EN OTRO MUNDO - Capítulo 50 – Un pequeño extraño II
Hice todo lo que pude, ahora mi señorita no podría culparme por no haberlo intentado, aunque me sentía un poco culpable de que hubiera muerto ya estaba acostumbrado a ver personas morir, solo que no tan jóvenes como este chiquillo.
Así que me marche para poder preparar todo y enterrarlo discretamente pero cuando regrese por su cuerpo él ya no se encontraba sobre la cama.
— ¿Quién eres?
La sorpresa apareció en mis ojos, el pequeño que debería estar muerto estaba parado justo delante de mí.
¿Estaba vivo? pero…, yo había visto y checado su pulso ¿cómo es que…? , entrecerré mis ojos, era un verdadero milagro o un verdadero golpe de suerte.
— Soy el que te cuido y te ayudo de no morir jovencito.
— ¿Mi salvador? no era aquella niña…—murmuraba el pequeño.
— “Oh” al parecer la recuerdas, ella es mi ama, deberías de estar agradecido sino fuera por ella ya estarías muerto —eran palabras crueles pero quien decía que la vida era sencilla, suponía que este niño mejor que nadie ya lo debería de haber entendido.
— ¿Es así? ya veo… tendré que agradecerle a los dos —respondía con su voz infantil.
Se veía demasiado cansado pero sus ojos reflejaban que no le había tenido miedo a la muerte.
— Al parecer fuiste demasiado afortunado mocoso, no puedo creer que siendo tan débil hayas sobrevivido. Esperarás aquí hasta que te recuperes del todo después tendrás que decirme quién eres.
El solo permaneció en silencio y parecía ser que se había adaptado rápido puesto que se incorporó nuevamente en la cama preparándose para cerrar los ojos.
Lo deje solo y atranque la puerta por fuera, ya había estado ausente ante la presencia de mi señorita por casi dos días que aunque hacia mis labores como cuidador y la vigilaba desde lejos no quería preocuparla, y por supuesto también tenía que darle la noticia de que el niño ya estaba curado.
…. ⊰❖⊱ ….
En la cama el pequeño niño se sentó mirando fríamente con sus hermosos ojos azules hacia donde el anciano atrancaba la puerta, se limpió con cuidado una de las esquinas de su boca, un ligero rastro de fluido rojo resaltaba en su blanca mano.
Tenía que admitir que fue demasiado afortunado, justamente lo que habían venido a buscar.
— Así que Bixbita eh…