El señor de los Vikingos - Capítulo 28
Capítulo 28
Ya era luna llena y el grupo estaba acampando dentro de lo que era un pequeño bosque. Estaban siguiendo el rastro de lo que Aren dijo que era una enorme bestia y donde estaba ahora mismo, se acercaba bastante a la posible localización.
Prendieron una fogata mientras unos pocos cazaban algo para que los demás puedan comer. Como conocían estos lugares como si nadie, no les fue difícil traer consigo dos siervos. Aren estaba impresionado que en la oscuridad pudieran cazar de tal manera.
No tardaron más de 30 minutos en despellejar a los dos siervos y cocinar su carne. Aren sólo comió un pequeño pedazo de él y luego se quedó sentado en su lugar sin decir nada. Le tocaba hacer la guardia de la noche y por lo tanto, debía permanecer despierto.
Para él, estar despierto una noche no era nada. Podía aguantar casi semana y media sin dormir. Era alguien que contenía mucha energía y además de ello, siempre se reservaba a sí mismo. Ahora, si se ponía todo el día a hacer tareas, era posible que si descansara un poco, muy probablemente dure algunos pocos días sin dormir.
Todos se durmieron y quedó solamente él, mirando a la nada. Su vista estaba enfocada a lo lejos del lugar, sintiendo una presencia que le miraba de lejos, poniéndole un poco incómodo.
Miró de nuevo a los hombres dormidos y no podía dejarlos si él montaba la guardia sólo por un pequeño sentimiento de ser vigilado.
Se quedó sentado, ahora cerca del fuego para calentarse un poco. El sentimiento de sentirse mirado era cada vez más grande y tuvo que voltearse varias veces para corroborar si había alguien. No había nadie cuando lo hacía. Un pequeño temor entraba en su mente porque parecía tener a alguien detrás de él pero de la nada, desaparecía al voltear.
Las horas pasaron y ya se escuchaba a los pájaros cantar. El sol se asomaba lo que podía entre los árboles y los hombres despertaban poco a poco.
Vieron como Aren seguía despierto mirando a todos lados.
“¿Qué tienes?” Preguntó alguien cuando vio la cara de Aren que estaba seria y mirando fijamente a un punto en específico. “¿Hay algo allí?”
“Quizás. Toda la noche he sentido que algo me miraba y su presencia estaba siempre cerca pero desaparecía repentinamente” El hombre miró a Aren de una manera algo extraña con lo que dijo, diciendo que muy posiblemente que al no dormir en toda la noche, imaginaba cosas. Aren se rio de esto y no dijo nada más.
Ahora que todos estaban arriba nuevamente, volvieron con su viaje en busca de la bestia o bestias para deshacerse de ellas y poder obtener una tranquilidad en el pueblo sin tener que vivir con el miedo de que estas bestias ataquen al pueblo.
———
Dos días después, por fin vieron frutos en su búsqueda de rastrear a la bestia.
Se adentraron en el bosque, sorprendiéndose de que en el camino haberse encontrado algunos lobos que merodeaban por la zona y parecían acecharlos. Los lobos cayeron rápidamente con las heridas punzantes que las lanzas ocasionaban en ellos hasta el punto de morir por ser empalados o con la pérdida de la sangre.
Aren se desenvolvió bastante bien pese a que no podía mover mucho el brazo izquierdo. Aun así, su brazo derecho parecía de hierro y sumando la pequeña hacha que llevaba, los lobos que se lanzaban contra él sufrían una decapitación o una fuerte herida en sus cuerpos.
Fue de los pocos que no recibió alguna herida por parte de los lobos. Pese a su edad, los demás ahora lo miraban con respeto y se reían junto con él de los demás porque según Aren, fueron lastimados por “pequeños cachorros” ocasionando risas entre el grupo.
Más allá de las risas, se debían preocupar porque en dos días, se cruzaron con varios grupos de lobos que habitaban el bosque que, una vez saliendo de allí y verse ahora rodeados de una hermosa planicie junto con algunas montañas que salían de allí, se sentían a gusto.
Tuvieron que descansar un largo rato para recuperarse de las mordidas así como las garras que algunos tuvieron marcadas. Tampoco contaban con que Aren supiera de alguna forma “curar” las heridas ocasionadas. Menos iba a decir él que estas cosas eran fáciles de curar si tenía las cosas acorde a cada herida pero al menos, pudo hacer algo.
Ahora, los hombres estaban más que seguros que con el apoyo constante que brindaba Aren, podían seguir en buscar de esa bestia enorme que aterrorizaba a los pueblos alrededores.
Conforme avanzaba el tiempo, por suerte, no encontraron a ninguna otra bestia y como la carne de lobo se iba a echar a perder, no escatimaron en usar su carne para comer y su pelaje para poder abrigarse. Los días fríos se hacen notar poco a poco y el almacenar dichas pieles de los lobos sería muy bueno para ellos.
Tres días después, por fin pudieron llegar a lo que podía ser la guarida del animal.
Los cuerpos destrozados así como huesos y restos enormes se mostraban a los ojos del grupo quienes estaban seguros que se trataba de una bestia sanguinaria y una bestia salvaje que iba más allá de toma imaginación.
Aren pronto empezó a escuchar ruidos en los pastizales. La zona que según podían adivinar, era un pequeño lugar que tenía algunos árboles a los alrededores así como unos pastizales claramente aplastados. Uno de los guardias pudo adivinar que ninguna bestia podría aplastar de tal manera la vegetación así como usar cada parte de dicho lugar para dormir. El lugar pertenecía a un animal enorme.
“Creo que algo viene” Fue lo que dijo advirtiendo a todos los demás que levantaban sus escudos y tenían en mano ya sus hachas y lanzas preparadas para cualquier cosa.
Un grito hizo que todos se dieran vuelta rápidamente.
Una enorme criatura, tal como lo habían charlado antes, estaba allí, con uno de ellos dentro de su mandíbula a punto de morderlo para tragar parte de su cuerpo.
“Ayuda…” Pero no pudo decir nada más que el enorme lobo gris mordió y partió a la mitad al hombre que seguía intentando arrastrarse con la mitad inferior de su cuerpo para acercarse al grupo, pereciendo a los pocos segundos con los ojos bien abiertos.
Los demás al ver la escena, no tenían la moral suficiente para enfrentar a dicho animal, animal que poco a poco avanzaba contra ellos, enseñando los dientes, preparado para devorar a su siguiente comida.
Aren notó que el espíritu de los demás se veía abajo y apagado por lo que corrió frente a todos ellos, poniéndose al frente para ser el que se enfrentaría al gran lobo.
Ver que Aren se ponía frente a ellos, recuperaron parte de su espíritu y su moral se elevó, ahora estando dispuestos a pelear contra la bestia.
El lobo rugió una vez que estaba frente a Aren, mostrando sus dientes y todo el interior de su hocico tratando de intimidar a la persona que tenía frente. Con su mirada pudo ver que las personas detrás de él temblaban pero sostenían fuertemente sus escudos y armas mientras que ese hombre, esa persona, estaba quieta, sin siquiera pestañar.
El lobo acercó su cara hasta él, estando cara a cara y notando los ojos de este y este notando los ojos de él. El reflejo de ambos se podía ver en sus ojos, uno teniendo los ojos claros y el otro, unos ojos de color sangre fuerte que haría temer a todo aquel que lo mirase.
La nariz del lobo empezó a olfatear a Aren, quien sintiendo la respiración del animal, casi salía volando por lo fuerte que este exhalaba el aire. Como pudo, había hecho una seña de mantener la posición a los hombres. “No se muevan, no muestren miedo, por favor” Él temía que si uno de ellos flaqueara, entonces estaría muerto en cuestión de segundos. No tenía miedo, estaba preocupado realmente. Los demás no podía verlos pero sentía su temor.
Cuando empezó a caminar de lado a lado, Aren pudo notar que el lobo era grande y de verdad. Si se paraba, fácilmente podía llegar a medir poco más de 4 metros de largo y parado en cuatro patas, medía 2 metros, poco más de ello. Si se paraba, entonces, seguro podía llegar a medir más de 4 metros, más incluso.
¿Era grande? Sí, lo era. ¿Lo suficiente como para ser una enorme bestia? No. Pero lo era por los dientes enormes que tenía y más sabiendo que podía partir a un hombre a la mitad como si fuese nada.
El lobo repentinamente se sentó en su lugar, mirando fijamente a Aren que giró su torso para ver a los demás.
“¿Qué hago?” Preguntó.
“Parece que actúa como un perro, tal vez quiere que le acaricies” Dijo uno de los guardias que miraba al lobo igual de atónito que el resto, Aren incluido.
“¿Qué tal si me come?” Respondió preocupado ante tal suposición.
“No pierdes nada” Replicó. “No te preocupes, te vengaremos si te pasa algo”
Tales palabras de aliento eran sinceramente bastante buenas.
Tomó un poco de aire y fue con el lobo que seguía mirando con los ojos sangre muy bien abiertos viendo lo que este hacía.
Aren pudo notar que la cola del animal se movía de un lado a otro, emocionado si puede tratar de adivinar con respecto al animal. Los perros solían mover la cola de tal manera en caso de ver a alguien que le gustase, un ejemplo que tenía en mente: su amo.
Conforme estiraba un poco su mano mientras caminaba muy lentamente, el enorme lobo notó esto y acercó su cabeza para que apoyase su mano, sintiendo una enorme suavidad. No pudo evitar sentirse encariñado con el gran lobo que actuaba como si fuese un perro.
Pero ese cariño no podía quedarse por mucho tiempo. El rostro de felicidad de Aren en sí era sincero pero no su intención con el animal. Sí podía ver la intención de este, entonces tendría que quitar su mano y brazo rápidamente sino quería perderla para nada.
El animal se mostraba contento pero Aren, lentamente sacaba su cuchillo que llevaba en la espalda.
Despacio, con calma, mostrando siempre felicidad al lobo para que no sospechase nada de nada.
Entonces, cuando por fin lo había tomado, el animal abrió los ojos que lo tenía cerrado mientras disfrutaba la acaricia de Aren mirándolo muy fijamente y que, empezaba a mostrarle los dientes y abrir su hocico para en señal de no seguir lo que hacía.
Aren desenfundo su cuchillo rápidamente, clavando su cuchillo dentro de su boca, en su lengua más precisamente, logrando que el lobo gimiera por el dolor que estaba sintiendo.
“¡Ataquen ahora!” Dijo gritando Aren que no soltaba el cuchillo y era revoloteado por varios lados. Los hombres escucharon lo que dijo y tomaron lanzas y hachas, acercándose lo más que podían para atacar al lobo que estaba concentrado en Aren.
Él de pronto salió volando porque no podía sostener más su cuchillo dentro de la boca de la bestia que, sintiéndose suertudo al caer y rodar un poco, no había cerrado su boca ya que le costaría el brazo.
Mientras se levantaba y se recuperaba, su vista reposó en los hombres que atacaban sin bajar la guardia con sus lanzas al gran lobo, criatura que trataba de atacar pero le era imposible por la herida que tenía.
Los demás realmente estaban manteniendo a raya al animal, provocando heridas en toda su superficie, cortes, agujeros, algunas otras marcas pero causando un buen daño al animal que perdía poco a poco la sangre cayendo al suelo luego de perder tras un largo rato la sangre.
El animal empezaba a sollozar por el dolor a lo que Aren, mirando a los demás que tenían pocas heridas, pidió formalmente si podía matarlo él. Nadie objetó nada y aceptaron mientras miraban a Aren que sólo sufrió heridas por haber rodado un rato gracias a que salió volando.
“Lo siento amigo… Esto fue por una buena causa” Pidió el hacha de alguien para tomarla y con fuerza, impactar varias veces en la cabeza del animal, acabando con su vida y con su lamento.