no es bueno inflar ahora tu tripa. Cuando llenes tu estómago y te encuentres mejor te enseñaré lo que hay por este bosque. Mientras tanto, voy a organizar el taller. –Trocea aquel costillar en trozos tan grandes como la mano de la muchacha, dejando el resto de las porciones sobre una verde y fresca hoja, al lado de sus pies-

Ella, ahora sentada e hincando el diente a esa deliciosa carne que le abre los ojos de par en par, mira, con ansias de abrazarle, la espalda de aquella figura misteriosa de la que solo ha visto sus manos.

-Tampoco parecen manos de anciano… tal vez ronde los treinta. Pero… sigue habiendo algo que no me encaja…

El hombre se rasca el mentón por debajo de la máscara, parece molesto.

-No me acostumbro a llevar tanto tiempo esta mascara. Dioses… como pica. Pero si me ve… no quisiera que huyera de mí por saber que soy un hombre, o por ser un poco mayor que ella. Ahora debería centrarme un poco en mi trabajo… no debería tardar mucho la siguiente llamada. Espero que lo siguiente sea más divertido que la última.

Levanta la lona después de soltar sus ataduras. Lo que oculta es una moto, muy afilado el morro, donde su asiento está cubierto por una fina cúpula corredera que no resta a su aerodinamismo. Contempla este vehículo monoplaza como si fuese su obra maestra, está orgulloso de ello

-Debo ponerme con el Compresor de Luz si quiero esa mejora que me prometió. Maldición, como pica. –Comenzó a soldar varios cables, sobre una mesa de hierro clavada en la pared y al suelo. Levantó la máscara sobre su cabeza para poder ver mejor, fijando sus ojos en algo tan pequeño del tamaño de un botón; y allí pasó el tiempo hasta que Kai, con toda la calma que le permitió su hambre, llenó su vacío estómago-

-Estaba deliciosa… Debería pedirle la receta. Oh. –Junta sus manos, con una palmada, sorprendida de que el buen sabor y textura de la carne casi le borrase la promesa de su rescatador- Quiero ver este bosque, seguro que es precioso. ¡Fantasma!

La llamada de la joven hace atender al muchacho nuevamente fuera de sus quehaceres. Se colocó la máscara, pese al agudo picor que le está provocando.

-Debe tener termitas o algo… Pero debo aguantar. –Sale con calma del taller- Veo que te encuentras mejor, Kai. –Con esa voz, grave, de nuevo, a la chica le sorprende que use su nombre- ¿Quieres ver el bosque? En ese caso acompáñame.

Sin mediar palabra ambos se apegan lo justo y se ven rodeados por la vegetación, que parece abrir paso al enmascarado.

El silencio es pesado, pero de eso se encargará la chica con su curiosidad.

-Sigo pensando cuál es esa ayuda que te da el pueblo. Eres muy fuerte, no deberías necesitar la ayuda de nadie. –Intenta mirarle a los ojos, a los de la máscara, pero él aparta la mirada-

-Hay cosas que ni los más fuertes o hábiles pueden hacer. –La insistencia de la joven le obliga a responder por cansancio-   Sal    –Dice con fuerza y velocidad, desconcertando a Kai por el pensar en esa palabra como alguna clave- Tal vez sea un Taok de la tierra, pero no puedo hacer una buena sal. La que logro hacer es casi insípida y no me sirve para cocinar. ¿Contenta? Porque ahora quiero que tú respondas una pregunta mía.

-Vale. –Animada y con algo de ilusión, su mirada brilla para el muchacho- Haremos eso, uno hace una pregunta cada vez. ¿Sí? –El enmascarado asiente-

-¿Cómo fue tu infancia? –La joven le mira con rostro soso y pesado, le pide que afine la pregunta a algo más concreto- ¿Cómo fue la relación con tu padre? Nadie huye de casa teniendo cosas que le importen.  –La joven se exalta, no le gusta la pregunta o más bien no la respuesta-

-Mi padre… Siempre sentí que me trató como si no fuese de la familia. –El uso de este tiempo verbal conciso hace mella en el chico, pensando en el desprecio que debe sentir- Siempre fue más estricto conmigo que con el resto de los chicos. Era como si quisiera que dejara el entrenamiento y me dedicase al hogar. Pero yo seguí haciendo ambas cosas.

-¿Qué tipo de entrenamiento hacíais? –La sonrisa de la chica le hace detener sus pasos, y ante la persistencia de esa sonrisa él recuerda el trato- Es cierto, os toca preguntar.

-¿Cómo era tu madre? –El enmascarado solo dio dos pasos más después de escuchar su petición. Empezó a respirar con fuerza, pareciendo que fuera a llorar en cualquier momento- Perdona, perdona… -Afligida por provocarle esta sensación de pesadez y dolor intenta enmendarlo retirando la pregunta-

-NO, he hecho un trato y debo cumplirlo. –Se tranquiliza un poco, pero no porque supere el dolor del recuerdo, sino porque su mente se centra en la felicidad de aquel tiempo- Ella es la mujer más amable, comprensiva y entregada que conozco. Siempre con una sonrisa pese al subnormal de mi padre… él la golpeaba, la maltrataba… pero siempre me trataba bien, jamás descargó esa furia acumulada sobre mí. –Su voz comenzó a tambalearse entre el llanto y la normalidad- Ella enfermó de los pulmones, mi padre no hacía nada para ayudarla; ni siquiera le traía agua fresca del pozo. Ella… ella siempre me sonreía incluso con el dolor que yo sentía que tenía. A mis cuatro años perdí lo único que me daba felicidad. Pero mi padre… él… -Ya con más ira que con pesar- Él intentó violar a una de mis amigas de la aldea. –Kai tapa su boca ante la sorpresa y el horror, tenía los ojos apagados pero abiertos como nunca- Yo… le vi, y no pensé. Le partí la cabeza con lo primero que encontré. Recuerdo perfectamente que fue un pico, recuerdo como su cuerpo cayó a la arena y su cráneo se partía con el golpe que el punzón le dio cuando chocó en la roca. –El llanto se enlazó con la risa. Aquella escena era tétrica pero hermosa para la joven, la que le miraba ahora con pena y dulzura- Mamá… -El recuerdo de ella le destrozaba la garganta al intentar no llorar- TÚ   -Extiende la mano hacia el suelo, su mano rocosa- Sigue el camino de tierra y llegarás al lago, yo tengo que ausentarme.

Desaparece en un soplo de polvo y viento. Kai quedó dubitativa entre continuar el nuevo camino de tierra o seguir la dirección que pensó que siguió el fantasma. No tuvo mucho en qué pensar, esto era culpa suya y tenía que arreglarlo, aunque no supiera cómo.

-No pensé que esto haría tanto daño. Aunque… a mí también me habría molestado mucho que preguntase eso. Debo ser más cuidadosa. Soy una estúpida. –Un leve llanto llega hasta sus oídos, y lo sigue sin dudar- Debe ser él. Su voz se nota distinta, es como… El llanto de mis compañeros. Parece el de alguien joven. 

Retiró unas gruesas hojas, las últimas antes de encontrar a este fantasma con las manos cubriendo su rostro y llorando a pleno pulmón.

-Te dije… Que… siguieras el camino. –Su llanto no paró, pero empezó a mezclarse con enfado. La arena que había por el ambiente cegó la vista de Kai un instante, uno en el cual a él le dio tiempo a cesar su llanto y serenarse, ponerse de pie y colocarse la máscara- No vuelvas a seguirme, nunca. –Frío y distante, contrasta con todo lo que podía esperarse-

-Yo… lo siento. –El rostro bajo por la culpa y el dolor- Solo quería conocerte mejor, pero… no quería que fuera así. Perdóname, por favor…

Este arrepentimiento también se hundió en el pecho del muchacho, era una sensación que había dado ya por muerta, pero sintió que estaba más viva que nunca. La joven caminó en silencio frente la fija mirada de la máscara hasta abrazar el fuerte cuerpo bajo esos desechos harapos.

-Perdón… no quiero que mi héroe se sienta mal por mi culpa.

¿Héroe? ¿Yo…? –Sus brazos se levantaron, parecía que la iban a abrazar y su movimiento era el de ello. Su brazo derecho, antes de roca y aparentemente maldito, ahora es de una piel suave y fuerte- No vuelvas a querer ver mi rostro. –La apartó sujetándola por los hombros-

-¿Cuántos años tienes? –Dice intentando seguir abrazada a él-

-Más de los que quisiera. –Dejándola ya apartada continúa hacia el lado, pero la insistencia de la chica no disminuía. Las preguntas variaban de tema, pero él seguía sin responder-

-¿Has tenido amigos? ¿O soy la primera? –Los ojos, detrás de aquella espantosa máscara, se abrieron como platos- ¿Soy tu primera amiga?

-¿Tú…? Tú no eres nada para mí. Solo quiero ver si mi idea es verdad. –Kai se detiene dejándole por delante. Por un momento se notó como sus telas se vencían para el frente, se había frenado durante un instante, pero continuó avanzando-

Es raro… no sé si es tímido o borde. Pero lo que sé es que es un buen chico. Me gustaría que mi idea de que sea joven fuera cierta, tal vez pueda lograr que sea mi amigo. –Le sigue con varios metros de distancia y, pensando que la maleza le estorbaría a la hora de seguirle, se sorprendió de que los árboles y la vegetación se abriera paso a su caminata como sucedía con él- Me gustaría poder hablar con él de mis preocupaciones, y que él me contase las suyas; porque eso hacen los amigos.

-Aquí es el lago. –La caminata que previno a este momento fue silenciosa entre ellos, pero el bosque nunca quedó en silencio. Siempre se escuchaba a las aves, roedores por la hierba, e incluso algunos animales grandes pelear entre ellos-

El lago se encontraba en un gran claro, algo más grande que donde se encuentra la hoguera y el taller, donde el agua brillaba con los destellos del reflejo. El agua era clara y con aspecto de gran frescura, en la que había incluso peces. La joven, y ahora algo infantil, fue a probar suerte con los peces, a ver si alguno se acercaba a su mano.

-Dudo mucho que lo logres. Estos peces son muy asustadizos, así que ríndete. –A su sorpresa y derrota, uno de los peces pasó a rozarle la mano. La joven le miró y sacó su lengua-Ella… -Se retira nuevamente a los árboles, esta vez con aires más tranquilos y de diversión- No para de provocarme la molestia. Es… como ella. “No es ella, imbécil” Lo sé, pero me da igual. Sigue siento alguien que necesita ayuda, igual que ella. Por eso la ayudaré, regresaré mi alma al pasado y me convertiré de nuevo en “Puño de Roca”.

-¿Tú no quieres darte un baño? –Sugiere al enmascarado antes de que se marchase entre los árboles otra vez-

Un… ¿Baño? ¿Es que ella no tiene pudor? –Se gira, tan solo para terminar viendo la burla de la chica con la lengua fuera de nuevo-

-Pervertido. Viejo verde. –Ríe sabiendo que este tipo de actos no le duelen. La actitud fuerte del chico tan solo se puede ver mermada por lo más apegado y cercano a él, no por bromas tan simples y tontas-

-No me gusta demasiado el agua, la verdad. –Ahora es la chica quien queda impactada, pensando lo asqueroso que era su rescatador, y pensando también que la tocó con esas mugrientas manos. Su rostro fue tan divertido que él no pudo soportarlo- Has picado tú ahora. –Ríe con sinceridad, animando. Se acerca a ella pareciendo que fuera a abrazarla esta vez, y en el fondo quería- Haz caso de estas palabras: Yo nunca te tocaré de forma agresiva, mientras sigas mis palabras te protegeré. Y si te preguntas porqué, es simple: necesitabas ayuda, y me recordaste un tiempo en que ayudaba a la gente. Ahora quiero regresar a esa época y hacer bien todo lo que hice mal. –Da su espalda haciendo gesto de que le siguiera- Y sí, tuve más amigos. Ahora no me quedan más que dos, perdí demasiados por mi mala actitud.

-¿Mala actitud? ¿Cómo sería eso conmigo? –Su mirada parece incluso provocativa, mirando por el rabillo del ojo con esa media sonrisa-

-Por cosas como la pregunta de mi madre te habría dejado sola en el bosque, tan solo por una molestia que ni siquiera sabías que causarías. Eso, ahora, para el nuevo yo, sería algo imperdonable. Y por favor, dejemos las preguntas para otro día. Quisiera tener este paseo en paz, y enseñarte la belleza que puedo ver de nuevo. –Gracias a ti. Piensa-

Así, de la mañana hasta el atardecer, quedaron recorriendo el brillante bosque que tenía mil y un recovecos con cosas tan extrañas como lindas. Los animales con sus familias, los nidos y madrigueras, las crías; él parecía saber dónde estaba cada animal en cada momento. Incluso los árboles parecían más bonitos en la compañía del otro. Llegaron, al final, al margen del bosque con el árido mundo en que realmente viven.

-Y el desierto también esconde su belleza. La esconde bajo una dura y áspera capa, para que solo los que realmente aprecien la aren la encuentren. –Filosófico y profundo, llena el pecho de la joven de una calidez familiar y muy agradable-

-¿Algo así como tú? –La sorpresa y rubor se apoderaron de él, gracias que la máscara no era transparente fue que este vergonzoso héroe pudo mantenerse de pie- Sé que eres un hombre amable y generoso. Pones escusas tontas para ayudar a otros solo porque no quieres que te vean como alguien al que tener confianza, solo quieres respeto y miedo, ¿Por qué?

-Tú… No comprendo cómo es capaz de ver tan profundo a través de mí. ¿He sido demasiado descuidado? Jamás comprenderías este mundo en que he perdido tanto.

-¡Idiota! –Cargada de esta sensación de estupidez y enfado, decide descargarlo todo en un puñetazo que impacta contra el duro pecho del enmascarado-

Él, algo molesto por esta agresión infundada a su criterio, levanta la mano con lentitud con intención de golpear.

-Lo prometiste… -Dijo la chica, sin intención de frenar la mano del fantasma, pero fue esa la respuesta que tuvo en él- Dijiste que querías cambiar, entonces ¿por qué no lo hacer?

-Kai… No es tan fácil. Yo también tengo miedo de cosas, al igual que tú. Pero no es ocasión de hablar de ello. Ahora regresemos al taller, comamos algo y descansemos. Mañana seguiremos hablando.

El regreso no tuvo demasiadas palabras, tan solo habló Kai en un intento de que él hablase algo sobre el bosque o de sus viejos amigos, pero todo fue en vano.

-Come bien y descansa. –Fueron las únicas palabras que obtuvo de él, que fueron tras preparar la cena y llevarse su parte, envuelta en frescas hojas, a la espesura del bosque- Creo que sabe que soy alguien joven, pero ¿cómo?  De todas formas, no quiero que vea mi rostro y me conozca demasiado. Tan solo… debo volverme tan fuerte como antes, solo por ella. Debo ser como el viejo: frío y capaz de todo. Pero… cuando era así… yo sentía un gran vacío en el pecho. “No, idiota, debes ser como tú eres”. Sí, debo ser “puño de roca”

-Idiota. –Repetía en su cabeza una y otra vez mientras llenaba una vez más su estómago con la deliciosa caza y cocina de su héroe- Si tan solo compartiera un poco de esa carga conmigo… seguro que podría sonreír. –Ríe para sus adentros- Estoy segura de que pensó que estaba inconsciente. 

 

***

 

-¿Por qué no haces nada? –Una extraña voz resuena por todo el lugar, siendo escuchada tan solo por el muchacho, aparentemente- Este es el momento de comenzar de nuevo, ¿no lo entiendes? –Está airado con el chico, que tira con fuerza su máscara al suelo-

-Eres tú el que no entiende nada. Yo no quiero empezar de nuevo, yo quiero continuar, no quiero olvidar nada de lo que hice y, aun así, mis recuerdos están muy borrosos. Pero sé que hice cosas malas a gente que no se lo merecía. –La máscara, estática en el suelo, comienza a elevarse sobre las gruesas raíces que brotan de su interior, llegando a formar un cuerpo similar a un humano varón-

-Escogí bien a mi portador, pero debes madurar un poco más. He vivido mucho más que tú, y deberías hace razón de mis ayudas.

-Madurar es para frutas. –Reprocha al que parece ser un verdadero fantasma del bosque- Yo seguiré mi camino, cueste lo que me cueste. Y no me importa si tú no me ayudas, porque sé que lo lograré de todas formas. No sobreviví diez años entre espadas y sangre como para morir ahora. –Enervado por las palabras de su compañero, que para él solo decía que debía olvidar todo lo malo que hizo solo para tener en calma su corazón-

-En ese caso te dejaré seguir usando mi poder tal como hasta ahora, pero por pensar de esa manera y rechazar mis consejos, yo absorberé ese poder de tu cuerpo. Yo me convertiré en un canalizador de tu propia fuerza, a ver si en verdad eres capaz de hacerlo con tu cuenta y riesgo. Ahora ardo en deseos de verlo. –Literalmente sus ojos ardieron hasta que las raíces volvieron a la tierra y la cabeza de este ser, la máscara, quedó nuevamente en el suelo-

-Yo… -Recoge aquella máscara que tanto uso le dio durante ya mucho tiempo y que ahora queda en su contra para sostenerla frente su rostro. Un rostro ancho y de mandíbula gruesa cerca del cuello y una barbilla fuerte; su rostro no tenía siquiera vello, pero se notaba en él la cercana madurez. Un cabello rubio apagado y despeinado, unos ojos de verde como las escamas de un lagarto y una expresión que refleja una rabia que se diluye en el pensamiento de una nueva amiga- Lo lograré, volveré a ser aquella luz de esperanza, pero esta vez, para todo el mundo.

Regresó a la hoguera por donde sería la espalda de Kai, pero ella estaba de pie y mirando a todo su alrededor de vez en cuando. Estaba esperando a que volviera su “estúpido” héroe al lado del fuego, porque la noche ya había arreciado y el frío no se quedó en el desierto. La muchacha se puso contenta al verle aparecer, tanto que fue corriendo por un abrazo. Su salvador no opuso resistencia.

-Por un momento creí que te habías marchado. Tal vez… tal vez sea buena en las peleas, pero no podría sobrevivir aquí fuera mucho tiempo. Gracias por volver…

-Tampoco es tan difícil. Tan solo tienes que perder el respeto por la vida. Así, conseguir comida es más fácil. –Ella quedaba mirando a su pecho, moviendo la cabeza de lado a lado y apretando con fuerza sus brazos- Mañana te enseñaré algunas cosas. Pero ahora debes descansar y no hacer esfuerzos. Estás débil, y no quiero que la fiebre te suba otra vez. –Se aparta del abrazo con ambas manos, las dos de carne y hueso, y se encamina al taller- Tu cuarto es en el que despertaste. Buenas noches. Hacía mucho tiempo que no decía esta frase. Es momento de cambios.

Ella entró pensando que estaría ya arriba y sería incluso servicial y abriría su puerta, pero en contraste él se quedó trabajando en su mesa con sus herramientas dejando a ella sin vigilancia.

-Pues vaya. –Dice una vez sobre la cama- Creía que con ese numerito tendría algo más de cariño conmigo… pero… La verdad es que es algo así cómo me siento. Ahora mismo, sin él, estaría perdida, no tendría hogar y seguramente sin nada que comer. Él… es una persona increíble; es muy cruel pero solo con los que se lo merecen. Ahora debo dormir, mañana tendré nuevas clases.

-Me alegro de que por fin siga mis consejos. “Es gracioso, ¿verdad?” Oh, cállate. Tú ni siquiera puedes morir. Debo trabajar para conseguir eso que hizo el viejo. Debo averiguar cómo hizo “La biblioteca”. Si logro terminar los cálculos… podría tener un arsenal en un bolsillo. “¿De verdad lo quieres para eso?”. Vale, tan solo lo quiero para no tener que aparcar mi moto a dos kilómetros de los pueblos, pero tiene muchos usos. Joder, como pica. ¿Tienes termitas, o algo? –Deja por fin la máscara sobre el suelo, pero la voz no se detiene- “Únicamente pica porque es de madera sin tratar” Tal vez en el próximo encargo encuentre a un buen carpintero.

Un incesante pitido martillea el tímpano derecho del mecánico. Él introduce su dedo en el mismo y comienza una conversación con alguien de voz metálica, seguramente use un modificador.

-¿Tienes algo interesante para mí, Dax? –No parece emocionado, más bien molesto por el inoportuno momento de la llamada-

-Lo de siempre, pero tal vez puedas sacar algo más de información sobre esas “luces” de las que hablas. Por cierto, ¿cómo llevas ese tema?

-No tengo demasiada información, de momento sé que los rumores son ciertos. “Las Diez Luces” existen y están en algún sitio, controlando lo que sucede en este mundo, y contaminándolo con esos sucios taoks artificiales. Solo sé, que para poder dejar descansar a Sora, debo acabar con este sufrimiento del mundo. El Taok no es algo que los humanos podamos adjudicar a cualquiera que nos interese.

-En fin… Rumbo sureste. Te mando las coordenadas. Disfruta la caza, “Roca”

-Dax… No me importa que me llames por mi nombre. –Ríe de forma tímida, incluso se la contagia a su contacto-

-Ya lo sé, pero tu apodo me gusta más, Jak. Buena caza ahí fuera.

Pese que su lugar ya estaba cubierto con las sombras de la entrada noche, con una rapidez que no dejaba ni moverse al viento frente a él, llegó a su objetivo cuando todavía el sol se ocultaba. Allí tres hombres estaban pateando a lo que este fantasma pudo oler como un humano varón, a las afueras del pueblo en pleno desierto.

-¿No querías jugar? Devuélveme mi puto dinero, tramposo. –Una deuda de juego parece ser el desencadenante de todo este jaleo-

-Ji ji ji… -Aquella estridente risa hiela la sangre de aquellos que maltratan al vencedor de la apuesta- ¿Estáis jugando? ¿Yo también puedo? –Agudiza la voz, un tono casi que duele escuchar. Los chicos se giraron para mirarle a los ojos y ver quién era el que les había interrumpido- ¿Cómo se juega? –Al primero que se voltea le cruza el rostro con un manotazo de su derecha, y le manda dos metros en la dirección- ¿Así? ¿Lo he hecho bien? –Se encamina a levantar a este sujeto, aunque sus compañeros le lanzan las tuberías y hierros que llevaban para golpear al otro, e impactan en su cráneo-

El enmascarado se vuelve a ellos dos, su cabeza se gira hasta quedar horizontal con la mirada clavada en ellos. Su risita penetra nuevamente en sus mentes y, al acto de que abrieran los ojos tras un parpadeo, aquella máscara ya estaba frente sus rostros y con las manos en sus cuellos.

-¿Qué mierda eres? –Dice uno de ellos antes que el fantasma los levantase con fuerza bruta. Sus gargantas no pueden dar paso al aire que entra, tan solo pueden dejarlo salir-

-Oh, es verdad. Si los mato no puedo jugar con ellos. Ji ji ji… -Libera sus manos de la presión que les impedía caer y les causaba tanto dolor- ¿Por qué jugabais con él? ¿Por qué no queríais jugar con alguien más fuerte? ¿EH? ¿Os da miedo…? -Su voz comenzaba a normalizarse en un tono grave, pero no tanto como la que usa con Kai- ¿PERDER? –Ahora, su tono, era más gutural, grave, profundo y aterrador que nunca; tanto que hizo incluso girarse al magullado hombre en el suelo-

Uno de estos hombres intentó, con torpes y amplios movimientos de brazo, golpear a Jak. Este tan solo dejó que se cansase mientras esquivaba, pero cuando este cayó de cansancio también lo hizo junto su máscara, golpeada sin querer cuando las fuerzas de aquel hombre se diluían en el viento.

-Oh, vaya. Me habéis visto la cara, entonces os propongo un nuevo juego. ¿Vale? –Con un movimiento de mano la arena trae de vuelta al otro hombre que había dejado inconsciente de un golpe- Si llegáis de aquí hasta el pueblo podréis dar una orden de arresto contra “Puño de roca”. ¿Bien? Os daré mil de oro para que podáis dar una recompensa. ¿Entendido? No hay truco, yo no os mataré mientras intentáis escapar, ni os seguiré. Solo quiero que me dejéis llevarme y curar al otro hombre, ¿Trato hecho? –Recoge su caída máscara y la pone sobre su hombro derecho; las raíces que brotan de ella se aferran a su extremidad para no caerse-

Los hombres asienten, los dos que pueden moverse, y el muchacho, con un rostro ahora calmado y podría decirse incluso amable. Jak acude a la ayuda del otro hombre; que al igual que sus atacantes tenía el pelo algo largo y de color negro junto con un tono de piel algo más oscuro que la de Kai.

Las dos piernas de este hombre estaban fracturadas, Jak podía sentirlo con su poder, y se sorprendió de que todavía estuviese consciente. En el momento anterior a cargar a este herido en sus brazos, el desfallecido hombre despierta con ganas de bronca.

-Hijo de – -Ni siquiera se había levantado cuando las garras de la mano derecha de “Puño de roca” la apresaban y cortaban las mejillas. Su miedo hizo que se orinase encima sin poder evitarlo-

-Dilo… -Usa su voz normal. No puede siquiera intentar tomarse esto en broma como hasta ese momento- Termina el insulto. “Hijo…” -Sus ojos… sus pupilas se encojen, su sonrisa crece al igual que la impresión de sus colmillos. El terror se transfiere a sus compañeros- “De…” Vamos, sé un hombre y termina. Si no, lo haré por ti. Y no querrás eso, créeme. –Aquel cobarde pareció hacer caso de su consejo-

-Pu… uta. –La sádica sonrisa del chico le sugería sin palabras que lo repitiera bien- Puta.

-Me alegro de que seas valiente. Un imbécil. –Su garra creció hasta envolver la mitad de su cráneo con su palma, y lo cerró con una fuerza que hizo puré sus huesos y lo que contenían- Pero al menos valiente. –Sacude su mano, salpicando de sangre la arena y limpiándola de los desagradables fluidos de la que se había ensuciado- Comeos a vuestro amigo, al menos que no sea una muerte vana. Si me disculpáis… -Se pone rumbo al herido, de nuevo- Debo juzgar a esta persona. –La carga en sus brazos. Aquel hombre se quejaba demasiado por el dolor de sus heridas, por lo que este fantasma le noqueó de un golpe en el cuello. Tras este acto caminó con lentitud hacia la oscuridad de una nueva noche-

-Espera. –Dice el más cercano al reciente cadáver- ¿Y el dinero? –Claramente solo lo quiere para gastarlo en cualquier cosa, y no en lo que había dicho este poderoso rival-

-Claro. –Dejando el peso de su carga sobre su brazo izquierdo y su hombro, saca una bolsa de debajo sus harapos y se la lanza- Contiene lo equivalente a mil monedas de oro. No lo olvidéis, “Puño de Roca”; y decid que escriban que “busca a las Diez luces”. –Comienza, ahora sí, la definitiva marcha; o lo sería si confiase en que estos chicos lo fueran a hacer- Y un pequeño incentivo extra.

Estos dos hombres cayeron al suelo y el lugar pasó, del más nítido silencio, a una agonía sin fin.

-Solo por asegurarme de que hacéis lo que digo, vuestras piernas regresarán a la normalidad cuando hagáis lo acordado. Si no lo hacéis… -Voltea su rostro con aquellos intimidantes colmillos y esos ojos de psicópata- Puedo remover los fragmentos de vuestras piernas hasta rasgaros la piel y amputároslas, y el corte no sería bonito.

-Por favor… -Sus gritos no se detienen, pero logra hablar entre agonía y dolor- Quítanos el dolor y lo haremos. –Interrumpe el flujo de información entre el nervio de sus piernas y el cerebro, y así comenzaron a arrastrarse con la fuerza de sus brazos hacia la ciudad-

-Llevad a vuestro amigo. Al menos podréis comer durante el viaje. –Ambas partes emprenden caminos opuestos, uno se adentra en la boca de la noche y los otros luchan por quedarse en la tibia luz del atardecer-

Y por el medio día del posterior amanecer este rescatado despierta sobre el sofá de al lado de las ventanas.

-Yo… -Su sueño fue un recuerdo tan nítido de lo sucedido antes de que le rescatasen que pensó que ahora estaba muerto, pero recuerda aquella máscara y esa risa- ¡Mis piernas! –Las atrapa con sus manos y la falta de dolor le sorprende- Pero… ellos me las partieron. ¿O tal vez solo eran los moratones? –Su mente, ahora sabiendo que estaba más sano de lo que pensaba, recuerda con estupor y terror a ese hombre: sus ojos, aquella sonrisa, esa expresión de diversión e incluso de indiferencia. Esas palabras que parecían despreciar las vidas de los hombres que le golpearon- A mí tampoco me gustaron, pero nunca los habría matado. Pero… ellos me habrían matado a mí. Aun con eso, matar a alguien nunca es opción. Seguimos siendo humanos, es lo único que nos diferencia de los animales. –Un agudo, pero delicado, trinar se escucha a través de la ventana y su mirada se dirige a ella- ¿Un bosque?

 

 

El muchacho, o eso parece por su rostro, queda ahora embobado al mirar el verdor de las hojas, su dulce mecer con al viento pero, aquello que más gusta y sorprende a este muchacho, es la risa y la voz de una chica.

 

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