EN OTRO MUNDO - Capítulo 57 – Se cae en pedazos
— ¿El príncipe se ha marchado? —interrogaba una bella mujer.
— Si mi lady.
— Muy bien, tráeme a esa maldita niña.
— Como ordene mi lady.
…. ⊰❖⊱ ….
Era genial que ese tonto ya se hubiera ido, ahora ¿qué haría con estos espantosos guantes?, pensaba frunciendo las cejas pues eran de un material demasiado feo que picaba el simple hecho de rosarlos.
Caminaba tratando de pensar si ir un momento a ver a Diago pues ya no me encontraría ocupada cuando un joven hombre de cabello verdoso como el moho me obstruyó el paso.
— “Hola linda señorita” —sonreía mostrando su asquerosa sonrisa.
Félix…
— Tendrá que acompañarme será un breve momento —me miraba con una fea cara y un segundo después ya se encontraba tirando fuertemente de mi brazo.
Caminábamos muy rápido escondiéndonos de la mirada de todos, me lastimaba, así que intente gritar pero vio mis intenciones.
— Ni se le ocurra gritar, nadie la escuchara de todos modos —me apretaba con mucha más fuerza, solo sentía que se partiría en dos mi brazo.
No podía ver bien por donde nos dirigíamos pero suponía que era a la habitación de Amelia.
Cuando llegamos solo soltó despreocupadamente su agarre y me aventó dentro del cuarto.
—“Mi lady” —se inclinaba ante esa despreciable mujer.
— Gracias Félix, ahora cierra la puerta —le ordenaba sin dejar de observarme. — ¿Creías que no me daría cuenta que has estado yendo a la vieja casa de tu madre?
— ¿Cómo es…? —susurré sorprendida pues me había estado cuidando de Félix todo este tiempo.
— Ja, no te sorprendas querida, tengo ojos en todos —admitía en tono sarcástico mientras estaba sentada apoyando su codo sobre una pequeña mesa que se encontraba junto a ella.
Mi cara se oscureció, pensé que había aprendido bien de Barton al ser sigilosa, era una tarea que ni siquiera requería de magia… ¿Sabía ella también de Diago? de ser así… pensaba mientras mi corazón no dejaba de palpitar con fuerza.
— ¿Sabes?, sabía que vigilarte daría sus frutos, aunque más bien es una excusa para torturarte. Solo estaba esperando que la visita del príncipe pasara para castigarte sin que se notara, al fin la siguiente visita será en unas cuantas semanas más en las próximas fiestas de invierno, para ese entonces ya no se notaran los golpes —me miraba enloquecida.
Esta persona…, apreté mis puños.
— Dime Félix que fue lo que viste, que sepa por lo menos por qué será su castigo.
— Por supuesto mi lady, antes del banquete de compromiso vi a la señorita dirigirse a la vieja casa —respondía muy confiado.
— Muy bien eso me parece que merece una paliza ahora di lo otro —hablaba con impaciencia la enloquecida mujer.
Estaba perdida si mencionaba algo relacionado con Diago, temblaba nerviosamente.
— Lo siguiente que la vi hacer fue verla después en un lindo picnic con sus doncellas, eso es todo mi lady—asentía lo suficientemente seguro.
— Excelente, eso me parece otra buena razón para otra paliza. “Es una ofensa que yo que te estoy dando todo lo que debió de ser de mi amada hija sea ofendida con el recuerdo de una mujer de poca monta como lo fue tu madre ya que ahora soy yo la que ante todos es tu madre no puedes rebajarme a ese nivel” —parecía que resistía a darme el primer golpe. — ¡Al ir a esa mugrosa casa me estas ofendiendo!
Mis ojos se pusieron en blanco y mi mandíbula casi cae ante la incredulidad de sus palabras ¿esta persona hablaba en serio?
Si mi madre era una simple persona como decía ¿por qué le importaba tanto si iba a mi vieja casa? Ella era la que era amada por mi padre no mi madre, no debería de importarle ni ofenderle si iba a ese lugar. Lo importante para mí era que no descubriera al niño es por eso que tomaba tanta precaución al ir tratando de hacerlo a escondidas, por un momento pensé que lo habían descubierto todo, suspiré de alivio.
No podía creer que usaran esos simples actos para castigarme, si tenía tantas ganas de golpearme por lo menos me habría ahorrado todo este absurdo espectáculo pues en los recuerdos sus ataques no eran tan directos ¿esta mujer malvada acaso había perdido todo su ingenio?
Me asuste por nada, no pude evitar empezar a reír nerviosamente.
— ¿Te estás riendo de mí? —su mirada inyectada de sed de sangre.
Guarde silencio.
— Bueno veamos que tanto puedes reír.
Hizo que Félix me tomara del brazo nuevamente arrastrándome hacia fuera y ella guiaba al frente.
Al parecer había hecho que los sirvientes de su lado no estuvieran merodeando pues no había nadie mirando alrededor así que ya no me jalaba tan rápido y ella podía caminar tranquilamente.
Pronto llegamos a las afueras de la fachada de la vieja casa y ella solo se quedó mirando por un momento el vacío lugar con unos ojos fríos.
Félix me soltó pero esta vez hizo que me golpeara fuertemente en mi hombro en uno de los desgastados muros. Trate de aliviar el dolor sobándome un poco y solo me quede estática viéndola con una mirada aburrida.
— Cómo te atreves a mirarme así, con los mismos ojos que esa maldita de tu madre. ¡Eres solo una estúpida niña, tanto extrañas la vieja casa de tu asquerosa madre que has venido tanto a visitarla por qué no solo regresas y vuelves a vivir aquí!
¡Puf! bofetada.
No pude aguantar con mi pequeño cuerpo la fuerza de su intenso golpe y caí rápidamente al suelo como un trapo.
Ella me sujetaba fuertemente del cabello haciéndome mirar mi hogar.
— Quiero que mires, mira como algo tan hermoso puede ser destruido y llevado a la ruina, no queda mucho para que esto se caiga a pedazos justo como el recuerdo de tu estúpida madre. Ella era como esta casa, formidable y hermosa pero demasiado fácil de destruir, espero que tú como su sangre tengas el mismo destino, va a ser muy satisfactorio verte sufrir al igual que como lo hice con ella. Alguien que tiene su mismo linaje solo debería seguir la muerte.
Por alguna razón me dolieron enormemente sus maliciosas palabras y permanecí inmóvil tirada en el suelo.
— Descuida le pediré a tu padre en tu nombre que extrañas tu vieja habitación, estoy segura que te permitirá regresar a tu amado “hogar” —anunciaba mientras se marchaba lentamente—. Félix ya sabes que hacer, que no sea tan evidente.
Me dolían los brazos y no tenía la fuerza para levantarme, el sentimiento de odio era muy intenso, si llegaba a quedarme hasta ser más grande no respondería sobre mis actos hacia esa horrible mujer…
— Por supuesto mi lady.
Él y yo nos quedamos completamente “solos”, solo pude observar como estaba a punto de patearme con una gran intensidad el estómago así que inconscientemente puse mis manos sobre este tratando de protegerme y cerré los ojos, cuando estaba lista para recibir el impacto de repente solo pude escuchar un fuerte estruendo.
Félix había caído al lado de mí.