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MTSR Capítulo 2 Primeros seguidores

Modo noche

Entrar a la subasta fue fácil, solo entregue la entrada y di el depósito de 50 monedas de oro, para cualquier persona normal 50 monedas de oro es una fortuna, un trabajador manual con suerte ganara 5 monedas de oro al año, así que dar diez años de trabajo solo para entrar a una subasta era una locura, aun cuando si no comprabas nada tendrías de regreso tus monedas.

La subasta se hacia afuera de la ciudad en un terreno de la Compañía Midas, se montaba un pequeño mercado en donde varios comerciantes locales podían ofrecer sus productos a cambio de un porcentaje de las ventas. En este pequeño mercado se podía encontrar diversas cosas, así que aprovechando que llegue temprano le di un vistazo.

Lo primero que compre fueron camas y ropa de cama, mi cama actual era un montón de paja que “tome prestado” del establo de un vecino. Así que apenas vi las camas me acerque, me compre una cama de dos plazas de madera aromática, un colchón de semillas y cinco set de ropa de cama hechas de tela suave. También compre seis camas simples, cada una con colchón decente y  ropa de cama para mis futuros esclavos, la mayoría de los nobles tenia a sus esclavos durmiendo en el establo, pero después de ver lo incomodo que era dormir en paja aun siendo eslavos no quería darle ese tipo de descanso a quienes estarían encargados de cuidarme. Cuando pague las camas y acorde la entrega, el vendedor se sorprendió al ver que el destino de sus productos seria la mansión Guld, para dejarlo tranquilo subí los hombros y dije “Mi maestro le debe mucho al abuelo de ese pobre mocoso”, el vendedor asintió con la cabeza y en un acto de solidaridad le sumo a cada cama una almohada, sinceramente yo las había olvidado.

Así fui puesto por puesto, pocas cosas llamaban mi atención, aun así compre varias cosas para el día a día, como platos, útiles de aseo y algunas herramientas útiles para el mantenimiento. La mayoría de las personas me miraban raro cuando daba la dirección, pero al usar la excusa que use con el vendedor de cama  asentían y dejaban de hacer preguntas.

Mientras caminaba moviendo mi bastón. Sí, compre un bastón, un sombrero de copa y un monóculo mientras caminaba. Llegue al sector donde diversos tratantes de esclavos exponían su mercancía. En el Imperio la esclavitud era legal y gran parte de la economía se sustentaba en la existencia de los esclavos. La mayoría de los esclavos eran hijos de esclavos y los que no eran criminales que habían perdido su libertad o personas que se habían vendido para pagar sus deudas. Si bien existían practicas oscuras para obtener esclavos, en muchas ciudades la guardia miraba para otro lado si les pasabas un par de monedas de plata, así que no era raro ver personas esclavizadas contra su voluntad.

Seguí caminando entre los puestos y vi algo que me llamo la atención. Era un Catfolk de la tribu de los leones, dentro de esta tribu tanto las hembras como los machos tienen cabezas de leones y cuerpos peludos, por lo general son más grandes y fuertes que los humanos así que es normal verlos como soldados o guerreros. Pero ese hombre león, no era cualquier hombre león, era Lowe un famoso gladiador conocido por su pelaje negro y poderoso rugido que hacía temblar a sus oponentes.

En la capital imperial había un coliseo, el Coliseo Imperial, en él luchaban los más increíbles esclavos gladiadores y en ocasiones incluso aventureros y soldados. La entrada era gratuita para los menores de 15 años y al finalizar la función suelen repartir pan entre las personas de la galería. Al principio solo iba por el pan, pero después de un tiempo me volví un fan de las peleas y al igual que muchos de los niños de mi edad tenia mis gladiadores favoritos, entre ellos Lowe, quien desapareció hace un par de meses, pensé que quizás había muerto en un evento privado pero al verlo en el mercado me sorprendí.

Su rostro seguía siendo el mismo, pero su mirada carecía de vida, le faltaban sus dos piernas y sus dos brazos y si uno se fijaba bien su ojo derecho estaba totalmente blanco. Estaba frente a una tienda de esclavos, pero no tenía precio ¿Quién compraría a un minusválido? Seguramente lo estaban usando para llamar la atención de la gente, sacudí la cabeza y seguí caminando. Pero, al bajar la mirada se me ocurrió algo, era un método costoso, tan caro que con ese dinero podrías comprar una mansión como la mía pero en mucho mejor condición , era tanto dinero que la única forma de que alguien lo gastara seria alguien inmundamente rico y para buena fortuna de Lowe yo era ese tipo de rico.

Me acerque al hombre león, el me vio y sonrió con una sonrisa forzada, le devolví la sonrisa forzada y le dije:

– Señor Lowe, qué haría usted si tuviese otra vez sus cuatro extremidades.

–  Volvería a pelear por mi maestro, es lo único que se y es lo único que busco – Me respondió rápidamente, su voz se asemejaba a un rugido y mientras decía esas palabras su ojos volvieron a brillar – Pero eso es solo un sueño joven amo- sus ojos dejaron de brillar – si tiene dinero y alguna vez fue feliz con mis luchas joven amo, le recomiendo un par de esclavas de este establo, son madre e hija y si no fuese por la mala fortuna estarían atendiendo un exitoso restaurant .

-¿Tu amo actual te pidió promocionar esas esclavas?- le pregunte

– No, el gordo imbécil solo me ordeno que no le dijese algo peor que gordo imbécil , esa mujer y su hija me han dado de su comida y me han cuidado a pesar de que solo soy un trozo de carne que solo sirve para adornar esta tienda.- me respondió.

Sonreí y entre al establo de esclavos, el vendedor era un hombre bajo y su cara me recordaba a una rana, si no fuese porque su tono de piel era rosa hubiese creído que era un hombre rana ¿Existirán los hombre rana rosa? Deberé investigarlo. Mire los esclavos en exposición y la mayoría eran esclavos domésticos y no destacaban mucho, así que fue fácil encontrar a la mujer y su hija.

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La madre, se veía de unos treinta,  poseía los rasgos clásicos de los plebeyos imperiales, una piel oscurecida por el sol, un cabello café trenzado y un par de ojos negros, sus manos se veían delicadas pero finas, como las manos de un artesano. La hija se parecía a la madre, por su cara que estaba perdiendo la redondez era fácil decir que tenía entre 16 y veinte años, no tenía curvas destacables y sus orejas parecían un poco grandes para su cabeza, quizás las heredo de su padre.

Se las mostré al vendedor y el comenzó con una cháchara típica de los vendedores de esclavos, cuando iba por la mitad lo calle y le dije:

– Te daré diez monedas de oro – Los ojos del vendedor se agrandaron – pero quiero a la Madre, a la Hija y al torso que tienes de adorno – La cara del vendedor se llenó de dudas pero la cifra era más de lo que espera conseguir por cualquiera de sus esclavos, era cinco monedas de oro por la madre y cinco por la hija, cuatro monedas más de las que pensaba conseguir por cada una ¿El Hombre león? Era solo un adorno y lo había conseguido gratis de un vendedor de esclavos amigo, así que darlo como regalo de cortesía no era malo. Ganaría diez monedas de oro y se desharía de un problema futuro, llego a correr a buscar los papeles.

La cara de Lowe y de mis nuevas esclavas era increíble, una mescla entre sorpresa, incertidumbre  y un poco de miedo, si no fuese porque había mucha gente mirando me habría lanzado al piso a reírme de la situación. Pague el dinero y el esclavista realizo el ritual mágico tan rápido que me sorprendió, al parecer temía que me retractara.

Al salir del establo compre una silla de ruedas para Lowe, me sorprendió que vendieran esas cosas en este lugar pero agradecí que estuviese a mano. Al poner a Lowe en la silla me pregunto:

– ¿Por qué?

–  Porque quiero un guerrero poderoso que me proteja- le respondí

– Pero yo no puedo luchar, no tengo brazos ni piernas –  replico

– Por ahora no tienes extremidades, pero eso es algo que se puede solucionar – Le sonreí, el me miro de manera extraña pero luego agito su cabeza.

– Eres mi amo, te obedeceré, además compraste a aquellas que me cuidaron te lo agradezco.

– Se lo agradecemos amo – dijeron al unísono la madre y la hija, las quede mirando y dije:

– Saben, es un poco incómodo decirles madre e Hija ¿Cuáles son sus nombres?

– Me llamo Ada y mi hija se llama Laura, no soy una guerrera pero puedo cocinar y hacer los quehaceres, mi hija no sabe cocinar muy bien pero al menos puede ayudar en la casa – Dijo la madre.

– Ya veo, no te preocupes, tus habilidades son más que bien recibidas y tu hija aun es joven, por ahora es mejor que no conozcan mi nombre, pero ahora a los tres les daré su primera orden – los tres esclavos me miraron obedientemente- no me traicionen.

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