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EN OTRO MUNDO - Capítulo 46 – Pesadilla

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Abrí mis ojos de golpe, sudor frío recorría mi frente y todo mi cuerpo sentía escalofríos, estaba empapada de sudor como si hubieran vertido sobre mí un cubo de agua fría.

No paraba de temblar e inconscientemente toque mi cuello, aun podía recordar el dolor de haber sido degollada, aun escuchaba las burlas y las horribles miradas de las personas observando para mi ejecución.

Estaba verdaderamente asustada, esto era extraño puesto que cuando las memorias de Odelisse se habían fusionado en mí al haber tocado la mota de luz por supuesto que venía esta visión, pero no la había sentido en carne propia pues anteriormente solo fue como si mirara una de las muchas escenas de una película.

Igualmente no lograba comprender el por qué cada vez que miraba al príncipe Eiden sentía como se estrujaba un poco mi corazón, había pensado que eran reacciones naturales del cuerpo de la verdadera dueña pero esto debía de ir más allá de simples reacciones y reflejos… pensaba temblorosa.

¿Acaso eran advertencias del futuro cercano? ¿o solo eran los recuerdos de la vida que había vivido la dueña de este cuerpo? No lo sabía pero no quería terminar de la misma forma, si moría aquí no podría regresar.

Así que aunque tenía miedo trate de tranquilizarme, solo fue una pesadilla me decía a mí misma.

Aún era de noche pero después de ese espantoso sueño no pude dormir más y pronto amaneció.

 

….  ⊰❖⊱ ….

 

— ¡¿Señorita Odel que paso con sus ojos?! —exclamaba conmocionada Annie.

— No es nada, solo no pude dormir bien.

— Bueno era de esperarse apenas ayer fue el banquete, tal vez estuvo pensando sobre muchas cosas referente a ello —me decía Hallie.

— Claro el banquete… —respondía un poco fatigada.

Ni siquiera pensaba en el banquete solo había estado recordando aquella pesadilla sobre la ejecución…

— ¿Qué le parece si vamos al jardín a que tome un poco de aire fresco? eso la ayudara a despejarse —mencionaba Annie emocionada

— Esa sería una buena idea —respondía con una leve sonrisa.

Lo bueno de todo era que podría descansar un poco hoy también pues no tendría clases de etiqueta y eso me ayudaría a relajarme.

Mientras nos dirigíamos al jardín trasero que era hacia la misma dirección de donde se encontraba el antiguo lugar donde vivía, se me ocurrió mejor ir ahí de nuevo, mi vieja casa era mejor que el jardín, que aunque había maleza, hierbas y tenía extrañas flores, el lugar era bello a su manera pero sobre todo era mucho más tranquilo pues estaba abandonado y nadie se acercaba.

Esta vez pude notar que el espía de Amelia, Félix no me vigilaba, no sabía en qué estaba pensando esa bruja, pero había estado demasiado tranquila. Aunque por el momento no quería pensar en ella así que solo la bloqueé de mis pensamientos.

Annie y Hallie habían preparado algunos aperitivos y nos dispusimos a hacer un pequeño picnic al lado de mi antigua casa.

Cuando terminamos de almorzar me puse a juguetear y fisgonear mejor los alrededores, dentro de la desgastada casa todavía se podían observar los viejos muebles que ya había visto, demasiadas habitaciones en ruinas y al final un enorme árbol torcido pero resistente, era perfecto para hacer una silla colgante me dije a mi misma.

Estaba a punto de llamar a mis doncellas para comentarles sobre la idea cuando sentí un par de ojos con una mirada penetrante observarme fijamente, se sentía como aquella vez que Barton me había dado un susto pues igualmente no podía observar quien era.

La sensación de que alguien me miraba venía desde atrás de los arbustos que estaban al lado del gran árbol retorcido e instintivamente me puse alerta y retrocedí unos cuantos pasos preparándome para marcharme lo antes posible.

— ¡Ayuda! —escuchaba una débil voz parecida a la de un niño.

Me detuve inmediatamente pero sin dejar de mirar desconcertada hacia los arbustos.

De pronto desde estos se extendió una pequeña mano un poco sucia.

— Ayuda, ayud…

Mi primera reacción fue correr hacia esa pequeña y frágil mano que veía asomarse desde lejos.

Exclame ante la sorpresa, era un pequeño que yacía mal herido tirado entre la maleza, así que corrí hacia mis doncellas desesperada para pedirles ayuda.

No podíamos llevarlo a la mansión, así que les pedí que me ayudaran a cargarlo dentro de la vieja casa y ponerlo en la que antes era mi habitación que aunque en ruinas era la más habitable.

Les pedí que no dijeran nada y que trajeran todo lo necesario para curarle y limpiarlo sin que nadie se diera cuenta.

Mientras tanto yo solo esperaba junto a él.

Este pequeño niño vestía un vestido blanco de manta demasiado desgastado, y tenía varias heridas en forma de pequeñas cortadas en toda su espalda, manos y pies.

Su piel era clara y grandes pestañas rizadas se podían observar estando sus pequeños ojos cerrados, un largo cabello color rojizo semejante a la coloración de las hojas que caían en otoño cubrían una parte de su bello rostro, pero independientemente de toda la suciedad y las heridas que poseía podía admitir sinceramente que este era un niño demasiado llamativo.

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