El Dios Fragmentado - Capitulo 32-Una Noche Larga parte 3
El sonido de una explosión seguido de un derrumbe llamó la atención de los ciudadanos de la tribu Malagap, con premura salieron de sus casas y chozas con la clara intención de curiosear, otros, con la intención de involucrarse en el meollo del asunto pero sin duda alguna y con absoluta obligación, casi toda la guardia de la tribu se concentró en el alboroto, ataviados con armaduras de cuero negro a cuerpo completo, marcharon motivados para la previa investigación, lámparas y antorchas en mano guiando a grupos de cinco, que en vez de llevar iluminación, iban equipados con tekagis que por su condición tenían un largo tiempo si ver sangre, también todos, sin excepción, llevaban una pequeña bolsa de arena a sus cinturas.
─Señor, informe de situación─ uno de los guardias iba apresurado, era uno de esos mensajeros que llevaban informes a los altos rangos.
─Hemos recibido alarma por disturbios en el distrito abandonado, varias explosiones se escucharon además de un incendio que se puede ver desde el más alejado extremo.
─Disculpe mi ignorancia ¿saben que o quien ha causado esto?.
El encargado del escuadrón estaba un poco irritado por las preguntas y lo expreso con una mano en la cara.
─¿Qué quieres que te diga?, gracias a la protección de los Goblins y Trolls no hemos tenidos saqueos, bandas de bandidos o guerras desde hace años, cuando viene a ver solo fue un rayo que cayó en esa zona.
El mensajero se estremeció un poco con la actitud del jefe de guardia aun así prosiguió con las preguntas─ Lamento importunar pero eso no es del todo cierto, en el último año, han habido una gran cantidad de asesinatos, asaltos a mercaderes, desapariciones……solo hay rumores de que una tal banda llamada roca de……argg.
El Jefe que lideraba freno en seco y tomó al mensajero por el cuello, luego lo estampo contra la pared cercana.
─Solo eres el que manda los informes, el recadero Luiotl, nunca……pero nunca más vuelvas a mencionar algo asi, si lo haces puedes despedirte de este mundo de la peor manera─El jefe se volvió más intimidante─ ¿entendiste?
Luiotl asintió con desesperación, luego el Jefe lo soltó y comenzó a toser, se levanto y salio corriendo como si fuera perseguido por un demonio infernal.
─Señor Mimides, ¿le ofrecemos un tratamiento especial?
─No, tenemos otro asunto entre manos, ya hablaremos con el Jefe sobre eso.
Agilizaron la marcha─¡Muevan sus mugrosos traseros, no sabemos qué demonios está pasando! y tampoco quiero perderme nada.
Su marcha prosiguió, aunque la iluminación era escasa, estaban familiarizados con el terreno, dando a entender su conocimiento de la zona.
Uno de los guardias iba sin cautela entre los espacios cerrados, de pronto frente a él una hermosa flor giratoria apareció, el se quedo embelesado con la belleza de esta que brillaba con una tenue luz, a lo lejos el jefe pudo divisar el acontecimiento, pronto se dio cuenta del peligro.
─¡No te muevas, eso es una mina girasol!
Su advertencia no llego a tiempo, el guardia extendió su mano para intentar tocar lo que para él era algo desconocido, la flor se ilumino mas y exploto lanzando sus poderosos pétalos como si fueran letales navajas, en una cruceta mortal benevolente el primero en caer y con la peor suerte fue el guardia que encontró la mina, su cuerpo fue despedazado en 5 partes, las cuchillas lograron dos efectos lo primero matar a varios guardias descuidados y el otro activar mas minas, estaban en todas partes, en las paredes los techos, puertas, ventanas y increiblemente tambien en basureros.
Las petalos parecian que tenian vida propia o tal vez mucha suerte, cuando daban el blanco, casi siempre era en un punto vital, ojos, corazón, cabeza. era como estar atrapado en un tanque donde los bordes eran espinas.
Mimides grito─¡al suelo!─ con esta simple exclamación logró salvar la vida de más de un tercio de sus guardias que se lanzaron con pecho al suelo, sin embargo algunos proyectiles lograron matar a más de uno.
─No se muevan de sus posiciones, los que sepan activar escudo de roca háganlo ahora, los que no, esperen mi orden.
Escudo de roca, era una habilidad intermedia que permite manipular la arena a punto de volver tan dura como la roca, esa era la razón por la cual los guardias llevaban bolsas de arena, había que tener un dominio ínfimo para crear arena con el Ork.
Los guardias que sabían la habilidad la activaron con premura, la arena salió de la bolsa como si estuviera viva, con su antebrazo al frente y de rodillas la arena formó una rodela de piedra lo bastante grande para detener ataques frontales.
─Bien, los que no activaron los escudos preparen gargajo dragón y apuntan sistemáticamente delante de ellos.
la idea de Mimides era activar las minas que pudieran haber al frente y frenarlas con los escudos, así se hizo, dispararon, con algo de suerte activaron algunas, los de los escudo cubrieron los pétalos que se clavaban en el escudo como si fuera manteca dura.
Acto seguido Mimides dio la orden de caminar por la zona donde ya habían estallado las minas girasoles─Bien avancen poco a poco, Tu, vuelve atrás a solicitar refuerzos.
Unos de los guardias asintio y salio con una gran salto para evitar activar mas trampas.
Algunos de los guardias tenían heridas graves, tienen pétalos incrustados en brazos y piernas, los que estaban mal, en el estómago y pecho, y aun asi estando en peligro de muerte Mimides no ordenó que se retiraran, seguían avanzando a paso lento pero seguro, parecía que vencían a la adversidad, pero que equivocados estaban, una rafaga de aire tan fina como la seda, atravesó la faringe de uno de los guardias, su sangre salio como si se tratara de un grifo, en este punto la moral de los guardias fue aplastada, habían perdido más de la mitad de sus hombres y ahora se encontraban contra un asesino a distancia, pues no sabían de dónde había salido el ataque.
Como su suerte no hacía más que empeorar otra rafaga fue lanzada con un silencio brutal, esta vez los pulmones del desdichado que le tocó, fueron pinchados empezando desde su brazo hasta el otro extremo, un grito ahogado tratando de expresar su agonía, cayó como un trapo creando un grotesco charco de sangre.
─¿Donde, donde estan?
Los guardias con escudos se cuestionan cuál era la ubicación del enemigo, estaba muy oscuro y tenían poca iluminación, sobre todo no podían moverse libremente ya que estaba la posibilidad de que hubieran más trampas, se sintieron como ratas en un barril, entonces paso, otra ragafaga fue lanzada, el escudo de roca, ese del cual se sentían orgullosos, fue traspasado como tela con aguja, no solo lo traspaso completo, incluido el guardia que estaba resguardado detrás de este.
Ambos cayeron al suelo como muñecos, Mimimes estaba horrorizado, los estaban matando como insectos, siendo el líder no pudo agregar un plan de acción, ni motivar a nadie, le había caído en la desesperación junto con su escuadron, del panico se apodero de cada uno de ellos, obedecieron su instinto de supervivencia y se expandieron a correr como locos, uno de ellos pisó una mina girasol, era Mimides.
Sina se intentó usar el viento oculto sin éxito, la arena que tenía al cuerpo tenía una gran porción del Ork de Unfes, evitando que se volviera invisible.
─Jajaja…..
Unfes no entendía el porqué de la risa casi histérica de Sina, llegó a pensar que tal vez en su situación estaba cayendo en la locura, luego lo descarto, ella se mostró muy segura de sí en su batalla, tampoco parecía alguien que pudiera doblegar su mente de esa manera.
─No se que es lo que planeas pero ya tuviste tu tiempo.
─Ohhh…..¿Sabes? tenia tanto tiempo…….tanto tiempo…─ Sina se saboreaba al decir esas palabras, su cabello volvió a su negro habitual…luego de ello no volvió a mediar más palabras.
─Jajaja…..fin del juego…..
Unfes quería agregar una frase de epicidad, sin embargo eso fue frustrado por las voces y gritos del escuadrón que se dirigía a la ubicación.
─Que……-?
Sina estallo en carcajadas, practicamente se destornillo en el suelo, Unfes trataba de entender la situación, quería preguntar, pero sin previo aviso, sin ninguna cortesía, Sina, se lanzó contra él, parecía una loca, sus golpes con las tekagis eran bastantes contundentes, Unfes a su vez endureció sus antebrazos para resistir la ola de ataques, no tuvo otra opción que retroceder, Sina no grito─ Activacion─ rafagas silenciosas fueron disparadas desde múltiples puntos, una de ellas traspasó la pierna de este, lanzo un grito de queja, aun con su pierna sangrando cruzó sus brazos, su cuerpo se iluminó y se fue convirtiendo en una especie de huevo rocoso, los ataques rebotaban y no lograban penetrar en absoluto.
─La misma técnica que utilizaste con el chico, la coraza de Malagap.
Era una técnica que exige un alto esfuerzo físico y un domino absoluto del elemento tierra, llevaba el cuerpo a endurecerse en su totalidad repeliendo ataque equivalentes a una tonelada, el problema era que su usuario no podía moverse.
Sina decidió no atacar cuerpo a cuerpo, en cambio una lluvia de rafagas de aire se desbocaron sobre Unfes.
─Quiero ver cuanto aguanta ese ridículo huevo contra mis bebes─ la luz de la luna penetró en la zona dejado ver unas plantas de tallo largo, en la punta tenía una flor a medio cerrar, tenían manchas rosas y negras, se movían con vida propia y eran las que escupian las rafagas de aire.
La lluvia de ataques no cesó, eran continuos y cada vez más aumentaba su velocidad de ataque, pequeñas grietas se podían ver en el huevo de piedra hasta que.
BUM
La coraza estalló lanzando esquirlas de piedra en todas las direcciones, Sina esperaba ese movimiento y ya estaba resguardada, se acercóUna lo que al parecer era el cascarón y pudo ver que había un hoyo en el suelo.
─Que mal, se escapo…….bueno hora de ir a ver a Arfon.
(…)
La tribu tenía murmullos por doquier, movimientos de guardias que iban de un lado a otro, los ciudadanos estaban expectantes, sobre todo en la taberna, se hablaba y se bebía a montones, tenía conversaciones acalorada de que estaba pasando, algunos decían─ Los Goblins ya se cansaron de proteger las fronteras─ otros decían ─esto es cosas de Trolls, son unos malditos infames, ¿supieron del ataques de ellos a la caravana mercante?─ en una mesa un poco distante estaba Arfon con Mape y Manpo, en otra estaba Caleb y su hijo, sin mesa alguna estaba Mirra, Estrabel y Saúl, al último extremo de Arfon, estaban hablando entre ellos.
─Ya deberían haber atrapado a esa rata de Tael─ dijo Saúl.
─Callate la maldita boca, no ves que estamos muy cerca del Maestro─ agrego Estrabel.
─Esta tan borracho que no podía ni levantarse─ término Mirra.
─No me confiaria, tiene demasiado oído─ continuo Estrabel.
La conversación supuestamente secreta de los chicos fue interrumpida, por la puerta de la taberna estaba entrando el jefe de la banda roca de luz, no solo la conversación de ellos si no todas las demás, luego de un silencio incomodo el hablo.
─Continúen, no me miren, solo soy un anciano que pasaba por aqui, jajaja─ dijo con voz enérgica.
Dichas esas palabras todos rieron y alzaron sus bebidas en señal de saludo, el jefe de la banda en breves instantes se sentó a la mesa de el Gran anciano Caleb.
Estuvieron conversando unos minutos, luego Arfon le hizo señas al grupo de Estrabel, caminaron un poco nerviosos, el draconiano más peligroso de todo Malagap estaba sentado como si nada con el Gran anciano.
─Vengan chicos, muestran sus respetos al Gran anciano de Malagap.
Los chicos tenían la piel de gallina, un bandido y el gran anciano de una tribu, para ellos nada tenía sentido.
─Vamos chicos, no muerdo, jajaja.